Luego de la carrera que marcó el regreso del Gran Circo a los Países Bajos tras 36 años, la Fórmula 1 continúa este fin de semana con la 14ª fecha del Campeonato Mundial, el Gran Premio de Italia, en Monza, con transmisión de las distintas señales de ESPN y Star+Este viernes comenzará la actividad, con dos entrenamientos. El sábado se hará la última práctica y la prueba de clasificación. Y el domingo se realizará la carrera sobre 53 vueltas en el espléndido circuito de Monza, que tiene una longitud de 5,793 kilómetros y 11 curvas.Luego de esta fecha, el campeonato tendrá un fin de semana de descanso y la competencia se reanudará con el Gran Premio de Rusia, que se celebrará en Sochi entre el 24 y el 26 de septiembre.La agenda del Gran Premio de ItaliaViernes 10 de septiembre9.25 Práctica 1. Star+ & ESPN212.50 Práctica 2. Star+ & ESPN2Sábado 11 de septiembre6.50 Práctica 3. Star+ & ESPN311.20 Prueba de clasificación. Star+ & ESPN3Domingo 12 de septiembre10 La carrera. Star+ & ESPNLo que resta del calendario 2021Gran Premio de Italia: del 10 al 12 de septiembre, en Monza.Gran Premio de Rusia: del 24 al 26 de septiembre, en Sochi.Gran Premio de Singapur: del 1 al 3 de octubre, en Marina Bay.Gran Premio de Japón: del 8 al 10 de octubre, en Suzuka.Gran Premio de Estados Unidos: del 22 al 24 de octubre, en Austin.Gran Premio de México: del 29 al 31 de octubre, en Ciudad de México.Gran Premio de Brasil: del 12 al 14 de noviembre, en Interlagos.Gran Premio de Australia: del 19 al 21 de noviembre, en Melbourne.Gran Premio de Arabia Saudita: del 26 al 28 de noviembre, en Yedá.Gran Premio de Abu Dhabi: del 3 al 5 de diciembre, en Yas Marina.

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SANTIAGO DEL ESTERO.- Universidad de Tres de Febrero (UnTref) se consagró campeón de la liga A2 de vóleibol masculino y concursará la próxima temporada en la Primera categoría de la disciplina, tras derrotar en la serie final a Ciclista Olímpico de La Banda, por 3-1.En el cuarto y último juego de la llave de definición, el conjunto bonaerense ganó en el gimnasio Vicente Rosales de la ciudad santiagueña, con parciales de 25-18, 16-25, 28-26 y 25-20.Andrés Martínez, con 31 puntos alcanzados, se erigió en la principal figura del elenco `universitario`.La formación utilizada por UnTRef comprendió a Esteban Símaro, Andrés Martínez; Leonel Cortez, Francisco Gandaria; Ramiro Núñez, Andrés Ferreyra; Christian Brion (líbero). Más tarde ingresaron Sebastián Ortiz, Nicolás Gómez y Yamil Abait. El técnico es Diego Scroca.Olímpico tendrá una nueva chance para ganar un boleto en la Liga Nacional de vóleibol de la temporada 2012-2013. Jugará un repechaje con Lechuzas Villa María, situado en la penúltima ubicación durante la fase regular.Los dos primeros encuentros de una serie pautada al mejor de cinco se jugarán en el estadio Unión Central el sábado 10 y el domingo 11 de este mes, sucesivamente.

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El asombroso musical de Zamba con Belgrano y Juana Azurduy / Autores: Sebastián Mignona y Sebastián Goldberg / Dirección: Leandro Panetta / Intérpretes: Javier Posik, Ignacio Galleti, Verónica Reinoso, José Portillo, José Frías, Federico Cécere, Alejandro Szardursky, Lucas Gallardou, Leandro Silva, Diego Cáceres, Federico Howard, Paula Voglino y elenco / Dirección de actores: Martín Joab / Dirección de acrobacia: Germán Cabanas / Música: Leo Sujatovich, Ezequiel Silberstein y Mateo Sujatovich / Coreografía: Valerita Narváez y Hugo Quiril / Muñecos: Germán Pérez / Escenografía: Carina Luján / Vestuario: Laura Molina / Iluminación: Pablo Alfieri / Sala: Pabellón Bicentenario, Tecnópolis, Av. General Paz y Constituyentes / Funciones: en vacaciones, todos los días a las 15; a partir del 13 de agosto, de miércoles a domingos, a las 15.Nuestra Opinión: BuenaEn la penumbra, niños de tres o cuatro años se instalan en focos de luz verde y violeta que iluminan el suelo en el amplio proscenio. El río de gente fluye manso hasta llenar las gradas de esta especie de Luna Park al borde de la ciudad que es el Pabellón Bicentenario de Tecnópolis. La gran diferencia con otros espectáculos a gran escala de la cartelera infantil está no sólo en la entrada libre, sino en la ausencia de merchandising, los espacios amplios, la tranquilidad que se percibe a pesar de la masividad de la concurrencia y el tono festivo que va a tomar el espectáculo multimedia de El asombroso musical de Zamba con Belgrano y Juana Ayurduy.Leandro Panetta, el director, se pasea contra la corriente del público que ingresa, observando todo con sus aires un poco fellinianos, las manos en la espalda. “Es imposible parar a la gente para reservar algún asiento una vez que comienza a entrar”, advierte al cronista, quien llega media hora antes para poder ocupar la ubicación preferida del director. Pero nadie corre, los sectores se habilitan en forma intercalada, para asegurar una ocupación equilibrada. Finalmente quedarán apenas unos pocos claros de butacas azules. La maquinaria está en marcha.Faltan dos minutos y la gente comienza a dar palmas al pulso de la música que suena a modo de prólogo. Ya están todos ubicados, la afluencia masiva se detuvo, apenas llegan algunos rezagados que sin embargo encuentran aún lugar. Serán en total más de 5000 personas, para una capacidad máxima de 8000. Sale el presentador, apenas cinco minutos pasado el horario anunciado. Comienza la función del show producido por la señal infantil Pakapaka.Es la gesta de Manuel Belgrano en el Norte, con sus vicisitudes de triunfos y derrotas. Y de su encuentro con Juana Ayurduy, la amazona que aportó milicianos y valentía para detener el avance realista. El fuego arrasador del éxodo jujeño, los cañonazos de las batallas, los desplazamientos de la caballería -en raudo paso de bicicletas encorceladas-, el choque de los sables, le otorgan a la escena un tono de gran épica.La eficaz combinación de actores, efectos especiales, juegos aéreos e imágenes de video cobran plena fuerza sobre el escenario central plantado a ras del suelo en esos momentos de batalla y grandes maniobras. A diferencia de la puesta anterior de la saga del pequeño Zamba, que se centraba en la campaña sanmartiniana, la mirada del espectador se dirige ahora de arriba hacia abajo. Ello permite una visión de gran panorama, como en esos cuadros de escenas bélicas de Cándido López, pero en movimiento. Se pierden en tanto un poco los tramos más reposados de diálogos entre los personajes, que se achican en la perspectiva, sobre todo frente a la inmensidad de la proyección de video sobre la pared de fondo. El humor, centrado aquí más que nada en la caricatura del pequeño jefe realista acompañado de sus asistentes, levanta la acción. Más estática resulta la intervención del Triunvirato, en su rol de freno constante a las iniciativas de Belgrano. Tal vez habría aportado algo más otorgarle a Juana Azurduy un desarrollo mayor, con una indagación sobre su vida antes de entrar en batalla. Pero importa ante todo ese gran despliegue de la lucha independentista, recibido con justificado entusiasmo por el público. El triunfo se ve coronado por el sobrevuelo de un gran cóndor con Zamba y su pequeña amiga montados en su grupa.

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Mapa de precipitación acumulada en las últimas 24 horas (Bolsa de Comercio de Rosario/)Con lluvias que en las últimas 24 horas variaron entre 6 y 65 milímetros en gran parte de la pampa húmeda, la sequía le dio una tregua al campo, ya que frenó el deterioro de la soja, el principal cultivo del país y que hoy atraviesa una etapa de máximo requerimiento de agua.”Las precipitaciones recibidas contienen el daño y dan un nuevo margen para tirar entre 7 y 10 días hasta que vuelva a llover”, expresó Eduardo Sierra, especialista en agroclimatología.En este contexto, Adriana Basualdo, meteoróloga de Consultora de Climatología Aplicada (CCA), opinó que las lluvias fueron un aporte “muy alentador para la soja”.De todos modos, Sierra y Basualdo coincidieron que las precipitaciones no alcanzaron a reponer la humedad en el suelo, que sigue con fuertes déficits. “La sequía sigue”, afirmó Sierra. “En la mayor parte de los casos aún las reservas siguen siendo inferiores a las normales para la época del año”, indicó Basualdo.Según un informe del Proyecto GEA (Guía Estratégica para el Agro) de la Bolsa de Comercio de Rosario, las precipitaciones mayores a 40 milímetros sólo alcanzaron a cubrir el 25% de la zona núcleo, una región que comprende el sudeste cordobés, el norte bonaerense y el sur santafecino, donde se encuentran las tierras más productivas del país. Para José Luis Aiello, director científico del Proyecto GEA, hasta marzo “el escenario predominante de condición de lluvias es por debajo de lo normal”.En cambio, desde el INTA, Pablo Mercuri, director del Instituto de Clima y Agua del organismo consideró que “es posible” que las precipitaciones comiencen a “regularizarse ahora y sobre febrero”. De todos modos, recordó que las perspectivas para el trimestre enero/marzo es, en un evento Niña, de lluvias por debajo de lo normal.

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El 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.El primer avión chocó contra la torre norte a las 8.45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10.28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9.03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9.59 a.m., colapsó en 9 segundos.El recorrido de los aviones (BBC Mundo/)“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.¿Podría haber otro 11 de septiembre? Las amenazas terroristas a 20 años del atentado contra las Torres Gemelas“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.El saldo fueron 2606 personas muertas.Las torres resistieron varios minutos antes de venirse abajo. (Getty/)¿Por qué se cayeron las torres?“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista”, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.Día clave en Brasil: Jair Bolsonaro apuesta todo a una marcha, en medio de los temores por un golpeLa respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.Combinación fatalLos estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:En 2001 las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York. (Getty/)• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel. “Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.Las torres quedaron reducidas a escombros. (Getty/)Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.Cómo estaban construidas las torresLas Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores. (Getty/)Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.Impacto, fuego y aireAmbas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego”, explica Kausel.Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones. (Getty/)Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó”, dice Kausel.“Bombas voladoras”Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.El fuego causó daños severos a las columnas de las torres. (Getty/)Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.Pero luego hubo un segundo efecto.Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.ColapsoEn ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso..Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las halaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.El calor del fuego dilató las vigas, que a su vez empujaron las columnas.El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas halaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.El resultado fue una caída en cascada.Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, “como quien pela un banano”, dice el experto.Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.Por Carlos Serrano (@carliserrano)

Fuente: La Nación

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El autor de las fotos, aún sin identificar, parece ser un trabajador de la construcción (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)La colección incluye imágenes de la Zona Cero tomadas tanto desde la superficie como desde arriba (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)Interior de un edificio de la Zona Cero (TextFiles / Flickr/)El material fue encontrado en viejos CDs durante una subasta casera (TextFiles / Flickr/)La colección incluye imágenes de la Zona Cero tomadas tanto desde la superficie como desde arriba (TextFiles / Flickr/)El material fue encontrado en viejos CDs durante una subasta casera (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)Se filtraron 2400 fotos inéditas de la Zona Cero tomadas después de los ataques de Nueva York el 11 de septiembre de 2001 (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)Se filtraron 2400 fotos inéditas de la Zona Cero tomadas después de los ataques de Nueva York el 11 de septiembre de 2001 (TextFiles / Flickr/)La colección incluye imágenes de la Zona Cero tomadas tanto desde la superficie como desde arriba (TextFiles / Flickr/)Alrededor de 400.000 personas fueron expuestas a contaminantes debido al atentado (TextFiles / Flickr/)Las fotos inéditas del atentado del 11-S en Nueva York halladas en una subasta (TextFiles / Flickr/)El material fue encontrado en viejos CDs durante una subasta casera (TextFiles / Flickr/)Trabajadores en una cochera de la Zona Cero (TextFiles / Flickr/)Interior de un edificio de la Zona Cero (TextFiles / Flickr/)Fotos: TextFiles / FlickrEdición Fotográfica: Enrique Villegas

Fuente: La Nación

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????? Libro, dirección, vestuario y actuación: Gabriela Acher. Luces: Virginia Magnano. Música: Alejandro Pinnejas. Producción general: Chino Carreras. Teatro: Sala Pablo Picasso (Paseo La Plaza): Av. Corrientes 1660. Funciones: domingos a las 19:30. Duración: 80 minutos.Texto: 1.551 caracteresEn tiempos de monologuistas y standaperas varias, de irregular nivel, que hacen del grito y las malas palabras un estilo, es un verdadero lujo el regreso de Gabriela Acher a los escenarios. Dueña de un humor inteligente, irreverente y con clase, da otra vez cátedra de cómo hacer reír sin parar en su nuevo unipersonal ¿Qué hace una chica como yo en una edad como ésta?, basado en su best seller del mismo nombre.Esta vez, y como lo anticipa su título, esta feminista a ultranza se presenta con una charla Ted dirigida “a las nuevas generaciones de mujeres”; esto es: a las de 40, de 50, de 60 y de 70, aquellas que por haberse reído mucho más que sus madres y abuelas lograron atrasar 20 años el gen del envejecimiento y, por eso, “son las jóvenes de hoy”. Así la disertadora se pregunta: “¿Los 60 son los nuevos 40?, ¿los 40 son los nuevos 20?”. Luego de la exposición, la conferencia da paso a un desopilante consultorio sentimental, en el que la profesional responde las inquietudes que le van llegando vía fax desde distintas latitudes. Entonces se habla de Tinder, Viagra, celulitis, menopausia, cirugías estéticas, fallas de la memoria, relaciones intergeneracionales, de la era A.C. (antes del clítoris) y del antídoto ideal para un mal marido: Netflix.Si bien el espectáculo tiene por objeto central a las mujeres, y a ellas está dirigido, no deja a los espectadores masculinos de lado; los integra y los hace cómplices de cada relato hilarante. Esto provoca el jolgorio general y ratifica, una vez más, que el buen humor no tiene género.

Fuente: La Nación

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Anya Taylor-Joy es una de las actrices que mayor revuelo está generando en Hollywood luego de protagonizar éxitos comola serie Gambito de Dama y la muy esperada película El Misterio de Soho. En una reciente entrevista, la joven de 25 años aseguró tener ganas de volver a vivir a la Argentina donde tiene a gran parte de su familia.Se filtraron imágenes de Black Panther: Wakanda Forever y apareció un oscuro personaje MarvelEn diálogo con la revista InStyle, le preguntaron si tenía ciudadanía argentina o estadounidense, a lo que respondió: “Tengo un pasaporte estadounidense y otro británico, y además tengo la residencia argentina, lo cual me hace muy feliz porque me gustaría vivir en la Argentina”.Taylor-Joy nació en Miami, Estados Unidos, pero es hija de un papá escocés-argentino y de una mamá española-inglesa. La actriz estudió en el colegio Northlands School de Olivos, el mismo en el que lo hizo Máxima Zorreguieta, la reina de los Países Bajos. En otra entrevista, llegó a admitir que sus comidas favoritas son las que puede comer en nuestro país. “Las empanadas, el pan de provolone -que me gusta más que la pizza-, y los churros con dulce de leche”.Hace pocos días, la actriz fue captada por los fotógrafos en un balcón de un hotel junto a Malcolm McRae a los besos. Al parecer, la acompañó al Festival de Venecia, donde ella acudió como invitada para presentar su nueva película, Misterio en Soho. La actriz de películas como Emma y La bruja comenzó un nuevo vínculo con el joven dos años mayor que ella, que tuvo su paso por el mundo de la actuación, pero que ahora se encuentra enfocado en su carrera musical.El épico baile de Neymar con un personaje de La casa de papelMisterio en Soho, dirigida por Edgar Wright y protagonizada por Taylor-Joy, Smith y Thomasin McKenzie, es una película de terror psicológico ambientada en el Soho londinense de la década del 70. “La nostalgia puede ser peligrosa: si pasás demasiado tiempo mirando hacia atrás, podés ignorar el peligro que está justo frente a tus ojos”, expresó su director. “Es una advertencia para los soñadores como yo que quieren volver a una época que, paradójicamente, nunca vivieron. La pregunta realmente debería ser: si pudieras retroceder el tiempo, ¿deberías?”.

Fuente: La Nación

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Apenas dos meses después del atentado a las Torres Gemelas que transformó para siempre la geografía de Nueva York y la política mundial sobre el terrorismo, la cadena Fox estrenó 24, una serie creada por Robert Cochran y Joel Surnow que tenía como protagonista a un agente de inteligencia que debía evitar un atentado contra el futuro presidente de los Estados Unidos. Jack Bauer, interpretado por un renacido Kiefer Sutherland, era no solo la expresión temeraria de esa lucha contra una amenaza invisible, camuflada en un entorno cercano y conocido, sino también el signo evidente de ese inmediato desconcierto, y del progresivo descubrimiento de que los aliados podían ser enemigos y el complot para la destrucción podía hallarse más cerca de lo imaginado. La idea de Cochran había sido desechada inicialmente por Surnow por considerarla inviable, en tanto dependía del tiempo real que se construía en cada episodio: una hora de ese día en que el atentado debía evitarse. Finalmente la coyuntura definió la paranoia ideal para el estreno y la serie se convirtió en un éxito que duró nueve temporadas y dejó una estela imborrable en la televisión del futuro.¿Qué hubiera sido de 24 si no hubiera ocurrido el 11 de septiembre? Vista a la distancia, uno puede pensar que la serie fue menos una consecuencia directa de ese escenario que una narrativa perfecta para capturar el clima que se vivía en los Estados Unidos por esos meses. La desesperada carrera de Bauer por descifrar la identidad del traidor en la Unidad Antiterrorista en la que operaba, al mismo tiempo que detectar el mecanismo del atentado contra el senador David Palmer, se conjugaban con la preocupación por el paradero de su hija adolescente, fugada de la casa familiar para asistir a una fiesta estudiantil (la serie está disponible en Star+). El ritmo frenético de la acción enlazaba eventos institucionales de impacto en la seguridad nacional con la preocupación de un padre por la integridad de su hija, lidiando con las consecuencias de una separación, con las culpas de su crisis doméstica. Esa sensación era la que atravesaba a los Estados Unidos: un asunto de política global que tocaba la puerta de su casa, incendiaba el corazón de su ciudad y erradicaba para siempre su anhelada sensación de seguridad.24Las series siempre han tenido la ventaja, sobre todo en la era previa al reinado del streaming, de dar cuerpo a los fantasmas de una sociedad en tiempo directo. La experiencia del consumo semanal –o aún con más intensidad en las ficciones diarias- garantizaba la permanencia del tema en la conversación pública. Allí fue permeando ese clima de angustia que escaló con las políticas posteriores del gobierno de George W. Bush y el inicio de la guerra en Afganistán. Por ello, a partir de mediados de la década del 2000, las narrativas audiovisuales comenzaron a dar cuenta de los efectos de una nueva guerra para la nación –algo que en el cine consagró de manera ejemplar Vivir al límite (2008) de Kathryn Bigelow-, pero también de las sombras que el atentado dejó en el imaginario popular. En 2004, J.J. Abrams y Damon Lindelof conjuraron esa imagen de los aviones en llamas en el inicio de Lost, una de las series imprescindibles para entender la transformación de la televisión a mediados de esa década (también disponible en Star+), pero fue Abrams quien logró expresar en un territorio tan lejano como la ciencia ficción el recuerdo de ese mundo definitivamente perdido.Fringe se estrenó a fines de 2008 como un intento de combinar el espíritu de Los expedientes secretos X con el nuevo clima mundial después del 11 de septiembre. Una división secreta del FBI debía detectar los tentáculos de una organización terrorista cuyo propósito parecía ser convertir al mundo en un caos infernal. Para ello, la agente Olivia Dunham (Anna Torv) aunaba fuerzas con el doctor Walter Bishop (John Noble), un desterrado científico de los 70, preso en un manicomio y redimido por su genio visionario, para encontrar las claves de una serie de inexplicables sucesos. Más allá de las referencias a la tradición clásica de la ciencia ficción, lo que se propone la serie en sus juegos temporales y en sus universos desdoblados es asomar las narices a la escena de un mundo en el que las Torres Gemelas siguen erguidas, pero otros desastres parecen amenazar su equilibrio. El pulso inquietante de Fringe, que logró convertirse en una serie de culto con el correr de las temporadas –no está disponible aún en streaming–, estuvo definido por suprecisa sintonía con ese escenario convulso e indescifrable, por su clara consciencia de que hay traumas que moldean realidades y que el espejo deformado del mundo alternativo no es otro que el resultado de la paranoia pronosticada.Las Torres Gemelas aparecen como doloroso recuerdo en el universo alternativo de FringeEn ese sentido, es interesante que tiempo después otro de los creadores de Lost haya dado su propia versión de un mundo en crisis con The Leftovers. Estrenada en 2014 e inspirada en la exitosa novela de Tom Perrotta, la serie creada por Damon Lindelof pone en escena un suceso excepcional: en un abrir y cerrar de ojos, el 2% de la población desaparece de la faz de la Tierra. El hecho traumático apenas tiene expresión narrativa en los primeros minutos del primer episodio y a partir de allí nos dirigimos al estado del mundo tres años después, cuando los sobrevivientes de esa tragedia deben lidiar con su extraño presente. Han surgido cultos religiosos, las familias se han disgregado, ha crecido la paranoia y el mesianismo, pero entre todo ello hay un débil intento de seguir adelante. Lindelof explora cuestiones existenciales e interrogantes profundamente humanos pero al mismo tiempo registra la devastación que dejó el trauma social tras su paso, la persistente amenaza de su repetición, el intento de volver a construir una vida sobre esos escombros (The Leftovers está disponible en HBO Max).La capacidad de la ficción televisiva de asimilar los hechos de la realidad, tanto los paulatinos cambios sociales como los acontecimientos abruptos e intempestivos, fue puesta a prueba ante la magnitud de lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001. Dar cuenta del estado de zozobra de la sociedad, incluir la referencia al atentado como una cita aislada en un drama o una comedia, pensarlo como metáfora de un nuevo mundo que se configura a partir de ese cambio de paradigma en la geopolítica fueron las primeras reacciones, indirectas en tanto resultaba demasiado doloroso enfrentar en una emisión regular las visiones traumáticas de aquello que se quería olvidar. Y más allá del atentado mismo, del trasfondo de la operatoria de Al Qaeda, la figura de Osama Bin Laden, el rol de las fuerzas de seguridad de Estados Unidos y el clima bélico que invadía al mundo, estaba la emergencia de ese nuevo tópico para pensar las narrativas de espionaje e inteligencia: el escenario de Medio Oriente. Fue ese espacio el que invadió las historias de espías, las ficciones bélicas, los relatos de leales y traidores en la nueva cartografía global.La consciencia de una sociedad de vigilancia en Homeland.La aparición de Homeland en 2011, inspirada en una serie israelí y creada por Alex Gansa y Howard Gordon, este último productor de 24, fue la expresión definitiva de lo que 2001 había dejado en la televisión. El termómetro de esa crisis era el personaje de Carrie Mathison, interpretada por Claire Danes en ese intento de conjugar la inquietud interior del personaje con el clima de época. Todo comienza con el regreso a Estados Unidos de un prisionero de guerra convertido en un posible espía de Al Qaeda. Condecorado por el ejército como héroe, extraviado en su propio entorno familiar, el sargento Nicholas Brody (Damian Lewis) se convierte en la piedra angular de la obsesión de Mathison, atravesada por sus propios sentimientos, enraizada en su largo trabajo en la CIA, signada por la persistente disgregación de los límites entre lo real y lo generado por la paranoia circundante. Homeland –disponible en Star+, Movistar Play y DirecTV Go– no solo ensaya la puesta en escena de un escenario esquivo y demencial, en el que es difícil discernir amigos de enemigos, amenazas de fabulaciones, sino también una puesta a prueba del espíritu de quienes deben encarnar la expresión pública de esa custodia del orden.Diez años después de los atentados, la ficción televisiva había dejado la expresión del shock y el desconcierto inicial para explorar los cambios a largo plazo, tanto en el contexto doméstico como en la política internacional. El trauma latente persistía en la nueva configuración de la realidad representada, expuesto de manera evidente en los documentales sobre el 11/9, en las ficciones bélicas sobre el escenario convulso de Afganistán, en las historias de espionaje asentadas en el combate del terrorismo enemigo. Pero la distancia recogía también efectos colaterales, tanto en los soldados que llegaban de la guerra con fantasmas parecidos a los que el cine había escenificado respecto a Vietnam, como en el diseño de una sociedad en persistente vigilancia, cuya seguridad era una prioridad aún a riesgo de restringir las libertades. A medida que avanzó en sus temporadas, Homeland pudo asimilar esas derivaciones: el monitoreo de la vida urbana, el control de la sociedad civil, el derrotero caótico del sobreviviente de la guerra, la inclusión de las formas culturales y religiosas de Medio Oriente como una nueva variante en la escena a representar.The Looming Tower pone en juego las disputas internas entre la CIA y el FBI en la antesala del 11 de setiembre del 2001.En 2018 llegaron dos nuevas series que ensayaron nuevas bifurcaciones, áreas de reflexión que ofrecían un salto hacia atrás y otro hacia adelante. En el primer caso, la miniserie The Looming Tower, basada en el libro de Lawrence Wright, ganador del Pulitzer en 2006, exorcizaba las culpas que atravesaron los organismos de defensa de Estados Unidos respecto a la posible prevención del atentado. Creada por Wright junto a Alex Gibney y Dan Futterman, el ciclo, que aquí se vio en Amazon Prime Video, intentaba recrear la disputa entre la CIA y el FBI por la información respecto a la operatoria de Al Qaeda, las amenazas televisivas de Bin Laden y el seguimiento de las pistas que podían haber evitado la masacre de Nueva York. Aún bajo el paraguas de la ficción, los creadores intentan arrimarse a la realidad de la escena allí por 1998, cuando la información era una prenda en diputa entre los egos de los funcionarios y la burocracia de la inteligencia. Es el pasado el que parece tener la clave para el persistente interrogante: ¿se podría haber evitado el atentado? La miniserie, al igual que el libro, intenta enfocarse en las dimensiones humanas de aquella investigación, antes que en las institucionales, y explora a esos hombres ante un escenario difícil de discernir pero en el que interpusieron sus egoísmos y ambiciones ante su deber público.El caso de Jack Ryan es diferente, aquí el salto hacia el futuro ofrece otro interrogante: ¿es posible que aparezca un nuevo Osama Bin Laden? La tarea anodina del agente de operaciones Jack Ryan, imaginado por Tom Clancy para un escenario deudor de la Guerra Fría, se convierte en el impulso para la investigación de una serie de transacciones económicas que conectan Yemen y París y parecen anunciar la planificación de un nuevo golpe maestro a la seguridad de Occidente. Más allá del aggiornamento del espíritu paranoico de Clancy y la tensión de su narrativa, la serie creada por Carlton Cuse (otro alumno de Lost) y Graham Roland para Amazon ¨rime Video consigue revivir el escenario de 2001 como inquietante preámbulo de una repetición de la modalidad de aquel atentado. En relación a ello, el reciente retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán, en el cierre simbólico de una era, habilita la aparición de nuevas ficciones que aspiren a un balance de lo ocurrido en las dos últimas décadas.Jack Ryan (John Krasinski, aquí junto a Noomi Rapace) especula con el surgimiento de un nuevo Osama Bin Laden en Medio Oriente.Las perspectivas que conjugan series relativamente recientes como The Looming Tower o Jack Ryan permiten exponer las tensiones internas en el aparato de seguridad de los Estados Unidos y, al mismo tiempo, la difícil tarea de dilucidar los humores de Medio Oriente, asediados por la memoria de invasiones del pasado, rencores y hostilidades alimentadas por las escaladas bélicas y los intereses económicos de las potencias, pero en el fondo asumen un escenario en el que el conflicto resulta inevitable. La expiación de las culpas que ensaya el texto de Wright, cargando las tintas sobre la ambición de la figura ficticia de Martin Schmidt (interpretado por Peter Sarsgaard), preocupado por salvaguardar el secretismo que habilita la acumulación de poder, apunta a dilucidar el rol de su país en Medio Oriente en la antesala de los atentados. Los ataques a las embajadas de Nairobi y Dar es Salaam en 1998 dividieron aguas entre la propuesta de Schmidt de bombardear Afganistán y la de su contraparte del FBI, representada por el sí existente John O’Neill (Jeff Daniels), partidario de evitar nuevos motivos para la causa extremista. En Jack Ryan también las tensiones entre el desterrado James Greer (Wendell Pierce), de regreso en Langley luego de una serie de traspiés en Pakistán, y su superior en la cadena de mando, Nathan Singer (Timothy Hutton), sintetiza un frente en tensión ante a la inevitable escalada de los sucesos del otro lado del mundo.Las series han logrado asumir ese escenario en conflicto, tanto en la referencia evidente a lo sucedido veinte años antes en el corazón de Nueva York, como en la constante exploración de lo que sigue aconteciendo en Medio Oriente. Series bélicas, thrillers de espías, historias de ciencia ficción, todas y cada una de las ficciones televisivas que han tocado el 11/9 han recogido la estela de aquel trauma para pensar sus consecuencias inmediatas o a largo plazo. En 24 el tiempo real y la pantalla partida sintonizaban con la inmediatez, en The Looming Tower la reconstrucción expresaba la vocación de evaluar los aciertos y errores cometidos. El 11 de septiembre cambió la geografía de una ciudad, la geopolítica y sus ecos económicos y bélicos, pero también la fisonomía de las narrativas televisivas, que siempre dieron lugar a las memorias y los imaginarios perdurables sobre las realidades más desgarradoras.

Fuente: La Nación

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