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VALLADOLID.– Alan Duffy es un argentino que viste bermudas y amplia camisa azul un martes cualquiera, se desespera con las colas del banco y pasa largas temporadas en la tranquila Valladolid desde hace 21 años. La ciudad de gentes discretas y nieblas invernales acoge a quien ha hecho saltar a varias generaciones bajo el sobrenombre de King África, siempre asociado a los colores estridentes, la fiesta veraniega y las canciones pegadizas. El rey de la charanga combina el frenesí del escenario con una rutina relajada que disfruta entre Pucela y Puerto Banús (Málaga), sus dos residencias en una España donde es casi pecado acortar las oes de su éxito La bomba cuando comienza a sonar en cualquier garito de moda y reunión. El artista sabe que debe parte de su gloria a esa canción y la luce con orgullo, pero avisa de su filosofía: “No porque te llamen el rey tenés que vivir en un castillo”.La conversación transcurre en un chiringuito de la playa fluvial de Las Moreras. El cantante siembra algunas bromas en su discurso, como cuando dice que tiene “28 años… de carrera”, pues se niega a confesar su edad y solo admite que tiene “dos cifras”. King África reside en un lugar muy alejado de los focos y la brillantina de la fama, con la que se lleva bien pero sin prestarle demasiada atención. Él necesita la tranquilidad que encontró en el barrio de Parquesol, sin la exigencia de experiencias agobiantes previas como las sentidas en Nueva York, San Pablo, Barcelona o Madrid. Una vez que se asentó en Valladolid constató la ventaja de “tenerlo todo” a mano pero sin demasiada saturación. El monarca de la parranda sostiene que la cercanía a la capital y al aeropuerto marcaron su decisión, pero en los mentideros de la urbe siempre se comentó que había factores amorosos mediante. “No sabe, no contesta”, responde risueño cuando se le amaga con abordar temas más personales.La notoriedad, asegura, no le ha puesto la máscara de estrella. Resulta habitual verlo por el Nuevo José Zorrilla, el estadio de fútbol pucelano, para animar –y sufrir– al Real Valladolid como un hincha más. Una de sus aficiones menos conocidas es su faceta rockera, pues le gusta escuchar rock de los ochenta y noventa y descubrir remezclas y nuevas melodías con las que entretenerse y aprender cuando suelta el micrófono. Las fotos y el reconocimiento lo animan porque le recuerdan que está haciendo feliz a alguien, pero no quiere halagos: “Solo hago música para divertir y divertirme”. Una de las sensaciones que más le agrada es ir por Puerto Banús, escenario habitual de famosos de todo pelaje, y llamar la atención. El “cariño” que nota se evidencia cuando estos admiradores le admiten que no se dirigen a otras caras conocidas, pero que él les ha brindado tantas fiestas que no pueden evitar saludarle. Este argentino se siente honrado por la definición de “rey del verano”, pero no se siente ni monarca “de una comarca ni de nada” ni canta himnos. Provocar algo más allá de ganas de menear el esqueleto con una mano en la cintura e inventar movimientos sexis no le va.El tiempo corre hasta por quien permanece en el imaginario colectivo por un petardazo musical que ha cumplido ya 20 años. King África explica que jamás hubiera imaginado que el cacareado año 2000, en el que esperaba “autos voladores o la conquista del espacio”, le trajera ser famoso por la canción del verano. El “grito de guerra” de La bomba –una versión de la canción homónima del grupo Azul Azul– expandió su sello por el mundo y actuó en toda Europa, Las Vegas o Japón. Allí constató, al aterrizar en 2003 para una gira de un mes, que incluso en los países más “rigurosos” disfrutan al hacer “pachangas”. Sin embargo, los trajes multicolor se quedan para las noches de jolgorio, esas que empezó a propiciar en España cuando en 1998 El Camaleón se convirtió en el número 1 del carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Después llegarían otros éxitos como Salta y El Humahuaqueño.Su rostro se tuerce al hablar de la era de las mascarillas, la distancia y la prohibición del roce. La pandemia ha castigado especialmente a la música en directo, con suspensiones de conciertos que le han hecho recordar las enseñanzas de su madre y su abuelo: “Ahorra, nunca sabes cuándo lo necesitarás”. Este verano solo ha podido actuar tres veces.King África, que ha salido airoso frente a públicos de 250.000 personas, indica que gracias a sus años en fiestas de pueblo asume que haya filas de asientos antes de la muchedumbre entremezclada y que igualmente la gente, de todas las edades, se lo pasa genial: “Los abuelos también tienen derecho a ir a un concierto”. King África anhela firmemente que en todas las profesiones se pueda volver a trabajar con normalidad. Por eso, cree, el compromiso de los espectadores con las medidas sanitarias será clave para recuperar los espectáculos musicales y sudar y vociferar como si no hubiera un mañana. La vena artística y el personaje que interpreta se le notan cuando termina la charla y se le piden unas fotos. Entonces asoma su enorme y contagiosa sonrisa. Sus manos se abren y sus brazos se extienden, regalando abrazos, antes de inmortalizarse entre una bandada de patos blancos, un anhelado verano normal, sin mascarillas, en el que gritar “La booooooombaaaaaa” y que solo se propague el virus de la fiesta.

Fuente: La Nación

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Pamela Salgado tenía 25 años cuando su expareja, ahora en prisión preventiva sin fianza, acabó con su vida en Cambrils hace un mes. Sobre él, de 53 años, pesaba una orden de alejamiento por malos tratos. Para Warda Ouchama tampoco fue la primera vez. Ya había denunciado a su pareja en dos ocasiones con la esperanza de no volver a sufrir una agresión. Pero nada consiguió frenarlo. La joven estaba embarazada cuando él la asesinó en mayo junto a su hijo de siete años en Sa Pobla (Mallorca). Son solo dos ejemplos extremos de cómo la reincidencia en el maltrato machista puede acabar con la vida de las mujeres, una situación en la que los agresores vuelven a ejercer violencia sobre ellas pese a haber denunciado. Ayudar a atajar este problema es la meta de un grupo de investigadores que ha diseñado, en colaboración con el Ministerio del Interior, un sistema de analítica avanzada e inteligencia artificial que analiza, compara e interpreta las denuncias por violencia de género para predecir las agresiones reincidentes y reforzar la protección de la víctima.Adiós a los esmaltes y a las milanesas de pollo: aumentan en pandemia los casos de pubertad precoz, antes de los 8 añosEl riesgo de que un maltratador vuelva a agredir a una víctima que ya ha denunciado los hechos ante las fuerzas policiales en España es del 15%, según el Ministerio del Interior. José Luis González, miembro de la Secretaría de Estado de Seguridad, coautor del proyecto y ex teniente coronel de la Guardia Civil, afirma que se trata de un porcentaje “muy bajo”. No obstante, conformarse no es una opción en materia de maltrato machista, según el experto. La reincidencia supone un riesgo en el día a día de muchas mujeres y comprende desde que un agresor rompa una orden de alejamiento al llamar a la víctima hasta que pueda matarla. “Tenemos que afinar aún más la prevención para reducir este problema al máximo”, señala González. Este nuevo sistema funciona como una herramienta complementaria al Sistema de Seguimiento Integral de los Casos de Violencia de Género (VioGén) y, aunque la investigación aún está en revisión por pares, los resultados apuntan a una mejora de la predicción de entre el 10 y el 15%. Es decir, de los más de 600.000 casos que tiene registrados VioGén desde su puesta en marcha en 2007, entre 60.000 y 90.000 mujeres podrían tener un diagnóstico más ajustado a sus necesidades de protección frente a la reincidencia.La clave del sistema está en el empleo del machine learning o aprendizaje automático, según José Ángel González-Prieto, profesor ayudante doctor en la Facultad de Ciencias Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y uno de los investigadores del proyecto. “Esto implica que los sistemas pueden aprender de datos, identificar patrones y tomar decisiones de manera automática”, aclara el matemático. Cuando una mujer denuncia que sufre violencia machista, responde en la comisaría a un cuestionario prefijado de más de 50 preguntas del sistema VioGén sobre su situación, el perfil psicológico del agresor o las condiciones socioeconómicas de los implicados, entre otros puntos. Cada uno de estos indicadores tiene una ponderación dentro del resultado final, en función del cual se asigna un nivel de riesgo y un tipo de protección para la víctima.“Esto es un desastre”. La región más húmeda de la Argentina se quedó seca y así afectó a sus habitantes“Tras analizar bases de datos, el nuevo sistema extrae de las preguntas del cuestionario los patrones de comportamiento de los diferentes tipos de agresiones y detecta si el caso se identifica con un arquetipo de violencia reincidente”, señala González-Prieto. Los resultados aún no son definitivos, pero un ejemplo de caso de riesgo extremo cuya detección refuerza este programa sería aquel en el que el agresor tenga antecedentes penales y posea armas o que la mujer conserve una dependencia económica de su pareja y ambos tengan hijos en común.José Ángel González-Prieto, matemático investigador del proyecto, en la Facultad de Ciencias Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid (Fundación BBVA/)Una ventaja que aporta este proyecto es la capacidad de trabajar con toda la base de datos. “VioGén no deja de ser un análisis local que solo mira el caso concreto que se denuncia. Nuestro sistema analiza toda la historia”, aclara el matemático. Esto puede repercutir en una gestión de recursos más eficiente al priorizar los casos que coinciden con un perfil reincidente en los que las fuerzas de seguridad deben actuar. Además, el cuestionario VioGén se ha ido renovando con el tiempo y el nuevo sistema permite automatizar procesos. “Nosotros elaboramos la ponderación o el valor que le damos a cada una de las preguntas de VioGén y nos reunimos cada dos o tres años para validar la herramienta. Este sistema podría hacerlo por sí solo”, apunta González.El proyecto nació hace dos años como un encargo del Ministerio del Interior en el marco de la colaboración que mantiene con distintas universidades. Para su elaboración, los investigadores han trabajado con una muestra de 45.000 casos denunciados entre 2017 y 2018. Sin embargo, está preparado para nutrirse de toda la base de datos de VioGén. Los investigadores aseguran que se trata de una herramienta innovadora en la Unión Europea. “VioGén ya es pionero en la lucha contra la violencia de género, hay una concepción social de que esto es un problema grave que tiene que ser atajado y nosotros intentamos estar siempre en vanguardia”, apunta González-Prieto, que ha recibido hace dos meses el Premio de Investigación Matemática Vicent Caselles de la Real Sociedad Matemática Española y la Fundación BBVA.El adolescente que murió en su escuela después de que un compañero le tiró queso a la caraA pesar de las buenas perspectivas, el sistema presenta aún algunas limitaciones. El programa solo se puede aplicar cuando una mujer denuncia el maltrato ante los cuerpos de seguridad del Estado y no está preparado para integrarse en el sistema de asistencia de los servicios sociales, por ejemplo. Las estadísticas oficiales apuntan a que el 80% de las víctimas de violencia machista que fueron asesinadas nunca denunciaron a su agresor. No obstante, González-Prieto asegura que este programa puede contribuir “notablemente” a predecir la reincidencia. “Todo esfuerzo para prevenir es importante y este sistema es una evolución tecnológica del actual protocolo, lo que supondrá una protección adicional para las mujeres”, apunta el investigador.El éxito pasa por una continua mejora del programa, según González-Prieto. El matemático defiende que el aprendizaje automático y el procesamiento de grandes cantidades de datos es el camino a seguir. Pero subraya que su utilidad debe trascender a cualquier ámbito social y no restringirse a cuestiones de ocio o entretenimiento: “El efecto de la inteligencia artificial es crucial y cuanto antes se incluya en la mayor cantidad de aspectos posibles, más progresaremos como sociedad”.Un funcionamiento similar a NetflixEl mecanismo que vertebra este nuevo proyecto no es innovador, aunque sí su aplicación al ámbito de la prevención de la violencia de género. Para la investigación, el matemático José Ángel González-Prieto ha tomado como punto de partida el funcionamiento de los denominados “sistemas de recomendación” de plataformas de películas y series como Netflix en los que trabaja. “En cuanto te conectas, el servicio te muestra películas que te pueden gustar según tus patrones de consumo y el de otros usuarios. Salvando las distancias, esas mismas técnicas de extracción de perfiles son las que hemos intentado trasladar a nuestra investigación con VioGén”, aclara el investigador. El objetivo es entender qué factores caracterizan a un agresor reincidente, según José Luis González, miembro de la Secretaría de Estado de Seguridad. “Queremos aprender de los datos como hacen muchas compañías, que tienen a los consumidores perfilados. Nosotros buscamos tener patrones de los delincuentes y las víctimas”, apunta el experto. González-Prieto señala que las posibilidades que aportan estas técnicas son amplias: “Es útil para aspectos tan banales como conectarte a plataformas de películas, pero se puede aplicar a cosas mucho más profundas. Por ejemplo, sistemas que determinen qué tipo de tratamiento médico debo seguir o a qué especialista debo acudir”.

Fuente: La Nación

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BARCELONA.- La pandemia en España ha dado un giro de timón y ya consolida una tendencia al alza. Después de dos meses en descenso continuado, la curva epidémica ha registrado un discreto ascenso desde el pasado miércoles y este lunes ha vuelto a cruzar la barrera psicológica de los 100 casos por 100.000 habitantes a 14 días, ocho más que hace una semana. España encaraba el verano con la vacunación avanzando a velocidad de crucero y las medidas restrictivas en descenso, pero los contagios entre jóvenes todavía no vacunados, como el macrobrote en Mallorca con más de un millar de estudiantes infectados, han propiciado una nueva vuelta de tuerca en la evolución de la pandemia. Los expertos aseguran que este repunte no será como las olas anteriores ni pondrá contra las cuerdas a los hospitales porque los contagios en jóvenes son más leves, pero alertan del impacto en la atención primaria, encargada de detectar y seguir estos casos menos graves.Vacuna contra el Covid: el Instituto Gamaleya informó que “la eficacia de Sputnik V contra la variante delta es superior al 90%”Un abanico de factores han alentado el cambio de tendencia en España. Por un lado, con más de la mitad de la población española con, al menos, una dosis de la vacuna puesta y el 35% de los ciudadanos con la pauta vacunal completa, el país lleva semanas inmerso en un viraje a la vieja normalidad, con una reducción más o menos paulatina de las restricciones sociales y las medidas de control. Las comunidades han ampliado aforos en locales públicos, han abierto el ocio nocturno y, desde el pasado sábado, el Gobierno permite también quitarse el tapabocas en espacios abiertos si se puede mantener la distancia interpersonal de 1,5 metros.Fila para entrar a una discoteca de Barcelona este domingo (Pau Venteo / Europa Press / El País/)Además, las fiestas de fin de curso, el inicio del verano y las dinámicas sociales de los jóvenes, con más movilidad e interacción entre ellos, han favorecido la expansión del virus entre este grupo, coinciden los expertos. “Es una población a la que se llega muy poco con mensajes preventivos. Sobre todo, teniendo en cuenta el contexto: llevamos más de un año con esto y están cansados, se ha acabado el curso, es verano y tienen una percepción de riesgo menor porque ven a sus familiares más vulnerables ya vacunados y protegidos”, apunta Jesús Molina Cabrillana, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene.La inmensa mayoría de los contagios, insisten los expertos, se producen en edades por debajo de los 40 años, justo el colectivo con menor cobertura vacunal. “Son los grupos de no vacunados los que tienen un incremento real en la transmisión. Los vacunados mantienen tendencias descendentes todos ellos”, ha señalado este lunes el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. La campaña vacunal comenzó el pasado diciembre por los grupos de edad más elevada, que son los vulnerables, y las comunidades aún están llegando ahora a los menores de 40: poco más del 20% de treintañeros y el 12% de los jóvenes de 20 a 29 años han recibido una dosis de la vacuna.Coronavirus: una prestigiosa infectóloga alertó sobre el principal peligro de la variante DeltaOtro factor que tampoco ayuda a controlar la curva epidémica e inquieta a los epidemiólogos es la expansión de la variante delta, descubierta en la India a finales del año pasado y hasta un 60% más transmisible, según el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC). El último informe del Ministerio de Sanidad señala que su presencia en los muestreos aleatorios es del 2,7%, aunque los expertos estiman que la circulación real en España es mayor. Cataluña, por ejemplo, calcula que este linaje ya supone el 32% de los contagios. “La variante delta está aumentando y es más transmisible. Es importante hacerle frente con la vacunación. Con dos dosis, la eficacia protectora de la vacuna es similar a la que tenemos hasta ahora, pero con una sola dosis es mucho menor. Es muy importante que la población vulnerable complete la pauta vacunal”, sostiene Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Vacunación de la Sociedad Española de Epidemiología. Los datos que han reportado las autoridades británicas, en cuyo país esta variante ya es predominante, apuntan a que la primera dosis de la vacuna tiene una efectividad del 35% ante la delta, mientras que ante la variante alfa, descubierta en el Reino Unido y predominante actualmente en Europa, es del 50%. Con la pauta completa, no obstante, la eficacia es muy similar ante ambas variantes. Los datos de los británicos también sugieren que la delta podría ser más agresiva, aunque admiten que se requieren más estudios para confirmar esta presunta severidad.Simón ha pedido cautela en la interpretación de los datos que llegan del Reino Unido sobre la variante delta y ha asegurado que, en líneas generales, el repunte de la incidencia en España no está vinculado con la expansión de esta nueva estirpe de SARS-CoV-2. “En España está subiendo en presencia, pero no está implicando incrementos significativos de transmisión. Es una variante que puede ocupar espacio, pero este incremento no está asociado a la variante delta: puede ser que sí a nivel local, pero a nivel global no”, ha indicado Simón. En cualquier caso, los expertos sí avisan de que, cuanta más transmisión del virus, “más posibilidades de que en esa replicación del virus se produzcan nuevas variantes que escapen a las vacunas”, apunta Domínguez.Control de temperatura en el acceso a una discoteca, este lunes en Madrid (Mariscal / EFE / El País/)Donde no está repercutiendo el auge de contagios en jóvenes es, como era previsible, en la presión hospitalaria. Como la inmensa mayoría de las personas de estos grupos de edad pasan la covid de forma leve o asintomática, los ingresos y la ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) mantienen una tendencia descendente: hay 2.495 personas hospitalizadas en España con covid, esto es, el 2% de las camas disponibles están ocupadas por estos pacientes. En concreto, en la UCI, hay 644 pacientes, lo que significa una ocupación inferior al 7%.Vacuna contra el Covid: la Argentina comenzará la producción del segundo componente de la Sputnik V el lunes 5 de julio“La vacunación no frena la transmisión al 100%, pero sí para los ingresos. Aunque hay que tener en cuenta que algunos ingresos puede haber también entre los jóvenes”, apunta Alberto Infante, profesor emérito de Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III. Coincide Simón: que de entrada no sean un colectivo vulnerable no significa que estén exentos de todo riesgo. “La transmisión en jóvenes tiene un impacto menor, pero tiene impacto. Si tenemos incidencias muy altas en jóvenes, aunque la afectación de UCI y fallecidos es más baja, esto aumentará también”.Tensión hacia atención primariaLos expertos aseguran que lo esperable es que este repunte no dibuje una ola como las anteriores y sea más ligero que cuando no había vacunas que amortiguasen el efecto de las infecciones. Con todo, temen que la tensión asistencial se traslade de la UCI a la atención primaria, el ámbito sanitario encargado de hacer la detección y seguimiento de los casos leves. “La atención primaria, que ya está descapitalizada, cansada y se sigue sin reforzar, notará la presión ahora”, avisa Infante.Los epidemiólogos ponen en valor la importancia, ahora más que nunca, de la vigilancia epidemiológica y el rastreo efectivo de casos y contactos para cortar la transmisión. Tampoco descartan dar algún paso atrás en la desescalada si la curva epidémica sigue subiendo. “Se han eliminado barreras, como las mascarillas, pero el compromiso individual es muy importante: una cosa es que la mascarilla no sea obligatoria y otra que la gente la lleve en el codo cuando están juntos y en grupo. Ahora que estamos quitando algunas medidas, tenemos que usar bien las que tenemos y vigilar mucho: si aumentan los casos más de lo previsible, sería necesario considerar el retorno de alguna medida restrictiva”, advierte Domínguez.

Fuente: La Nación

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MADRID, España.– El cambio anunciado en Real Madrid por Florentino Pérez se traduce, de momento, más en las salidas que en las llegadas. Por el tonelaje de quienes se marchan y por la forma de hacerlo. Bastante accidentada. Tres semanas después del cabezazo de Zinédine Zidane al presidente, en el que lo acusó de falta de “memoria, confianza y apoyo”, llegó el adiós de Sergio Ramos. Las palabras del sevillano no resultaron tan gruesas, pero en el mensaje no faltaron dardos y reproches más o menos velados a la dirección. Lo que se esperaba fuera una escenificación más pacífica, a diferencia de las protagonizadas por Iker Casillas, Cristiano Ronaldo y Zizou, no lo fue tanto. “No quiero rencor. Me quedo con que es un «hasta luego»”, intentó zanjar el defensor de 35 años.El esfuerzo por trasladar una despedida en paz de Ramos resultó evidente. En Valdebebas se anunció un acto “de homenaje” con la presencia del mandatario, la familia del futbolista y los 22 trofeos conquistados en sus 16 años de blanco. Pérez calificó al jugador como “leyenda” en su discurso de cinco minutos, le entregó la insignia de oro y brillantes, y todos se repartieron parabienes, lágrimas incluidas. El ambiente general era de tristeza.Zinédine Zidane se alejó por segunda vez del gran club de la capital española, y ciertamente no en buenos términos. (Juan Medina/)Pero una vez cumplido el protocolo, el todavía capitán merengue se sentó en la sala de prensa y expuso su versión de los hechos. ¿Por qué no había renovado? “El club me hizo una oferta de un año con la bajada de salario [del 10% por la pandemia] y yo quería dos. Quiero recalcar que el dinero nunca fue un problema, que era un asunto de años. El presidente lo sabía. Y, llegados a este punto, en las últimas conversaciones acepto la propuesta y entonces se me dice que tenía fecha de caducidad. Nadie me lo notificó. Es súper respetable, pero me sorprendió”, relató en un discurso muy medido.Sus palabras fueron un ejercicio de equilibrismo entre mirar hacia adelante –”siempre le estaré agradecido al presidente por traerme. Me quedo con el último abrazo; no voy a hacer una declaración en su contra”– y deslizar el desgaste de la relación. “Con el tiempo he ido dejando el rencor a un lado, aunque me gusta contar la verdad”, añadió. Cuanto más insistía en huir del enfrentamiento, más se adivinaba su frustración. “Nunca he querido irme del Real Madrid”, se lamentó. Ante la insistencia de los periodistas en cuestiones que Ramos prefirió no contestar para no salirse del guion, sí dejó caer que le habría gustado que el presidente se hubiera sentado en la sala de prensa para responder a las preguntas. “Quizás no habría estado mal”, apuntó. Tampoco lo hizo tras la incendiaria misiva de Zidane.Con Ramos, los litigios laborales han sido varios en los últimos tiempos. Esta vez, sin embargo, no hubo una solución. A los 35 años y tras media temporada en la enfermería, las cartas del jugador no fueron suficientes para arrancar otra ampliación. Ni con su posición de inicio ni después, resignado ya a la postura inamovible en los despachos. Cuando no le quedó más remedio que atenerse a las condiciones del club si quería continuar, las normas habían cambiado. No figuraba en los planes de la cúpula. En ese proceso de desgaste, admitió haber dicho a la entidad que podía “planificar” la siguiente temporada sin él. “Mi negociación era al margen de la planificación”, trató de justificarse este jueves.Los casos de 2003 y 2018El proclamado giro será, pues, un cambio de ciclo en toda regla sin ZZ ni Ramos. Sus sustitutos ya están fichados: Carlo Ancelotti, un viejo zorro de los banquillos que conoce el paisaje madrileño y a quien ya destituyeron en 2015 en busca de “un nuevo impulso”, y David Álaba, el exjugador de Bayern atado hace tiempo, cuando las conversaciones con Ramos empezaron a torcerse. Dos cambios que, a falta de comprobar su eficacia futbolística, evidencian la pérdida de jerarquía y peso político en el vestuario.La historia moderna de Real Madrid es inquietante cuando pierde a la vez dos figuras de este calibre. Ocurrió en 2003. Recién ganada la Liga, Vicente del Bosque y Fernando Hierro salieron de forma abrupta. Con el primero querían “modernizar el librillo tradicional” del banquillo. Y con el segundo, rebajar el nivel de poder del camarín. El caso es que después sobrevinieron tres años sin títulos, cinco entrenadores (Carlos Queiroz, José Antonio Camacho, Mariano García Remón, Vanderlei Luxemburgo y Juan Ramón López Caro), un proyecto de “zidanes y pavones” fracasado cuando se lo ejecutó en su máxima expresión y un presidente, Florentino Pérez, que entregó la carta de renuncia.Iker Casillas y Cristiano Ronaldo, dos referentes de Real Madrid que terminaron dejando a disgusto el club. (Andres Kudacki/)Y también pasó en 2018. Las salidas de Zidane y Cristiano Ronaldo a pocas horas de levantar la tercera Champions consecutiva abrieron otro período de gran inestabilidad, también institucional, que sólo el regreso de ZZ fue capaz de calmar, porque en nueve meses habían ardido dos directores técnicos (Julen Lopetegui y Santiago Solari). Ahora volvió a irse el francés, ataque a la dirección incluido, y lo ha seguido Ramos, con incomprensión con la cúpula, en un momento en el que el club todavía no ha sido capaz de tapar el agujero ofensivo dejado por Cristiano. Y todo ello, en otro verano de pandemia debido a las estrecheces financieras tan comentadas por Florentino Pérez. Tiempo de cambios con reproches en Valdebebas.

Fuente: La Nación

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El médico José Luis Carreras se entusiasma cuando habla de la teragnosis, una pujante estrategia que funciona como un misil de precisión contra las células de algunos tipos de cáncer. Carreras, jefe de Medicina Nuclear en el Hospital Clínico San Carlos, en Madrid, habla de “resultados espectaculares” en determinados pacientes terminales. El médico recuerda el caso de un hombre alemán de 62 años, con cáncer de próstata y una diseminación masiva con metástasis en los huesos. Tras un tratamiento experimental con teragnosis en la Clínica Central de Bad Berka (Alemania), ocho meses después parecía limpio. Volvió a trabajar y a hacer deporte. Y tres años y medio después seguía libre de cáncer, según explicó Carreras en febrero en una sesión científica en la Real Academia Nacional de Medicina, en Madrid.Florencia Kirchner está internada en el sanatorio OtamendiLa teragnosis ha sido una de las protagonistas del mayor congreso anual dedicado al cáncer en el mundo, el de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), celebrado hasta este martes por internet. El término teragnosis es una combinación de dos palabras: terapia y diagnóstico. Con una misma molécula se puede diagnosticar y tratar la enfermedad. La estrategia, utilizada durante décadas contra el cáncer de tiroides, se está empleando ahora con resultados prometedores en otros tumores, como los neuroendocrinos y, sobre todo, el cáncer de próstata, el más frecuente en los hombres.El médico Michael Morris, del Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering, en Nueva York, ha presentado en el congreso de ASCO los últimos resultados de la teragnosis contra el cáncer de próstata avanzado. La técnica consiste en utilizar una molécula con alta afinidad por la PSMA, que es una proteína que suele estar en grandes cantidades en las células del cáncer de próstata. Para hacer el diagnóstico, esa molécula afín al PSMA se une a un elemento químico radiactivo, el galio-68, que brilla en una exploración con tomografía por emisión de positrones (PET). Para el tratamiento, la misma molécula se une a otro elemento químico, el lutecio-177, que emite una radiación local que mata a las células cancerosas. Es como disparar primero una flecha con una bombilla y después otra flecha con una pequeña carga explosiva.En el ensayo de Morris participaron 831 pacientes con cáncer de próstata resistente a la castración y metástasis, un tipo de tumor habitualmente letal. Los enfermos que recibieron el tratamiento con teragnosis vivieron 15,3 meses, frente a los 11,3 meses de los hombres a los que se administró una terapia estándar. Cuatro meses de diferencia —un 35% más— pueden parecer poca cosa, pero se trataba de pacientes prácticamente desahuciados, en los que ya habían fallado la quimioterapia y los tratamientos hormonales.Carla Vizzotti: “Hay límites, hay gente que decide no vacunarse por las mentiras”El médico José Luis Carreras subraya que los cuatro meses extra de supervivencia son un promedio. “Hay casos que no responden, pero hay algunos en los que la mejoría es espectacular”, señala. Su equipo del Hospital Clínico San Carlos va a participar a partir de septiembre en dos ensayos clínicos de teragnosis frente al cáncer de próstata avanzado. “Esto no es el futuro, es el presente. Es radioterapia molecular de precisión y personalizada. No es matar moscas a cañonazos, como otras técnicas. Es ir directamente a la célula tumoral, meterle radiación y destruirla in situ sin afectar a los tejidos sanos circundantes”, celebra.Carreras cree que en los próximos años llegarán moléculas “para todo tipo de tumores”, como el Inhibidor de la Proteína de Activación de Fibroblastos (FAPI), afín a las células de diversas neoplasias malignas. “Casi todos los tumores tienen fibroblastos [un tipo de célula abundante en los tejidos fibrosos] revueltos con las células tumorales. Con el FAPI puedes enviar la radiación a los fibroblastos, pero, como el alcance de la radiación del lutecio-177 es de uno o dos milímetros, destruyes también las células tumorales. La ventaja del FAPI es que vale para cualquier tipo de tumor”, apunta Carreras. El médico matiza que todavía hay pocas pruebas de la eficacia terapéutica de esta estrategia, en parte por la escasa dosis de radiación alcanzada en las células tumorales.El prometedor tratamiento experimental presentado en el congreso de ASCO, bautizado 177Lu-PSMA-617, estaba en desarrollo en la empresa biofarmacéutica estadounidense Endocyte. El gigante farmacéutico suizo Novartis anunció en octubre de 2018 la compra de esta compañía por unos 1700 millones de euros. Algunas investigaciones previas, como un estudio con 30 pacientes en 2016 en el Hospital Universitario de Heidelberg (Alemania), ya habían mostrado el potencial de esta estrategia.La oncóloga Teresa Alonso, del hospital madrileño Ramón y Cajal, cree que el margen de beneficio de esta terapia “seguramente será mucho mayor” si se administra antes a los enfermos. “El concepto es viejo, pero ahora se va a poner bastante de moda”, opina Alonso, también secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). La investigadora recuerda que es una estrategia similar a la que se ha utilizado durante décadas contra el cáncer de tiroides, en ese caso con yodo-123 para el diagnóstico y yodo-131 para el tratamiento. Estoy completamente vacunado contra el Covid-19 pero me siento mal, ¿debería hacerme el test?Y, en los últimos años, la técnica también se ha adoptado frente a los tumores neuroendocrinos, con una incidencia anual de menos de 10 casos por cada 100.000 habitantes. “La teragnosis es un concepto muy bonito y viene fortísimo para el tratamiento del cáncer de próstata”, aplaude la oncóloga. La investigadora, no obstante, mantiene los pies en el suelo: “Esto no es la cura del cáncer de próstata, evidentemente”.La propia presidenta del congreso de ASCO, la oncóloga estadounidense Lori Pierce, ha celebrado los resultados de la teragnosis frente al cáncer de próstata avanzado. “El éxito de este tratamiento muestra la importancia de investigar alternativas a las terapias tradicionales contra el cáncer”, ha afirmado Pierce en un comunicado. Michael Morris, jefe del departamento de cáncer de próstata en el Sloan Kettering, ha sugerido directamente que las autoridades estudien la posibilidad de convertir el 177Lu-PSMA-617 en un nuevo tratamiento estándar para estos pacientes.El médico José Luis Carreras lamenta la “lentitud” de las agencias reguladoras de los medicamentos a la hora de aprobar nuevas terapias. Uno de los problemas es su elevado precio. Carreras calcula que un tratamiento con teragnosis de un tumor neuroendocrino cuesta unos 65.000 euros por paciente. “Logra una supervivencia más larga que las otras alternativas y el precio es competitivo. No es más caro que la quimioterapia a la que sustituye”, argumenta.Por Manuel Ansede.EL PAIS, SL

Fuente: La Nación

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Los mechones de pelo que recogen del desagüe de la bañera cuando han terminado de ducharse, si es que pueden, son mayores que antes. Necesitan dormir 10, 12 horas, y se levantan como si no lo hubiesen hecho. Caminar 100 pasos les supone un esfuerzo, 300 a veces es imposible: ya no corren, ni montan en bici, ni entrenan. Tampoco huelen, ni saborean un plato nuevo, o el cocido de su casa de toda la vida. Ni un helado, ni un vino, ni una cerveza, ni un simple chicle. Han olvidado teclear en una computadora, hay palabras que no encuentran al hablar y no van de compras si no es con una lista escrita. No consiguen concentrarse en una serie de televisión más de 10 minutos. Dolores de cabeza, de piernas, en el pecho. Conjuntivitis, infecciones de orina, mareos.Ninguno de quienes sufren algunos de esta larga lista de problemas ha cumplido aún los 35 años, pero sus días son los de quien tiene 40 más y mil achaques. Se contagiaron hace meses de coronavirus, no llegaron a ingresar en el hospital y algunos incluso pasaron la infección con síntomas leves. Pero lo que vino después, dicen, no lo quiere nadie. Su vida, la de antes, se quedó paralizada en el momento en el que el virus llegó. Y no saben cuándo podrán recuperarla.Son pacientes con covid persistente o long covid, un término que la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Sanidad ya recogen. Este último la define como “un síndrome que se caracteriza por la persistencia de síntomas de covid-19 semanas o meses después de la infección inicial, o por la aparición de los síntomas tras un tiempo sin ellos”. Y sin que esté relacionado con cómo pasaron la enfermedad en un principio, “por lo que puede afectar tanto a pacientes leves como a graves hospitalizados”.Hay aún pocos estudios y muchos profesionales no conocen a fondo las dolencias que afectan a estos enfermos, que aseguran sentir muchas veces desamparo. Con lo que se conoce hasta ahora, la estimación es que lo sufren un 20% de los que contrajeron el virus unas cinco semanas después de la infección y uno de cada diez, más allá de los tres meses. La encuesta entre estos pacientes que el año pasado hizo la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) junto a los colectivos de afectados Long Covid Acts —la unión de los grupos de las distintas autonomías que reúne a unas 3.000 personas—, concretó un perfil: mujer, de 43 años, que lleva más de 185 días con síntomas que no desaparecen.Con más de 3,6 millones de contagios registrados en España, la cifra de personas con estas dolencias podría sobrepasar las 360.000. Paula Salcedo tiene 21 años; Miguel Méndez, 34; Bárbara Llorente, 31; Laila Martínez, 34, y Laura Fernández, 28. Son solo cinco de los alrededor de 70.000 que, según esas estimaciones, hay en Madrid. Si se les recuerda las imágenes de las celebraciones del pasado fin de semana tras la caída del estado de alarma, la respuesta es similar: un brevísimo silencio y palabras como “cabreo”, “indignación”, “rabia”, “miedo”, “repulsión” o “pena”. Saben que los que coreaban el sábado de madrugada “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual” no son la mayoría, pero no entienden que, tras un año y tres meses de pandemia, 713.185 contagiados y 24.011 muertos solo en Madrid, 79.339 en todo el territorio, haya quien todavía no perciba el riesgo para sí mismo y para los demás en apelotonarse en grupos, abrazarse, besarse y estar sin mascarilla aún siendo en la calle o en meterse en un piso con otra docena de personas.Paula Salcedo“Me levanto, doy 20 pasos, salgo a la terraza a que me dé un poco el sol, como, me tumbo. Esa es prácticamente mi vida”Paula Salcedo junto a su madre, María Jesús Cañas, el 13 de mayo de este año en su casa, en Madrid (Álvaro García/)Paula no sabe cómo se contagió, pero el sábado de enero del temporal Filomena se levantó con dolor de garganta y creyó que había cogido frío. Cuatro días y unos cuantos paracetamoles después, la vio su médico de cabecera y un test de antígenos le dio positivo en 15 minutos: “Ese mismo día empecé con todos los síntomas: falta de aire, dolores de cabeza muy fuertes, musculares. Estaba hecha un trapo pero tranquila, porque pensé que eran dos semanas”. Al día siguiente llegó la fatiga y desaparecieron el gusto y el olfato. Su madre, María Jesús Cañas, con quien vive, también se contagió. “Ella se recuperó al poco y a mí los síntomas se me fueron durante unos días, excepto la disnea, respiraba raro, y ni gusto, ni olfato. En el centro de salud me dijeron que era normal y me dieron el alta”. Días después, comprando en un supermercado, volvió el dolor de cabeza, el malestar y el dolor de garganta, “como si estuviese empezando otra vez”.Cuando a su madre también recibió el alta, salieron a pasear: “Me ahogaba, no podía, muchos mareos, dolor de cabeza”. Su médica le repitió que pasaría. “Tú, tira normal’, me dijo. Yo intentaba hacer como si nada, pero no era nada. Volví a llamar y me dijo que era muy aprensiva, que tenía ansiedad y que tenía que hacer mi vida. ¿Qué vida? Luego llegaron las taquicardias e infinidad de cosas que a día de hoy no han parado”. Estudiaba Protocolo y Organización de Eventos y tuvo que dejarlo, no podía fijar la vista ni concentrarse. Se acababa de comprar unos patines, están guardados en el armario. Cuidaba a un niño en su urbanización, en Boadilla del Monte, tampoco puede ya. Tiene insomnio. “Me levanto, doy 20 pasos, salgo a la terraza a que me dé un poco el sol, como, me tumbo. Esa, esa es prácticamente mi vida”, dice Paula. Intenta aguantar el llanto. Todas sus analíticas y pruebas salen limpias, pero hay días en los que ella piensa que ojalá no fuese así: “Que algo salga mal, que sepan qué me pasa, me pongan tratamiento y me cure”.Se han detectado hasta 200 síntomas distintos. Jesús Díez Manglano, presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), explica que la media, concomitantes, son 30: “No hay ninguna enfermedad que se manifieste con tanta sintomatología a la vez. Estamos ante una patología desconocida que puede provocar muchísimas molestias y muchas personas que viven con mucha preocupación o mucha incertidumbre, que no saben lo que va a pasar o lo que ha ocurrido”. Lo que sí han percibido, añade Díez, es que quienes a pesar de las dolencias siguen o intentan seguir con sus rutinas, “alcanzan una mejor funcionalidad con una disminución, si no desaparición, de aquellos síntomas que limitan la actividad”.La falta de certezas produce angustia en los enfermos. También en los profesionales de la salud. Hay una parte emocional y psicológica difícil de gestionar para todos. “Es un círculo vicioso. Cuando hay un componente de preocupación añadido, si yo limito mi vida, focalizo más en las sensaciones extrañas que tengo. La predisposición mental y la actitud mental es importante, pero la incertidumbre es complicadísima de manejar, más cuando estamos hablando de salud, y más con tanta opinión diversa”, ahonda el internista. En cualquier caso, afirma Díez, los médicos son científicos y como tal han de “proceder”: “Cuando tengo pruebas, digo ‘esto es así’, y cuando no las tengo digo ‘no lo sé’, pero no puedo decir ‘esto no es o no existe”.Ese “no te pasa nada” es algo que escuchan algunos enfermos de sus médicos de cabecera. La novedad de la infección y de los síntomas de covid persistente, sumada a la saturación que sufre el sistema sanitario, no ayudan a los choques que se producen de tanto en cuanto entre pacientes y profesionales por esta patología recién llegada. A veces, la privada es una vía de escape ante semanas o meses de espera para consultas o pruebas. Como ocurre en el caso de Paula.Su madre, autónoma, 52 años, ha tenido que dejar el trabajo, porque la atención que necesita es casi continua y el dinero no estira como para pagar a alguien el tiempo que ella pasaba fuera, más las consultas, más la vida diaria. No hay ayudas. “Entendemos que el foco está puesto en salvar vidas y vacunar, pero no se pueden olvidar de estas personas”, afirma María Jesús Cañas. “Hemos esperado tres meses para una consulta, dos meses para una prueba. Nos dicen que paciencia, pero es que se corta la vida de estas personas”.Pilar Rodríguez Ledo, responsable de Investigación de la SEMG y una de las principales impulsoras del proyecto de covid persistente —que ahora, junto a otras 47 sociedades científicas han elaborado una guía clínica de atención a estos enfermos, enviada al Ministerio de Sanidad— explica que esas dolencias que se solapan afectan a la calidad de vida y a la funcionalidad: “Estamos ante un problema de salud, pero no solo de salud, hasta un 70% de estos pacientes tienen problemas para mantener su actividad laboral o educativa”.Hay estimaciones, dice Rodríguez, pero no dato real: “No existe un registro de pacientes adecuado. Una vez que pasaba la enfermedad aguda, se daba el alta. Cuando volvían de nuevo se les daba de baja por el síntoma que tenían, no por la enfermedad. Es como si alguien tiene una neumonía y la baja es por fiebre, no por neumonía”. Por eso no hay registros claros, una inmensa mayoría de estos enfermos no están identificados o reconocidos; el cálculo es que “si entre el 10% y el 15% de los contagiados desarrollan síntomas de persistencia, con los contagios que hay, no solo los notificados, sino todos, estamos hablando de 500.000 personas”, dice Rodríguez.“Y si de ellos el 70% tienen limitaciones importantes para la actividad laboral, son unas 350.000 personas con problemas para trabajar. Y de ese 70%, si el 30% tiene limitaciones que se la impiden, estamos hablando de un número muy grande, más de 100.000 personas, que están seguramente con bajas laborales con otros motivos y otros diagnósticos, como síncopes, taquicardias, migrañas, diarrea… Pero el motivo es la covid”, explica. Esto se convierte “en un problema de salud, laboral, familiar y económico”, suma. “Los efectivos más jóvenes no pueden producir o los que encuentran empleo no lo podrán mantener, los que estudian no progresan de curso”.El pasado 1º de mayo, el colectivo Long Covid Acts publicó un manifiesto en el que pedían que se les reconociera derechos “como ciudadanas y ciudadanos”. “Personas en edad laboral productiva máxima y que hemos tenido que abandonar nuestro trabajo. Necesitamos que se reconozca la nueva enfermedad y se nos atienda debidamente para recuperar nuestra salud”, decía el documento, que añadía “una baja ajustada a la covid persistente y no a uno de los múltiples síntomas de ella” y la incorporación “paulatina” al trabajo. “Los que, en marzo del 2020, al inicio de la pandemia éramos un problema sanitario, nos hemos convertido, también, en un problema social y laboral que las autoridades responsables deben, porque nuestros derechos nos amparan, resolver y abordar”, cerraba el manifiesto.Miguel Méndez y Bárbara Llorente“De aquí a lo que suponga media hora, un kilómetro, no podemos hacer muchos planes”Bárbara Llorente y Miguel Méndez, en su piso de Madrid el pasado 13 de mayo (Álvaro García/)Del pequeño piso donde viven Miguel Méndez y Bárbara Llorente entra y sale a diario él. Su recuperación fue mejor, aunque un nuevo dolor de cabeza se ha quedado a convivir con sus antiguas migrañas. Llorente, diseñadora gráfica en una editorial, lleva de baja más de un año; Méndez, tras la suya, dejó su trabajo en la cocina del hospital Ramón y Cajal, donde se infectó, y consiguió entrar en la bolsa de profesores para dar clase en un instituto, para lo que se preparaba y donde ahora está a media jornada.¿El deporte al aire libre, el gimnasio, los viajes? Se acabaron. Pero él sabe que al menos ha recuperado una parcela de su vida. Ella no: “He mejorado y en cierto modo me he acostumbrado a vivir así, con limitaciones. Me da miedo salir lejos de casa por si me canso”. Dolor en pecho, garganta y cabeza, “mucho”, y un “agotamiento constante”. Bárbara Llorente corta a ratos el relato por la tos. Mientras, Méndez cuenta que hasta el supermercado supone una planificación: “Según el día, vemos hasta qué punto va a poder aguantar de pie. De aquí a lo que suponga media hora, un kilómetro, no podemos hacer muchos planes”.Ya no la ayuda en el baño, pero tiene presente ese y otros momentos, como la decena en las que tuvieron que ir a urgencias porque a ella le faltaba el aire. Las pruebas, sin embargo, “salían bien”, dice ella. A los cinco meses de haberse contagiado, le detectaron un tromboembolismo pulmonar. Acabó ingresada una semana. También se dieron cuenta de que caminaba “raro”. Hiperreflexia, fue el diagnóstico en una de las consultas poscovid en su hospital, una reacción anormal y exagerada del sistema nervioso involuntario.Pruebas y más pruebas. “Siempre con retraso”, dice ella. “Y lo entendemos, pero la desesperación es absoluta, mi próxima cita con el neumólogo es el 18 de noviembre”. Ambos están tomando antidepresivos. “Ves que tu vida no es normal”, dice él. “Miramos a veces las fotos de cuando salíamos de viaje, y esta limitación ahora…”, dice ella. Respira hondo y llora: “Es que van a abrir la piscina, que está a 500 metros, y ahora mismo no podría ir. Algo tan tonto como acercarme a la piscina”. Méndez resume: “La gente piensa que solo hay secuelas si pasas por una UCI, pero no es así. Esto es una lotería, yo trabajaba en el hospital y me contagié y no tuve opción, pero viendo lo del fin de semana pasado… Ellos sí la tienen”.A veces, muy pocas veces, alguien joven acaba en una unidad de cuidados intensivos, donde se trata a los enfermos más graves, los que no pueden respirar por sí mismos. No hay datos consolidados e Isidro Prieto, intensivista y tesorero de la Sociedad de Medicina Intensiva de Madrid, hace una estimación según sus ingresos durante la pandemia: entre un 5% y un 10% de los pacientes que llegaron a su unidad están por debajo de los 40 años. “¿Es probable que una persona joven acabe en una UCI? No, pero transmiten la enfermedad y tienen padres, abuelos, amigos y padres de amigos. Si el que yo esté bien, pero puedo transmitir la enfermedad y alguien tiene la posibilidad de morir no se ha entendido a estas alturas es que en algo hemos fallado”, dice. Y añade: “Que sea más improbable no significa estar exento, cuando somos jóvenes pensamos que somos inmortales, pero el riesgo existe”.Desde el pasado verano, la mayor tasa de contagios se produce entre los adolescentes y los adultos jóvenes. Cada semana, el boletín epidemiológico de la Comunidad de Madrid incluye la misma anotación: “En los últimos 14 días la mayor incidencia acumulada corresponde al grupo de entre 15-24 años”. Según el último, del martes, desde el 11 de mayo de 2020, la mayor incidencia se ha dado en ese grupo de edad, con 12.336 casos por cada 100.000 habitantes; y, en números absolutos, el de 25 a 44, con 208.467 contagios. En las dos últimas semanas, la población de esa edad ha registrado 6.973 contagios y los de 15 a 24 años, 2.795.“Quien acaba intubado en una UCI, tenga 20 o 70 años, acaba por el fallo de un órgano, que sobrecarga al resto, se ponen al límite y empiezan también a fallar, es lo que llamamos fallo multiorgánico, lo tienen la mayoría de pacientes”, explica Prieto. Y nada de lo que hacen allí para conseguir que salgan adelante está libre de complicaciones: “La ventilación mecánica genera problemas, el sedante y el relajante que ponemos genera daños, la patología por la que ingresan genera daño”.Cuando se despiertan, rodeados de tubos, desorientados, sin tolerar la comida y prácticamente inmovilizados, empieza la siguiente fase, recuperarse de ese paso por críticos. Es el síndrome post-UCI. “Pueden ser semanas, meses o años, depende de la gravedad y del paciente, pero las cicatrices, el deterioro cognitivo y físico, es grande, también el emocional. Se necesita apoyo psicológico y médico durante mucho tiempo”, dice el intensivista. “Esto no es salgo de aquí y sigo con mi vida como si nada hubiese pasado, y puede pasar”, advierte.Laura Fernández“Cuando estaba a punto de conseguir lo que había soñado desde que tenía siete años, todo se me fue a la mierda”Laura Fernández, cerca de su casa, en Madrid, el 14 de mayo de 2021 (Álvaro García/)Sin haber pasado por una UCI, Laura Fernández tiene más cerca que muchos otros jóvenes lo que ocurre en los hospitales. Su madre, profesional de la salud, fue la cadena de contagio, en marzo de 2020. Pasó con febrícula 55 días. Ni una PCR: “En aquel momento no había pruebas para nadie, pero el médico de cabecera de mi madre, que era quien le hacía el seguimiento, me dio por positivo”. Le duelen menos los síntomas del virus que haber tenido que aparcar la tesis doctoral. “Arqueóloga. Y cuando estaba a punto de conseguir lo que había soñado desde que tenía siete años, todo se me fue a la mierda”.En su casa pasaron miedo. Tiene además una hermana pequeña, discapacitada psíquica; se preguntaban qué ocurriría si les pasaba algo. “Si alguna empeoraba, se marcharía al hospital y la otra se quedaría con mi hermana”, recuerda. Todo le pesa, pero lo aguanta: “Los síntomas se fueron pero volvieron. No me vine abajo, he redirigido la carrera y ahora estudio oposiciones, para museos”. Pero no va deprisa. Le duele el pecho, tiene dos inhaladores de mantenimiento y uno de rescate, niebla mental y pastillas para que la ayuden a concentrarse, “no es una solución, es solo un parche”. Olvida caminos que ha hecho “40 veces”, palabras, y su vida social ha pasado “del 80 al 1”: “Veo a mi chico y porque vive a 15 minutos”. Llega a tener 160 pulsaciones en reposo y la saturación de oxígeno se desploma con cualquier esfuerzo.¿Ahora qué? “Ahora, a veces, odio un poco a la gente que se comporta como si no hubiese pasado nada, como si el resto no hubiese perdido a gente a la que quería. Veo los bares hasta arriba y me cabreo, la verdad”. Su ahora, solo el suyo, es seguir, algo que comparte con las alrededor de 700 personas que en Madrid forman parte del colectivo Long Covid Acts: “Mejorar, poder sacarme las oposiciones, recuperar mi vida tanto como pueda”.Laila Martínez“Empecé con problemas al hablar, al escribir, no conjugaba bien los verbos. Llevo tres meses en rehabilitación, leyendo textos de educación primaria”Laila Martínez, de 34 años, en su casa, en Madrid, el 13 de mayo de 2021El “cabreo” de Laila Martínez es algo mayor que el de Laura. Pidió las preguntas con antelación para esta entrevista: “Necesito escribirme las respuestas, se me olvidan cosas, me pierdo a mitad de las frases”. A lo largo de 46 minutos al teléfono, Laura tiene a su pareja cerca, por si se queda en blanco, y varias veces se hace el silencio: “Espera, que me he perdido”. Esta terapeuta ocupacional trabajaba para la Comunidad de Madrid, era parte del personal sociosanitario que hace valoraciones de dependencia. Andaba de acá para allá de centro en centro, de la sierra al sur, se quedaba cuando terminaba su jornada a ver el sitio donde estaba si aún no había estado nunca y si había algo “interesante”. Ahora, “las pruebas que hacía a quienes visitaba, no las paso yo”.Se contagió en la segunda ola, a mediados de septiembre. Correr, crosstraining, aerobic, lectura, todo fuera. Primero fueron los dolores de cabeza, la diarrea, dolor de estómago, muscular, mareos, calambres y sensación de estar febril sin estarlo. Al mes le repitieron la PCR, y con el negativo, el alta. “Entonces empezó la presión en el pecho, fui a Urgencias, no sabían por qué era. Ahora [los síntomas] van y vienen, algunos se mantienen, aparecen nuevos”. Intentó salir a caminar, cada día más. “Pero nada. Empecé a notar cosas extrañas, problemas al hablar, al escribir, no me salían las palabras, no conjugaba bien los verbos, mi marido me acompaña a la compra, porque a veces no entiendo a quien me habla”.Lleva tres meses en rehabilitación y con medicación. Lee y responde preguntas de textos de primaria con su logopeda. El lenguaje lo ha recuperado casi por completo, aunque sigue perdiendo el hilo de la conversación de vez en cuando. Le encontraron una calcificación en una válvula del corazón: “Me dicen que es muy raro en una persona joven, sin antecedentes familiares, pero no hay forma de saber si es por el virus”. Volvió a pillarlo sin saber cómo y después de vacunarse: “Ni siquiera salgo”. De una variante, la británica —la predominante en la Comunidad, con un 92%, según datos de la Consejería de Sanidad de este viernes—, según los resultados del análisis que mandaron a hacer con su muestra.Se le han sumado más síntomas: reacciones alérgicas, uveitis (una lesión ocular), se le cae el pelo, problemas de piel. “He mejorado mucho, pero estar durante ocho meses mala es difícil. Antes dormía seis horas e iba como un rayo, ahora con 10 la pila la tengo al 20%. Pero estoy bien, lo intento, si no, me hubiese tirado ya por un puente”.Un día después de la entrevista, el viernes, Laila Martínez tenía una consulta en un hospital público: “El médico especialista que me ha atendido me ha dicho: “Que tienes covid persistente… ¿pero eso qué es? ¿Sigues siendo contagiosa?”. Asegura que no es la primera vez que le pasa y le entristece, y le enfada, la falta de empatía con la que se encuentra a veces.Ella, a través del seguro médico de su pareja, también acabó yendo a la medicina privada y está asistiendo a rehabilitación respiratoria en un estudio de la Universidad Complutense. Sabe cuál es la situación de los profesionales, del sistema sanitario, “hasta arriba”, pero no deja de pensar que “las consecuencias las paga la gente, con su salud”. Ella, asegura, es una privilegiada porque puede pagarse la rehabilitación, “pero, ¿y quien no puede?”. Dice que llora y que es “como si tuviera principio de alzhéimer, todo lleno de post-it”. Dice que luchan, que siguen, pero que necesitan atención, investigación y “que la gente deje de hacer como si esto ya hubiese pasado, porque hay y puede haber mucha gente como yo. Éramos jóvenes y sanos y ahora tenemos vidas de personas mayores”.

Fuente: La Nación

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