Las versiones de que el Gobierno se apresta a enviar al Congreso el proyecto de fomento para la agroindustria generó nerviosismo en los últimos días. Es que, más allá de comentarios sobre algunos puntos, hasta el cierre de esta edición al Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) -que viene bregando por una ley- no le había llegado copia del proyecto definido por el Gobierno. En agosto la bajante del río Paraná marcó el peor nivel en 50 años y hubo otro dato desalentadorAsí las cosas, en un chat donde están miembros del CAA se difundió que, por esa situación, al no conocerse el proyecto final no se podía estar de acuerdo o en desacuerdo. Algunos allí plantearon la necesidad de marcar la cancha aclarando públicamente que hasta el momento no se había accedido a la iniciativa oficial.DesayunoTras las elecciones que lo convirtieron en presidente y ya en las nuevas oficinas de la Rural, el presidente de la entidad, Nicolás Pino, sumó una foto de camaradería. El 30 de agosto pasado, tuvo sentados en un desayuno a los expresidentes Eduardo de Zavalía, Horacio Gutiérrez, Enrique Crotto, Luciano Miguens, Hugo Luis Biolcati, Luis Miguel Etchevehere y Daniel Pelegrina.Vale recordar que como integrantes del comité de expresidentes De Zavalía, Gutiérrez, Miguens, Crotto y Biolcati apoyaron a Pelegrina en la última elección donde perdió. En cambio, Etchevehere jugó para Pino en la contienda. En ese marco, la foto de Nicolás Pino con los expresidentes mostró por un instante una imagen de conjunto tras la interna que tuvo duros encontronazos durante la campaña electoral.

Fuente: La Nación

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Las versiones de que el Gobierno se apresta a enviar al Congreso el proyecto de fomento para la agroindustria generó nerviosismo en los últimos días. Es que, más allá de comentarios sobre algunos puntos, hasta el cierre de esta edición al Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) -que viene bregando por una ley- no le había llegado copia del proyecto definido por el Gobierno. En agosto la bajante del río Paraná marcó el peor nivel en 50 años y hubo otro dato desalentadorAsí las cosas, en un chat donde están miembros del CAA se difundió que, por esa situación, al no conocerse el proyecto final no se podía estar de acuerdo o en desacuerdo. Algunos allí plantearon la necesidad de marcar la cancha aclarando públicamente que hasta el momento no se había accedido a la iniciativa oficial.DesayunoTras las elecciones que lo convirtieron en presidente y ya en las nuevas oficinas de la Rural, el presidente de la entidad, Nicolás Pino, sumó una foto de camaradería. El 30 de agosto pasado, tuvo sentados en un desayuno a los expresidentes Eduardo de Zavalía, Horacio Gutiérrez, Enrique Crotto, Luciano Miguens, Hugo Luis Biolcati, Luis Miguel Etchevehere y Daniel Pelegrina.Vale recordar que como integrantes del comité de expresidentes De Zavalía, Gutiérrez, Miguens, Crotto y Biolcati apoyaron a Pelegrina en la última elección donde perdió. En cambio, Etchevehere jugó para Pino en la contienda. En ese marco, la foto de Nicolás Pino con los expresidentes mostró por un instante una imagen de conjunto tras la interna que tuvo duros encontronazos durante la campaña electoral.

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Del libro “D’entre caronas”, del escritor uruguayo Weneslao Varela (1908-1997)ConfianzaEs reducido mi ranchoPero se le empaca al viento.Mientras le quepan recaos,Que desencillen viajeros!Lo alcè pa mì y pal que llegueSin mirar si es blanco o negro:Techo pal gueno y pal malo,Fogòn pal malo y pal gueno.Yo nunca tuve enemigos,Ni los tendrè ni los quiero:Me suebra con mis bagualesP’andar armao de recelo.Y aunque me gusta estar soloPa madurar en silencio,Se lo agradezco al caminoCuando me alcanza un viajero.Pa èl siempre el primer amargoEl mejor sitio en el juego,Y en cuanto està el churrasquito,Que corte siempre primero.Jamàs le pregunto el nombre,tan mal costunbre no tengoSi es oriental, si es bayano…Si es entrerriano o portenio.Si viene mojao, pa camaAlguna pilcha l’empriesto:Aunque suelo andar de pobreQue me lloran los pelegos.Que soy de mal ensillarLes dice mi caronero,Y al costao de un asesinoComo junto a un santo duermo.PA mejor, soy como el gato,Y estando dormido sientoCuando a una tela de araniaSe le revienta un cabresto.Ya al tender, de una bajeraDejo una orilla pal perro…Y al pobre las cicatricesLe hablan bien de su mal genio.Pa saber quién es, de entradaDe extremo a extremo lo observo.Ya ni me importa como antesQué color tiene un panuelo.Pa saber si miente o noCuando conversa lo atiendo:Preguntarle, es prevenirloAl que aprendiò pa embustero.Por las pilchas sé si doma,Si es desertor o tropero:Si ha estao en un batallònSe lo conozco en el cuerpo.Si ha tarjiao el arriadorLa carona o el cabresto:Me suebra pa colejirSi es crudo del todo o léido.Lo duro de cada oficioQueda en las manos impreso:Cuidao con los callos mochosEn la punta de los dedos.Aunque hay callos que se llevanAl revés y muy adentro:Las manos del gaucho pobreLas pule el robo o el juego.Pa comprarse ropa guenaNo siempre alcanza el dinero:Pero habiendo voluntà,PA lavarla hay siempre tiempo.El que es muy conversandorMuestra el revés sin quererlo:Pero al hombre muy callaoHay que andar pa conocerlo.Que desencille el que quieraChurrasco, fogòn y techoY al alcance de la manoTodo lo poco que tengo.PA mi confianza me bastaCon haber sido y ser gueno:Yo nunca tuve enemigos,Ni los tendré, ni los quiero.Y mi rancho tiene-el pobre-Mucho de nido de hornero,PA los tordos y pa mì,Abre sus alas lo mesmo.Y en él recibo a MandingaSin sentir remordimiento.Dios, que tiene autoridàSe encargue de hacerlos guenos.

Fuente: La Nación

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Del libro “D’entre caronas”, del escritor uruguayo Weneslao Varela (1908-1997)ConfianzaEs reducido mi ranchoPero se le empaca al viento.Mientras le quepan recaos,Que desencillen viajeros!Lo alcè pa mì y pal que llegueSin mirar si es blanco o negro:Techo pal gueno y pal malo,Fogòn pal malo y pal gueno.Yo nunca tuve enemigos,Ni los tendrè ni los quiero:Me suebra con mis bagualesP’andar armao de recelo.Y aunque me gusta estar soloPa madurar en silencio,Se lo agradezco al caminoCuando me alcanza un viajero.Pa èl siempre el primer amargoEl mejor sitio en el juego,Y en cuanto està el churrasquito,Que corte siempre primero.Jamàs le pregunto el nombre,tan mal costunbre no tengoSi es oriental, si es bayano…Si es entrerriano o portenio.Si viene mojao, pa camaAlguna pilcha l’empriesto:Aunque suelo andar de pobreQue me lloran los pelegos.Que soy de mal ensillarLes dice mi caronero,Y al costao de un asesinoComo junto a un santo duermo.PA mejor, soy como el gato,Y estando dormido sientoCuando a una tela de araniaSe le revienta un cabresto.Ya al tender, de una bajeraDejo una orilla pal perro…Y al pobre las cicatricesLe hablan bien de su mal genio.Pa saber quién es, de entradaDe extremo a extremo lo observo.Ya ni me importa como antesQué color tiene un panuelo.Pa saber si miente o noCuando conversa lo atiendo:Preguntarle, es prevenirloAl que aprendiò pa embustero.Por las pilchas sé si doma,Si es desertor o tropero:Si ha estao en un batallònSe lo conozco en el cuerpo.Si ha tarjiao el arriadorLa carona o el cabresto:Me suebra pa colejirSi es crudo del todo o léido.Lo duro de cada oficioQueda en las manos impreso:Cuidao con los callos mochosEn la punta de los dedos.Aunque hay callos que se llevanAl revés y muy adentro:Las manos del gaucho pobreLas pule el robo o el juego.Pa comprarse ropa guenaNo siempre alcanza el dinero:Pero habiendo voluntà,PA lavarla hay siempre tiempo.El que es muy conversandorMuestra el revés sin quererlo:Pero al hombre muy callaoHay que andar pa conocerlo.Que desencille el que quieraChurrasco, fogòn y techoY al alcance de la manoTodo lo poco que tengo.PA mi confianza me bastaCon haber sido y ser gueno:Yo nunca tuve enemigos,Ni los tendré, ni los quiero.Y mi rancho tiene-el pobre-Mucho de nido de hornero,PA los tordos y pa mì,Abre sus alas lo mesmo.Y en él recibo a MandingaSin sentir remordimiento.Dios, que tiene autoridàSe encargue de hacerlos guenos.

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Una vez que concluya el proceso electoral que conduce a la renovación de bancas en el Congreso de la Nación y en legislaturas locales, las fuerzas políticas deberán abocarse a resolver la delicada situación que atravesamos sin más demoras ni distracciones. No hace falta esperar los resultados de las PASO de mañana ni las generales del 14 de noviembre para saber que la realidad demanda superar las diferencias abismales que separan a las principales coaliciones. Cualquiera sea la orientación mayoritaria del voto popular o la dimensión de las abstenciones y del voto en blanco, el país necesita con premura una dirección clara, rotunda y previsible sobre algunos ejes esenciales.El 24 de marzo, la vicepresidenta anticipó su disposición a generar entre el oficialismo y la oposición un acuerdo sobre las reglas por seguir en la negociación de la deuda pública contraída. Como ella, la primera línea de dirigentes políticos sabe que la Argentina debe resolver a breve plazo cómo convendrá con el FMI la deuda pendiente por los créditos que otorgó a la Argentina. Sabe, también, que los vencimientos del año próximo son considerables y que no hay manera de renegociarlos sin un programa económico que cuente con el mayor apoyo posible de los partidos con representación parlamentaria. Un acuerdo sustentable en materia tan delicada y compleja impone la participación de otros actores; en primer lugar, la de quienes representen a las organizaciones empresarias y sindicales. Si se suman otras voces con influencia social, desde líderes espirituales hasta intelectuales con gravitación personal en sus respectivos espacios institucionales, mejor todavía.El cumplimiento estricto de la Constitución debe ser el punto de partida de un consenso suficiente para encarrilar de nuevo al país por la senda de la productividad, del respeto por el valor de la moneda, la generación de fuentes de trabajo y de inversiones nacionales y extranjeras, tan bajas ahora como en pocas otras partes del planeta. De espaldas a la Constitución solo se levantan los castillos fantasiosos de la demagogia que nos ha traído a una encrucijada que se ahonda día a día. El mundo tiene sobrada experiencia sobre la fragilidad de lo que se construya sin una reafirmación en los hechos de la independencia del Poder Judicial y de la plenitud en el ejercicio de la libertad de prensa. Hay otras columnas sobre cuya solidez sacan cuentas los acreedores respecto del programa que se presente, pero sin aquellas dos pierden sustancia los aspectos técnicos en consideración de las entidades internacionales y de los países centrales ante los que debemos rendir cuentas. No miran solo la economía y las finanzas; miran también la política y las instituciones.Transitamos momentos de rivalidad y competencia. No es tiempo de forzar coincidencias. Cuando el Gobierno comience a recorrer su tercer año de gestión, es imperativo que el oficialismo y la oposición inicien los trámites de designación de delegados y del temario sobre el cual se hallen dispuestos a trabajar. Tras el impulso conferido por el aplastante triunfo del radicalismo en Corrientes, cuatro fundaciones de Juntos por el Cambio se aunaron en un documento que proyecta las ideas dominantes, al menos en la oposición. Las fundaciones Alem, Encuentro, Hannah Arendt y Pensar enunciaron los compromisos anudados en ocho áreas: trabajo, educación, inflación, salud, seguridad, justicia, responsabilidad ambiental y política exterior. Han hecho esa presentación como alternativas a las políticas del Gobierno, como si hubieran evaluado un extendido desánimo ciudadano, acuciado entre otras cosas por la pandemia.Es un documento sereno, sin expresiones altisonantes, pero que recoge la profundidad de las discrepancias entre la oposición y el Gobierno. Dice que su política económica “nos priva del acceso a la inversión, el crédito y la tecnología”; exhorta a que las empresas vuelvan a invertir, los emprendedores recuperen su actividad y los trabajadores hallen incentivos para producir”. Pide “un cambio a fondo” en la educación pública, con mayor capacitación de los docentes y la transformación digital de las aulas; la modificación de los impuestos “que desincentivan la inversión” y, en materia de seguridad, que se combata al narcotráfico y al crimen organizado. Se compromete asimismo a apoyar “de forma íntegra y pública” a las fuerzas de seguridad, dotándolas de los “instrumentos necesarios”.Seguramente el oficialismo tomará nota de estas posiciones para refutarlas en la campaña desde su propia perspectiva. Será deseable que lo haga también como acopio de los puntos de vista que deberá enfrentar si resuelve contribuir a un debate eficaz para el país, encolumnándonos todos en una dirección, dispuestos a construir juntos el porvenir.¿Se opondrían, acaso, los voceros del Gobierno al reclamo de que los magistrados y funcionarios judiciales “sean seleccionados por procedimientos transparentes”? ¿Podrían estar en desacuerdo con que la Argentina vuelva “a ser un país respetado”? Deberemos asumir que dejamos de ser confiables y que nos hallamos en términos enojosos con un alto número de Estados; congraciados, apenas, con regímenes ajenos a los principios republicanos. Muchos asuntos demandan revisión y acuerdos claves ante la atenta mirada ciudadana.Comprenderá la vicepresidenta, que lo del “vamos por todo” fue la contrafigura de la política de consensos que alentamos desde este diario y hasta de la modesta sugerencia negociadora que deslizó el 24 de marzo.

Fuente: La Nación

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Una vez que concluya el proceso electoral que conduce a la renovación de bancas en el Congreso de la Nación y en legislaturas locales, las fuerzas políticas deberán abocarse a resolver la delicada situación que atravesamos sin más demoras ni distracciones. No hace falta esperar los resultados de las PASO de mañana ni las generales del 14 de noviembre para saber que la realidad demanda superar las diferencias abismales que separan a las principales coaliciones. Cualquiera sea la orientación mayoritaria del voto popular o la dimensión de las abstenciones y del voto en blanco, el país necesita con premura una dirección clara, rotunda y previsible sobre algunos ejes esenciales.El 24 de marzo, la vicepresidenta anticipó su disposición a generar entre el oficialismo y la oposición un acuerdo sobre las reglas por seguir en la negociación de la deuda pública contraída. Como ella, la primera línea de dirigentes políticos sabe que la Argentina debe resolver a breve plazo cómo convendrá con el FMI la deuda pendiente por los créditos que otorgó a la Argentina. Sabe, también, que los vencimientos del año próximo son considerables y que no hay manera de renegociarlos sin un programa económico que cuente con el mayor apoyo posible de los partidos con representación parlamentaria. Un acuerdo sustentable en materia tan delicada y compleja impone la participación de otros actores; en primer lugar, la de quienes representen a las organizaciones empresarias y sindicales. Si se suman otras voces con influencia social, desde líderes espirituales hasta intelectuales con gravitación personal en sus respectivos espacios institucionales, mejor todavía.El cumplimiento estricto de la Constitución debe ser el punto de partida de un consenso suficiente para encarrilar de nuevo al país por la senda de la productividad, del respeto por el valor de la moneda, la generación de fuentes de trabajo y de inversiones nacionales y extranjeras, tan bajas ahora como en pocas otras partes del planeta. De espaldas a la Constitución solo se levantan los castillos fantasiosos de la demagogia que nos ha traído a una encrucijada que se ahonda día a día. El mundo tiene sobrada experiencia sobre la fragilidad de lo que se construya sin una reafirmación en los hechos de la independencia del Poder Judicial y de la plenitud en el ejercicio de la libertad de prensa. Hay otras columnas sobre cuya solidez sacan cuentas los acreedores respecto del programa que se presente, pero sin aquellas dos pierden sustancia los aspectos técnicos en consideración de las entidades internacionales y de los países centrales ante los que debemos rendir cuentas. No miran solo la economía y las finanzas; miran también la política y las instituciones.Transitamos momentos de rivalidad y competencia. No es tiempo de forzar coincidencias. Cuando el Gobierno comience a recorrer su tercer año de gestión, es imperativo que el oficialismo y la oposición inicien los trámites de designación de delegados y del temario sobre el cual se hallen dispuestos a trabajar. Tras el impulso conferido por el aplastante triunfo del radicalismo en Corrientes, cuatro fundaciones de Juntos por el Cambio se aunaron en un documento que proyecta las ideas dominantes, al menos en la oposición. Las fundaciones Alem, Encuentro, Hannah Arendt y Pensar enunciaron los compromisos anudados en ocho áreas: trabajo, educación, inflación, salud, seguridad, justicia, responsabilidad ambiental y política exterior. Han hecho esa presentación como alternativas a las políticas del Gobierno, como si hubieran evaluado un extendido desánimo ciudadano, acuciado entre otras cosas por la pandemia.Es un documento sereno, sin expresiones altisonantes, pero que recoge la profundidad de las discrepancias entre la oposición y el Gobierno. Dice que su política económica “nos priva del acceso a la inversión, el crédito y la tecnología”; exhorta a que las empresas vuelvan a invertir, los emprendedores recuperen su actividad y los trabajadores hallen incentivos para producir”. Pide “un cambio a fondo” en la educación pública, con mayor capacitación de los docentes y la transformación digital de las aulas; la modificación de los impuestos “que desincentivan la inversión” y, en materia de seguridad, que se combata al narcotráfico y al crimen organizado. Se compromete asimismo a apoyar “de forma íntegra y pública” a las fuerzas de seguridad, dotándolas de los “instrumentos necesarios”.Seguramente el oficialismo tomará nota de estas posiciones para refutarlas en la campaña desde su propia perspectiva. Será deseable que lo haga también como acopio de los puntos de vista que deberá enfrentar si resuelve contribuir a un debate eficaz para el país, encolumnándonos todos en una dirección, dispuestos a construir juntos el porvenir.¿Se opondrían, acaso, los voceros del Gobierno al reclamo de que los magistrados y funcionarios judiciales “sean seleccionados por procedimientos transparentes”? ¿Podrían estar en desacuerdo con que la Argentina vuelva “a ser un país respetado”? Deberemos asumir que dejamos de ser confiables y que nos hallamos en términos enojosos con un alto número de Estados; congraciados, apenas, con regímenes ajenos a los principios republicanos. Muchos asuntos demandan revisión y acuerdos claves ante la atenta mirada ciudadana.Comprenderá la vicepresidenta, que lo del “vamos por todo” fue la contrafigura de la política de consensos que alentamos desde este diario y hasta de la modesta sugerencia negociadora que deslizó el 24 de marzo.

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Su historia irrumpió en la escena durante los Juegos Olímpicos. Cuatro meses después de haberse convertido en mamá por primera vez, y tras una recuperación récord, Rocío Sánchez Moccia (33) se despidió de su novio en Buenos Aires, dejó a su beba al cuidado de su mamá en España y partió a Tokio con la selección argentina de hockey femenino para disputarse el oro con Holanda.No llegó a cumplir el sueño máximo de toda Leona, que es ganarle a su eterno rival, pero aterrizó en nuestro país con la medalla de plata. Contra todo prónostico, “Rochy”, volvió a defender la camiseta argentina en la final más importante: lo logró cuando todo indicaba que su objetivo era casi imposible de cumplir.La ayuda de su mamá fue fundamental. Primero, Gabriela se comprometió a cuidar de Francesca durante los entrenamientos diarios de Rochy en el Cenard; después, se sumó con su nieta a las concentraciones; y, por último, quedó al cuidado de la beba en España. (Pilar Bustelo/)Quedar embarazada antes de los Juegos Olímpicos no estaba en los planes de Rochy, que integra la selección argentina de hockey desde hace 12 años. Francesca nació el 10 de marzo por cesárea y su mamá se recuperó en tiempo récord. El esfuerzo valió la pena: la delantera volvió con la medalla de plata. (Pilar Bustelo/)LA NOTICIA MENOS ESPERADA“Vestir la camiseta en cualquier torneo es un orgullo siempre, pero en un Juego Olímpico más. Te hace sentir más argentina que nunca”, nos confía en su primer reportaje con ¡HOLA! Si para sus compañeras entrenar en pandemia fue duro, para Rocío, que integra el seleccionado desde hace doce años, lo fue un poco más. La idea de la jugadora era llegar en su mejor forma a Tokio, participar del Mundial de Hockey de 2022 a modo de despedida, y recién ahí convertirse en mamá. Esto era lo que habían acordado con Alejandro Pérez (33), su novio desde los 16, pero el destino tenía preparado algo distinto para la leona, que en julio del año pasado se enteró de que estaba embarazada.“Si querés hacer reír a Dios, contale tus planes”, dice un conocido refrán inglés. Rocío asiente. Tras posar con Francesca, su beba de seis meses, y Gabriela (64), su mamá, se prepara para contarnos su historia.–¿Cómo fue recibir la noticia?–Fue un shock. No estaba en mis planes quedarme embarazada. Cuando me enteré, ya estaba de diez semanas (dos meses y medio). Me sentía rara y me compré un test creyendo que iba a dar negativo. El resultado fue instantáneo. [Se ríe].–¿Qué sentiste cuando decodificaste que ibas a ser mamá?–No estaba triste, ni feliz. Lo primero que pensé fue: “¿Cómo se lo digo a las chicas?”. Habíamos arrancado a entrenar juntas hacía dos semanas y yo había asumido un compromiso y tenía miedo de fallarles.Posa con su hija, que acaba de cumplir seis meses, en el PH de su mamá, en Núñez. Si bien la voluntad de acero y la confianza en uno mismo son condiciones necesarias para competir en el máximo nivel, Rocío es consciente que un olímpico no se hace solo. (Pilar Bustelo/)La deportista está de novia con Alejandro Pérez, el papá de Fran, desde hace 17 años. “Sin la ayuda de mamá y de mi novio hubiera sido imposible, pero por suerte salió todo perfecto”, reflexiona ella.RUMBO A TOKIO CON PANZATras una charla con Carlos “Chapa” Retegui, Rochy llegó a la conclusión de que aún tenía chances de ir a Japón. Los juegos seguían suspendidos, la nueva fecha aún no estaba definida, pero su director técnico había hecho las cuentas y la visualizaba en el equipo. “Llegás”, sentenció el entrenador y con esa afirmación, la alivió.Corrió hasta los siete meses de gestación y nadó hasta el final del embarazo. Una semana después del nacimiento de Francesca, que llegó al mundo el 10 de marzo, con 42 semanas de gestación, retomó el entrenamiento y para la primera concentración del team en Córdoba ya estaba al mismo ritmo que el resto de las jugadoras. “Laura, mi obstetra, me autorizó porque mi cuerpo estaba preparado”, explica la delantera, que empezó en el deporte a los 5, en el Liceo Naval, y a los 13 ya entrenaba fuerte en el Cenard.–Francisca nació por cesárea, ¿fue programada?–Yo quería que el parto fuera natural para hacer una recuperación más rápida, pero no tenía contracciones y a pesar del goteo, no dilaté. Ya estábamos ahí, así que fuimos a césarea.“Mi idea era volver de los Juegos y darle la teta de nuevo, pero Francesca no quiso más. Entendí que no se puede controlar todo”, nos confía Rocío, cuya participación en las Olimpíadas le costó la lactancia. En la imagen, posa con su hija y su madre en España, unos pocos días antes de su despedida. LA PRUEBA DE FUEGOHasta el 11 de julio, el día que se despidió de su beba después de la última concentración en Valencia, Rocío se organizó para cumplir con su rutina de deportista de elite y seguir dándole el pecho a su hija. Contaba con la ayuda de su mamá, Gabriela, quien primero se comprometió a cuidar de Francesca durante los entrenamientos en el Cenard y, después, aceptó sumarse a las tres concentraciones de las Leonas (Alejandro no podía viajar, por su trabajo).Lo lógico era que abuela y nieta también volaran a Tokio, pero la organización olímpica no lo permitió. Para Rochy, participar de los Juegos implicó decirle adiós a su hija en Europa y volver a verla cuarenta días después, tras un mes en Japón y una cuarentena obligatoria en Buenos Aires.–¿Cómo fue la despedida?–Durísima. Empecé a llorar tres días antes, me daba mucha culpa saber que me iba a perder un mes de su vida. La miraba y pensaba: ‘¿Cómo hago para dejarla?’. Muchísimas veces pensé en no ir a los Juegos.–¿Qué era lo que más te preocupaba?–Sacarle la teta por un objetivo que era mío y no de ella. También me daba cosa por mamá, cargarla con tanta responsabilidad. Si bien durante mis entrenamientos Fran tomaba la mamadera, no sabíamos si iba a agarrarla de noche con su abuela, ni cómo iba a ser la vuelta de ellas dos solas a Buenos Aires, donde las esperaba Ale. Por suerte, salió todo perfecto.–Ahora que ya pasó. ¿Con qué sensación te quedás?–Si bien fue difícil dejar a Fran y la extrañé un montón, hice algo que era muy importante para mí. Estuvo buenísimo poder haber cumplido mi sueño, que era volver a jugar una final en las Olimpíadas.–Hace unos días, contaste que el precio que pagaste por Tokio fue la lactancia.–Mi idea era darle la teta de nuevo, pero ella no quiso más. Entendí que no se puede controlar todo. Lo importante es que las dos estemos bien.–¿Repetirías la experiencia?–¿Con el diario de lunes? Sí. El esfuerzo valió la pena, pero soy muy consciente que sin la ayuda de mamá y de mi novio hubiera sido imposible.Maquillaje: Cecilia Olivestro, para Juan OliveraAdemás de España, la “minileoncita” acompañó a su mamá en las concentraciones de Córdoba y Cariló, a donde se la pasó de brazo en brazo. En la foto, madre e hija posan con Agustina Albertario.La tapa de la revista ¡Hola! de esta semana. (Rafael Delceggio/)

Fuente: La Nación

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Su historia irrumpió en la escena durante los Juegos Olímpicos. Cuatro meses después de haberse convertido en mamá por primera vez, y tras una recuperación récord, Rocío Sánchez Moccia (33) se despidió de su novio en Buenos Aires, dejó a su beba al cuidado de su mamá en España y partió a Tokio con la selección argentina de hockey femenino para disputarse el oro con Holanda.No llegó a cumplir el sueño máximo de toda Leona, que es ganarle a su eterno rival, pero aterrizó en nuestro país con la medalla de plata. Contra todo prónostico, “Rochy”, volvió a defender la camiseta argentina en la final más importante: lo logró cuando todo indicaba que su objetivo era casi imposible de cumplir.La ayuda de su mamá fue fundamental. Primero, Gabriela se comprometió a cuidar de Francesca durante los entrenamientos diarios de Rochy en el Cenard; después, se sumó con su nieta a las concentraciones; y, por último, quedó al cuidado de la beba en España. (Pilar Bustelo/)Quedar embarazada antes de los Juegos Olímpicos no estaba en los planes de Rochy, que integra la selección argentina de hockey desde hace 12 años. Francesca nació el 10 de marzo por cesárea y su mamá se recuperó en tiempo récord. El esfuerzo valió la pena: la delantera volvió con la medalla de plata. (Pilar Bustelo/)LA NOTICIA MENOS ESPERADA“Vestir la camiseta en cualquier torneo es un orgullo siempre, pero en un Juego Olímpico más. Te hace sentir más argentina que nunca”, nos confía en su primer reportaje con ¡HOLA! Si para sus compañeras entrenar en pandemia fue duro, para Rocío, que integra el seleccionado desde hace doce años, lo fue un poco más. La idea de la jugadora era llegar en su mejor forma a Tokio, participar del Mundial de Hockey de 2022 a modo de despedida, y recién ahí convertirse en mamá. Esto era lo que habían acordado con Alejandro Pérez (33), su novio desde los 16, pero el destino tenía preparado algo distinto para la leona, que en julio del año pasado se enteró de que estaba embarazada.“Si querés hacer reír a Dios, contale tus planes”, dice un conocido refrán inglés. Rocío asiente. Tras posar con Francesca, su beba de seis meses, y Gabriela (64), su mamá, se prepara para contarnos su historia.–¿Cómo fue recibir la noticia?–Fue un shock. No estaba en mis planes quedarme embarazada. Cuando me enteré, ya estaba de diez semanas (dos meses y medio). Me sentía rara y me compré un test creyendo que iba a dar negativo. El resultado fue instantáneo. [Se ríe].–¿Qué sentiste cuando decodificaste que ibas a ser mamá?–No estaba triste, ni feliz. Lo primero que pensé fue: “¿Cómo se lo digo a las chicas?”. Habíamos arrancado a entrenar juntas hacía dos semanas y yo había asumido un compromiso y tenía miedo de fallarles.Posa con su hija, que acaba de cumplir seis meses, en el PH de su mamá, en Núñez. Si bien la voluntad de acero y la confianza en uno mismo son condiciones necesarias para competir en el máximo nivel, Rocío es consciente que un olímpico no se hace solo. (Pilar Bustelo/)La deportista está de novia con Alejandro Pérez, el papá de Fran, desde hace 17 años. “Sin la ayuda de mamá y de mi novio hubiera sido imposible, pero por suerte salió todo perfecto”, reflexiona ella.RUMBO A TOKIO CON PANZATras una charla con Carlos “Chapa” Retegui, Rochy llegó a la conclusión de que aún tenía chances de ir a Japón. Los juegos seguían suspendidos, la nueva fecha aún no estaba definida, pero su director técnico había hecho las cuentas y la visualizaba en el equipo. “Llegás”, sentenció el entrenador y con esa afirmación, la alivió.Corrió hasta los siete meses de gestación y nadó hasta el final del embarazo. Una semana después del nacimiento de Francesca, que llegó al mundo el 10 de marzo, con 42 semanas de gestación, retomó el entrenamiento y para la primera concentración del team en Córdoba ya estaba al mismo ritmo que el resto de las jugadoras. “Laura, mi obstetra, me autorizó porque mi cuerpo estaba preparado”, explica la delantera, que empezó en el deporte a los 5, en el Liceo Naval, y a los 13 ya entrenaba fuerte en el Cenard.–Francisca nació por cesárea, ¿fue programada?–Yo quería que el parto fuera natural para hacer una recuperación más rápida, pero no tenía contracciones y a pesar del goteo, no dilaté. Ya estábamos ahí, así que fuimos a césarea.“Mi idea era volver de los Juegos y darle la teta de nuevo, pero Francesca no quiso más. Entendí que no se puede controlar todo”, nos confía Rocío, cuya participación en las Olimpíadas le costó la lactancia. En la imagen, posa con su hija y su madre en España, unos pocos días antes de su despedida. LA PRUEBA DE FUEGOHasta el 11 de julio, el día que se despidió de su beba después de la última concentración en Valencia, Rocío se organizó para cumplir con su rutina de deportista de elite y seguir dándole el pecho a su hija. Contaba con la ayuda de su mamá, Gabriela, quien primero se comprometió a cuidar de Francesca durante los entrenamientos en el Cenard y, después, aceptó sumarse a las tres concentraciones de las Leonas (Alejandro no podía viajar, por su trabajo).Lo lógico era que abuela y nieta también volaran a Tokio, pero la organización olímpica no lo permitió. Para Rochy, participar de los Juegos implicó decirle adiós a su hija en Europa y volver a verla cuarenta días después, tras un mes en Japón y una cuarentena obligatoria en Buenos Aires.–¿Cómo fue la despedida?–Durísima. Empecé a llorar tres días antes, me daba mucha culpa saber que me iba a perder un mes de su vida. La miraba y pensaba: ‘¿Cómo hago para dejarla?’. Muchísimas veces pensé en no ir a los Juegos.–¿Qué era lo que más te preocupaba?–Sacarle la teta por un objetivo que era mío y no de ella. También me daba cosa por mamá, cargarla con tanta responsabilidad. Si bien durante mis entrenamientos Fran tomaba la mamadera, no sabíamos si iba a agarrarla de noche con su abuela, ni cómo iba a ser la vuelta de ellas dos solas a Buenos Aires, donde las esperaba Ale. Por suerte, salió todo perfecto.–Ahora que ya pasó. ¿Con qué sensación te quedás?–Si bien fue difícil dejar a Fran y la extrañé un montón, hice algo que era muy importante para mí. Estuvo buenísimo poder haber cumplido mi sueño, que era volver a jugar una final en las Olimpíadas.–Hace unos días, contaste que el precio que pagaste por Tokio fue la lactancia.–Mi idea era darle la teta de nuevo, pero ella no quiso más. Entendí que no se puede controlar todo. Lo importante es que las dos estemos bien.–¿Repetirías la experiencia?–¿Con el diario de lunes? Sí. El esfuerzo valió la pena, pero soy muy consciente que sin la ayuda de mamá y de mi novio hubiera sido imposible.Maquillaje: Cecilia Olivestro, para Juan OliveraAdemás de España, la “minileoncita” acompañó a su mamá en las concentraciones de Córdoba y Cariló, a donde se la pasó de brazo en brazo. En la foto, madre e hija posan con Agustina Albertario.La tapa de la revista ¡Hola! de esta semana. (Rafael Delceggio/)

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La orden de detención dictada por la Fiscalía nicaragüense contra Sergio Ramírez por actos que “invitan al odio” y “conspiran contra la soberanía nacional” ha superado los límites imaginables de lo que es capaz el sátrapa que pretende presidir Nicaragua por quinta vez. Lo logrará, seguramente, el 7 de noviembre, con la aquiescencia de una asamblea nacional dócil a sus dictados y de un tribunal superior de justicia para el que la Constitución no vale más que un trapo sucio.El camino a la reelección de Daniel Ortega ha sido allanado después de la proscripción sucesiva de media docena de candidatos presidenciales. Entre ellos, Cristiana Chamorro, hija de Pedro Chamorro, el director del diario La Prensa asesinado en 1978 por esbirros de Anastasio Somoza, y de Violeta Chamorro, que sucedió a Ortega en 1990 en la presidencia.Podría detenerme en las delicias de una conversación con el ganador en 2017 del afamado Premio Cervantes y en sus explicaciones de por qué el voseo típico de los rioplatenses lo comparten del mismo modo sus coterráneos. Podría detenerme en su asombro, al entrar hace años en mi oficina en La Nación, y hallar entre los anaqueles una cabeza tallada en madera de Rubén Darío, y explicar con lujo de detalles, al verificar la data y autoría, que se trataba de una pieza de 1927 del mayor tallista nicaragüense, Roberto de la Selva (1895-1957). Podría detenerme, también, en el recorrido azaroso de aquella talla, llevada bajo uno de mis brazos por curiosas coincidencias en las sucesivas mudanzas de La Nación de San Martín 344 a Bouchard y Tucumán, y de allí a Vicente López, como el último tesoro de la antigua sala de editorialistas en la que Rubén aporreaba con dedos calificados una máquina de escribir a fines del siglo XIX.Pero no. Que quede todo eso para momentos más apropiados. Así liberamos hoy a pleno la indignación por la afrenta a un amigo que sabe hacerse querer como pocos, a un escritor valiente a quien han hostigado por igual dos dictaduras de signo opuesto, pero no menos vil una que otra. ¿Qué tuvo acaso de peor, comparado con el matrimonio de manos sangrientas de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la dinastía de los Somoza? A esta altura, esa dinastía tronchada hace cuatro décadas se está quedando corta en su historial de años en el poder, que comenzó a mediados de los treinta con el viejo Anastasio, continuó con Luis y terminó en 1979 con “Tachito”.Quienes baten palmas por infamias de los Castro, los Chávez, los Maduro, los Ortega, y desde luego, por la progenie variopinta que han diseminado por estas tierras de instituciones tan repetidamente doblegadas en los valores republicanos imputarán como agravante del somocismo la servidumbre con los Estados Unidos. Es cierto, pero lo hicieron sin traiciones; actuaron con la coherencia cruel de los déspotas, y no como Ortega, que estafó los ideales de la revolución sandinista, que despachó al destierro al último de los Somoza.El escritor, que recibe en estas horas el espaldarazo de colegas y de políticos de primer nivel mundial, encarna como nadie la condición de víctima de esa perfidia. Fue preso de los Somoza y comandante de la revolución sandinista. Por el doble ascendiente de intelectual y combatiente ocupó la vicepresidencia, junto a Ortega, entre 1985 y 1990.La anatomía de aquella traición demuestra que proviene de los impulsos obsesivos de una satrapía por perpetuarse en el poder. Tiene epígonos en la región para avalar con argumentos de aves negras la validez de la reelección indefinida. Cuando alguna razón frustra la intención, o la neutraliza un último arresto de inhibición personal, en este tipo de osadías se arbitran medios para que el poder pase a la mujer o los hijos.Cualquiera que sea el caso, las reelecciones indefinidas son por definición contrarias al espíritu de la República, que supone temporalidad del gobierno y alternancias. Y, si las reelecciones se consuman de forma dinástica como en el régimen comunista de Corea del Norte, se entra en terreno monárquico, distante del ideal de las dos grandes revoluciones de la modernidad en Estados Unidos y Francia. Ortega logró la presidencia por elecciones en 1985; insistió sin éxito en 1990, 1996 y 2001. Después amasó los triunfos de 2006, 2011 y 2016 y ahora se alista para ir de nuevo por todo.En la Argentina, la aspiración avariciosa por el poder no ha sido en sentido estricto una manifestación definitoria de la facción peronista dominante en el siglo XXI. Es una patología que viene del tronco e infecta las ramas. La reforma constitucional de 1949 abrió paso a la reelección indefinida del primer Perón. Pensemos en Carlos Menem: apenas tres años después de haber conseguido por la reforma constitucional de 1994 la posibilidad de la reelección, se ilusionaba con un tercer período.Escuché de un maestro del constitucionalismo, horas atrás, la revelación de que dos jueces de la llamada “mayoría automática” de la Corte Suprema de los noventa habían recabado su opinión sobre si cabía un resquicio legal para un tercer turno de Menem. Contestó que no. También la realidad, que manda más sobre los sueños que la voluntad, contestó que no: Menem comenzaba a trastabillar por fatiga ciudadana y por derivaciones de la crisis económica de Brasil, de 1997. Aparecían los primeros indicios de lo que sería un largo proceso recesivo. Tampoco el ministro del Interior, Carlos Corach, era partidario de forzar un tercer mandato de Menem, pero la temeridad encontró a comienzos de 1999, sin embargo, eco en el juzgado federal de Córdoba a cargo de Ricardo Bustos Fierro, a cuya consideración se llevó la cuestión.Alberto Dalla Vía, integrante de la Cámara Nacional Electoral, acaba de comunicar, en el ámbito académico de su actuación, un trabajo exhaustivo sobre el capítulo de las reelecciones. Lo seguiré por sus luces sobre un mal que se expandió desde los noventa con la irrupción de Hugo Chávez, aprendiz de Fidel Castro. Por esa época hubo otras reformas constitucionales para facilitar reelecciones, como en Perú y Brasil.Uno de los puntos sustanciales del examen de Dalla Vía refiere a los artilugios jurídicos que han propendido a fundamentar el derecho de reelección, incluido el de carácter indefinido. Teóricos del populismo, como Ernesto Laclau, acompañaron la causa. De lo contrario, decía Laclau, se frustrarían procesos radicales como el de Chávez en Venezuela. En esa línea, el tribunal supremo de Nicaragua anuló la reforma constitucional de 1995, que había prohibido las reelecciones, porque de otro modo se afectaba el “derecho humano a la reelección”. En Honduras y Bolivia tribunales amañados se pronunciaron más tarde en esa misma dirección.Tan delicado asunto llegó en consulta a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En un caso de especial resonancia, definió la reelección indefinida como la permanencia en el poder por más de dos períodos “de duración razonable”. Y descartó que estuviera en juego en su limitación un derecho humano, pues no es eso materia con reconocimiento normativo en los tratados interamericanos ni en el corpus iuris del Derecho Internacional.¿Quién votó en disidencia en el tribunal? Votó en disidencia el juez Eugenio Zaffaroni, pontífice en la interpretación de teoremas jurídicos y políticos controvertidos del kirchnerismo. Dijo, en lenguaje extraño a la organización republicana, que la reelección indefinida es un “derecho soberano” de los pueblos que está más allá del horizonte constitucional. ¿Es, acaso, más falaz la invocación de un supuesto derecho humano que la tesis de la soberanía para apañar el axioma de la reelección indefinida?Aquí, la admiten San Luis (1986), La Rioja (1986) y Catamarca (1988). Formosa y Santa Cruz la consagraron en dos pasos, una en 1991, y la otra, en 1994: primero, sancionaron la reelección por una vez, y luego, sin límites. Eso explica fenómenos como el de Insfrán, en Formosa.El autor de la sátira Tongolele no sabe bailar sí sabe que en su encrucijada él se halla lejos de una situación en soledad. Son muchas las víctimas de quienes no ahorran medios en el delirio por eternizarse en el poder. Son muchos, también, quienes se solidarizan con los hombres de valor que luchan sin otras armas que las palabras contra regímenes autoritarios y contra quienes, aun ocultando la verdadera naturaleza de sus propósitos últimos, reniegan de principios básicos de la democracia y la república.Las vicisitudes del escritor quijotesco que alguna vez nos dijo estar dispuesto a aprenderse de memoria la obra cumbre de Cervantes, antes de que una dictadura queme todos los libros, han advertido sobre los riesgos que acechan la libertad en la región. Ha sido providencial que esto ocurra en días excepcionales para el porvenir de la República Argentina.

Fuente: La Nación

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La orden de detención dictada por la Fiscalía nicaragüense contra Sergio Ramírez por actos que “invitan al odio” y “conspiran contra la soberanía nacional” ha superado los límites imaginables de lo que es capaz el sátrapa que pretende presidir Nicaragua por quinta vez. Lo logrará, seguramente, el 7 de noviembre, con la aquiescencia de una asamblea nacional dócil a sus dictados y de un tribunal superior de justicia para el que la Constitución no vale más que un trapo sucio.El camino a la reelección de Daniel Ortega ha sido allanado después de la proscripción sucesiva de media docena de candidatos presidenciales. Entre ellos, Cristiana Chamorro, hija de Pedro Chamorro, el director del diario La Prensa asesinado en 1978 por esbirros de Anastasio Somoza, y de Violeta Chamorro, que sucedió a Ortega en 1990 en la presidencia.Podría detenerme en las delicias de una conversación con el ganador en 2017 del afamado Premio Cervantes y en sus explicaciones de por qué el voseo típico de los rioplatenses lo comparten del mismo modo sus coterráneos. Podría detenerme en su asombro, al entrar hace años en mi oficina en La Nación, y hallar entre los anaqueles una cabeza tallada en madera de Rubén Darío, y explicar con lujo de detalles, al verificar la data y autoría, que se trataba de una pieza de 1927 del mayor tallista nicaragüense, Roberto de la Selva (1895-1957). Podría detenerme, también, en el recorrido azaroso de aquella talla, llevada bajo uno de mis brazos por curiosas coincidencias en las sucesivas mudanzas de La Nación de San Martín 344 a Bouchard y Tucumán, y de allí a Vicente López, como el último tesoro de la antigua sala de editorialistas en la que Rubén aporreaba con dedos calificados una máquina de escribir a fines del siglo XIX.Pero no. Que quede todo eso para momentos más apropiados. Así liberamos hoy a pleno la indignación por la afrenta a un amigo que sabe hacerse querer como pocos, a un escritor valiente a quien han hostigado por igual dos dictaduras de signo opuesto, pero no menos vil una que otra. ¿Qué tuvo acaso de peor, comparado con el matrimonio de manos sangrientas de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la dinastía de los Somoza? A esta altura, esa dinastía tronchada hace cuatro décadas se está quedando corta en su historial de años en el poder, que comenzó a mediados de los treinta con el viejo Anastasio, continuó con Luis y terminó en 1979 con “Tachito”.Quienes baten palmas por infamias de los Castro, los Chávez, los Maduro, los Ortega, y desde luego, por la progenie variopinta que han diseminado por estas tierras de instituciones tan repetidamente doblegadas en los valores republicanos imputarán como agravante del somocismo la servidumbre con los Estados Unidos. Es cierto, pero lo hicieron sin traiciones; actuaron con la coherencia cruel de los déspotas, y no como Ortega, que estafó los ideales de la revolución sandinista, que despachó al destierro al último de los Somoza.El escritor, que recibe en estas horas el espaldarazo de colegas y de políticos de primer nivel mundial, encarna como nadie la condición de víctima de esa perfidia. Fue preso de los Somoza y comandante de la revolución sandinista. Por el doble ascendiente de intelectual y combatiente ocupó la vicepresidencia, junto a Ortega, entre 1985 y 1990.La anatomía de aquella traición demuestra que proviene de los impulsos obsesivos de una satrapía por perpetuarse en el poder. Tiene epígonos en la región para avalar con argumentos de aves negras la validez de la reelección indefinida. Cuando alguna razón frustra la intención, o la neutraliza un último arresto de inhibición personal, en este tipo de osadías se arbitran medios para que el poder pase a la mujer o los hijos.Cualquiera que sea el caso, las reelecciones indefinidas son por definición contrarias al espíritu de la República, que supone temporalidad del gobierno y alternancias. Y, si las reelecciones se consuman de forma dinástica como en el régimen comunista de Corea del Norte, se entra en terreno monárquico, distante del ideal de las dos grandes revoluciones de la modernidad en Estados Unidos y Francia. Ortega logró la presidencia por elecciones en 1985; insistió sin éxito en 1990, 1996 y 2001. Después amasó los triunfos de 2006, 2011 y 2016 y ahora se alista para ir de nuevo por todo.En la Argentina, la aspiración avariciosa por el poder no ha sido en sentido estricto una manifestación definitoria de la facción peronista dominante en el siglo XXI. Es una patología que viene del tronco e infecta las ramas. La reforma constitucional de 1949 abrió paso a la reelección indefinida del primer Perón. Pensemos en Carlos Menem: apenas tres años después de haber conseguido por la reforma constitucional de 1994 la posibilidad de la reelección, se ilusionaba con un tercer período.Escuché de un maestro del constitucionalismo, horas atrás, la revelación de que dos jueces de la llamada “mayoría automática” de la Corte Suprema de los noventa habían recabado su opinión sobre si cabía un resquicio legal para un tercer turno de Menem. Contestó que no. También la realidad, que manda más sobre los sueños que la voluntad, contestó que no: Menem comenzaba a trastabillar por fatiga ciudadana y por derivaciones de la crisis económica de Brasil, de 1997. Aparecían los primeros indicios de lo que sería un largo proceso recesivo. Tampoco el ministro del Interior, Carlos Corach, era partidario de forzar un tercer mandato de Menem, pero la temeridad encontró a comienzos de 1999, sin embargo, eco en el juzgado federal de Córdoba a cargo de Ricardo Bustos Fierro, a cuya consideración se llevó la cuestión.Alberto Dalla Vía, integrante de la Cámara Nacional Electoral, acaba de comunicar, en el ámbito académico de su actuación, un trabajo exhaustivo sobre el capítulo de las reelecciones. Lo seguiré por sus luces sobre un mal que se expandió desde los noventa con la irrupción de Hugo Chávez, aprendiz de Fidel Castro. Por esa época hubo otras reformas constitucionales para facilitar reelecciones, como en Perú y Brasil.Uno de los puntos sustanciales del examen de Dalla Vía refiere a los artilugios jurídicos que han propendido a fundamentar el derecho de reelección, incluido el de carácter indefinido. Teóricos del populismo, como Ernesto Laclau, acompañaron la causa. De lo contrario, decía Laclau, se frustrarían procesos radicales como el de Chávez en Venezuela. En esa línea, el tribunal supremo de Nicaragua anuló la reforma constitucional de 1995, que había prohibido las reelecciones, porque de otro modo se afectaba el “derecho humano a la reelección”. En Honduras y Bolivia tribunales amañados se pronunciaron más tarde en esa misma dirección.Tan delicado asunto llegó en consulta a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En un caso de especial resonancia, definió la reelección indefinida como la permanencia en el poder por más de dos períodos “de duración razonable”. Y descartó que estuviera en juego en su limitación un derecho humano, pues no es eso materia con reconocimiento normativo en los tratados interamericanos ni en el corpus iuris del Derecho Internacional.¿Quién votó en disidencia en el tribunal? Votó en disidencia el juez Eugenio Zaffaroni, pontífice en la interpretación de teoremas jurídicos y políticos controvertidos del kirchnerismo. Dijo, en lenguaje extraño a la organización republicana, que la reelección indefinida es un “derecho soberano” de los pueblos que está más allá del horizonte constitucional. ¿Es, acaso, más falaz la invocación de un supuesto derecho humano que la tesis de la soberanía para apañar el axioma de la reelección indefinida?Aquí, la admiten San Luis (1986), La Rioja (1986) y Catamarca (1988). Formosa y Santa Cruz la consagraron en dos pasos, una en 1991, y la otra, en 1994: primero, sancionaron la reelección por una vez, y luego, sin límites. Eso explica fenómenos como el de Insfrán, en Formosa.El autor de la sátira Tongolele no sabe bailar sí sabe que en su encrucijada él se halla lejos de una situación en soledad. Son muchas las víctimas de quienes no ahorran medios en el delirio por eternizarse en el poder. Son muchos, también, quienes se solidarizan con los hombres de valor que luchan sin otras armas que las palabras contra regímenes autoritarios y contra quienes, aun ocultando la verdadera naturaleza de sus propósitos últimos, reniegan de principios básicos de la democracia y la república.Las vicisitudes del escritor quijotesco que alguna vez nos dijo estar dispuesto a aprenderse de memoria la obra cumbre de Cervantes, antes de que una dictadura queme todos los libros, han advertido sobre los riesgos que acechan la libertad en la región. Ha sido providencial que esto ocurra en días excepcionales para el porvenir de la República Argentina.

Fuente: La Nación

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