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Gonzalo Bustos

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Gonzalo Bustos Messages

—A mi me salvaron los videojuegos.Esa podría ser una definición de Ibai Llanos, el streamer más seguido a nivel mundial en habla hispana. Un pibe de 26 años que creció en una casa clase media de Bilbao, España, con la cara pegada a una pantalla jugando Call of Duty —un videojuego de disparos en primera persona, pionero en las partidas online—. “Fue el juego que más me ha marcado”, reconoce. Pero también es un apasionado por los deportes reales, como el fútbol.Desde la combinación de esos universos —los games y el fútbol— Ibai construyó su carrera, su profesión, su oficio. Se construyó a sí mismo. Y era un adolescente cuando lo hizo.¿Y qué hace Ibai Llanos? “Directos”, suele decir. Lo dice con naturalidad, como si en una palabra pudiera ser entendido por todos. Lo que Ibai hace —y a veces parece estar cansado de tener que explicar— es entretener. Desde una plataforma de comunicación —o red social—, que es Twitch, transmite en vivo. Stremea.Lionel Messi en PSG: el paso a paso de sus primeras horas en París¿Qué transmite? Carisma. Se lo puede ver en high definition en un plano pecho, sentado en una silla de nave espacial, con un fondo de ladrillos iluminado en un azul violáceo. ¿Y qué hace? Habla sobre lo que se le da la gana, se enoja —mucho—, hace reír, comparte aire, entrevista a superestrellas mundiales del deporte y la música, reacciona a videos, habla de actualidad y de lo que le pasa en su vida. Y lo ven unas siete millones de personas. Eso, solo en vivo. En diferido, vía YouTube, cada uno de sus videos tiene unas 5 millones de views.El momento en que el Kun Agüero sorprende a Ibai LlanosIbai es el ejemplo del nuevo formato de estrella del entretenimiento. Una celebridad de internet, como dice Wikipedia. Un pibe que relata partidos de videojuegos, un youtuber, un streamer, un creador de contenidos que hace humor, que cuenta sus problemas y su vida, que sienta opinión sobre los debates —esos que hoy se dan, justamente, en la web—, que influencia a millones de jóvenes —chicas, chicos, adolescentes, adultos recientes—. Y todo eso que Ibai hace tiene un alcance mundial, y ahí está parte de su definición, porque ser una estrella de internet significa no tener fronteras.—Yo lo llamé a Agüero, pero sale con Ibai, si me gana Ibai me tengo que retirar. ¿6 millones de seguidores tiene? ¿Y a mí qué me importa? ¿Usa Twitch? No tengo idea qué es Twitch. ¿Vos me vas a decir que yo hago 20 puntos en La Red, que voy a ESPN, y que haciendo eso soy un boludo y este Ibai, por estar al pedo en la casa todo el día, me gana? Yo me voy.Así arremetió el periodista deportivo Gustavo López en marzo pasado contra Ibai. Con un ninguneo al aire en su programa de radio. Ese show de histeria llegó a internet, se volvió trending topic y le mojó la oreja a Ibai.—Si Dybala no quiere ir contigo, baja un poco de nivel, no vayas a un delantero de la Juventus… Llama a un delantero más de tu nivel, de tercera división keniata, pero a mí déjame tranquilo —le contestó el streamer en Twitch, donde ha compartido aire con jugadores como Sergio Ramos, Paulo Dybala, Thibaut Courtois, Kun Agüero, Ronaldinho, Gerard Piqué, Andrés Iniesta: la élite de la élite.Lionel Messi organizó una cena de despedida en su casa de Barcelona, e Ibai fue uno de los invitados especiales (Twitter @IbaiLlanos/)Al día siguiente, Ibai salió en vivo en el programa de López en ESPN. Ahí lo hizo de nuevo, con altura, ironía y carisma, le devolvió el golpe en vivo y en su propio espacio.Además, le dio una lección: streamear en Twitch y generar contenidos digitales se convirtió en una de las profesiones —u oficios— con más proyección a futuro y a la que millones de chicas y chicos de todo el mundo aspiran a dedicarse. Y eso, de por sí, es algo muy difícil que un porcentaje minúsculo logrará alcanzar: el 90% de las emisiones de Twitch en español tienen 3 o menos espectadores de media. Que Gustavo López haya salido a desmerecer a Ibai significó hablarle a un sector de padres que no entienden qué hacen sus hijos frente a la computadora durante horas, a quiénes miran y qué aspiran ser. Para Ibai, lo que López hizo fue bullying en vivo al streaming. Ridiculizó al oficio y desvalorizó los sueños de muchos y las horas de trabajo de tantos otros.—Los que ahora triunfan en Twitch, una plataforma de entretenimiento de 2021, tienen un recorrido muy largo detrás —siguió Ibai en su lección a Lopez, que en cierto sentido, tuvo mucho de autorreferencial.Sobre la 13:00 tenemos un streaming histórico. Messi vendrá a Twitch por primera vez en la historia. Vamos a tener una charla con él. Desde su nuevo estadio. Nos vemos en un rato. pic.twitter.com/rH5prmZOTH— Ibai (@IbaiLlanos) August 11, 2021La discusión expuso el desconocimiento sobre el tema de toda una generación: los analógicos, que parecen no dimensionar la potencia de la comunicación digital. En el mundo actual, la información corre por nuevos medios. Solo el 38% de la gente que se informa a diario les cree a los medios de comunicación tradicionales, el 46% confía más en las noticias “que encuentran por sí mismos”, el 52% esquiva las noticias “políticas” y el 86% se informa vía medios digitales y redes sociales. Estos datos se desprenden de un estudio de la Universidad de Oxford y el instituto Reuters realizado en Europa, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina, México, Chile, Kenia, Sudáfrica y Asia.En este nuevo mundo, Ibai es un faro y una excepción. Un tipo con un nivel de ingresos anuales que supera por largo el millón de euros —según dijo el mismo— y que en enero pasado se mudó a una mansión donde hay un cine, piletas, baños con jacuzzi, salas para streamear, un pool, canchas de pádel, de tenis, de básquet, gimnasia, terraza y hasta un miniboliche. El costo del alquiler de la casa, en la que vivía el exjugador de Barcelona Samuel Eto’o, ronda los 15 mil euros mensuales. Una suma que puede pagar por streamear.Ibai Llanos reveló cómo fue la cena en la casa de MessiIbai consiguió esto en 2020: cuando gran parte del planeta estaba encerrada escapando del Covid, él se la pasó en directo y creciendo en seguidores. Uno de sus hitos se dio el último día del año, el 31 de diciembre, cuando realizó sus tradicionales campanadas de Nochevieja vía Twitch y lo vieron más de medio millón de personas. Entre ellas estaba Salvador Illa Roca, el ministro de Sanidad de España, que lo compartió en Twitter: “Esta Nochevieja no la podemos celebrar como otros años. Yo he dado la bienvenida al 2021 con mi familia viendo las campanadas de @IbaiLlanos. Ha sido divertido y nos lo hemos pasado muy bien. Gracias Ibai por trabajar para que más gente se quede en casa. Os deseo un Feliz 2021”.Visto desde la superficie, sin consumirlo o sin escucharlo al menos un rato, Ibai parece un generador de contenidos vacíos y superfluos. Así lo creía Gustavo Lopez, por ejemplo. Pero Ibai les habla todos los días a millones de pibes y pibas que lo escuchan, lo comprenden —como él los comprende a ellos— y lo siguen en sus opiniones. Incluso, en las políticas, esas de las que menos charla pero que tienen un impacto más masivo por superar los límites de sus temas diarios.En enero, Ibai se despachó con un discurso claro, sencillo y duro sobre la importancia de pagar impuestos. “Es normal que a la gente que gane mucha pasta o a la gente que es rica le quiten muchísimo dinero y más quizás que les deberían quitar”. Las palabras se volvieron virales en medio de que varios youtubers de España, incluido El Rubius —el más hitero en habla hispana—, dijeran que se iban a mudar a Andorra para no pagar por su ingresos. “Me parece un buen acto tributar aquí, porque es lo que hace todo el mundo y como lo hace todo el mundo, pues yo lo hago”, siguió Ibai, que se volvió tendencia por su dichos.Algo quedó claro: en un video de dos minutos hizo una de las mejores campañas tributarias de España.Ibai Llanos Garatea nació en Bilbao el 26 de marzo de 1995. Hijo de una familia tradicional de madre y padre trabajadores, suele decir que creció sin preocupaciones, siempre con sus regalos de cumpleaños y navidades listos para ser descubiertos. Que gran parte de la tranquilidad económica de su familia estuvo dada por su abuelo, que trabajaba como una suerte de enfermero a domicilio. A Ibai le gusta contar que cuando tenía alrededor de 10 años lo acompañaba a las casas de sus pacientes para aprender de esa profesión. Ibai niño quería ser como su abuelo.En el documental Mi Historia —de 2019, donde narra cómo llegó a su presente—, su abuelo dice que Ibai era un niño tranquilo, que en casa pasaba horas hablando con sus juguetes, inventando historias. Pero que para ir a la escuela protestaba y lloraba. También era un fanático de los deportes.El gusto por el fútbol se volvió devoción y comenzó a seguir todos los partidos de la liga española. A medida que crecía se fijaba más en aquellos que contaban esos partidos, en especial en los relatores. Manolo Lamas y Paco Gonzalez eran los que conducían el Carrusel Deportivo, un clásico programa español, una suerte de Oral Deportiva. “Daban un show brutal”, recuerda Ibai. “Con un ritmo muy frenético y siempre me he fijado en los comentaristas que tienen un ritmo alto de narración”. Y ahí entró a copiar y volver propios los modos del relator Andrés Montes: “Él, de por sí, era un espectáculo”.La armonía de esa familia, que ya sumaba una nuevo integrante con el hermano menor recién llegado, empezó a terminarse con la crisis financiera española de 2008. Su madre perdió su trabajo —jamás volvió al mercado laboral— y su padre sufrió un brutal recorte salarial. Empezaron a llegar llamadas desde Madrid reclamando pagos de préstamos.En medio del caos económico, que trajo caos familiar con discusiones cada vez más frecuentes, deudas que se multiplicaban, estrés y tensión, Ibai empezó a refugiarse en los videojuegos. Comía horas jugando al Call of Duty y luego al League of Legend —un juego multiplayer que disparó la escena de los eSports—, donde encontró otro plus: narrar. Con el tiempo se volvió caster, relator. Años más tarde, junto con Ander Cortés formaron una dupla de relator-comentaristas de LoL. Al comienzo solo lo hacían para ellos mismos, comentando los partidos de un amigo, que dicen era “muy malo”. Luego llevaron esos relatos a Twitch. La plataforma marcaba cinco espectadores, tres eran ellos.Esas partidas les sirvieron como terreno de entrenamiento en el oficio de relatar LoL. Y cuando en 2014, con 19 años, vía casting, entraron como narradores oficiales de la Liga de Videojuegos Profesional, nacía la carrera de Ibai.Ibai Llanos, a pura carcajada con Leo Messi (@PSG/)Hay una especie de colina inglesa vista desde arriba, en un plano cenital algo inclinado. Hay fuego, muñecos 2D —como caballeros medievales— chocando, números que aparecen en el aire. Y hay un relato acelerado, bestial, que habla de bachatas, de grandes jugadas, de uff, de estrellas y emociones. Hay tensión y ganas de saber qué va a pasar en ese partido de LoL.Del otro lado de esa imagen vía Twitch —la plataforma one del gaming, un mundo que mueve a más de 3 mil millones de personas y más de 200 mil millones de dólares anuales según sus números de comienzos de 2021— hay un sub 20 con cara de miedo, la piel lisa y los ojos fijos en un punto ciego. La imagen de Ibai parece opuesta a su relato, que se convierte, en cierto sentido, en la respuesta revulsiva a esos nervios de quien está haciendo algo que deseaba mucho.“Ibai tiene un talento infinito y la Liga de Videojuegos Profesional lo ve”, dice el stremear BarbeQ, parte del clan de Ibai. Y como la LVP lo vio, le ofreció un contrato para ampliar sus participaciones en eventos en vivo, presentaciones y más partidas. Para eso tenía que mudarse a Barcelona. Ibai tenía 21 años y debía alejarse de su familia por primera vez. El despegue de su carrera dependía de plantarse en su vida adulta.El mundo se le vino encima. Sufrió ataques de ansiedad que lo llevaron a un encierro casi absoluto. Estaba en un departamento que odiaba, en una ciudad alejada y gigante, solo y con responsabilidades como nunca antes. “No podía hacer mi vida normal”, recuerda. “Estaba relatando un partido y tenía que mutearme un minuto porque sentía que me ahogaba, no podía salir a la calle, no podía dormir”. Después de superar ese proceso con terapia y saliendo a la calle de a poco. En prácticamente todas las entrevistas que concede —que suelen ser cada vez menos— Ibai recuerda este episidio y destaca la importancia de tratar estos problemas y de pedir ayuda. A su modo, y desde su experiencia, Ibai monta una campaña de salud mental dirigida a un público frágil de emociones.Superado ese momento, Ibai decidió comenzar a abrirse más en redes sociales. Hasta ahí solo hablaba de LoL en Twitter. Pero quería demostrar que era más que un caster de eSports y aprovechó su colchón de seguidores para volverse viral. Empezó a hablar de fútbol, de básquet y, sobre todo, a hacer humor.Arrancaron los hits: en tono de jugador de fútbol narró las dificultades de un adolescente en un año escolar, luego comentó una carrera de canicas, la final del mundial de ajedrez, una jugada de Mario Bros y cómo hacer su propia cama. Ibai se ha quejado del Listening de la Secundaria, ha reaccionado a entrevistas suyas en la televisión española —logrando que un canal de tevé abierta la ceda los derechos para poder usar ese programa en Twitch—, y grabado spots de ficciones —y producciones de miles de euros— para promocionar su salida de G2 eSports, una corporación de videojuegos y producción de contenidos gamers, para anunciar el lanzamiento de su propia franquicia-marca-productora que tiene como base de operaciones su nueva mansión, donde vive junto Ander Cortés, BarbeQ y otros streamers. Este año sus highlights fueron la compra de derechos de la Copa América para poder transmitirla por su canal de Twitch para España y su ciclo de entrevistas Charlando Tranquilamente por el que pasaron desde Niki Nicole y Duki hasta su padre y Ronaldinho.Ibai compró los derechos de la última Copa América y la transmitió gratis por su canal de TwitchEl sábado 7 de agosto de 2021 Barcelona anunció que Lionel Messi daría una conferencia de prensa para despedirse del club. Mientras el mundo esperaba ese momento, a la casa del futuro jugador del Paris Saint Germain llegan jugadores del club culé, familiares y amigos para despedirse. Entre los autos que pasan entra el de Sergio “Kun” Aguero, amigo de Messi y recién mudado a Catalunya. En el asiento del acompañante, “el amigo de un amigo”: Ibai. La última noche de Messi en España, Ibai lo conoce personalmente. Y, luego, se saca una foto que hoy tiene unos dos millones y medio de likes en Instagram.Al día siguiente Ibai contó en su Twitch cómo conoció a Messi. Su forma de narrar, con simpleza y un tono que parece sincero, que busca el chiste pero sin esfuerzo, imanta y empatiza. A pesar de sus mansiones, de sus millones —de seguidores y de euros— Ibai todavía parece un niño que le está contando una historia fantástica a sus juguetes.Cuarenta y ocho horas después, en pleno estadio del PSG, Ibai va a tener una nueva andanza para contar: entrevistar a Messi mano a mano. Es histórico, la primera vez de Leo en Twitch.Ibai lo hizo de nuevo.

Fuente: La Nación

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¿Qué había acá antes de Sumo? Esa es la premisa de Los rayos, el documental dirigido por Nicolás Tacconi que reconstruye la prehistoria del surgimiento de la escena rock en Hurlingham. Los hechos que devinieron en Sumo. Con múltiples voces, narra cómo fueron los años 70 en este suburbio con aires británicos anclado en el oeste del conurbano. Cómo un grupo de adolescentes se determinó a hacer música a pesar de las dictaduras, los prejuicios de la época y la falta de recursos.“Sumo es increíble”, dice Tacconi, de 46 años. “Pero antes hubo un momento de decisión. Medio de salto al vacío y de decir ‘me dedico a hacer música’, con todo lo que implicaba en ese momento”.En un híbrido de ficción y realidad, Popa Arnedo, a la izquierda, conduce una de las entrevistas de la película –en el estudio de una FM barrial– con Pablo Guerra, de Caballeros de la Quema, y Lucas Rocca, ex La Franela, actualmente en Los Maniquíes. (IGNACIO ARNEDO/)Con una estética visual y climática que convierte cada entrevista en una charla íntima —casi casual—, la amalgama de personajes da forma a la historia. Pasan frente a cámara desde los que estuvieron muy cerca de la explosión de Luca Prodan —Tito Fargo, Diego Arnedo, Ricardo Mollo y Germán Daffuncio—, hasta un excéntrico coleccionista musical de la ciudad que devela grabaciones memorables, pasando por Mario Ferrarese —creador de FM Triac, la radio pirata y rocker del lugar—, plomos, DJ y músicos de la zona —como el Tano Salmos, Leandro Carrizo y Willy Marconi—, que formaron las bandas que precedieron a Sumo: Oiga Diga, La Corte del Rey Artane, Salmos y La Hurlingham Reggae Band.La historia de la Hurlingham Reggae Band de Luca Prodan: el eslabón perdido del reggae argentino“Queríamos que todos los personajes tuvieran el mismo protagonismo”, resalta el director, que trabajó tres años en la película. “Todos eran lo mismo en la historia. Y eso se sostiene por el espíritu que reconstruyen. Todos se hicieron con mucho rebusque y fueron parte de algo”.El director Nicolás Tacconi, en el centro, rodeado por Bigliardi y Arnedo, en Hurlingham. Los rayos tendra? una funcio?n especial el sa?bado 10 de julio, con entradas a la venta a través de Ticketek.En los personajes está el oro del film. Reviven la memoria colectiva de aquel tiempo que fue hermoso. Un tiempo donde forjaron su libertad y espíritu. Con sensibilidad y maestría, Tacconi capta ese espíritu entre hippie y rebelde. Cuando estás llegando al final y todavía no aparecieron “los Sumo” estás tan inmerso en el cuento que no importa quién va a aparecer después —si trascendió el barrio o no—: solo querés saber cómo sigue la historia, y eso es magia narrativa. Una luz que también brilla en la forma en que expone los sucesos y a sus protagonistas, no les fuerza una épica ni glorifica: los muestra, sencillos y despojados, y los pone a hablar.“Si ellos no hubieran hecho todo eso, después no habría pasado lo otro”, dice Tacconi sobre la gestación del rock en Hurlingham, la ciudad en la que se crio desde los 9 años. “Haber elegido ser músicos y pasar las cosas que nos contaron. Salían a poner un cartel y les pegaban. Era una locura. Les pisaban las manos por ser músicos. Y en sus casas tampoco era tan fácil elegir eso. Lo dice Arnedo en la película. Era una convicción muy grande”.A un conductor de radio interpretado por Fernando “Popa” Arnedo —sobrino de Diego— le dicen que en una semana su programa sale del aire. Entonces, casi a modo de despedida, decide repasar la historia de la música de su lugar, Hurlingham. Con esa clave de ficción que se imprime desde el inicio, Los rayos comienza a desplegarse como un documental poco convencional.“Nos parecía bueno el cruce. Más interesante y fluido”, explica Tacconi, sobre la mixtura de ficción y documental. “Como una manera más entretenida de contar y podíamos poner otras cosas que reforzarán una idea que teníamos de que se hablara de la libertad y el coraje de elegir un camino propio en algo”.Popa y Tacconi se conocen desde la escuela primaria y tuvieron un programa en FM Triac que se llamó Lo que el cuerpo pide, nombre que retoma la película. Durante esos años Tacconi escribió un germen del guion de Los rayos, que comenzó a producir recién en 2017.Popa dice que se puso frente a la cámara porque Tacconi es su amigo y ya habían trabajado juntos —en 2013 hicieron Aire de chacarera, un documental sobre Mario Arnedo Gallo, el abuelo de Popa—. “Nos repartimos cosas en lo que vamos haciendo”, dice Tacconi. “Él está en la parte de hablar y yo estoy más afuera. Y eso nos funciona bien”.Popa era un niño en el tiempo que cuenta Los rayos. Le gusta decir que veía ensayar a Sumo en la casa de su abuela, que era el pibe de la escuela que tenía el tío rockero —lo que para unos era alucinante y para otros estigmatizante—, que Triac —la radio por donde todo pasaba— quedaba a cuarenta metros de su casa. Ese lazo de Popa con la historia es fundamental para el clima que genera Tacconi. El intimismo de cada charla.Willy Crook, el artista que vivió mil vidas“A muchos de los personajes que aparecen los veo hace años”, dice Popa. “Por eso hay calidez en las charlas. Ellos no se sentaban con una postura dura. Y, un poco por haber vivido de costado la historia, sabía por dónde ir”.Popa nació, creció y vive en Hurlingham, un lugar que cree “es medio un pueblo”. Ahí las casas son de estilo inglés, hay espacios verdes amplios con árboles gigantes y coposos y considerable porcentaje de ascendencia británica. Por eso, en los años de gestación de la escena, era un lugar donde llegaban con relativa facilidad discos y data de la música del Reino Unido —los ciudadanos resaltan, y en Los rayos se menciona que en la zona vivían personas que solían viajar al exterior—. Ese fue uno de los componentes de la chispa rockera del lugar. Popa suma otro: “Había una serie de tipos con inquietudes. Como quizás los había también en otros lados, pero acá se dio la química entre ellos. Y después cae Luca, como un rayo”, dice. “Acá había como un rock más pesado que el que sonaba en esa época, tipo Sui Generis. Y con Luca explotó. Agarró a esos pibes, que eran buenos músicos, y con toda la música que tenía en la cabeza, ajustó un poco y salieron todos como cañitas voladoras”.Desde la quinta y sala de ensayo de Divididos, Ricardo Mollo aporta otro testimonio valioso en Los rayos. Aunque no vivía en Hurlingham, en los inicios de Sumo era un visitante muy frecuente y conoció de cerca a muchos de los personajes y lugares clave de esta historia suburbana.Para reforzar la doble faceta ficción-documental, Los rayos cuenta con Esteban Bigliardi como partener de Popa. Haciendo de una especie de productor y co.conductor del programa de radio, Bigliardi aporta un aire introspectivo, de pausa y reflexión sobre lo que esos personajes van contando. “Esteban es actor e iba a estar más suelto”, cuenta Tacconi sobre la inclusión de Bigliardi, otro amigo de la infancia de Hurlingham. “Ayudaba a que Popa tuviera con quién interactuar”.La conexión de Popa con los entrevistados, el aporte actoral de Bigliardi, la música y el peso de la historia fueron los elementos que Tacconi hizo engranar para que el relato fluyera. Lo hizo con delicadeza visual (gran trabajo de fotografía de Lucio Bonelli y de montaje en manos de Andrés Tambornino); y sonora, donde cada canción que suena es tocada en el momento justo para acentuar el clima.En uno de los hallazgos de la película, Tito Fargo y Diego Arnedo, un ex Redondos y un ex Sumo, tocan reggae y reflexionan sobre sus primeros pasos musicales compartidos en el barrio. En el estudio de Fargo, recuerdan especialmente la aparición en escena de Luca Prodan, hecho que alteraría para siempre la movida de Hurlingham. Los rayos se estrenó cuando las salas volvieron a abrir este año. Inició una recorrida por carteleras federales, pero la segunda ola se la llevó puesta: estuvo dos días en cartel. Este mes —el sábado 10— tendrá su revancha vía Ticketek, una fecha esperada en Hurlingham, donde el documental se convirtió en tema de conversación. Tacconi y Popa destacan el rebote que tuvo la película con pocos días de exhibición.Sobre esos personajes que protagonizan el relato y están entre los más ansiosos para masificar el documental, Popa destaca lo que es, en esencia, el espíritu de Los rayos: “Estos tipos tuvieron una fuerza muy copada, un impulso muy revolucionario para la época”.

Fuente: La Nación

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Crack. Es una tarde de sol a fines de la primavera. Es el año 2000 en una Argentina que 12 meses más tarde va a sufrir un colapso social, político y económico. El cielo de Ezeiza se empieza a cubrir cuando el grupo de 50 personas llega con los equipos –luces, cámaras, computadoras, máquinas de escribir, cables, etcétera–. Todo se vuelve oscuro. Negro. El bosque, que sirve de locación para la escena final, se convierte en una pesadilla. Después, la lluvia. Un diluvio de ficción se desata cuando la cinta empieza a girar. Hay un clima de tristeza y nostalgia. La escena –toda la escena– es triste, de un desenlace triste. Y alguien –un director, joven, inseguro y brillante– grita corte. Fin. Okupas se acaba de completar. La televisión argentina se acaba de partir. Crack.Escrita y dirigida por Bruno Stagnaro, Okupas se estrenó el 18 de octubre del 2000 por Canal 7. La serie, de 11 episodios, ganaría tres Martín Fierro: Mejor Unitario, Mejor Director y Actor Revelación. Ese impulso la llevó a ser emitida en tres ocasiones más: en 2001 por el canal del Estado –aprovechando el fuego caliente de los premios–, por América TV en 2002 y en 2005 por Canal 9, en ese entonces Azul TV. Con los años, los fans y la crítica se volvería una obra de culto, que hace más de una década se puede revisitar en YouTube en videos piratas de mala calidad. Videos que cada tanto son bajados por la plataforma y vueltos a subir por los usuarios. Su permanencia se da en loop, Okupas siempre vuelve: Netflix anunció hace unos días que subiría la serie remasterizada.Ricardo, un pibe de clase media interpretado por Rodrigo de la Serna. Bruno Stagnaro, detrás de escena. (Gentileza de Daniel Pessah /)“Me gusta creer que toca alguna fibra que es muy propia de nuestra identidad”, dice Stagnaro. “No sé si será la construcción de los personajes, la cosa medio de historia iniciática. Me gusta pensar que es por eso que perdura en el tiempo”.Okupas es la historia de Ricardo, un pibe de clase media que decide cortarse solo. Se va de la casa familiar, deja la Facultad y termina viviendo en una casona abandonada en el barrio de Abasto. Un pibe que elige descender para encontrarse y descubre, en ese camino, el submundo de la noche de Buenos Aires: la marginalidad, la subsistencia, lo bueno y lo malo. Ese marco es, a su vez, el reflejo de la Argentina en decadencia del inicio del nuevo milenio. Filmada en plena calle –en horas pico y en madrugadas– para tomar imágenes de la realidad, con registros hechos en cámara en mano –dando el toque documental– y con actores que se iniciaban, Okupas planteó una nueva forma de hacer ficción en la televisión nacional. Stagnaro hizo lo que hasta ese momento nadie había hecho –al menos con esa crudeza–, poner la cámara en la calle y meterla en un VHS.Okupas: el cambio fundamental que debió hacer para llegar a NetflixOkupas es, también, la historia de un grupo de pibes callejeros. Un grupo de arquetipos –el clase media, el rollinga, el linyera, el del barrio picante– que entre sus miserias y bondades se hermanan. Okupas es un relato de vínculos.Detrás de escenaHasta que aparecieron estos fab four de la calle Corrientes, Alejandro Romay era el amo y señor de las historias de la tevé y las convertía en novelas. Cris Morena se agigantaba con sus universos de cuentos de hadas para las tardes, Pol-ka era apenas la apuesta de Adrián Suar y Marcelo Tinelli iba camino a convertirse en la figura máxima de la industria del entretenimiento televisado. Okupas llegó para romper eso. Para ofrecer algo diferente para su tiempo. Para inaugurar una nueva forma de contar en nuestra televisión. Fue el programa que le hizo conocer al público popular lo que estaba por venir y que meses antes había tenido su punto cero con Pizza, birra y faso, la ópera prima de Adrián Caetano y el mismo Stagnaro. Era la bienvenida vía televisión abierta al nuevo cine argentino.“Era una historia muy cercana que generaba empatía al toque”, dice Ariel Staltari, que interpretó a Walter, el rollinga paseaperros. “La gente flasheó al ver tamaño producto, algo que no se veía nunca, menos en la tele, con personajes y escenarios así de reales”.Cuando escribió y dirigió la serie, Stagnaro tenía 26 años. (Gentileza de Daniel Pessah /)En el año 98, Bruno Stagnaro envió faxes compulsivamente a productoras. Necesitaba encontrar unos pesos que le permitieran terminar Pizza. En ese listado, uno de los números era el de Ideas del Sur, una productora joven con Claudio Villarruel como gerente de contenidos. No hubo respuesta hasta meses después del estreno de la película. Villarruel llamó y le preguntó a Bruno si tenía una historia similar para presentarle.“Y ahí vuelvo sobre una vieja idea, la historia de estos pibes. Si se quiere con un enfoque más desde mi perspectiva, que era un tipo de clase media que entraba en contacto con todo este mundo”, recuerda Stagnaro, que en ese momento tenía 26 años. “En Pizza son todos pibes más marginales y desclasados”.Villarruel leyó la idea. Le gustó, pero no pasó de ahí y al tiempo dejó la productora para empezar su camino en Telefe. Parecía que el proyecto no iba a salir de esas líneas, pero seis meses más tarde, Marcelo Tinelli –ya convertido en el señor Ideas del Sur– llamó a Bruno para hacer Okupas.Tras un par de pequeñas reuniones arrancó el proceso de filmación. De filmación, escritura, montaje, entrega y aire. Todo al mismo tiempo. Todo ya. Stagnaro tenía su oportunidad en las grandes ligas y tenía que hacerlo todo a un ritmo demencial. Televisión de guerra.“Tinelli quería hacer ficción y había llegado a Bruno por lo que había visto Villarruel. Entonces me pidió que me contactara con él”, cuenta Damián Kizner, que en ese entonces comenzó a ocupar el cargo de gerente artístico de Ideas y ofició de una suerte productor ejecutivo de Okupas, el nexo entre la productora y Stagnaro. “Bruno me trajo una hojita, media carilla. Lo que sería la idea. Empezamos a conversar y avanzó. Era muy outsider de la tele y la tele tenía una lógica de demanda de capítulos tremenda”.En los inicios del proyecto Kizner fue el hombre en el que Marcelo Tinelli confió para supervisar la filmación, plazos y metodología de trabajo. Kizner, que tenía apenas seis años más que Bruno, tenía un recorrido por la televisión —Sorpresa y media, Juana y sus hermanas, Fugitivos, etc— que le hacía conocer los trucos de la industria.En el 2019, fue contratado por Netflix para adaptar El Eternauta. (Gentileza de Daniel Pessah /)Mientras se diagramaba la logística del proyecto, se definían los actores. Desde el arranque, Rodrigo de la Serna iba a ser Ricardo. “Lo había visto intermitentemente en Naranja y media y me pareció que tenía algo muy verdadero, como a punto de estallar”, dice Stagnaro. “Era el único que tenía claro”. El resto salieron entre castings y conocidos. A Franco Tirri –que sería El Chiqui, el linyera del grupo– ya lo conocía por su hermano. Diego Alonso –El Pollo– llegó por recomendación del padre de Bruno. Ariel Staltari entró por casting.Después llegó la filmación. “Empezamos a estar faltos de tiempo y eso está en el gen de la serie. Era un esquema muy poco realista para darles profundidad a la historia y a los guiones”, cuenta Stagnaro. “El día a día era un infierno, una presión de la maquinaria televisiva exigiendo que cumpliera con los plazos que eran imposibles. Por otro lado, sentía que eso le daba un frenesí al proceso que lo favorecía. Ese ritmo al final fue llevado al extremo, pasándola como el orto”.Cuando Stagnaro gritó corte en la escena final de Okupas –la despedida del grupo–, hacía más de 26 horas que estaban filmando. El último día de rodaje se extendió porque los guiones estaban escritos en un 20%. Stagnaro tenía en claro la estructura del capítulo y qué cosas iban a suceder, pero no cómo. Entonces, mientras se filmaba, él escribía en un bar, en las servilletas del bar, y su hermano dirigía algunas escenas. También escribía, en pleno set, junto con Alberto Muñoz y Esther Feldman, los otros guionistas de la historia. Los tres ahí, tirados encima de una computadora. Terminaban los textos, imprimían, una lectura rápida y a filmar. Había que cerrar la historia.El después“Okupas me dio muchísimo y me quitó bastante también. En el balance es algo que fue un sueño de adolescencia hecho realidad. Era algo que anhelaba hacer y el impacto de toparme con eso concretado no me fue fácil”.Después de que Okupas se convirtiera en el bicho raro que conquistaba la televisión y de que Stagnaro se volviera de golpe en el mejor director argentino del momento, todo se vino abajo para él. Las cosas llegaron a un extremo tal que estuvo un año sintiéndose enfermo, con fiebre y dolores permanentes. El estrés en el cuerpo. Bruno se alejó de toda esa exposición y se recluyó haciendo documentales y producciones que no trascendieron.“Estuve varios años buscándole la vuelta desde otros proyectos. Un gallo para Esculapio fue, en algún sentido, una revancha. Recuperar algo de esa época que había quedado trunco. Porque lo empecé a escribir en 2005”, dice Stagnaro, que ahora, tras el éxito que representó su regreso al mainstream, fue contratado por Netflix para adaptar El Eternauta. “Es una obra muy importante en mi vida y me di cuenta tarde. La historieta de Oesterheld es uno de los hitos de mi infancia. Me marcó en esto de la espacialidad. A tal punto que creo que todo lo que hice regresa a eso. En Pizza, el motor inicial tenía que ver con el Obelisco; en Okupas, con la casa. Me resulta muy loco las vueltas de la vida”.

Fuente: La Nación

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Ana Katz vive días surrealistas. Hace unos meses estrenó su última película, El perro que no calla, en el festival de Sundance, realizado de modo virtual. La organización le envió un casco de realidad aumentada a cada invitado. “Fue todo muy extraño –dice Ana–. En una de las actividades, un agasajo virtual, empecé a ver a un tipo que caminaba rápido y con los brazos abiertos hacia mí. Venía como a abrazarme. Me asusté tanto que me saqué el casco y me fui”. La sexta película de Katz cuenta la historia de Sebastián —encarnado por Daniel Katz, el hermano de Ana, primer protagonista masculino en una película suya—, un sub 30 con trabajos precarizados al que una pandemia ocasionada por un meteorito le cambia los planes. “Cuando la escribí era pura ciencia ficción”, asegura Katz, que por otro lado acaba de coescribir y dirigir la serie Sesiones para Disney. Su primera experiencia con protocolo anti Covid-19: barbijo, máscara facial, hisopados, distancia, locaciones adaptadas. “Es muy complejo, pero estuvo buenísimo”, dice sobre el rodaje con la China Suárez, Benjamín Vicuña y Carla Peterson.“Drowned In The Sun”: así suena la “nueva” canción de Nirvana, hecha con Inteligencia Artificial¿Qué diferencia hay entre trabajar en una película independiente y hacer una serie para Disney?Me interesan los distintos campos. Desde una peli experimental, filmada con una cámara prestada, hasta un escenario grande de rodaje. Me gustan las dos cosas. Son desafíos distintos, con trampas distintas. Me interesa el cambio, la movilidad. Creo que hay algo de lo audiovisual que en el cine es más independiente, al margen de los presupuestos: salís a filmar incertezas. Y es probable que no encuentres respuestas o que encuentres respuestas indirectas o fallidas. En cambio, cuando se trabaja en un formato que atiende a cuestiones más comerciales, buscás aciertos. Entonces esos aciertos suponen una relación más confirmada con un espectador imaginario. Cuando el cine se vuelve más independiente jugás a probar con el espectador, sin saber qué le va a provocar. Claramente es el caso de El perro que no calla.El perro… tiene una narrativa poco convencional, con elipsis y escenas que rompen el relato, ¿cómo fue esa construcción?Es una película que partió de emociones. Me alegra haber tenido la fortuna de seguirlas. Sentía que para transmitir esas emociones no quería usar herramientas convencionales porque entonces mi sensación era que no transmitía mi intimidad. No quería que alguien pudiera recibir tan armónicamente algo que yo sentía tan desordenadamente. Experimentar es poner la pregunta por delante de la respuesta. Lo otro es más tiro al blanco. Me gustan los dos juegos.¿Por qué la decisión de incluir escenas dibujadas?Cuando lo hice sentía que debía ser así porque no lo podía expresar de otra manera. De hecho, si pensaba el rodaje de las escenas que fueron contadas con dibujos, muy a mano alzada, artesanales, sentía que me chocaba. Después me acordé de esta cosa de la infancia, de que uno agarra un lápiz y dibuja. Eso que después los adultos analizan de forma horrible. Lo que hay en un dibujo es muy íntimo. Es donde el paso del tiempo en la narración no se controla desde la estructura dramática sino desde movimientos sensibles que cuentan. En los festivales recibiste buenas críticas, incluso un premio en Rotterdam… En los festivales circula un grupo de gente, críticos, que tiene miradas y sensibilidades que me gustan mucho, me gusta leerlos, ver qué les pasó. Más que el ranking me gusta estar en ese mundo singular. Hubo algunas críticas que hicieron lecturas que me encantan. Me gusta la crítica cuando hay una conexión con lo que se ve. La crítica como una reflexión casi autónoma. Me gusta leer los viajes mentales. Y es algo que pasa con las pelis que he hecho.La directora de ‘Nomadland’ Chloé Zhao habla de su eterno deseo de explorar¿Cómo vivís la pandemia en relación a la industria del cine?Para las productoras chicas y medianas es un momento al borde del abismo o ya caído en el precipicio. Es muy difícil sostener una producción con los protocolos de hoy. Eso hace que puedan solventar los gastos solo las productoras grandes. Hay mucha gente sin laburo: técnicos, productores, actores. Más que nunca se necesita el apoyo al cine nacional para fortalecer una cultura nacional que, con la globalización, se va volviendo muy desdibujada. Y, como siempre, ahí pierden los que de verdad tienen algo muy identitario. Los que no están interesados en vender un producto o un formato global, los que tienen algo personal que contar. Ahí está la pelea más fuerte y es un momento durísimo.

Fuente: La Nación

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