Para ser exitoso en el campo de las relaciones internacionales se necesita, entre otros elementos, tener una visión clara y puntos de apoyo conceptuales que puedan dar coherencia y respaldo a la estrategia utilizada para alcanzar esa visión. En el caso del gobierno de Alberto Fernández se logran percibir algunos elementos de la visión que se persigue. Aunque también se observa que el camino adoptado parece oscilar entre una ideología borrosa y un pragmatismo forzado por las duras realidades que se enfrentan.En términos de visión, el Gobierno ha optado por no procurar una diversificación equilibrada, inclinándose hacia los regímenes autoritarios como China y Rusia en lo político, económico y tecnológico, pero sin confrontar con las potencias establecidas. En el exterior próximo, el Gobierno se ha distanciado de dos socios estratégicos –Brasil y Chile– y ha buscado promover una particular y borrosa visión de la democracia en el continente americano. Esto quedó claro cuando Fernández le expresó al expresidente brasileño Lula da Silva que se sentía solo en esta empresa y que ya que no tenía a Néstor Kirchner, a Evo Morales ni a Hugo Chávez –entre otros– para ayudarlo. Esta borrosa visión incluye afirmaciones grandilocuentes, como “es hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”, que no pueden ser tomadas en serio, más allá de las fallas que el sistema capitalista muestre a nivel local e internacional. Con el objetivo de promover esta particular y borrosa visión democrática en el continente, Fernández ha procurado formar un eje Buenos Aires-Ciudad de México con Andrés Manuel López Obrador, sin darse cuenta de que, más allá de las aparentes similitudes ideológicas del presidente mexicano, la economía de su país está sumamente integrada a la de Estados Unidos, lo que limita sus grados de interés y autonomía a nivel regional.La influencia de una borrosa ideología se ha notado en el accionar de la diplomacia argentina en el entorno latinoamericano, demandando en términos de libertades y derechos humanos a ciertos gobiernos lo que no ha demandado a otros. Fernández expresó abiertamente “que cese la violencia institucional” en Colombia, en reacción a protestas populares. Pero ante las recientes demostraciones de indignación popular contra el gobierno castrista, afirmó primero no saber “lo que está pasando en Cuba”, para luego no condenar actos de represión del régimen cubano. En el caso de Venezuela, se abstuvo de condenar al régimen de Maduro, hasta que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, encabezada por Michelle Bachelet, condenó violaciones en ese país, posición que la Argentina se vio forzada a apoyar. En el caso de Nicaragua, la Argentina se abstuvo de votar una moción en la OEA en contra del gobierno por el encarcelamiento de 13 periodistas. Probablemente solo los dictámenes provenientes de la ONU fuercen al gobierno argentino a manifestarse contra Cuba o Nicaragua. Pero en el proceso se tiende a “descapitalizar”, como afirma el profesor Roberto Russell, uno de los pocos baluartes de la política exterior argentina: la defensa de los derechos humanos.El Gobierno demostró su inclinación a trabajar con Rusia y China ante la pandemia del Covid-19, y logró una sorpresiva y rápida provisión de la primera dosis de la vacuna rusa Sputnik V –aunque no de la segunda–, y un progresivo suministro de la vacuna china Sinopharm. Sin embargo, el Gobierno desaprovechó la utilización en forma muy temprana de más de 12 millones de vacunas de Pfizer, impulsado por una mezcla de razones ideológicas con ambiciones privadas, ambas insensibles al peligro público. Desoyendo además la famosa frase del pragmático líder chino Deng Xiaoping: “No importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”. Frase aplicable a las vacunas occidentales. Al firmar un decreto dramáticamente tardío para aprobar la importación de vacunas norteamericanas –y aprovechar una donación de 3,5 millones de dosis desde EE.UU.–, el Presidente recibió la critica del jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner, quien lo acusó de arrodillarse ante los laboratorios extranjeros. En realidad, un pragmatismo forzado había llevado a Fernández a arrodillarse ante los más de 100.000 argentinos muertos. Kirchner también debería hacerlo, dado que según estudios del Conicet, 30 a 40.000 de estos muertos se deben al atraso en la llegada de vacunas. Esto pudo haber sido evitado aprobando justamente en la Cámara de Diputados la importación de vacunas de Pfizer en un principio, o asegurando una mayor y más rápida provisión de vacunas de AstraZeneca.Parte de estos problemas se explican por la similitud entre el presidente Fernández y el emperador romano Justiniano al momento de elegir sus ministros. Según el historiador Edward Gibbon: “Pocos eran promovidos por sus victorias, y no siempre eran elegidos por su talento”.La oscilación entre una ideología borrosa y el pragmatismo forzado se observa también en la manera en que se trata el serio desafío de la evolución del Mercosur. Un problema cuyo origen es de responsabilidad compartida con la clase dirigente argentina en general. La Cancillería comenzó atrincherándose detrás del argumento del consenso para no innovar en dos temas que han convertido al Mercosur en una estructura proteccionista pero inservible para la inserción internacional de varios sectores del aparato productivo argentino –en particular, de ciertos segmentos industriales–. El primero es el arancel externo común (ACE), sumamente elevado desde hace más de 30 años. Pero la Cancillería ya se ha visto forzada a discutir su reducción, dada la férrea voluntad del gobierno brasileño de hacerlo, y de salir a competir internacionalmente en la mayoría de sus sectores productivos. En esencia, esta encrucijada es el resultado de una notable y permanente falta de una visión compartida y sustentable de desarrollo de parte de la dirigencia argentina, y de la poca voluntad en concebirla. El segundo aspecto, ligado intrínsecamente a la posibilidad de poder realmente competir a nivel global, es negociar más acuerdos comerciales, algo solicitado por Uruguay, pero también forzado por Brasil. Otra vez, una ideología borrosa, con exagerados componentes proteccionistas, se ve forzada a ceder ante la dura realidad, en este caso económica.ßEspecialista en relaciones internacionales; miembro consultor de CARI y de Cippec

Fuente: La Nación

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Para ser exitoso en el campo de las relaciones internacionales se necesita, entre otros elementos, tener una visión clara y puntos de apoyo conceptuales que puedan dar coherencia y respaldo a la estrategia utilizada para alcanzar esa visión. En el caso del gobierno de Alberto Fernández se logran percibir algunos elementos de la visión que se persigue. Aunque también se observa que el camino adoptado parece oscilar entre una ideología borrosa y un pragmatismo forzado por las duras realidades que se enfrentan.En términos de visión, el Gobierno ha optado por no procurar una diversificación equilibrada, inclinándose hacia los regímenes autoritarios como China y Rusia en lo político, económico y tecnológico, pero sin confrontar con las potencias establecidas. En el exterior próximo, el Gobierno se ha distanciado de dos socios estratégicos –Brasil y Chile– y ha buscado promover una particular y borrosa visión de la democracia en el continente americano. Esto quedó claro cuando Fernández le expresó al expresidente brasileño Lula da Silva que se sentía solo en esta empresa y que ya que no tenía a Néstor Kirchner, a Evo Morales ni a Hugo Chávez –entre otros– para ayudarlo. Esta borrosa visión incluye afirmaciones grandilocuentes, como “es hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”, que no pueden ser tomadas en serio, más allá de las fallas que el sistema capitalista muestre a nivel local e internacional. Con el objetivo de promover esta particular y borrosa visión democrática en el continente, Fernández ha procurado formar un eje Buenos Aires-Ciudad de México con Andrés Manuel López Obrador, sin darse cuenta de que, más allá de las aparentes similitudes ideológicas del presidente mexicano, la economía de su país está sumamente integrada a la de Estados Unidos, lo que limita sus grados de interés y autonomía a nivel regional.La influencia de una borrosa ideología se ha notado en el accionar de la diplomacia argentina en el entorno latinoamericano, demandando en términos de libertades y derechos humanos a ciertos gobiernos lo que no ha demandado a otros. Fernández expresó abiertamente “que cese la violencia institucional” en Colombia, en reacción a protestas populares. Pero ante las recientes demostraciones de indignación popular contra el gobierno castrista, afirmó primero no saber “lo que está pasando en Cuba”, para luego no condenar actos de represión del régimen cubano. En el caso de Venezuela, se abstuvo de condenar al régimen de Maduro, hasta que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, encabezada por Michelle Bachelet, condenó violaciones en ese país, posición que la Argentina se vio forzada a apoyar. En el caso de Nicaragua, la Argentina se abstuvo de votar una moción en la OEA en contra del gobierno por el encarcelamiento de 13 periodistas. Probablemente solo los dictámenes provenientes de la ONU fuercen al gobierno argentino a manifestarse contra Cuba o Nicaragua. Pero en el proceso se tiende a “descapitalizar”, como afirma el profesor Roberto Russell, uno de los pocos baluartes de la política exterior argentina: la defensa de los derechos humanos.El Gobierno demostró su inclinación a trabajar con Rusia y China ante la pandemia del Covid-19, y logró una sorpresiva y rápida provisión de la primera dosis de la vacuna rusa Sputnik V –aunque no de la segunda–, y un progresivo suministro de la vacuna china Sinopharm. Sin embargo, el Gobierno desaprovechó la utilización en forma muy temprana de más de 12 millones de vacunas de Pfizer, impulsado por una mezcla de razones ideológicas con ambiciones privadas, ambas insensibles al peligro público. Desoyendo además la famosa frase del pragmático líder chino Deng Xiaoping: “No importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”. Frase aplicable a las vacunas occidentales. Al firmar un decreto dramáticamente tardío para aprobar la importación de vacunas norteamericanas –y aprovechar una donación de 3,5 millones de dosis desde EE.UU.–, el Presidente recibió la critica del jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner, quien lo acusó de arrodillarse ante los laboratorios extranjeros. En realidad, un pragmatismo forzado había llevado a Fernández a arrodillarse ante los más de 100.000 argentinos muertos. Kirchner también debería hacerlo, dado que según estudios del Conicet, 30 a 40.000 de estos muertos se deben al atraso en la llegada de vacunas. Esto pudo haber sido evitado aprobando justamente en la Cámara de Diputados la importación de vacunas de Pfizer en un principio, o asegurando una mayor y más rápida provisión de vacunas de AstraZeneca.Parte de estos problemas se explican por la similitud entre el presidente Fernández y el emperador romano Justiniano al momento de elegir sus ministros. Según el historiador Edward Gibbon: “Pocos eran promovidos por sus victorias, y no siempre eran elegidos por su talento”.La oscilación entre una ideología borrosa y el pragmatismo forzado se observa también en la manera en que se trata el serio desafío de la evolución del Mercosur. Un problema cuyo origen es de responsabilidad compartida con la clase dirigente argentina en general. La Cancillería comenzó atrincherándose detrás del argumento del consenso para no innovar en dos temas que han convertido al Mercosur en una estructura proteccionista pero inservible para la inserción internacional de varios sectores del aparato productivo argentino –en particular, de ciertos segmentos industriales–. El primero es el arancel externo común (ACE), sumamente elevado desde hace más de 30 años. Pero la Cancillería ya se ha visto forzada a discutir su reducción, dada la férrea voluntad del gobierno brasileño de hacerlo, y de salir a competir internacionalmente en la mayoría de sus sectores productivos. En esencia, esta encrucijada es el resultado de una notable y permanente falta de una visión compartida y sustentable de desarrollo de parte de la dirigencia argentina, y de la poca voluntad en concebirla. El segundo aspecto, ligado intrínsecamente a la posibilidad de poder realmente competir a nivel global, es negociar más acuerdos comerciales, algo solicitado por Uruguay, pero también forzado por Brasil. Otra vez, una ideología borrosa, con exagerados componentes proteccionistas, se ve forzada a ceder ante la dura realidad, en este caso económica.ßEspecialista en relaciones internacionales; miembro consultor de CARI y de Cippec

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Para ser exitoso en el campo de las relaciones internacionales se necesita, entre otros elementos, tener una visión clara y puntos de apoyo conceptuales que puedan dar coherencia y respaldo a la estrategia utilizada para alcanzar esa visión. En el caso del gobierno de Alberto Fernández se logran percibir algunos elementos de la visión que se persigue. Aunque también se observa que el camino adoptado parece oscilar entre una ideología borrosa y un pragmatismo forzado por las duras realidades que se enfrentan.En términos de visión, el Gobierno ha optado por no procurar una diversificación equilibrada, inclinándose hacia los regímenes autoritarios como China y Rusia en lo político, económico y tecnológico, pero sin confrontar con las potencias establecidas. En el exterior próximo, el Gobierno se ha distanciado de dos socios estratégicos –Brasil y Chile– y ha buscado promover una particular y borrosa visión de la democracia en el continente americano. Esto quedó claro cuando Fernández le expresó al expresidente brasileño Lula da Silva que se sentía solo en esta empresa y que ya que no tenía a Néstor Kirchner, a Evo Morales ni a Hugo Chávez –entre otros– para ayudarlo. Esta borrosa visión incluye afirmaciones grandilocuentes, como “es hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”, que no pueden ser tomadas en serio, más allá de las fallas que el sistema capitalista muestre a nivel local e internacional. Con el objetivo de promover esta particular y borrosa visión democrática en el continente, Fernández ha procurado formar un eje Buenos Aires-Ciudad de México con Andrés Manuel López Obrador, sin darse cuenta de que, más allá de las aparentes similitudes ideológicas del presidente mexicano, la economía de su país está sumamente integrada a la de Estados Unidos, lo que limita sus grados de interés y autonomía a nivel regional.La influencia de una borrosa ideología se ha notado en el accionar de la diplomacia argentina en el entorno latinoamericano, demandando en términos de libertades y derechos humanos a ciertos gobiernos lo que no ha demandado a otros. Fernández expresó abiertamente “que cese la violencia institucional” en Colombia, en reacción a protestas populares. Pero ante las recientes demostraciones de indignación popular contra el gobierno castrista, afirmó primero no saber “lo que está pasando en Cuba”, para luego no condenar actos de represión del régimen cubano. En el caso de Venezuela, se abstuvo de condenar al régimen de Maduro, hasta que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, encabezada por Michelle Bachelet, condenó violaciones en ese país, posición que la Argentina se vio forzada a apoyar. En el caso de Nicaragua, la Argentina se abstuvo de votar una moción en la OEA en contra del gobierno por el encarcelamiento de 13 periodistas. Probablemente solo los dictámenes provenientes de la ONU fuercen al gobierno argentino a manifestarse contra Cuba o Nicaragua. Pero en el proceso se tiende a “descapitalizar”, como afirma el profesor Roberto Russell, uno de los pocos baluartes de la política exterior argentina: la defensa de los derechos humanos.El Gobierno demostró su inclinación a trabajar con Rusia y China ante la pandemia del Covid-19, y logró una sorpresiva y rápida provisión de la primera dosis de la vacuna rusa Sputnik V –aunque no de la segunda–, y un progresivo suministro de la vacuna china Sinopharm. Sin embargo, el Gobierno desaprovechó la utilización en forma muy temprana de más de 12 millones de vacunas de Pfizer, impulsado por una mezcla de razones ideológicas con ambiciones privadas, ambas insensibles al peligro público. Desoyendo además la famosa frase del pragmático líder chino Deng Xiaoping: “No importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”. Frase aplicable a las vacunas occidentales. Al firmar un decreto dramáticamente tardío para aprobar la importación de vacunas norteamericanas –y aprovechar una donación de 3,5 millones de dosis desde EE.UU.–, el Presidente recibió la critica del jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner, quien lo acusó de arrodillarse ante los laboratorios extranjeros. En realidad, un pragmatismo forzado había llevado a Fernández a arrodillarse ante los más de 100.000 argentinos muertos. Kirchner también debería hacerlo, dado que según estudios del Conicet, 30 a 40.000 de estos muertos se deben al atraso en la llegada de vacunas. Esto pudo haber sido evitado aprobando justamente en la Cámara de Diputados la importación de vacunas de Pfizer en un principio, o asegurando una mayor y más rápida provisión de vacunas de AstraZeneca.Parte de estos problemas se explican por la similitud entre el presidente Fernández y el emperador romano Justiniano al momento de elegir sus ministros. Según el historiador Edward Gibbon: “Pocos eran promovidos por sus victorias, y no siempre eran elegidos por su talento”.La oscilación entre una ideología borrosa y el pragmatismo forzado se observa también en la manera en que se trata el serio desafío de la evolución del Mercosur. Un problema cuyo origen es de responsabilidad compartida con la clase dirigente argentina en general. La Cancillería comenzó atrincherándose detrás del argumento del consenso para no innovar en dos temas que han convertido al Mercosur en una estructura proteccionista pero inservible para la inserción internacional de varios sectores del aparato productivo argentino –en particular, de ciertos segmentos industriales–. El primero es el arancel externo común (ACE), sumamente elevado desde hace más de 30 años. Pero la Cancillería ya se ha visto forzada a discutir su reducción, dada la férrea voluntad del gobierno brasileño de hacerlo, y de salir a competir internacionalmente en la mayoría de sus sectores productivos. En esencia, esta encrucijada es el resultado de una notable y permanente falta de una visión compartida y sustentable de desarrollo de parte de la dirigencia argentina, y de la poca voluntad en concebirla. El segundo aspecto, ligado intrínsecamente a la posibilidad de poder realmente competir a nivel global, es negociar más acuerdos comerciales, algo solicitado por Uruguay, pero también forzado por Brasil. Otra vez, una ideología borrosa, con exagerados componentes proteccionistas, se ve forzada a ceder ante la dura realidad, en este caso económica.ßEspecialista en relaciones internacionales; miembro consultor de CARI y de Cippec

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A las cuatro y media de la tarde se han dado cita en la iglesia de San Ignacio las más importantes autoridades civiles, militares y eclesiásticas de Buenos Aires. Las naves del templo “rebosan de un público ansioso de ver por sus ojos aquella constelación de doctos brillando a la luz reflejada por las lentejuelas y abalorios de capirotes y bonetes”, relata Juan María Gutiérrez. Es el 12 de agosto de 1821 y se inaugura la Universidad de Buenos Aires, creada tres días antes por edicto del gobernador de la ciudad, Martín Rodríguez, y su secretario de Gobierno, Bernardino Rivadavia. El Argos de Buenos Ayres informa: “Jamás un establecimiento ni una función pública ha tenido un séquito tan interesado y numeroso; el pueblo se hallaba verdaderamente encantado de alegría, y ha dado a conocer hasta qué grado es entusiasta por las letras… Los auspicios con que se ha fundado la Universidad son en todos los aspectos favorables y nos han alejado los temores de que se aproximase una generación desmoralizada y bárbara”. Gutiérrez –rector de la UBA en 1861 e impulsor de la universidad de investigación– comenta: “En aquel día la ciencia se dignificaba, se despertaba al estímulo por el estudio y se mostraba claramente por la autoridad de Buenos Aires cuán grande debe ser el respeto que rinden los gobiernos bienintencionados a la inteligencia cultivada”. La creación de la universidad era una aspiración desde fines del siglo XVIII, aunque las convulsiones políticas hicieron fracasar varios intentos de concretarla. Antonio Sáenz, abogado y sacerdote, que participó en el Cabildo Abierto de 1810 y en el Congreso de 1816, fue la fuerza impulsora de su creación, concretada con el apoyo entusiasta de Rivadavia, quien advirtió la trascendencia que tendría la institución en su proyecto modernizador. Sáenz fue designado rector de la nueva universidad, que se organizó agrupando en seis departamentos instituciones ya existentes. Ese origen constituyó un escollo para diseñar una verdadera universidad, ya que, como decía el rector Ricardo Rojas, “poseemos facultades de verdad y carecemos de universidad”. Integrarla es una tarea aún pendiente. Recorrer la historia de la UBA, iniciada en el marco de esa concepción progresista, es recorrer la historia del país. Aunque en el transcurso de estos dos siglos no escapó a las turbulencias políticas, ellas no impidieron que se convirtiera en una de las universidades más valoradas de América Latina. Miles de profesores, investigadores, alumnos y personal de apoyo, así como sus graduados, dispersos en el país y el mundo, construyeron ese prestigio con trabajo y esfuerzo. Hoy la UBA es una institución cuya complejidad es difícil de abarcar, ya que aloja una enorme diversidad de actividades y de visiones de la realidad. A pesar de lo mucho que se puede y debe debatir acerca de aspectos concretos de su siempre conflictivo presente, la UBA es un tesoro que la Argentina debe preservar para las nuevas generaciones que se acercan a ella. En los albores del siglo XX, la Universidad de Buenos Aires promovió cambios que anticiparon uno de los momentos culminantes de la historia de la universidad argentina: el movimiento de la Reforma nacido en Córdoba en 1918. Eso demostró el vigor y la capacidad de los universitarios para impulsar transformaciones desde el interior de la institución. Tal vez la celebración del bicentenario de la UBA brinde la oportunidad de promover una nueva reforma que, jerarquizando las funciones básicas de la universidad, logre definir sus lazos con una sociedad que ha cambiado radicalmente en pocas décadas. Hay que reflexionar acerca de la conveniencia de preservar en la institución académica algunos de sus valores originales, a pesar de que hoy no sean apreciados, como la seriedad y profundidad en el análisis; el respeto a todas las ideas y no solo a las consideradas circunstancialmente correctas; la exigencia y el rigor en el estudio; la valoración de la docencia y la investigación independientemente de intereses de grupos, y la transparencia en la gestión académica y administrativa. A pesar de las profundas transformaciones que ha experimentado la universidad desde el siglo XI, cuando se creó la de Bolonia en Italia, su misión sigue siendo la misma: enseñar saberes concretos y, sobre todo, proporcionar a los jóvenes las herramientas para que logren formarse una visión del mundo. Porque la universidad es el ámbito autónomo que la sociedad ha elegido preservar para generar y debatir todas las ideas, permitiendo adquirir una visión de conjunto desde una perspectiva universalista y, sobre todo, humanista. Además de conocer, es preciso saber para qué se conoce, lo que se logra mediante una formación amplia, cada día más desprestigiada. La sociedad contemporánea cifra demasiadas expectativas en la universidad, que corre así el peligro de alejarse de los objetivos que promovieron su creación. Buscando ejercer un impacto directo en el quehacer social, se arriesga a debilitar su influencia en la formación de sus estudiantes, olvidando que son ellos quienes, además de poder incluirse en la actividad productiva, darán sentido al cambio. Corremos el riesgo de que la mercantilizada visión contemporánea pretenda hacer que una institución eminentemente cultural –destinada a evitar que las nuevas generaciones sean “desmoralizadas y bárbaras”, como se celebraba en 1821– se convierta en una oficina expendedora de títulos. Ahora, además, se cierne el peligro de que maestros y alumnos, hoy fugaces espectros virtuales, prescindan del contacto inspirador y singular entre ellos para pasar a ser una parte más del espectáculo mediatizado. Las universidades son ámbitos de la cultura donde se producen decisivos encuentros entre las personas y no solo empresas a ser gestionadas. El respeto al conocimiento, no siempre “útil”, y a quienes piensan y crean, la valoración del esfuerzo y de la reflexión constituyen el sedimento que deja el paso por una buena universidad. Esa idea queda sintetizada en esta descripción de la experiencia universitaria que ha hecho la escritora mexicana Ángeles Mastretta: “La bendita universidad dio para todo. Dio para entender el amor y la barbarie, para una sorpresa tras otra, para descuartizar la fe de un monje y concebir la de un pagano. Dio para crear villanos y para reconstruir héroes y dio, es de esperar que siga dando, gente empeñada en pensar la verdad como una mezcla de verdades, el acuerdo como una consecuencia del respeto, la tolerancia como una virtud, la duda como la más ardua y sensata de las virtudes. Hemos de desear que la vida guarde a tan generosa universidad porque dio para cumplir los sueños que nunca soñamos y para sembrar los que aún no cumplimos”. Los jóvenes merecen que hagamos todo para preservar y transmitirles las posibilidades de lo humano que la naciente universidad “empresa de servicios” les está escamoteando. A ellos, los legítimos herederos de la cultura. Por eso, en esta celebración, expresemos nuestro deseo de que la vida guarde a esta generosa UBA que, con disensos y acuerdos, aciertos y errores, avances y retrocesos, ha hecho mucho para mejorar la Argentina y es imprescindible que siga haciéndolo en estas instancias cruciales. ßExrector de la Universidad de Buenos Aires (2002-2006)

Fuente: La Nación

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A las cuatro y media de la tarde se han dado cita en la iglesia de San Ignacio las más importantes autoridades civiles, militares y eclesiásticas de Buenos Aires. Las naves del templo “rebosan de un público ansioso de ver por sus ojos aquella constelación de doctos brillando a la luz reflejada por las lentejuelas y abalorios de capirotes y bonetes”, relata Juan María Gutiérrez. Es el 12 de agosto de 1821 y se inaugura la Universidad de Buenos Aires, creada tres días antes por edicto del gobernador de la ciudad, Martín Rodríguez, y su secretario de Gobierno, Bernardino Rivadavia. El Argos de Buenos Ayres informa: “Jamás un establecimiento ni una función pública ha tenido un séquito tan interesado y numeroso; el pueblo se hallaba verdaderamente encantado de alegría, y ha dado a conocer hasta qué grado es entusiasta por las letras… Los auspicios con que se ha fundado la Universidad son en todos los aspectos favorables y nos han alejado los temores de que se aproximase una generación desmoralizada y bárbara”. Gutiérrez –rector de la UBA en 1861 e impulsor de la universidad de investigación– comenta: “En aquel día la ciencia se dignificaba, se despertaba al estímulo por el estudio y se mostraba claramente por la autoridad de Buenos Aires cuán grande debe ser el respeto que rinden los gobiernos bienintencionados a la inteligencia cultivada”. La creación de la universidad era una aspiración desde fines del siglo XVIII, aunque las convulsiones políticas hicieron fracasar varios intentos de concretarla. Antonio Sáenz, abogado y sacerdote, que participó en el Cabildo Abierto de 1810 y en el Congreso de 1816, fue la fuerza impulsora de su creación, concretada con el apoyo entusiasta de Rivadavia, quien advirtió la trascendencia que tendría la institución en su proyecto modernizador. Sáenz fue designado rector de la nueva universidad, que se organizó agrupando en seis departamentos instituciones ya existentes. Ese origen constituyó un escollo para diseñar una verdadera universidad, ya que, como decía el rector Ricardo Rojas, “poseemos facultades de verdad y carecemos de universidad”. Integrarla es una tarea aún pendiente. Recorrer la historia de la UBA, iniciada en el marco de esa concepción progresista, es recorrer la historia del país. Aunque en el transcurso de estos dos siglos no escapó a las turbulencias políticas, ellas no impidieron que se convirtiera en una de las universidades más valoradas de América Latina. Miles de profesores, investigadores, alumnos y personal de apoyo, así como sus graduados, dispersos en el país y el mundo, construyeron ese prestigio con trabajo y esfuerzo. Hoy la UBA es una institución cuya complejidad es difícil de abarcar, ya que aloja una enorme diversidad de actividades y de visiones de la realidad. A pesar de lo mucho que se puede y debe debatir acerca de aspectos concretos de su siempre conflictivo presente, la UBA es un tesoro que la Argentina debe preservar para las nuevas generaciones que se acercan a ella. En los albores del siglo XX, la Universidad de Buenos Aires promovió cambios que anticiparon uno de los momentos culminantes de la historia de la universidad argentina: el movimiento de la Reforma nacido en Córdoba en 1918. Eso demostró el vigor y la capacidad de los universitarios para impulsar transformaciones desde el interior de la institución. Tal vez la celebración del bicentenario de la UBA brinde la oportunidad de promover una nueva reforma que, jerarquizando las funciones básicas de la universidad, logre definir sus lazos con una sociedad que ha cambiado radicalmente en pocas décadas. Hay que reflexionar acerca de la conveniencia de preservar en la institución académica algunos de sus valores originales, a pesar de que hoy no sean apreciados, como la seriedad y profundidad en el análisis; el respeto a todas las ideas y no solo a las consideradas circunstancialmente correctas; la exigencia y el rigor en el estudio; la valoración de la docencia y la investigación independientemente de intereses de grupos, y la transparencia en la gestión académica y administrativa. A pesar de las profundas transformaciones que ha experimentado la universidad desde el siglo XI, cuando se creó la de Bolonia en Italia, su misión sigue siendo la misma: enseñar saberes concretos y, sobre todo, proporcionar a los jóvenes las herramientas para que logren formarse una visión del mundo. Porque la universidad es el ámbito autónomo que la sociedad ha elegido preservar para generar y debatir todas las ideas, permitiendo adquirir una visión de conjunto desde una perspectiva universalista y, sobre todo, humanista. Además de conocer, es preciso saber para qué se conoce, lo que se logra mediante una formación amplia, cada día más desprestigiada. La sociedad contemporánea cifra demasiadas expectativas en la universidad, que corre así el peligro de alejarse de los objetivos que promovieron su creación. Buscando ejercer un impacto directo en el quehacer social, se arriesga a debilitar su influencia en la formación de sus estudiantes, olvidando que son ellos quienes, además de poder incluirse en la actividad productiva, darán sentido al cambio. Corremos el riesgo de que la mercantilizada visión contemporánea pretenda hacer que una institución eminentemente cultural –destinada a evitar que las nuevas generaciones sean “desmoralizadas y bárbaras”, como se celebraba en 1821– se convierta en una oficina expendedora de títulos. Ahora, además, se cierne el peligro de que maestros y alumnos, hoy fugaces espectros virtuales, prescindan del contacto inspirador y singular entre ellos para pasar a ser una parte más del espectáculo mediatizado. Las universidades son ámbitos de la cultura donde se producen decisivos encuentros entre las personas y no solo empresas a ser gestionadas. El respeto al conocimiento, no siempre “útil”, y a quienes piensan y crean, la valoración del esfuerzo y de la reflexión constituyen el sedimento que deja el paso por una buena universidad. Esa idea queda sintetizada en esta descripción de la experiencia universitaria que ha hecho la escritora mexicana Ángeles Mastretta: “La bendita universidad dio para todo. Dio para entender el amor y la barbarie, para una sorpresa tras otra, para descuartizar la fe de un monje y concebir la de un pagano. Dio para crear villanos y para reconstruir héroes y dio, es de esperar que siga dando, gente empeñada en pensar la verdad como una mezcla de verdades, el acuerdo como una consecuencia del respeto, la tolerancia como una virtud, la duda como la más ardua y sensata de las virtudes. Hemos de desear que la vida guarde a tan generosa universidad porque dio para cumplir los sueños que nunca soñamos y para sembrar los que aún no cumplimos”. Los jóvenes merecen que hagamos todo para preservar y transmitirles las posibilidades de lo humano que la naciente universidad “empresa de servicios” les está escamoteando. A ellos, los legítimos herederos de la cultura. Por eso, en esta celebración, expresemos nuestro deseo de que la vida guarde a esta generosa UBA que, con disensos y acuerdos, aciertos y errores, avances y retrocesos, ha hecho mucho para mejorar la Argentina y es imprescindible que siga haciéndolo en estas instancias cruciales. ßExrector de la Universidad de Buenos Aires (2002-2006)

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Lionel Messi ya está en suelo parisino. El astro del fútbol habló con CNN tras su pase al Paris Saint-Germain y destacó allí que siente que está en el lugar “ideal” para ganar otra vez la UEFA Champions League: trofeo que él ya levantó cuatro veces. Imaginando ese torneo, también vislumbró un mano a mano entre PSG y su querido Barcelona; dijo que, si se da ese escenario, lo disfrutaría: “Sería extraño para mí si pasa, pero sería especial volver a casa con una camiseta diferente”.Después de estar 19 años en el club catalán, el rosarino dijo que le resulta “difícil expresar con palabras lo que tuvo que vivir esta semana”. “Fue realmente difícil lo que pasó con el Barcelona, despedirme después de estar toda mi vida en un solo lugar. Y después de tres días, sin olvidar lo sucedido, todo cambió”.Insólito. Van a rematar un club de barrio por una patada de hace 36 añosEn relación con ese punto, Messi confesó que “vivía con muchas dudas, nervios y expectativa” acerca de que sucedería entre él y el club en el que creció, aunque también destacó que tiene “mucha ilusión y ganas de empezar” este nuevo camino en PSG. “Fue una llegada realmente especial con la bienvenida de la gente que me recibió y que salió a la calle. Estoy muy emocionado de comenzar esta nueva era y estoy listo para comenzar mi nueva vida aquí en París”.Al reflexionar sobre sus objetivos en esta nueva etapa, dijo: “Conozco mi trayectoria y el objetivo que tiene este club. Luchando por ganar una Champions y estando cerca estos últimos años. Para mí, a nivel personal, me encantaría ganar otra Champions League, como he dicho en años anteriores, y creo que he llegado al lugar ideal, que está preparado para eso”.River – Atlético Mineiro: el Millonario y un duro examen en los cuartos de final de la Copa LibertadoresMessi señaló que con PSG tienen “los mismos objetivos”, y destacó los “jugadores impresionantes” que componen ese plantel. “El club tiene una de las mejores plantillas del mundo y, si Dios quiere, podemos lograr ese objetivo que tanto desea PSG. Lo quiero tanto y espero que podamos disfrutarlo también con la gente de París”, añadió al respecto. De todos modos, más adelante aclaró que eso se debe hacer “de forma relajada y yendo despacio”.Listo para emprender su camino en París, Messi contó que espera “disfrutar en el vestuario” junto a los jugadores con los que compartirá el equipo, principalmente junto a sus amigos a quienes destacó como de “los mejores del mundo”. En línea con lo anterior lanzó: “Me encantaría poder seguir ganando títulos y hacerlo aquí en Francia, para luchar por todo”.

Fuente: La Nación

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Lionel Messi ya está en suelo parisino. El astro del fútbol habló con CNN tras su pase al Paris Saint-Germain y destacó allí que siente que está en el lugar “ideal” para ganar otra vez la UEFA Champions League: trofeo que él ya levantó cuatro veces. Imaginando ese torneo, también vislumbró un mano a mano entre PSG y su querido Barcelona; dijo que, si se da ese escenario, lo disfrutaría: “Sería extraño para mí si pasa, pero sería especial volver a casa con una camiseta diferente”.Después de estar 19 años en el club catalán, el rosarino dijo que le resulta “difícil expresar con palabras lo que tuvo que vivir esta semana”. “Fue realmente difícil lo que pasó con el Barcelona, despedirme después de estar toda mi vida en un solo lugar. Y después de tres días, sin olvidar lo sucedido, todo cambió”.Insólito. Van a rematar un club de barrio por una patada de hace 36 añosEn relación con ese punto, Messi confesó que “vivía con muchas dudas, nervios y expectativa” acerca de que sucedería entre él y el club en el que creció, aunque también destacó que tiene “mucha ilusión y ganas de empezar” este nuevo camino en PSG. “Fue una llegada realmente especial con la bienvenida de la gente que me recibió y que salió a la calle. Estoy muy emocionado de comenzar esta nueva era y estoy listo para comenzar mi nueva vida aquí en París”.Al reflexionar sobre sus objetivos en esta nueva etapa, dijo: “Conozco mi trayectoria y el objetivo que tiene este club. Luchando por ganar una Champions y estando cerca estos últimos años. Para mí, a nivel personal, me encantaría ganar otra Champions League, como he dicho en años anteriores, y creo que he llegado al lugar ideal, que está preparado para eso”.River – Atlético Mineiro: el Millonario y un duro examen en los cuartos de final de la Copa LibertadoresMessi señaló que con PSG tienen “los mismos objetivos”, y destacó los “jugadores impresionantes” que componen ese plantel. “El club tiene una de las mejores plantillas del mundo y, si Dios quiere, podemos lograr ese objetivo que tanto desea PSG. Lo quiero tanto y espero que podamos disfrutarlo también con la gente de París”, añadió al respecto. De todos modos, más adelante aclaró que eso se debe hacer “de forma relajada y yendo despacio”.Listo para emprender su camino en París, Messi contó que espera “disfrutar en el vestuario” junto a los jugadores con los que compartirá el equipo, principalmente junto a sus amigos a quienes destacó como de “los mejores del mundo”. En línea con lo anterior lanzó: “Me encantaría poder seguir ganando títulos y hacerlo aquí en Francia, para luchar por todo”.

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Lionel Messi ya está en suelo parisino. El astro del fútbol habló con CNN tras su pase al Paris Saint-Germain y destacó allí que siente que está en el lugar “ideal” para ganar otra vez la UEFA Champions League: trofeo que él ya levantó cuatro veces. Imaginando ese torneo, también vislumbró un mano a mano entre PSG y su querido Barcelona; dijo que, si se da ese escenario, lo disfrutaría: “Sería extraño para mí si pasa, pero sería especial volver a casa con una camiseta diferente”.Después de estar 19 años en el club catalán, el rosarino dijo que le resulta “difícil expresar con palabras lo que tuvo que vivir esta semana”. “Fue realmente difícil lo que pasó con el Barcelona, despedirme después de estar toda mi vida en un solo lugar. Y después de tres días, sin olvidar lo sucedido, todo cambió”.Insólito. Van a rematar un club de barrio por una patada de hace 36 añosEn relación con ese punto, Messi confesó que “vivía con muchas dudas, nervios y expectativa” acerca de que sucedería entre él y el club en el que creció, aunque también destacó que tiene “mucha ilusión y ganas de empezar” este nuevo camino en PSG. “Fue una llegada realmente especial con la bienvenida de la gente que me recibió y que salió a la calle. Estoy muy emocionado de comenzar esta nueva era y estoy listo para comenzar mi nueva vida aquí en París”.Al reflexionar sobre sus objetivos en esta nueva etapa, dijo: “Conozco mi trayectoria y el objetivo que tiene este club. Luchando por ganar una Champions y estando cerca estos últimos años. Para mí, a nivel personal, me encantaría ganar otra Champions League, como he dicho en años anteriores, y creo que he llegado al lugar ideal, que está preparado para eso”.River – Atlético Mineiro: el Millonario y un duro examen en los cuartos de final de la Copa LibertadoresMessi señaló que con PSG tienen “los mismos objetivos”, y destacó los “jugadores impresionantes” que componen ese plantel. “El club tiene una de las mejores plantillas del mundo y, si Dios quiere, podemos lograr ese objetivo que tanto desea PSG. Lo quiero tanto y espero que podamos disfrutarlo también con la gente de París”, añadió al respecto. De todos modos, más adelante aclaró que eso se debe hacer “de forma relajada y yendo despacio”.Listo para emprender su camino en París, Messi contó que espera “disfrutar en el vestuario” junto a los jugadores con los que compartirá el equipo, principalmente junto a sus amigos a quienes destacó como de “los mejores del mundo”. En línea con lo anterior lanzó: “Me encantaría poder seguir ganando títulos y hacerlo aquí en Francia, para luchar por todo”.

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Lionel Messi ya está en suelo parisino. El astro del fútbol habló con CNN tras su pase al Paris Saint-Germain y destacó allí que siente que está en el lugar “ideal” para ganar otra vez la UEFA Champions League: trofeo que él ya levantó cuatro veces. Imaginando ese torneo, también vislumbró un mano a mano entre PSG y su querido Barcelona; dijo que, si se da ese escenario, lo disfrutaría: “Sería extraño para mí si pasa, pero sería especial volver a casa con una camiseta diferente”.Después de estar 19 años en el club catalán, el rosarino dijo que le resulta “difícil expresar con palabras lo que tuvo que vivir esta semana”. “Fue realmente difícil lo que pasó con el Barcelona, despedirme después de estar toda mi vida en un solo lugar. Y después de tres días, sin olvidar lo sucedido, todo cambió”.Insólito. Van a rematar un club de barrio por una patada de hace 36 añosEn relación con ese punto, Messi confesó que “vivía con muchas dudas, nervios y expectativa” acerca de que sucedería entre él y el club en el que creció, aunque también destacó que tiene “mucha ilusión y ganas de empezar” este nuevo camino en PSG. “Fue una llegada realmente especial con la bienvenida de la gente que me recibió y que salió a la calle. Estoy muy emocionado de comenzar esta nueva era y estoy listo para comenzar mi nueva vida aquí en París”.Al reflexionar sobre sus objetivos en esta nueva etapa, dijo: “Conozco mi trayectoria y el objetivo que tiene este club. Luchando por ganar una Champions y estando cerca estos últimos años. Para mí, a nivel personal, me encantaría ganar otra Champions League, como he dicho en años anteriores, y creo que he llegado al lugar ideal, que está preparado para eso”.River – Atlético Mineiro: el Millonario y un duro examen en los cuartos de final de la Copa LibertadoresMessi señaló que con PSG tienen “los mismos objetivos”, y destacó los “jugadores impresionantes” que componen ese plantel. “El club tiene una de las mejores plantillas del mundo y, si Dios quiere, podemos lograr ese objetivo que tanto desea PSG. Lo quiero tanto y espero que podamos disfrutarlo también con la gente de París”, añadió al respecto. De todos modos, más adelante aclaró que eso se debe hacer “de forma relajada y yendo despacio”.Listo para emprender su camino en París, Messi contó que espera “disfrutar en el vestuario” junto a los jugadores con los que compartirá el equipo, principalmente junto a sus amigos a quienes destacó como de “los mejores del mundo”. En línea con lo anterior lanzó: “Me encantaría poder seguir ganando títulos y hacerlo aquí en Francia, para luchar por todo”.

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El economista y precandidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Martín Tetaz participó de una conversación en vivo por Instagram con Martín Lousteau donde ambos hicieron un repaso por la economía argentina y se refirieron a la ley 125 y a los créditos UVA. El exministro de Economía dio detalles del detrás de escena de la ley que redactó allá por el 2008. “Estábamos a punto de resolverlo y Néstor no quiso”, dijo Lousteau sobre la resolución que él redactó que implicaba las retenciones al campo, cuando era ministro del kirchnerismo.Además, los economistas hicieron una fuerte crítica a la idea de Alberto Fernández de proponer utilizar criptomonedas para bajar la inflación. “Es un delirio”, dijo Tetaz. Y agregó: “Por suerte no es candidato”. Los referentes de la oposición que forman parte de la coalición de Juntos por el Cambio ironizaron sobre lo que sería que el país comience a emitir monedas electrónicas. “El proyecto tiene nombre se va a llamar Patacoin, ¿es una buena idea o no? Es una cuasimoneda digital”, bromeó el precandidato a diputado. Y Lousteau lo siguió: “Emitimos un montón de moneda, por qué no emitimos una digital. No tenés emisión descontrolada de dinero es más difícil tener inflación… Claro, una cuasimoneda digital: patacón pero patacoin”. View this post on Instagram A post shared by Martin Tetaz (@martintetazok)Respecto al conjunto de ideas y al tipo de transformación que buscan impulsar, ambos buscaron transmitir un análisis de la economía desde una crítica al gasto público del Estado. “Solemos pensar que los estados no compiten, que son no transables. Es decir, yo no puedo ir a jubilarme en Suecia ni ir a atender a Alemania, pero los estados si compiten porque forman parte de los costos de producción”, sostuvo el radical. También, apuntaron contra la gestión del oficialismo en materia económica. Tetaz lanzó: “Buena parte del populismo no resiste ser expuesto a la evidencia. Los datos son la criptonita de los kirchneristas. La evidencia científica bloquea al kirchnerista. Contra la evidencia chocan”. Los referentes de la oposición sostuvieron que el debate que se tiene que dar en el Congreso va a tener que ver con “el rol de los estados, el rol monetario con las criptomonedas que se va a debilitar y el rol impositivo, que se debilita también”. Créditos hipotecarios.En otro momento de la entrevista, Tetaz se refirió a los créditos hipotecarios, proyecto que suele defender, a pesar de las críticas y las chicanas, y explicó: “Somos todos más pobres, tengamos o no un crédito hipotecario. El 99,6% lo están pagando al día, con un esfuerzo tremendo, lo siguen pagando porque la casa se valorizó mucho más que lo que se valorizó la cuota. De querer comprarse esa misma casa, ´pagarían el doble de lo que la estarías pagando ahora”.Ambos coincidieron en que debe haber un cambio en la legislación laboral de la Argentina, en medio de una crisis económica con altos niveles de desempleo. “El convenio colectivo de trabajo es viejo, está pensado para una economía con grandes industrias y hoy de las 650 mil empresas argentinas 640 mil son pymes. Esa legislación no les sirve. Hoy no se animan a contratar porque se compran un problema de incertidumbre impresionante”, dijo Tetaz, que busca llegar a la Cámara baja. Sobre el final, Lousteau expresó que la Argentina “hoy es una isla”, en donde no se están debatiendo las problemáticas globales. “El impacto del cambio climático es una urgencia de largo plazo” dijo. Fue entonces cuando destacó el rol de Tetaz dentro de la coalición, y manifestó: “Los partidos políticos se fortalecen cuando pueden debatir, cuando hay gente, como es tu caso, que tienen ganas de hacer las preguntas incómodas y generar los debates”.

Fuente: La Nación

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