La hidrovía Paraná-Paraguay, la ruta fluvial que une cuatro países a lo largo de más de 3400 kilómetros, tiene más de un lado oscuro. La falta de controles convierte esa vía, clave para la salida de las exportaciones de granos argentinos, en un peligro latente si se transforma en una de las principales rutas del narcotráfico en Sudamérica.En toda la paleta de discusiones que se sucedieron durante los últimos meses, cuando era inminente el vencimiento del contrato con la concesionaria Hidrovía SA, la necesidad de incrementar los controles estuvo prácticamente ausente.Debatir sobre la necesidad de que la Argentina recupere la “soberanía” de esta ruta es insistir en un eslogan vacío de contenido, cargado más de ideología que de lo que verdaderamente debería discutirse: el dragado y balizamiento de una ruta fluvial por donde sale desde los puertos del Gran Rosario más del 80% de las exportaciones de granos. La urgencia de que se coordinen mejores y mayores controles tampoco entró en la discusión.La ruta fluvial es utilizada por eslabones del crimen organizado internacional para el contrabando de drogas, un auténtico agujero negro en materia de controles y acuerdos desdibujados entre los países involucrados en la Hidrovía.En febrero pasado se secuestraron en los puertos de Amberes y Hamburgo tres cargamentos de 27 toneladas de cocaína que provenían de Paraguay. Por lo menos uno de ellos, con 16.174 kilos de estupefacientes, había hecho trasbordo en el Puerto de Buenos Aires. Su detección se produjo luego de que las fuerzas de seguridad europeas lograron vulnerar más de 170.000 mensajes de teléfonos que usaban un sofisticado sistema encriptado. Ese cargamento de cocaína, camuflado en latas de pintura, configuró una de las incautaciones más grandes de la historia de Europa. Navegó por 1400 kilómetros sin ser sometido a una sola inspección por parte de las fuerzas de seguridad. Se sospecha que la logística de ese lote de contrabando de cocaína fue coordinada por el Primer Comando Capital, la organización criminal brasileña que más creció en los últimos años, con un pie en Paraguay, donde controla gran parte de las 12 prisiones guaraníes.En la última reunión, realizada en La Paz en enero pasado, los miembros de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, por sus siglas en inglés) advirtieron sobre los peligros de que la hidrovía Paraná-Paraguay se transforme “en una nueva vía para el tráfico de drogas”. El organismo internacional alertó sobre la “rearticulación” del tráfico de cocaína en Sudamérica a través de la Hidrovía durante la pandemia, e indicó que Paraguay se convirtió en una zona de acopio de la droga producida en Perú y Bolivia, para darle salida hacia África y Europa desde los puertos guaraníes.En la Argentina no tomamos conciencia de la dimensión de este nuevo modelo de logística narco. Comenzó a ponerse en funcionamiento con una plataforma sólida en Paraguay, país que históricamente fue productor de marihuana, pero al que la inserción del crimen organizado internacional transformó en uno de los nodos de salida al exterior, a través del río.Una muestra de este esquema de tráfico de drogas a través del río Paraná se hizo palpable en una causa judicial que se inició en septiembre de 2019, cuando la Prefectura Naval secuestró unos 291 kilos de marihuana. Proveniente de Asunción, el barco tanquero Don Juan amarró en una boya del lado entrerriano, cerca de La Paz. En lanchas rápidas, una banda de narcos paraguayos llevó el cargamento a Santa Rosa de Calchines, Santa Fe, donde existía un centro de acopio de los estupefacientes.La organización asentada en Santa Fe estaba conformada por ciudadanos paraguayos y santafesinos que tenían contactos con la provincia de Buenos Aires. Los investigadores presumen que la caída de Itatí como centro de acopio de marihuana, en marzo de 2017, obligó a los narcos paraguayos, que son los mayores productores de cannabis, a buscar otros canales más sofisticados que aquel enclave en Corrientes para la llegada de la droga a la Argentina.La falta de controles para combatir el narcotráfico en la Hidrovía está en discusión desde hace más de una década, pero no se avanzó en medidas concretas tendientes a cambiar esta situación de extrema vulnerabilidad. La exdiputada Elisa Carrió fue una de las que levantaron esa bandera. En 2018 presentó una denuncia en la Justicia Federal de Rosario para que se investigaran los puntos oscuros de ese tramo fluvial. “La Hidrovía es una especie de zona liberada que da lugar al tránsito ilegal de todo tipo”, dijo, con razón, en ese momento. La denuncia no tuvo avances.Diputados de Juntos por el Cambio presentaron el informe “La hidrovía verde y blanca”, que el legislador y presidente de la Comisión de Defensa, Carlos Fernández, entregó a su bloque. Denunciaron el avance del narcotráfico y señalaron que los controles actuales en esa vía “no parecen ser suficientes”.El tema de fondo es que ni la Argentina ni los países que integran la Hidrovía –Paraguay, Bolivia y Brasil– logran avanzar en un nuevo marco normativo para realizar operativos conjuntos que permitan ejercer un control efectivo sobre la referida vía fluvial. Actualmente se prioriza que los controles no corten el flujo de tráfico de la navegación, pero la situación en la región abre nuevas exigencias, ante el claro avance del crimen organizado en la Hidrovía. No hay tiempo que perder.

Fuente: La Nación

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La hidrovía Paraná-Paraguay, la ruta fluvial que une cuatro países a lo largo de más de 3400 kilómetros, tiene más de un lado oscuro. La falta de controles convierte esa vía, clave para la salida de las exportaciones de granos argentinos, en un peligro latente si se transforma en una de las principales rutas del narcotráfico en Sudamérica.En toda la paleta de discusiones que se sucedieron durante los últimos meses, cuando era inminente el vencimiento del contrato con la concesionaria Hidrovía SA, la necesidad de incrementar los controles estuvo prácticamente ausente.Debatir sobre la necesidad de que la Argentina recupere la “soberanía” de esta ruta es insistir en un eslogan vacío de contenido, cargado más de ideología que de lo que verdaderamente debería discutirse: el dragado y balizamiento de una ruta fluvial por donde sale desde los puertos del Gran Rosario más del 80% de las exportaciones de granos. La urgencia de que se coordinen mejores y mayores controles tampoco entró en la discusión.La ruta fluvial es utilizada por eslabones del crimen organizado internacional para el contrabando de drogas, un auténtico agujero negro en materia de controles y acuerdos desdibujados entre los países involucrados en la Hidrovía.En febrero pasado se secuestraron en los puertos de Amberes y Hamburgo tres cargamentos de 27 toneladas de cocaína que provenían de Paraguay. Por lo menos uno de ellos, con 16.174 kilos de estupefacientes, había hecho trasbordo en el Puerto de Buenos Aires. Su detección se produjo luego de que las fuerzas de seguridad europeas lograron vulnerar más de 170.000 mensajes de teléfonos que usaban un sofisticado sistema encriptado. Ese cargamento de cocaína, camuflado en latas de pintura, configuró una de las incautaciones más grandes de la historia de Europa. Navegó por 1400 kilómetros sin ser sometido a una sola inspección por parte de las fuerzas de seguridad. Se sospecha que la logística de ese lote de contrabando de cocaína fue coordinada por el Primer Comando Capital, la organización criminal brasileña que más creció en los últimos años, con un pie en Paraguay, donde controla gran parte de las 12 prisiones guaraníes.En la última reunión, realizada en La Paz en enero pasado, los miembros de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, por sus siglas en inglés) advirtieron sobre los peligros de que la hidrovía Paraná-Paraguay se transforme “en una nueva vía para el tráfico de drogas”. El organismo internacional alertó sobre la “rearticulación” del tráfico de cocaína en Sudamérica a través de la Hidrovía durante la pandemia, e indicó que Paraguay se convirtió en una zona de acopio de la droga producida en Perú y Bolivia, para darle salida hacia África y Europa desde los puertos guaraníes.En la Argentina no tomamos conciencia de la dimensión de este nuevo modelo de logística narco. Comenzó a ponerse en funcionamiento con una plataforma sólida en Paraguay, país que históricamente fue productor de marihuana, pero al que la inserción del crimen organizado internacional transformó en uno de los nodos de salida al exterior, a través del río.Una muestra de este esquema de tráfico de drogas a través del río Paraná se hizo palpable en una causa judicial que se inició en septiembre de 2019, cuando la Prefectura Naval secuestró unos 291 kilos de marihuana. Proveniente de Asunción, el barco tanquero Don Juan amarró en una boya del lado entrerriano, cerca de La Paz. En lanchas rápidas, una banda de narcos paraguayos llevó el cargamento a Santa Rosa de Calchines, Santa Fe, donde existía un centro de acopio de los estupefacientes.La organización asentada en Santa Fe estaba conformada por ciudadanos paraguayos y santafesinos que tenían contactos con la provincia de Buenos Aires. Los investigadores presumen que la caída de Itatí como centro de acopio de marihuana, en marzo de 2017, obligó a los narcos paraguayos, que son los mayores productores de cannabis, a buscar otros canales más sofisticados que aquel enclave en Corrientes para la llegada de la droga a la Argentina.La falta de controles para combatir el narcotráfico en la Hidrovía está en discusión desde hace más de una década, pero no se avanzó en medidas concretas tendientes a cambiar esta situación de extrema vulnerabilidad. La exdiputada Elisa Carrió fue una de las que levantaron esa bandera. En 2018 presentó una denuncia en la Justicia Federal de Rosario para que se investigaran los puntos oscuros de ese tramo fluvial. “La Hidrovía es una especie de zona liberada que da lugar al tránsito ilegal de todo tipo”, dijo, con razón, en ese momento. La denuncia no tuvo avances.Diputados de Juntos por el Cambio presentaron el informe “La hidrovía verde y blanca”, que el legislador y presidente de la Comisión de Defensa, Carlos Fernández, entregó a su bloque. Denunciaron el avance del narcotráfico y señalaron que los controles actuales en esa vía “no parecen ser suficientes”.El tema de fondo es que ni la Argentina ni los países que integran la Hidrovía –Paraguay, Bolivia y Brasil– logran avanzar en un nuevo marco normativo para realizar operativos conjuntos que permitan ejercer un control efectivo sobre la referida vía fluvial. Actualmente se prioriza que los controles no corten el flujo de tráfico de la navegación, pero la situación en la región abre nuevas exigencias, ante el claro avance del crimen organizado en la Hidrovía. No hay tiempo que perder.

Fuente: La Nación

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Hace pocas semanas, estudiantes de quinto año del Colegio Nacional de La Plata tuvieron una clase especial de Derecho Político. No hubiera sido extraño, en el contexto de esa materia, que los alumnos preguntaran por la situación de Cuba. ¿Qué hubiera contestado el profesor? La respuesta la dio el presidente de la Nación en estos días: “No sé qué está pasando en Cuba, pero lo que sé es que el bloqueo debería terminar”. Traducido: no quiero saber qué pasa, pero la culpa es de Estados Unidos. El presidente que dio esa respuesta es el profesor Fernández, el mismo que dictó aquella clase el viernes 23 de abril.Si a muchos les parece grave que un jefe de Estado se desentienda de un tema tan sensible y caiga en una suerte de indiferencia cómplice, habría que preguntarse si no es más grave aún que esa sea la respuesta de un profesor. ¿Cómo se habla de Cuba en las escuelas? ¿Qué ideas y valores se les transmiten a los jóvenes? ¿Qué modelos se justifican en las aulas y a quiénes se presenta como víctimas y victimarios? ¿Con qué grado de rigor y de pluralismo se habla de historia y de política internacional en colegios y universidades? ¿Se les ofrece a los jóvenes un panorama honesto y complejo sobre los temas, o se cae en simplificaciones, eslóganes y versiones maniqueas para explicarles el mundo? ¿Se les aportan todos los elementos para que elaboren sus propios juicios y sus propias ideas o se les proponen visiones sesgadas y panfletarias? Si el Presidente representa al “profesor promedio”, las respuestas a esos interrogantes serían más que preocupantes.Los alumnos se habrían quedado, por un lado, con la extraña sensación de que el profesor no sabía lo que pasa en Cuba, cuando ellos mismos lo saben solo con mirar TikTok. Es un tipo de desconocimiento que en algunos sistemas jurídicos se tipifica como figura penal: lo definen como “ignorancia deliberada”; la del que no sabe, pero debería saber; o la del que sabe, pero se hace el distraído. Pero el docente (escudado en esa supuesta ignorancia) se habría perdido la oportunidad de hablar, ante los alumnos, del valor de la libertad, de la diferencia entre democracias y dictaduras, de lo que significa para una sociedad vivir sometida a un régimen de partido único, sin prensa independiente, sin libertad de expresión, sin derecho a disentir. Se habría privado de destacar el valor de los derechos humanos, y de convocar a los estudiantes a despojarse de prejuicios para escuchar distintas voces. Habría desperdiciado, también, la oportunidad de abordar un fenómeno histórico y coyuntural como una realidad compleja, con matices, que tampoco puede despacharse en dos consignas con excesiva simplificación. ¿Es lo mismo un bloqueo que un embargo? Y en tal caso, ¿qué significa el embargo hoy? ¿Los alumnos no merecerían que el profesor hilara más fino?En las escuelas y universidades se ha extendido una docencia militante que transmite una versión sesgada y maniquea de la historia. Es la versión con la que sintoniza el actual oficialismo, más comprensivo con Hamas que con la democracia israelí. Si fuera cierto que “todo tiene que ver con todo” –como se repite con frecuencia en el discurso crispado del poder–, sería indudable que estas posiciones explican a una Argentina que simpatiza con Putin y empuja al exilio al fundador de Mercado Libre, que se autopercibe progresista y justifica la persecución y la censura en Nicaragua, y que habla de igualdad y de inclusión mientras cierra las escuelas y reproduce la pobreza. Quizá el profesor Fernández no haya dado una respuesta muy distinta de la que dan, en general, los docentes de Historia y de Derecho Político en la mayoría de las escuelas. Y en esas clases teñidas de ideologismo y militancia, pero también de un simplismo ramplón, tal vez esté la explicación de un país que cuenta los años setenta como una aventura romántica, se alinea con el eje Cuba-Venezuela-Nicaragua y cree, con infantilismo, que la culpa siempre es de “las potencias y el imperio”.Aquella clase del profesor Fernández quizá encierre “el huevo de la serpiente”. No es un hecho desconectado de las penurias que sufre el país. El anacronismo ideológico, la visión excesivamente simplona y provinciana del mundo, así como las categorías binarias, las concepciones dogmáticas y la ignorancia real o deliberada, conforman un cóctel que explica desde el aislamiento internacional de la Argentina hasta nuestra profunda crisis económica y, en cierta medida, también la magnitud de la tragedia sanitaria.La respuesta del Presidente sobre Cuba expresa el sistema de prejuicios con el que se rechazaron, durante meses, las vacunas de laboratorios norteamericanos. Hay algo más profundo, porque también expresa la peligrosa ligereza que llevó a la dirigencia política a aplaudir el default de 2001. Y es parte de la endeble arquitectura ideológica con la que se reivindica “el setentismo” y se confunde soberanía con atraso. Como si fuera poco, expresa una mentalidad basada en el doble estándar: juzga según las conveniencias y las simpatías, no de acuerdo con valores y normas éticas. Es lo que Ortega y Gasset definía como “hemiplejia moral”.Aunque en la Argentina está muy devaluado y suena cada vez más inconsistente, el discurso político siempre tiene la capacidad de poner algunos acentos, de alentar o desalentar determinados debates, de marcar un poco el tono de la conversación pública y de imponer cierta narrativa del tiempo histórico en el que navega. Desde esa perspectiva, las posturas que ha asumido el gobierno nacional frente a los dramas de Cuba, Venezuela y Nicaragua hace –entre otros daños– un aporte lamentable a los valores y las ideas que definen a una época. Se ubica del lado de la opresión y no de la libertad; más cerca de las autocracias que de la diversidad y el pluralismo democráticos. Contribuye a crear una atmósfera en la que se impone la casta política por encima de la ciudadanía y en la que el poder se torna asfixiante y abusivo. La mirada condescendiente y hasta de admiración sobre el régimen cubano quizá explique –entre otras cosas– la justificación que hizo Zannini del vacunatorio vip. Responde a la idea de que la casta tiene privilegios.Pero desde Cuba sopla una ráfaga de esperanza. Son los jóvenes –tan apagados y desesperanzados en otros países– los que han decidido rebelarse contra el régimen. Son, además, los artistas –tan obedientes y conformistas en otros lugares– los que le han puesto letra y música al reclamo de libertad. La letanía de Silvio Rodríguez hoy es desplazada por raperos, traperos, youtubers, blogueros e influencers que se animan a cuestionar al régimen desde un genuino progresismo. Al confrontar la consigna “patria o muerte” del castrismo con el lema “patria y vida”, no solo reivindican la vida frente a la muerte, sino la “y” frente a la “o”: impugnan las concepciones antagónicos para proponer una verdadera lógica inclusiva.El movimiento de jóvenes cubanos demuestra que, más tarde o más temprano, el adoctrinamiento en las escuelas choca con la propia realidad. No por eso deja de ser peligroso que a los chicos se les presenten visiones sesgadas y recortes politizados sobre el pasado y el presente. Pero los relatos siempre tienen patas cortas, aunque en Cuba lleva más de sesenta años. Un día, la libertad se impone. Se filtra a través de las redes o del rap. Las revoluciones, para bien de la humanidad, hoy parecen pasar por internet, no por las armas.Los jóvenes, de todos modos, merecen que el profesor Fernández les abra la cabeza y les hable de la libertad; no que mire para otro lado frente a la opresión, la censura y el totalitarismo. A falta de una docencia profesional y de una dirigencia responsable, bienvenido el nuevo rap latinoamericano.

Fuente: La Nación

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Hace pocas semanas, estudiantes de quinto año del Colegio Nacional de La Plata tuvieron una clase especial de Derecho Político. No hubiera sido extraño, en el contexto de esa materia, que los alumnos preguntaran por la situación de Cuba. ¿Qué hubiera contestado el profesor? La respuesta la dio el presidente de la Nación en estos días: “No sé qué está pasando en Cuba, pero lo que sé es que el bloqueo debería terminar”. Traducido: no quiero saber qué pasa, pero la culpa es de Estados Unidos. El presidente que dio esa respuesta es el profesor Fernández, el mismo que dictó aquella clase el viernes 23 de abril.Si a muchos les parece grave que un jefe de Estado se desentienda de un tema tan sensible y caiga en una suerte de indiferencia cómplice, habría que preguntarse si no es más grave aún que esa sea la respuesta de un profesor. ¿Cómo se habla de Cuba en las escuelas? ¿Qué ideas y valores se les transmiten a los jóvenes? ¿Qué modelos se justifican en las aulas y a quiénes se presenta como víctimas y victimarios? ¿Con qué grado de rigor y de pluralismo se habla de historia y de política internacional en colegios y universidades? ¿Se les ofrece a los jóvenes un panorama honesto y complejo sobre los temas, o se cae en simplificaciones, eslóganes y versiones maniqueas para explicarles el mundo? ¿Se les aportan todos los elementos para que elaboren sus propios juicios y sus propias ideas o se les proponen visiones sesgadas y panfletarias? Si el Presidente representa al “profesor promedio”, las respuestas a esos interrogantes serían más que preocupantes.Los alumnos se habrían quedado, por un lado, con la extraña sensación de que el profesor no sabía lo que pasa en Cuba, cuando ellos mismos lo saben solo con mirar TikTok. Es un tipo de desconocimiento que en algunos sistemas jurídicos se tipifica como figura penal: lo definen como “ignorancia deliberada”; la del que no sabe, pero debería saber; o la del que sabe, pero se hace el distraído. Pero el docente (escudado en esa supuesta ignorancia) se habría perdido la oportunidad de hablar, ante los alumnos, del valor de la libertad, de la diferencia entre democracias y dictaduras, de lo que significa para una sociedad vivir sometida a un régimen de partido único, sin prensa independiente, sin libertad de expresión, sin derecho a disentir. Se habría privado de destacar el valor de los derechos humanos, y de convocar a los estudiantes a despojarse de prejuicios para escuchar distintas voces. Habría desperdiciado, también, la oportunidad de abordar un fenómeno histórico y coyuntural como una realidad compleja, con matices, que tampoco puede despacharse en dos consignas con excesiva simplificación. ¿Es lo mismo un bloqueo que un embargo? Y en tal caso, ¿qué significa el embargo hoy? ¿Los alumnos no merecerían que el profesor hilara más fino?En las escuelas y universidades se ha extendido una docencia militante que transmite una versión sesgada y maniquea de la historia. Es la versión con la que sintoniza el actual oficialismo, más comprensivo con Hamas que con la democracia israelí. Si fuera cierto que “todo tiene que ver con todo” –como se repite con frecuencia en el discurso crispado del poder–, sería indudable que estas posiciones explican a una Argentina que simpatiza con Putin y empuja al exilio al fundador de Mercado Libre, que se autopercibe progresista y justifica la persecución y la censura en Nicaragua, y que habla de igualdad y de inclusión mientras cierra las escuelas y reproduce la pobreza. Quizá el profesor Fernández no haya dado una respuesta muy distinta de la que dan, en general, los docentes de Historia y de Derecho Político en la mayoría de las escuelas. Y en esas clases teñidas de ideologismo y militancia, pero también de un simplismo ramplón, tal vez esté la explicación de un país que cuenta los años setenta como una aventura romántica, se alinea con el eje Cuba-Venezuela-Nicaragua y cree, con infantilismo, que la culpa siempre es de “las potencias y el imperio”.Aquella clase del profesor Fernández quizá encierre “el huevo de la serpiente”. No es un hecho desconectado de las penurias que sufre el país. El anacronismo ideológico, la visión excesivamente simplona y provinciana del mundo, así como las categorías binarias, las concepciones dogmáticas y la ignorancia real o deliberada, conforman un cóctel que explica desde el aislamiento internacional de la Argentina hasta nuestra profunda crisis económica y, en cierta medida, también la magnitud de la tragedia sanitaria.La respuesta del Presidente sobre Cuba expresa el sistema de prejuicios con el que se rechazaron, durante meses, las vacunas de laboratorios norteamericanos. Hay algo más profundo, porque también expresa la peligrosa ligereza que llevó a la dirigencia política a aplaudir el default de 2001. Y es parte de la endeble arquitectura ideológica con la que se reivindica “el setentismo” y se confunde soberanía con atraso. Como si fuera poco, expresa una mentalidad basada en el doble estándar: juzga según las conveniencias y las simpatías, no de acuerdo con valores y normas éticas. Es lo que Ortega y Gasset definía como “hemiplejia moral”.Aunque en la Argentina está muy devaluado y suena cada vez más inconsistente, el discurso político siempre tiene la capacidad de poner algunos acentos, de alentar o desalentar determinados debates, de marcar un poco el tono de la conversación pública y de imponer cierta narrativa del tiempo histórico en el que navega. Desde esa perspectiva, las posturas que ha asumido el gobierno nacional frente a los dramas de Cuba, Venezuela y Nicaragua hace –entre otros daños– un aporte lamentable a los valores y las ideas que definen a una época. Se ubica del lado de la opresión y no de la libertad; más cerca de las autocracias que de la diversidad y el pluralismo democráticos. Contribuye a crear una atmósfera en la que se impone la casta política por encima de la ciudadanía y en la que el poder se torna asfixiante y abusivo. La mirada condescendiente y hasta de admiración sobre el régimen cubano quizá explique –entre otras cosas– la justificación que hizo Zannini del vacunatorio vip. Responde a la idea de que la casta tiene privilegios.Pero desde Cuba sopla una ráfaga de esperanza. Son los jóvenes –tan apagados y desesperanzados en otros países– los que han decidido rebelarse contra el régimen. Son, además, los artistas –tan obedientes y conformistas en otros lugares– los que le han puesto letra y música al reclamo de libertad. La letanía de Silvio Rodríguez hoy es desplazada por raperos, traperos, youtubers, blogueros e influencers que se animan a cuestionar al régimen desde un genuino progresismo. Al confrontar la consigna “patria o muerte” del castrismo con el lema “patria y vida”, no solo reivindican la vida frente a la muerte, sino la “y” frente a la “o”: impugnan las concepciones antagónicos para proponer una verdadera lógica inclusiva.El movimiento de jóvenes cubanos demuestra que, más tarde o más temprano, el adoctrinamiento en las escuelas choca con la propia realidad. No por eso deja de ser peligroso que a los chicos se les presenten visiones sesgadas y recortes politizados sobre el pasado y el presente. Pero los relatos siempre tienen patas cortas, aunque en Cuba lleva más de sesenta años. Un día, la libertad se impone. Se filtra a través de las redes o del rap. Las revoluciones, para bien de la humanidad, hoy parecen pasar por internet, no por las armas.Los jóvenes, de todos modos, merecen que el profesor Fernández les abra la cabeza y les hable de la libertad; no que mire para otro lado frente a la opresión, la censura y el totalitarismo. A falta de una docencia profesional y de una dirigencia responsable, bienvenido el nuevo rap latinoamericano.

Fuente: La Nación

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Todas las Pymes y comercios Latinoamericanos tienen que digitalizarse. Las pequeñas y medianas empresas y los emprendedores no podrían salir adelante sin una estrategia digital muy concreta que presente una serie de tácticas en internet para hacer crecer el negocio.Esto es lo que proponen desde gurú Soluciones, una empresa de marketing que acompaña a las pymes a dar esos primeros pasos que parecen tan difíciles en el camino de la digitalización; gurú Soluciones Argentina cuenta con más de 62.000 clientes en Latinoamérica y lleva más de 50 años trabajando con el público pyme.“Tenemos diferentes planes para cada necesidad; desde el que recién empieza y necesita poner los datos de su negocio en internet (creamos y optimizamos su ficha de Google My Business, principales redes sociales y aplicaciones para aparecer en las búsquedas de internet), los que quieren hacer o necesitan su página web o tienda para mostrar y vender sus productos o servicios, hasta los que ya están instalados pero quieren dar un paso más y empezar a hacer campañas digitales para conseguir más clientes”, cuentan desde gurú, que además ofrece un descuento de 25 % por compras online.”Te ayudamos a vender por Internet con una Tienda Online donde mostrar y vender tus productos o servicios”, proponen desde gurú (Gurú Soluciones/)Como aliados estratégicos de pymes y emprendedores, ofrecen soluciones integrales de comunicación acorde a sus necesidades y construyen relaciones de confianza de largo plazo.“Elegís el plan, lo comprás online y después nosotros te contactamos para hacer el resto. El servicio es nuestro principal diferencial”, explican desde gurú, planteándose acompañar a las Pymes latinoamericanas para que se desarrollen capturando las oportunidades del mundo digital.Por eso, ponen especial foco en aquellos que necesitan dar el primer paso en la digitalización de su negocio, recomendándoles su plan Inicial que busca mejorar el posicionamiento en buscadores, aplicaciones y redes. Gracias a un producto exclusivo mejoran y optimizan la presencia digital para que cuando alguien busque productos o servicios como el suyo, quienes tengan bien posicionada la información de su negocio, aparezcan como opción entre los resultados de búsqueda generando así más oportunidades comerciales.En ese sentido, tienen planes para todo tipo de necesidades y presupuestos, desde los que recién empiezan en el mundo digital hasta los expertos que necesitan seguir creciendo. “Para todos tenemos recursos y soluciones digitales y lo más importante es que nosotros hacemos todo por el cliente”.De esta manera, desde gurú se encargarán de relevar la información, diseñar e implementar las estrategias digitales más relevantes. “Queremos que los emprendedores y las pymes sepan que somos accesibles y que estamos para ayudarlos”, anuncian.Y remarcan: “Si estás iniciando un negocio o querés hacer que más clientes lleguen a vos, vas a encontrar en gurú a tu socio estratégico en marketing digital; contactate para pedir asesoramiento ingresando en gurusoluciones.com.ar y recordá que si comprás online alguno de nuestros planes digitales desde el sitio tenés un 25% de descuento, luego nos contactamos y lo hacemos todo por vos”.Existe un plan para cada necesidad de negocio:InicialPlanes WebTiendaonlineToda esta información la encontrás en gurú Soluciones________________________________________________________Content LAB es la unidad de generación de ideas y contenidos de LA NACION para las marcas con distribución en sus plataformas digitales y redes sociales. Este contenido fue producido para un anunciante y publicado por el Content LAB. La redacción de LA NACION no estuvo involucrada en la generación de este contenido.

Fuente: La Nación

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Todas las Pymes y comercios Latinoamericanos tienen que digitalizarse. Las pequeñas y medianas empresas y los emprendedores no podrían salir adelante sin una estrategia digital muy concreta que presente una serie de tácticas en internet para hacer crecer el negocio.Esto es lo que proponen desde gurú Soluciones, una empresa de marketing que acompaña a las pymes a dar esos primeros pasos que parecen tan difíciles en el camino de la digitalización; gurú Soluciones Argentina cuenta con más de 62.000 clientes en Latinoamérica y lleva más de 50 años trabajando con el público pyme.“Tenemos diferentes planes para cada necesidad; desde el que recién empieza y necesita poner los datos de su negocio en internet (creamos y optimizamos su ficha de Google My Business, principales redes sociales y aplicaciones para aparecer en las búsquedas de internet), los que quieren hacer o necesitan su página web o tienda para mostrar y vender sus productos o servicios, hasta los que ya están instalados pero quieren dar un paso más y empezar a hacer campañas digitales para conseguir más clientes”, cuentan desde gurú, que además ofrece un descuento de 25 % por compras online.”Te ayudamos a vender por Internet con una Tienda Online donde mostrar y vender tus productos o servicios”, proponen desde gurú (Gurú Soluciones/)Como aliados estratégicos de pymes y emprendedores, ofrecen soluciones integrales de comunicación acorde a sus necesidades y construyen relaciones de confianza de largo plazo.“Elegís el plan, lo comprás online y después nosotros te contactamos para hacer el resto. El servicio es nuestro principal diferencial”, explican desde gurú, planteándose acompañar a las Pymes latinoamericanas para que se desarrollen capturando las oportunidades del mundo digital.Por eso, ponen especial foco en aquellos que necesitan dar el primer paso en la digitalización de su negocio, recomendándoles su plan Inicial que busca mejorar el posicionamiento en buscadores, aplicaciones y redes. Gracias a un producto exclusivo mejoran y optimizan la presencia digital para que cuando alguien busque productos o servicios como el suyo, quienes tengan bien posicionada la información de su negocio, aparezcan como opción entre los resultados de búsqueda generando así más oportunidades comerciales.En ese sentido, tienen planes para todo tipo de necesidades y presupuestos, desde los que recién empiezan en el mundo digital hasta los expertos que necesitan seguir creciendo. “Para todos tenemos recursos y soluciones digitales y lo más importante es que nosotros hacemos todo por el cliente”.De esta manera, desde gurú se encargarán de relevar la información, diseñar e implementar las estrategias digitales más relevantes. “Queremos que los emprendedores y las pymes sepan que somos accesibles y que estamos para ayudarlos”, anuncian.Y remarcan: “Si estás iniciando un negocio o querés hacer que más clientes lleguen a vos, vas a encontrar en gurú a tu socio estratégico en marketing digital; contactate para pedir asesoramiento ingresando en gurusoluciones.com.ar y recordá que si comprás online alguno de nuestros planes digitales desde el sitio tenés un 25% de descuento, luego nos contactamos y lo hacemos todo por vos”.Existe un plan para cada necesidad de negocio:InicialPlanes WebTiendaonlineToda esta información la encontrás en gurú Soluciones________________________________________________________Content LAB es la unidad de generación de ideas y contenidos de LA NACION para las marcas con distribución en sus plataformas digitales y redes sociales. Este contenido fue producido para un anunciante y publicado por el Content LAB. La redacción de LA NACION no estuvo involucrada en la generación de este contenido.

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Aproximadamente a las 8.20 PM del 6 de abril de 1994, el avión que transportaba al presidente de Ruanda Juvenal Habyarimana fue derribado por un misil. Perdió la vida, al igual que el presidente de Burundi y otros nueve funcionarios. Esa misma noche la primer ministro ruandesa, Madame Agathe Uwiligiyimana, quien planeaba en la mañana siguiente hablar a la sociedad llamando a la paz y la concordia, fue asesinada en su residencia en donde también murieron 15 guardianes de la paz de la misión de las Naciones Unidas (Unamir). Así dio comienzo el genocidio que terminó con la vida de 800.000 seres humanos y que representa una tragedia vergonzosa e inolvidable para toda la humanidad. Unos años después del genocidio, algunas de las fuerzas perpetuadoras tuvieron parte en la erupción de la Gran Guerra del Congo, una conflagración regional que ha costado la vida de más de 5 millones de personas.El asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse, de doce disparos, en un país devastado por la pobreza, la corrupción y la inseguridad, nos lleva irremediablemente a comparar. Aun teniendo en cuenta que, si bien las raíces de los conflictos son distintas, no podemos evitar pensar con gran preocupación que puede ocurrir de ahora en más en Haití y cuál será la reacción de América Latina ante un grave conflicto que afecta a toda la región.En 2004 el derrocamiento del presidente Aristide, con el país al borde de la guerra civil, llevó a la intervención de una fuerza de algo más de 5000 efectivos denominada MIF (Mission Interim Force), compuesta por los EE. UU., Canadá, Francia y Chile para luego ser relevada el 01 de junio de 2004 por la ONU, con la misión Minustah y que se extendió por 15 años.Minustah tuvo resultados muy positivos para Haití. Se construyeron escuelas, se instaló electricidad, se bajó el nivel de violencia. No fue perfecta, pero mejoró mucho la situación del país. Además, sirvió de ejemplo para que en la ONU se profundice el concepto de “accountabilty” (responsable de…), referido a la conducta de los guardianes de la paz.Al mismo tiempo debemos decir que el continente no tomó nota de su paso por Haití en los últimos 15 años y que no aprovechó las lecciones aprendidas que dejó la Minustah. En esta misión de la ONU, todos los países participantes vieron y comprobaron en primera persona, la ausencia de un sistema de cooperación regional sólido, con capacidad de dar apoyo político, militar y logístico a la estabilización y reconstrucción de la paz en Haití. Fue gracias al aporte con enorme esfuerzo individual de cada estado, superponiendo medios y capacidades que se llegó al estado final previsto para la misión.La situación hoy es muy compleja otra vez, ya que no es posible ni siquiera identificar cuáles son las facciones en pugna y la violencia es ejercida por bandas armadas que asolan regiones enteras, en donde ejercen su influencia para llevar a cabo todo tipo de delitos como parte del crimen organizado. Pero, por sobre todas las cosas ya hay por parte de la comunidad internacional y regional mucho tiempo, esfuerzo y lo más importante, vidas perdidas para lograr la paz y la reconciliación de Haití durante muchos añosPensando en el caso de Ruanda, Kofi Annan expresó el 25 Jul 2005 lo siguiente: “Los momentos de crisis traen semillas de oportunidad, ofreciendo a las Naciones Unidas y las Organizaciones Regionales la oportunidad de trabajar todos juntos más cerca en construir y mantener la paz”.Es entonces ahora el momento de preguntarnos y reflexionar acerca de cómo nuestra región pueda unirse para revertir el destino trágico de Haití.En los tiempos que vivimos, ya al filo del primer cuarto del siglo XXI, el concepto de burden sharing está más vigente que nunca. Pero ese “compartir la carga” debe anclarse en organizaciones de cooperación internacional sólidas, preexistentes a la crisis, con acuerdos y políticas pre acordadas a fin de responder en forma inmediata ante la necesidad de cooperar. La interoperabilidad, el apoyo mutuo, la coordinación logística ante catástrofes o colapso de un estado de la región no puede improvisarse ni tampoco tiene que ver con la respuesta solidaria que siempre existe, aunque sea de manera improvisada. Hoy América Latina ha reaccionado tibiamente por Twitter ante los graves sucesos de Haití y si existiera la posibilidad de responder a un llamado, de manera similar al año 2004, está muy lejos de poder brindar un apoyo semejante.Sin la presencia internacional no habrá solución posible que estabilice y construya la concordia y la paz para poner de pie a este país hermano. Dar la espalda a una situación como la de Ruanda, terminó en un genocidio en donde la comunidad internacional vio inconmovible, como miles de seres humanos morían a manos de sus compatriotas en la forma más cruel y bárbara. Las raíces del conflicto haitiano son diferentes en cierto punto de origen pero, tienen algo en común que no puede soslayarse; esto es el enfrentamiento entre hermanos, en donde la violencia y el odio llevan a incontables muertes anónimas y como acto final la de un presidente, cuyo asesinato representa una herida muy profunda a toda una nación y a un continente.Profesor en la licenciatura en Relaciones Internacionales e investigador del Observatorio de Política Exterior de la Ucema

Fuente: La Nación

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Aproximadamente a las 8.20 PM del 6 de abril de 1994, el avión que transportaba al presidente de Ruanda Juvenal Habyarimana fue derribado por un misil. Perdió la vida, al igual que el presidente de Burundi y otros nueve funcionarios. Esa misma noche la primer ministro ruandesa, Madame Agathe Uwiligiyimana, quien planeaba en la mañana siguiente hablar a la sociedad llamando a la paz y la concordia, fue asesinada en su residencia en donde también murieron 15 guardianes de la paz de la misión de las Naciones Unidas (Unamir). Así dio comienzo el genocidio que terminó con la vida de 800.000 seres humanos y que representa una tragedia vergonzosa e inolvidable para toda la humanidad. Unos años después del genocidio, algunas de las fuerzas perpetuadoras tuvieron parte en la erupción de la Gran Guerra del Congo, una conflagración regional que ha costado la vida de más de 5 millones de personas.El asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse, de doce disparos, en un país devastado por la pobreza, la corrupción y la inseguridad, nos lleva irremediablemente a comparar. Aun teniendo en cuenta que, si bien las raíces de los conflictos son distintas, no podemos evitar pensar con gran preocupación que puede ocurrir de ahora en más en Haití y cuál será la reacción de América Latina ante un grave conflicto que afecta a toda la región.En 2004 el derrocamiento del presidente Aristide, con el país al borde de la guerra civil, llevó a la intervención de una fuerza de algo más de 5000 efectivos denominada MIF (Mission Interim Force), compuesta por los EE. UU., Canadá, Francia y Chile para luego ser relevada el 01 de junio de 2004 por la ONU, con la misión Minustah y que se extendió por 15 años.Minustah tuvo resultados muy positivos para Haití. Se construyeron escuelas, se instaló electricidad, se bajó el nivel de violencia. No fue perfecta, pero mejoró mucho la situación del país. Además, sirvió de ejemplo para que en la ONU se profundice el concepto de “accountabilty” (responsable de…), referido a la conducta de los guardianes de la paz.Al mismo tiempo debemos decir que el continente no tomó nota de su paso por Haití en los últimos 15 años y que no aprovechó las lecciones aprendidas que dejó la Minustah. En esta misión de la ONU, todos los países participantes vieron y comprobaron en primera persona, la ausencia de un sistema de cooperación regional sólido, con capacidad de dar apoyo político, militar y logístico a la estabilización y reconstrucción de la paz en Haití. Fue gracias al aporte con enorme esfuerzo individual de cada estado, superponiendo medios y capacidades que se llegó al estado final previsto para la misión.La situación hoy es muy compleja otra vez, ya que no es posible ni siquiera identificar cuáles son las facciones en pugna y la violencia es ejercida por bandas armadas que asolan regiones enteras, en donde ejercen su influencia para llevar a cabo todo tipo de delitos como parte del crimen organizado. Pero, por sobre todas las cosas ya hay por parte de la comunidad internacional y regional mucho tiempo, esfuerzo y lo más importante, vidas perdidas para lograr la paz y la reconciliación de Haití durante muchos añosPensando en el caso de Ruanda, Kofi Annan expresó el 25 Jul 2005 lo siguiente: “Los momentos de crisis traen semillas de oportunidad, ofreciendo a las Naciones Unidas y las Organizaciones Regionales la oportunidad de trabajar todos juntos más cerca en construir y mantener la paz”.Es entonces ahora el momento de preguntarnos y reflexionar acerca de cómo nuestra región pueda unirse para revertir el destino trágico de Haití.En los tiempos que vivimos, ya al filo del primer cuarto del siglo XXI, el concepto de burden sharing está más vigente que nunca. Pero ese “compartir la carga” debe anclarse en organizaciones de cooperación internacional sólidas, preexistentes a la crisis, con acuerdos y políticas pre acordadas a fin de responder en forma inmediata ante la necesidad de cooperar. La interoperabilidad, el apoyo mutuo, la coordinación logística ante catástrofes o colapso de un estado de la región no puede improvisarse ni tampoco tiene que ver con la respuesta solidaria que siempre existe, aunque sea de manera improvisada. Hoy América Latina ha reaccionado tibiamente por Twitter ante los graves sucesos de Haití y si existiera la posibilidad de responder a un llamado, de manera similar al año 2004, está muy lejos de poder brindar un apoyo semejante.Sin la presencia internacional no habrá solución posible que estabilice y construya la concordia y la paz para poner de pie a este país hermano. Dar la espalda a una situación como la de Ruanda, terminó en un genocidio en donde la comunidad internacional vio inconmovible, como miles de seres humanos morían a manos de sus compatriotas en la forma más cruel y bárbara. Las raíces del conflicto haitiano son diferentes en cierto punto de origen pero, tienen algo en común que no puede soslayarse; esto es el enfrentamiento entre hermanos, en donde la violencia y el odio llevan a incontables muertes anónimas y como acto final la de un presidente, cuyo asesinato representa una herida muy profunda a toda una nación y a un continente.Profesor en la licenciatura en Relaciones Internacionales e investigador del Observatorio de Política Exterior de la Ucema

Fuente: La Nación

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Hace ya más de un año que la pandemia ocupa el centro de la agenda de la sociedad y de cada sector de la economía. Y el transporte no es una excepción. Aunque la segunda ola parece detenernos en un déjà vu de 2020, hemos acumulado experiencia que hoy nos permite actuar mejor.En 2020 nos focalizamos en las preguntas urgentes: ¿el transporte público es seguro? ¿en qué condiciones? ¿cómo puede ayudar la tecnología a reducir el contagio? ¿cómo financiar un sistema que mueve a una fracción de sus usuarios habituales? En 2021 es preciso avanzar en una agenda que, haciendo pie en la coyuntura, aborde las cuestiones de fondo que anteceden y sobrevivirán al Covid-19.La situación de la movilidad en el AMBA tenía muchas cuentas pendientes antes de la pandemia, pero ésta agregó algunos condimentos. La forma en que percibimos y vivimos la ciudad cambió. Modificamos nuestra forma de trabajar, de estudiar, de cuidar, de entretenernos, y esto impactó en cuánto y cómo nos movemos. Porque las necesidades de movilidad dependen de cómo las actividades humanas se distribuyen en el territorio. Viajamos porque tenemos que hacer algo en otro lugar. Por eso es imposible pensar la movilidad sin pensar la ciudad.La necesidad de evitar aglomeraciones humanas puso en jaque el rol del centro porteño como gran concentrador de actividad económica y redefinió el rol del hogar, incorporando -virtualidad mediante- actividades que antes se hacían afuera. En una palabra, falta casa y sobra oficina.El mercado inmobiliario reflejó rápidamente el cambio en las preferencias de localización (en aquellos que pueden elegir). La variación interanual de los alquileres en el AMBA nos muestra un aumento sustancial de la disposición a pagar por viviendas más espaciosas y alejadas de la centralidad, con variaciones interanuales de alquileres en zonas del GBA que llegan a duplicar los valores del macrocentro. Si bien las ventas registraron diferencias más modestas, se observa un gap en el mismo sentido. Los efectos de este boom suburbano se extienden a localidades fuera del AMBA, abriendo la pregunta sobre un desarrollo urbano con mayor balance a nivel federal y un posible despertar de las ciudades intermedias.El rol de la oficina pospandemia aún no está del todo claro. Encontramos argumentos a favor y en contra de la presencialidad 100%, de la virtualidad 100% y de los esquemas híbridos, aunque cabe pensar en una reorganización de la fuerza de trabajo y, por tanto, en los usos del espacio urbano. En la CABA, según un informe de Cippec, casi la mitad de los empleos son teletrabajables, de modo que el impacto podría ser de enorme magnitud.Según reportes de Google, la movilidad general en Buenos Aires se ha reducido sustancialmente, con excepción del aumento de viajes en zonas residenciales, observándose así un incipiente auge de lo local y, por tanto, una oportunidad para dinamizar el uso de los modos activos (la caminata, la bicicleta, la micromovilidad en general). Esta tendencia se combina, sin embargo, con una marcada individualización de la movilidad motorizada. Mientras los viajes en automóvil se han recuperado prácticamente en su totalidad, las transacciones en transporte público siguen estando muy por debajo de los niveles prepandemia, planteando interrogantes sobre la sustentabilidad del sistema.En definitiva, si previo a la pandemia el sistema de transporte no se adecuaba exitosamente a la demanda, el escenario actual invita a repensarlo con mayor premura. Esta tarea implica comprender con el mayor detalle posible cómo se mueven las personas en el AMBA, haciendo uso intensivo de la tecnología disponible. Nuestros celulares y la SUBE son fuentes de datos valiosísimos que no se explotan en todo su potencial. Requiere también diseñar una estrategia de gestión de la demanda para que los viajes sean cada vez menos (en esto la pandemia fue clave al amplificar el rol de la virtualidad) o más cortos. Y, por último, planificar una oferta de transporte que permita utilizar modos más sustentables. Jerarquizar los modos activos, hacer más eficiente el transporte público, fomentar las aplicaciones de movilidad compartida y evitar que el auto privado conquiste espacios que había perdido.No hay movilidad sustentable sin ciudad sustentable: compacta, con usos mixtos y densidades orientadas al transporte público. Monitorear los cambios de hábitos que sobrevivirán a la pandemia es clave para entender la movilidad que viene y prevenir que la pandemia nos deje más costos sociales y ambientales.Especialista en movilidad urbana, Fundación Metropolitana

Fuente: La Nación

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Hace ya más de un año que la pandemia ocupa el centro de la agenda de la sociedad y de cada sector de la economía. Y el transporte no es una excepción. Aunque la segunda ola parece detenernos en un déjà vu de 2020, hemos acumulado experiencia que hoy nos permite actuar mejor.En 2020 nos focalizamos en las preguntas urgentes: ¿el transporte público es seguro? ¿en qué condiciones? ¿cómo puede ayudar la tecnología a reducir el contagio? ¿cómo financiar un sistema que mueve a una fracción de sus usuarios habituales? En 2021 es preciso avanzar en una agenda que, haciendo pie en la coyuntura, aborde las cuestiones de fondo que anteceden y sobrevivirán al Covid-19.La situación de la movilidad en el AMBA tenía muchas cuentas pendientes antes de la pandemia, pero ésta agregó algunos condimentos. La forma en que percibimos y vivimos la ciudad cambió. Modificamos nuestra forma de trabajar, de estudiar, de cuidar, de entretenernos, y esto impactó en cuánto y cómo nos movemos. Porque las necesidades de movilidad dependen de cómo las actividades humanas se distribuyen en el territorio. Viajamos porque tenemos que hacer algo en otro lugar. Por eso es imposible pensar la movilidad sin pensar la ciudad.La necesidad de evitar aglomeraciones humanas puso en jaque el rol del centro porteño como gran concentrador de actividad económica y redefinió el rol del hogar, incorporando -virtualidad mediante- actividades que antes se hacían afuera. En una palabra, falta casa y sobra oficina.El mercado inmobiliario reflejó rápidamente el cambio en las preferencias de localización (en aquellos que pueden elegir). La variación interanual de los alquileres en el AMBA nos muestra un aumento sustancial de la disposición a pagar por viviendas más espaciosas y alejadas de la centralidad, con variaciones interanuales de alquileres en zonas del GBA que llegan a duplicar los valores del macrocentro. Si bien las ventas registraron diferencias más modestas, se observa un gap en el mismo sentido. Los efectos de este boom suburbano se extienden a localidades fuera del AMBA, abriendo la pregunta sobre un desarrollo urbano con mayor balance a nivel federal y un posible despertar de las ciudades intermedias.El rol de la oficina pospandemia aún no está del todo claro. Encontramos argumentos a favor y en contra de la presencialidad 100%, de la virtualidad 100% y de los esquemas híbridos, aunque cabe pensar en una reorganización de la fuerza de trabajo y, por tanto, en los usos del espacio urbano. En la CABA, según un informe de Cippec, casi la mitad de los empleos son teletrabajables, de modo que el impacto podría ser de enorme magnitud.Según reportes de Google, la movilidad general en Buenos Aires se ha reducido sustancialmente, con excepción del aumento de viajes en zonas residenciales, observándose así un incipiente auge de lo local y, por tanto, una oportunidad para dinamizar el uso de los modos activos (la caminata, la bicicleta, la micromovilidad en general). Esta tendencia se combina, sin embargo, con una marcada individualización de la movilidad motorizada. Mientras los viajes en automóvil se han recuperado prácticamente en su totalidad, las transacciones en transporte público siguen estando muy por debajo de los niveles prepandemia, planteando interrogantes sobre la sustentabilidad del sistema.En definitiva, si previo a la pandemia el sistema de transporte no se adecuaba exitosamente a la demanda, el escenario actual invita a repensarlo con mayor premura. Esta tarea implica comprender con el mayor detalle posible cómo se mueven las personas en el AMBA, haciendo uso intensivo de la tecnología disponible. Nuestros celulares y la SUBE son fuentes de datos valiosísimos que no se explotan en todo su potencial. Requiere también diseñar una estrategia de gestión de la demanda para que los viajes sean cada vez menos (en esto la pandemia fue clave al amplificar el rol de la virtualidad) o más cortos. Y, por último, planificar una oferta de transporte que permita utilizar modos más sustentables. Jerarquizar los modos activos, hacer más eficiente el transporte público, fomentar las aplicaciones de movilidad compartida y evitar que el auto privado conquiste espacios que había perdido.No hay movilidad sustentable sin ciudad sustentable: compacta, con usos mixtos y densidades orientadas al transporte público. Monitorear los cambios de hábitos que sobrevivirán a la pandemia es clave para entender la movilidad que viene y prevenir que la pandemia nos deje más costos sociales y ambientales.Especialista en movilidad urbana, Fundación Metropolitana

Fuente: La Nación

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