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Cristian Mira

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Cristian Mira Messages

La crisis de la coalición gobernante tras la derrota en las PASO, que se tradujo en el cambio de gabinete, pone al oficialismo en la disyuntiva de desandar el camino que venía tomando para recuperar algunos votos externos o acelerar la carrera en la dirección a la que se dirigía para satisfacer a los propios.La carne, el punto crítico que separa hoy al campo del Gobierno, es uno de los temas que está en esa agenda. ¿Aliviará el cepo a las exportaciones para tender un puente hacia la producción o lo renovará el 31 de octubre próximo cuando vence el plazo del cupo de 50%?Por la bajante del Paraná: afirman que ya se perdieron exportaciones por US$620 millonesAlgunos analistas políticos, antes de las elecciones, sostenían que el clima de enfrentamiento con el campo le iba a jugar una mala pasada al Gobierno en la región pampeana. Los resultados de las PASO parecieron darles la razón, especialmente porque la oposición ganó en el interior bonaerense, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa. No es sencillo precisar si el cepo a las exportaciones de carne fue el factor determinante que provocó la pérdida de votos. Los productores agropecuarios no son mayoría en esos distritos. Pero quizás sí haya influido como un factor más en el contexto de una concepción ideológica que cree en el predominio de la intervención del Estado sobre la libertad de las personas. Es una sociedad que ha cambiado y es refractaria a las tutelas.En todo caso, el cepo a las exportaciones es el equivalente a ponerle un techo a las expectativas del negocio. Alcanza con recordar que lo más álgido del conflicto por la 125, en 2008, no fue por las retenciones móviles en sí, si no porque se establecía que el Estado se iba quedar cada vez con mayor proporción del ingreso de los productores si el precio de la soja aumentaba. En la ganadería se conocen de sobra las evidencias que dejaron las intervenciones vigentes entre 2005 y 2015.Los primeros movimientos del nuevo, en rigor ya conocido, ministro de Agricultura, Julián Domínguez, dan cuenta de una revisión de los números de producción y exportación de carne de los últimos meses. En el ruralismo comienza a especularse si crecerá la influencia de Domínguez sobre el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dado que este funcionario está entre los apuntados por la líder del espacio, Cristina Kirchner.En la estrategia de captar votos como sea puede ocurrir cualquier cosa, hasta lo inverosímil de hacer exactamente lo contrario a lo que dijeron en la campaña por las PASO. Será una curiosidad: tanto Alberto Fernández como la vicepresidenta defendieron al cepo para contener los precios de la carne al consumo.Aunque el kirchnerismo sobreactúe, no puede decir que la Mesa de Enlace y el Consejo Agroindustrial no dieron muestras de mesura, a costa de recibir críticas de productores que reclaman acciones contundentes. El cese de comercialización fue elegido como última opción. Antes, prefirieron recorrer el camino de la política. Un ejemplo lo dieron con la reunión que tuvieron esta semana con el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. Este mandatario, aunque no está alineado con Alberto Fernández, y mucho menos con Cristina Kirchner, fue contundente al declarar que el cepo a la carne debía ser levantado en forma inmediata. Y dio un paso más: habló también de los derechos de exportación, que debían ser reducidos gradualmente.El mensaje que llegó de Córdoba marcaba un contraste con la visión de los otros gobiernos provinciales que fueron muy cautos. Recién en las últimas 48 horas los gobernadores de La Pampa y Entre Ríos, Sergio Ziliotto y Gustavo Bordet, se animaron a expresar públicamente una posición contra las restricciones.Más allá de las provincias, el otro foco de discusión está en el proyecto de Presupuesto que elaboró el ministro de Economía, Martín Guzmán. El funcionario pidió extender hasta 2024 la facultad del Poder Ejecutivo para decidir sobre las alícuotas de los derechos de exportación (DEX) que vence en diciembre de este año. En la ley vigente se estableció que el Gobierno puede aumentar en tres puntos porcentuales los DEX vigentes hoy para el trigo y el maíz, en 12 por ciento. Si bien esta facultad no la aplicó, es un riesgo latente para el agro.El incremento de área sembrada en ambos cereales da cuenta que, pese a la incertidumbre, la producción tiene un mínimo de expectativa de razonabilidad en las decisiones económicas. Los precios favorables que se pronostican para la cosecha también influyeron en esta decisión. En medio de la desorientación sobre el rumbo que tienen que seguir, es un dato que cualquiera de las visiones que predominan en el oficialismo no debería dejar pasar de largo.

Fuente: La Nación

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Con un buen nivel de actividad en los dos últimos años, los fabricantes de maquinaria agrícola nacional buscan que ese fenómeno no sea pasajero. Como en muchos otros segmentos de la agroindustria, piden previsibilidad.En una entrevista con la nacion, Eduardo Borri, el nuevo presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma) tras la finalización del mandato por dos años de Néstor Cestari, sostiene, entre otras cosas, que en el país se puede construir un “Silicon Valley de la agroindustria”, que es necesario impulsar una ley de maquinaria agrícola y que los planes sociales deben ser reemplazados por trabajo en el sector privado.-¿Cuál es el escenario de la maquinaria agrícola?-Tanto 2020 como 2021 han sido meses muy buenos por múltiples causas, que coexisten y se complementan. Este gobierno puso a disposición de los productores créditos a tasas razonables. Veníamos a finales del gobierno anterior con tasas del 70/80 por ciento. Nadie hace nada con ese tipo de tasas. Pero hay un punto mejorable respecto de eso: a aquellos productores que tienen más de un 5% del stock de granos no se les otorgan créditos. En realidad, el Gobierno no interpreta que financiar la cadena de valor es tan importante como financiar al usuario final que es el productor. El gobierno nacional tiene un discurso pro-industria y medidas que acompañan. Hay que resaltarlo sin que esto signifique ser o parecer oficialista.La otra causa, que no es inherente a este gobierno ni al anterior, es que la Argentina se quedó sin dólares. Teníamos algunos rubros de maquinaria agrícola con el 30/40 por ciento de ventas de productos importados y 70 % nacional y hoy te encontrás que estás en el 90% nacional y el 10% importado.Pese a las caídas en las pizarras, en el horizonte se ven bajos stocks para EE.UU.-¿Cuáles fueron los otros factores que impulsaron la actividad?-El precio de los commodities y también la brecha cambiaria. ¿Cómo quedó la foto? Es un tema que vamos a trabajar en los próximos años en la industria. Hay un tema pendiente: tener muy buenas mediciones de lo que está pasando en la industria. Hay diferencias entre lo que muestra el Indec y lo que mostramos nosotros. Hay que sentarse junto con el Indec y generar una estrategia. No se puede controlar bien lo que no se mide. -¿A qué se refiere?-El Indec saca estadísticas de maquinaria de lo que es nacional o importado que no son reales. Una fábrica que está instalada en tal o cual provincia y cree que esa máquina nacional, y no lo es. Está mal medido. Es una responsabilidad nuestra lograr un trabajo conjunto para que eso se corrija.-¿Y en términos de trabajo?-Hemos visto un crecimiento del 20% en la mano de obra. Todos estamos tomando más gente. Pero hay un tema que está empezando a ser crítico, porque el 95% de las empresas está en el interior del interior, con poblaciones pequeñas, de 10 mil a 40 mil habitantes, si tenés que salir a conseguir 50 personas no es fácil.-¿Que no consigan esa mano de obra es porque no hay calificada o hay otra razón?-La gente que estaba formada ya se ocupó. Nosotros trabajamos con programas provinciales de capacitación en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Las fábricas estamos capacitando puertas adentro. En el interior las fábricas estamos con el trabajo a pleno. Llegó el momento de convertir los planes sociales en empleo genuino.-¿Y el escenario futuro?-Muchos asociados están haciendo inversiones en tecnología. No solo el productor o el contratista, sino estamos invirtiendo en maquinaria, tornos y equipos láser. Esto es muy bueno. Para adelante, todos se preguntan cuánto va durar. Tenemos que lograr que este ritmo de actividad se sostenga. Por ejemplo, con una ley de maquinaria agrícola que el sector está buscando: es la madre de todas las batallas. Vamos a Brasil y queremos vender nuestros productos. Si no estamos instalados y verificados por el Finame (agencia de financiamiento industrial del Banco Nacional de Desarrollo, de Brasil) no tenemos acceso al crédito, en reales, en moneda blanda no moneda dura. Tenemos que hacer la inversa acá. Si queremos estar instalados acá y queremos tener créditos a tasas razonables, en definitiva alguien lo está pagando, es porque se paga para fomentar el empleo argentino, no para fomentar el empleo de otro país. El núcleo de la duro de la ley es definir qué significa ser fabricante nacional, cuál es el nivel mínimo para que algo sea considerado nacional. En países vecinos no es que esté prohibido el producto importado. Si lo querés, vas a la banca privada y conseguís financiarte de una manera no pública. Es poner a los bancos públicos a ejercer ese músculo de industria nacional. Hoy esa preferencia no está. Lo que queremos es que haya una ley que dé previsibilidad, que trascienda a los gobiernos. Es política industrial, no es partidaria.-¿Y en qué porcentaje?-Estamos planteando que entre el 50 y el 60 por ciento de contenido nacional depende del equipo. Además, la ley debería tener un capítulo especial sobre exportación, para aquella empresa que genere divisas genuinas exportando maquinaria agrícola. Estamos en un mínimo de exportaciones, explicado por falta de competitividad sistémica. Estamos en una décima parte de lo que podríamos exportar. Esto se podría multiplicar con un plan. Caímos de 500 millones de dólares a 50 millones de dólares, que es nada. Nos pueden poner una regla, que nos digan ?está bien, protegemos esto, pero incrementen los valores de exportación o las cantidades de productos exportados’. presidente de la Camara de Fabricantes de Maquinaria Agricola, Eduardo Borri.
2021 (Marcos Pignani/)-¿Hay productores que plantean que si se protege a la maquinaria agrícola nacional ellos van a tener que pagar más por la maquinaria. ¿Ustedes qué opinan?-Puede ser interpretado así, pero no es lo que ocurre en la práctica. Hay fábricas que tienen 90 años vendiendo productos, otras, 50 años. Cuando yo digo que hay que tener una mirada sistémica, creo el productor tiene que entender que para que las cosas sean sostenibles en el tiempo hay que involucrarte con el otro y entender que si no lo pagás por un lado lo vas a pagar por el otro. Un país como el nuestro que no tenga industria no se puede sostener en el largo plazo. Yo también quiero cero retenciones y que lo que hoy se gasta en planes sea reemplazado por empleos que damos en nuestras industrias.Si hay algo que la Argentina tiene para vender es el conocimiento de su agricultura y su conocimiento agroindustrial. La Argentina tiene que tener el “Silicon Valley de la tecnología agroindustrial, su “Agro Valley”, así como existe el Silicon Valley en California con las empresas de tecnología. La región pampeana podría perfectamente serlo con el cruce de empresa, cámaras, universidades y clusters. Tenemos todos los condimentos para desarrollarlo en los próximos años.-¿Qué habría que hacer para alcanzar ese objetivo?-Es tener un pensamiento más sistémico y menos individual. Vengo de otras ramas de la industria, y veo que podemos alinear los planetas. Hemos sido los desarrolladores de la siembra directa y eso ha significado ser los menores consumidores de combustibles fósiles por hectárea del mundo. Yo levanto la vista acá y tengo a un productor que conoce de tecnología y que puede mejorar lo que yo fabrico. Es la cercanía con el productor.Hay muchas empresas que están tomando el conocimiento desde acá, de estos suelos, y globalizando desde afuera. Tenemos que aprovechar el conocimiento que generamos y globalizar desde acá.FinanciamientoPara Eduardo Borri, nuevo presidente de Cafma, uno de los puntos pendientes para mejorar es la cuestión de la competitividad y de la presión impositiva, como, por ejemplo, ingresos brutos. “Hoy un industrial dice ?tengo los estándares mundiales y tengo calidad, pero soy competitivo hasta el portón de la fábrica, abro la puerta y me atropella la realidad, no tengo la ruta en condiciones’”. Respecto de la relación con el Gobierno sostiene: “Como institución debemos ser desafiantes de los gobiernos de turno. Decir las cosas que están bien y las que están mal”. En cuanto al financiamiento, destaca el papel del sector privado. “Está acompañando. Hay líneas de inversión productiva. Todos los bancos están obligados a colocar. Desde Cafma estamos trabajando con un proyecto de pagaré bursátil en granos”, afirma.FichaEdad: 56 años Profesión y cargo: Ingeniero electrónico, presidente de Metalfor y de Bertotto Boglione Familia y origen: Casado con María Rosa. Tiene tres hijos: Santiago, Gerónimo y Marcos. Nacido en Marcos Juárez Lema “Tengo en el ADN que a las cámaras empresarias uno va a servir, no a servirse”

Fuente: La Nación

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Mientras en la campaña electoral destacados referentes de las listas oficialistas hablan de sexo y drogas, un sindicalista de la carne decidió arruinarles la fiesta y traerlos a la realidad cuando se le ocurrió hablar sobre las consecuencias que tiene el cepo a las exportaciones de cortes vacunos.Fue Daniel Roa, titular del Sindicato de la Carne de Santa Fe, quien informó que 150 trabajadores que habían sido suspendidos por la menor actividad no podían retornar a sus fuentes laborales debido a la extensión del cepo. Según la crónica de Mariana Reinke en la edición web de Campo de la nacion, el gremialista dijo: “los frigoríficos nos explican que tienen que desarmar turnos porque sus cámaras están repletas de carne y no tienen manera de seguir almacenando”. El gremialista, además, en declaraciones posteriores, añadió que estaban en riesgo unos 10.000 puestos de trabajo. Sí, en un gobierno que se autopercibe como peronista, los que se quedan afuera del sistema son los trabajadores.Un gremio cruzó a Kulfas por negar los despidos en los frigoríficos y amenazó con cortar rutasApenas conocida la decisión de renovar el cepo, publicada en una simple resolución del Boletín Oficial, el Consorcio de Exportadores de Carnes (ABC, en sus siglas en inglés) advirtió que “la prolongación de las limitaciones impactará sobre los puestos de trabajo, el nivel de remuneraciones de los trabajadores, el capital de trabajo y la capacidad de compra, con consecuencias sobre el mercado ganadero y toda la cadena en su conjunto, incluido el sector de la industria frigorífica que atiende al mercado local”.Como pocas veces antes quedó expuesta que la carne no solo involucra a los ganaderos, sino que se trata de una cadena de producción con eslabones estrechamente vinculados. El golpe que se da en un lugar resiente al resto.El impacto del cepo fue calculado en un informe de la Sociedad Rural Argentina, que estimó una pérdida de poco más de US$1000 millones desde que comenzaron las restricciones al comercio de ganados y carnes en abril pasado. Ese monto se discrimina en unos US$411 millones de merma para la actividad ganadera, US$165millones por la caída de ingresos de la industria frigorífica, US$59 millones por remuneraciones caídas, US$ 209 millones por el deterioro del efecto multiplicador y US$240 millones por la baja de las exportaciones.La Mesa de las Carnes, a su vez, se preguntó “¿tiene sentido seguir con una medida que afecta negativamente a trabajadores, a la inversión, a eslabones productivos, a la recaudación tributaria y a la liquidación de divisas de exportación?”. Ni hizo falta la respuesta.El único sentido, si es que lo tiene, es el electoral. En plena campaña por las PASO, pareciera que el Gobierno no está dispuesto a tomar una medida que sea interpretada por sus eventuales votantes como desfavorable para sus hábitos de consumo. Y a juzgar por la extensión del plazo para el cepo, 31 de octubre, dos semanas antes de las elecciones legislativas generales, es muy difícil que se haga algo diferente.Atrás quedaron las promesas del ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, de autorizar exportaciones de la “vaca china” y del ministro de Agricultura, Luis Basterra, de flexibilizar el cepo. Algunos dijeron que la resistencia a provocar cambios en la medida se originó en el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el jefe de la bancada kirchnerista en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner. “No tiene sentido preguntarse de dónde viene, al final la resolución la firmaron ellos”, dijo, amargado, un negociador de la cadena que se esforzó hasta el último minuto por obtener algún cambio. “Blindaron todo, ni siquiera lo prorrogaron por 30 días para que nos dieran tiempo a armar un esquema de trazabilidad para exportar la vaca china”, se lamentó.La rigidez del Gobierno dejó mal parados al Consejo Agroindustrial Argentino y a la Mesa de Enlace que no dejaron de apostar al diálogo y a la búsqueda de soluciones para no entrar en un camino de confrontación. Si el endurecimiento del malestar del campo se concreta luego de las PASO, el oficialismo no podrá decir que se trata de la influencia de la oposición sobre el ruralismo. Voluntad para sentarse en una mesa y encontrar una salida de consenso no faltó. La realidad de los números fue expuesta una y otra vez.La vigencia del cepo a las exportaciones solo beneficia a los exportadores de los países competidores de la Argentina en el comercio mundial de carnes que encuentran una oportunidad inmejorable para mejorar sus números. Todo, gracias a la eficiencia de la administración Fernández.

Fuente: La Nación

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La decisión de la empresa Bayer de dejar de vender en el país semillas de soja de la variedad conocida como Intacta reaviva las señales sobre la pérdida de competitividad del principal cultivo de la agricultura argentina.Aunque la compañía explicó que la decisión se motivó en una reorientación en sus estrategias de negocio, con el foco puesto en la agricultura digital, no deja de llamar la atención que sea la Argentina el único país de la región que haya sido exceptuado de Intacta. En Brasil, Paraguay y Uruguay, la soja resistente a insectos se seguirá comercializando.Subió 390% el aporte del campo por retenciones y en todo el año acercaría $830.182 millonesEs cierto, como señalan productores y técnicos, que la presión de los insectos es mayor en Brasil y Paraguay que en la Argentina, por lo que la expansión en el mercado de esa variedad tenía un límite respecto de las regiones agrícolas. Sin embargo, no es casual que sea la Argentina el país donde mayor controversia genera (y no se soluciona) el tema del reconocimiento al desarrollo intelectual en semillas y que sea, justamente, el lugar exceptuado para esta variedad.Hace más de dos décadas que no se puede elaborar una ley de semillas que reemplace la norma de 1973. Las reglas locales son inmunes a los cambios exponenciales que hubo desde entonces con el mejoramiento genético y, particularmente, con la biotecnología en primer plano. Hoy ya no solo es la transgénesis, sino los marcadores moleculares, la edición génica y la inteligencia artificial las herramientas disponibles para dar los saltos tecnológicos.Por supuesto que ha habido un sistema regulatorio que permitió el desarrollo de las variedades genéticamente modificadas, pero cuando se trata de fijar normas de largo plazo que aseguren el retorno de la inversión a los obtentores, el país ha fallado.Y no solo el problema lo ha tenido una empresa en particular con la soja sino que es la misma traba que le impide a los productores de legumbres o de algodón, por ejemplo, contar con materiales genéticos que les permitan mejorar su competitividad. Es la cuenta invisible de la producción, aquella que no se detecta cuando se habla de cosechas récord. Lo que se pierde por no hacer las cosas como corresponde.Más allá de la controversia que despertó en su momento la forma en que Monsanto buscó cobrar regalías, con posiciones a favor y en contra, lo cierto es que la falta de reconocimiento a la propiedad intelectual en semillas alcanza a toda la industria.“La salida de Bayer del negocio es una mala noticia para la industria, los semilleros, los agricultores y para el desarrollo productivo y tecnológico del país”, dijo Grupo DonMario (GDM), en un inusual comunicado para una compañía privada que contrastó con el silencio de las entidades técnicas de la producción y de la industria.Los conocedores del negocio interpretaron la decisión de Bayer como un respuesta a los costos que le demandaba el control del canon por Intacta. Sea una decisión empresarial que pueda tener una lógica en los números, lo cierto es que en la Argentina el reconocimiento al desarrollo intelectual en semillas, particularmente en autógamas, no se aplica. Y aquí no alcanza con echarle la culpa al populismo de los gobiernos que aplican políticas en contra de la producción agropecuaria. Durante la gestión de Cambiemos, si bien hubo intentos de que avanzara en el Congreso la aprobación de una nueva ley de semillas, no hubo fuerza política para que la norma se concretara.El retiro de Intacta, además, exhibe un nuevo retroceso en la competitividad de la soja en la Argentina. De la misma forma que el cultivo es el que mayor presión impositiva tiene con derechos de exportación de 33%, la falta de reglas previsibles hace que se cierre la puerta de una tecnología. Los números de producción lo están reflejando: en las últimas cinco campañas el área sembrada se redujo en un 19,5% y el rinde no puede superar las 3,3 toneladas por hectárea. Los 61,3 millones de toneladas de la campaña 14/15 parecen cada vez más lejanos. Se elogiará, en contraste, el crecimiento del maíz, pero cabe preguntarse si una parte de eso no es a costa del deterioro de la soja.A diferencia de lo que puede ocurrir en otras partes del mundo, la Argentina no tiene muchas más opciones para crecer en superficie destinada a la soja. Debe atender a la base del negocio.La presión impositiva, la falta de reconocimiento a la propiedad intelectual, los problemas de infraestructura y la estatización de la hidrovía son, entre otros, los factores que erosionan la competitividad del principal cultivo del país. Son señales de alerta.

Fuente: La Nación

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“Hace falta un Pacto Verde americano”, propone Fernando Vilella, director del programa de Bioeconomía de la FAUBA, en referencia al documento de los países del CAS. La propuesta se centra en revalorizar los sistemas de producción de los países de la región, basados en la eficiencia y el cuidado del ambiente. “La agricultura y la ganadería son las únicas actividades económicas que fijan carbono”, destaca Vilella en referencia a que el resto de las actividades como la industria y el transporte son emisoras netas de gases de efecto invernadero, pero no los capturan.Efecto cepo: casi el 18% de los productores pasarán superficie ganadera a agriculturaLa referencia del “Pacto Verde” alude al Pacto Verde lanzado por la Unión Europea que apunta a la neutralidad de carbono en toda su economía, pero también fija estándares para la importación de productos de otras regiones. Este último punto abre un debate si algunas de esas reglas no se transformarán en una barrera para arancelaria que impida exportar productos agroindustriales a la UE.Las críticas de los países europeos contra la producción de carne en los países del Mercosur apuntan hacia esa dirección. Esto se reflejó en las discusiones por el acuerdo Unión Europea-Mercosur en las que Francia, en defensa de sus productores ganaderos, arremetió contra la carne originaria de Brasil.“Hay sí una oportunidad de mejora en la certificación de la producción para desarrollar alimentos diferenciados”, apunta Vilella Para el especialista, desde un enfoque de bioeconomía, los países de la región pueden demostrar que la huella de carbono, tomando como base el balance entre emisiones y capturas, tienen oportunidades para exhibir sus sistemas de producción. Al respecto, destaca las experiencias que se están haciendo en trazabilidad y en explicar a los consumidores con herramientas como el blockchain cada paso de la forma de producir.Por otra parte, Vilella añade: “lo bueno del trabajo que llevó adelante el IICA y que recogen los países del CAS es que no solo se consideran a los países grandes en ganadería sino también a los de menor producción como Bolivia y Chile”.ImpactoEl documento de Gabriel Delgado y Diego Gauna destaca que el ganado bovino en las Américas representa el 44% de las existencias globales (64% si no se considerara a India). A su vez, las exportaciones de carne bovina de los países del Mercosur, más Chile y Bolivia, llegaron a US$14.000 millones en 2020. En términos globales, a su vez, representan el 38,6%. Además, señala que la carne bovina tiene un rol importante en el empleo directo e indirecto y en los “procesos de desarrollo territorial en los países del CAS”. Calcula que en Brasil emplea a tres millones de personas, en la Argentina, 420.000 y en Paraguay, 360.000. De allí que considera que son “centrales para la sostenibilidad económica, social y ambiental de los países del CAS”.

Fuente: La Nación

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Cualquier país que produzca un bien cuyo precio internacional atraviesa una senda alcista y le permita mejorar su balanza de pagos debería sentir un cierto alivio. Esto podría ayudar a corregir los desequilibrios de su economía. Si esa realidad entrañara algún riesgo podría prepararse con las medidas del caso, pero siempre en dirección de aprovechar ese momento. Nunca de desalentarlo.Esa definición general puede aplicarse a países relativamente normales, lo que no es el caso de la Argentina que no deja de sorprender con sus excepciones a la regla. Esto se comprobó en los últimos días cuando la vicepresidenta Cristina Kirchner calificó de “excelente y revelador” un artículo del diario Página 12 en el que se hablaba de “supuestas ganancias extraordinarias” de productores bonaerenses de maíz, soja y girasol y que no aumentar las retenciones implicaba un perjuicio para los ingresos del Estado y la población, por el impacto en los alimentos.La mayor brecha cambiaria podría demorar ventas de soja por más de US$6200 millonesAcaso pueda interpretarse el elogio de la líder de la coalición oficialista como un primer intento para forzar un aumento de los derechos de exportación. En diciembre próximo vence la ley que impide no incrementar en más de tres puntos porcentuales las retenciones al maíz y al trigo (hoy en 12%) y no pasar el 33% en soja. Esa decisión es potestad del Congreso que, elecciones mediante, modificará su composición antes de que termine el año.En cualquier país medianamente razonable, las autoridades trabajarían para evitar los eventuales desequilibrios. En vez de aumentar la carga impositiva sobre los sectores productivos que, a la larga, provoca un desaliento a la inversión, desarrollarían herramientas específicas con los procesadores de alimentos o la población más vulnerable. Créditos, mercados de futuro o ayudas directas son algunas de las medidas que, eventualmente, podrían aplicarse. En cambio, aquí predomina la teoría de la “maldición de producir materias primas” y se cree que es correcto aplicar una protección generalizada. Así, se subsidia a quien compra medialunas en las panaderías de Recoleta o Puerto Madero mientras se vocifera la defensa de “la mesa de los argentinos”.La evidencia de los primeros gobiernos kirchneristas demuestra que todas las medidas de control y restricción no sirvieron para que los precios de alimentos bajaran. Además, provocaron un recorte de la producción que, a su vez, generó un escenario alcista de precios. La carne vacuna y el trigo fueron los mejores ejemplos del fracaso de ese tipo de medidas.Es cierto que los precios están en un nivel alto desde agosto del año pasado, pero solo unos pocos países responden a contramano. “En la Argentina y en Rusia renace el proteccionismo”, advirtió esta semana Ivo Sarjanovic, un experto argentino de larga trayectoria en el mercado de commodities, en una charla organizada por la Escuela de Negocios de la Universidad Di Tella. Para el especialista, el país “no está haciendo todo lo posible” como para aprovechar la tendencia alcista de los precios.Según Sarjanovic no hay un “superciclo” alcista de las commodities agrícolas como lo definieron algunos bancos de inversión, sino una reconfiguración de los precios relativos que no “durará más allá de 2022” debido a que la recuperación de la economía de este año se basó en políticas fiscales expansivas “que no son sostenibles en el tiempo”, dijo. Y explicó que hay una tendencia sostenida en los precios por la caída de los stocks de los países exportadores y por las masivas importaciones de China de granos forrajeros, aceites y carne, entre otros factores.En el mismo encuentro, Gustavo Grobocopatel, empresario agroindustrial y fundador de Los Grobo, dijo que la incertidumbre que hay en el país no brinda “señales claras que incentiven a un aumento de la producción”. No obstante, consideró que hay un rango de precios sostenido que se mantiene por el elevado nivel de la demanda. “En soja no veremos precios de US$160 como a fines de los años noventa, sí se moverá en un rango de US$300/US$500”, dijo.A largo plazo, tantos Sarjanovic como Grobocopatel recomendaron estar atentos a los llamados “cisnes negros” que pueden provocar un escenario rupturista. Entre otros ejemplos citaron la carne artificial, restricciones al uso de la tierra por cuestiones ambientales y un eventual salto en la productividad por el uso de la tecnología. Este es un escenario lleno de desafíos mayúsculos, que debería convocar a reflexiones y cambios de estrategias de largo plazo y no a análisis políticos de visiones estrechas.

Fuente: La Nación

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Los especialistas del negocio del ganado y las carnes no creen que con la prohibición de exportar algunos cortes vacunos que anunciará mañana el Gobierno se logre una baja de precios en las carnicerías.“Hay escasez de novillos para el consumo interno y el maíz y los terneros siguen estando caros”, explica el consultor ganadero Víctor Tonelli, consultado por LA NACION. Cepo a la carne: las entidades del campo asistirán a una reunión en Casa RosadaEn tanto, Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes de la República Argentina (Ciccra), sostiene que la mayor parte de los cortes que incluye la medida del Gobierno no se exportan.Del total de la producción de carne vacuna argentina, en 2020 se exportó el 28,1% y el 71,9% restante se vendió en el mercado local. A su vez, China es el principal destino de las ventas externas. Según el último informe de Ciccra, de cada diez dólares que se obtuvieron por exportar carne, ocho vienen del gigante asiático, que demanda fundamentalmente cortes que provienen de animales que están en el final de su ciclo productivo. En el mercado se los llamaba “vaca manufactura” y, en los últimos tiempos, “vaca china”.Tonelli sostiene que solo en 2021 comenzó a exportarse a China algo de los cortes parrilleros, pero en cantidades reducidas. “Una parte se estaba exportando a raíz de la habilitación de carne con hueso a China”, dijo, pero el grueso de los cortes (asado, vacío, matambre y falda) no tienen como destino los mercados externos.Según el especialista, más que la prohibición de exportar cortes podría llegar a haber algún freno en los precios como consecuencia de la oferta a precios populares que la industria frigorífica y los supermercados dispongan a partir de la exigencia del Gobierno.“Son cortes que se venden en los supermercados, en las carnicerías integradas y en el Mercado Central, quizá sirvan como referencia para frenar los eventuales excesos de los carniceros en los barrios”, evalúa. No obstante, destaca que el volumen comprometido en el acuerdo con el Gobierno representa el 7% del consumo anual de carnes.Por su parte, Schiariti advierte que la prohibición de exportar carne significa el regreso del Registro de Operaciones de Exportación (ROE), un trámite que en los primeros gobiernos kirchneristas debían gestionar los industriales frigoríficos para exportar.“Espero que no se repitan los hechos de corrupción que hubo en aquella época con la venta de ROE”, señala, y recuerda que en 2011 la entonces presidenta Cristina Kirchner disolvió la Oncca, la oficina donde debían tramitarse los ROE, por los escándalos de corrupción. “Los expedientes quedaron en un sótano del Ministerio de Agricultura que, casualmente, se inundó”, dijo.Para el presidente de Ciccra, el problema del precio de la carne es por la caída del poder adquisitivo del salario. “Salvo el Congreso que arregló un aumento del 40%, la mayoría de los gremios acordó por poco más del 30% y a cobrar de a poco”, recordó.Además, recordó que el patrón de consumo de carnes se ha modificado en los últimos 50 años. En el pasado, de los 100 kilos promedio por habitante al año que se consumían en el país, 96 kg. correspondían a la carne vacuna, cinco kilogramos a la de pollo y dos kilos a la de cerdo. Hoy, en cambio, se consumen más de 115 kg. de proteína animal, de los cuales unos 48 kg. son de carne vacuna, 51 kg. de pollo y 17 kg. de cerdo. De esa forma, consideró, que no era necesario restringir las exportaciones de carne.

Fuente: La Nación

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Las cifras récord de los precios internacionales y el aporte de divisas del agro a la economía pueden llevar a la creencia de que el sector es capaz de sortear todas dificultades. No importa cuántos impuestos o trabas para el comercio se establezcan si, al fin y al cabo, el campo es competitivo.Sin embargo, queda por fuera del radar lo que está ocurriendo en las raíces de esa competitividad. Un informe de la Fundación Pensar que se conoció esta semana da cuenta de la pérdida de lugares de los productores argentinos respecto de sus competidores de Uruguay, Brasil y Estados Unidos. Más de US$16.600 millones: fue récord el ingreso de divisas por el agro en el primer semestreAl comparar el poder de compra de un productor argentino respecto de sus pares de esos países, el trabajo revela que, para comprar el mismo tractor o cosechadora, aquí se necesita lograr más carne, leche, maíz y soja que los competidores.Por ejemplo, en kilos de novillo, el ganadero argentino debe producir un 73% más que el norteamericano, 28% más que el brasileño y 17% más que el uruguayo para comprar un tractor mediano de uso mixto de 115 a 120 HP de potencia. En litros de leche, tiene que lograr 88% más que en EE.UU., 65% más que en Brasil o 52% más que en Uruguay.Para el caso de la soja, un agricultor argentino, por ejemplo, debe producir 96% más de toneladas que su par de Brasil para adquirir un tractor mediano a grande, (200 a 230 HP), 71% más que uno de Uruguay y 103% más que uno de los EE.UU.En el caso del maíz, para ese mismo segmento de equipo agrícola, el productor local necesita que la cosecha sea 58% superior a la de un brasileño, 45% más que un norteamericano y 10% más que un uruguayo. La comparación fue realizada sobre la base de los precios de equipos de la marca John Deere, presente en los cuatro países.“Muchas veces se considera que, de alguna manera u otra, la soja, la carne, el maíz o la leche se van a seguir produciendo en Argentina pase lo que pase. Pero cada vez el acceso o no a la tecnología ya sea en maquinaria, software y hardware para agricultura de precisión, equipos de frío para tambos, y tecnología en general define qué países quedan en el mercado, y quienes salen de competencia”, advierte Luis Miguel Etchevehere, coordinador de la Mesa de Agro de la Fundación Pensar.El efecto de impuestos como los derechos de exportación, el cepo cambiario y otras distorsiones de la macroeconomía provoca un impacto negativo en la competitividad del sector.“No alcanza con la innovación solamente. Acceder o no, a comprar tractores, cosechadoras u otros implementos agrícolas a precios competitivos es fundamental”, añade Etchevehere.Se puede creer que con la fertilidad de los suelos de la región pampeana y un régimen de lluvias benéfico, más la capacidad de innovación de la producción argentina se pueden atravesar todas las barreras. Pero en algún momento la cuenta empieza a ser negativa. Y los países que tienen un potencial parecido al de la Argentina no se detienen a preguntar qué es lo que sucede aquí: avanzan y conquistan mercados. Alcanza, por ejemplo, con observar lo que ocurrió en Brasil en las últimas décadas con la carne. De ser un jugador marginal, hoy es líder en la exportación y con cortes que ingresan en los segmentos de demanda más exigente. Decir que “tenemos la mejor carne del mundo” puede ser autosatisfactorio, pero los competidores no descansan.Además del acceso a la mejor tecnología, también la infraestructura y la logística son cruciales para mantenerse en carrera. Sin embargo, el Gobierno está decidido a ir en la dirección opuesta. Esta semana se conoció el decreto por el cual otorga a la Administración General de Puertos (AGP) la potestad para el cobro del peaje para el dragado y balizamiento de la hidrovía. Al mismo tiempo, no está claro cómo se desarrollará la licitación para que un nuevo concesionario ejecute las obras. Tras la oleada nacionalista del kirchnerismo se reveló el verdadero objetivo: la caja.Los exportadores advirtieron que el futuro concesionario deberá golpear la puerta del Estado para reclamar el costo del trabajo que deberá encarar. La experiencia argentina demuestra lo que ocurre cuando son necesarios esos trámites. El riesgo, aquí, es que finalmente el costo logístico se traslade a la producción. En Brasil, que deben hacer más de 1000 kilómetros para trasladar la soja desde el campo hasta los puertos, deben estar celebrando el deterioro competitivo argentino. En este caso, la retórica nacionalista guarda silencio.

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De pronto, el Estado argentino descubre que la ganadería está estancada. Para salvarla tiene una idea brillante: restringir las exportaciones de carne vacuna y prometerles a los productores, al mismo tiempo, que tiene un plan para recuperarla. Esto no es ciencia ficción. Lo dijeron el martes pasado dos ministros del Gobierno, Matías Kulfas, de Desarrollo Productivo, y Luis Basterra, de Agricultura. En la transmisión por Youtube de la conferencia de prensa no se vio que se hayan puesto colorados.Como bien explica el consultor ganadero Víctor Tonelli, la ganadería argentina logró ser productiva en los últimos 30 años, pese a que perdió unas 23 millones de hectáreas por la expansión agrícola. Como se sabe, la ganadería dejó paso a la agricultura en aquellas tierras más aptas para cultivo que para criar animales. Si se considera ese proceso, la producción ganadera lejos de retraerse, que hubiera sido lo lógico, se expandió.Nuevo cepo a la carne: advierten que se perderán US$1200 millonesDesde el engorde a corral, que transformó proteínas vegetales en animales y permitió estabilizar la oferta de carne en el mercado interno durante todo el año, hasta las innovaciones en sanidad o en genética, entre otros cambios de manejo y tecnología la ganadería logró mantenerse en pie y expectante.Es cierto que podrían mejorarse los índices reproductivos y que hay una brecha entre lo real y el potencial, así como entre diferentes estratos de productores ganaderos y regiones. ¿Pero para eso se necesita un plan ganadero o se requieren reglas estables de mediano y largo plazo?En las asombrosas expresiones de los ministros Kulfas y Basterra, realizadas tras reunirse con referentes del Consejo Agroindustrial Argentino y de la Mesa de Enlace, no se escuchó ninguna referencia a las medidas que tomó el Estado argentino para que la producción ganadera y de carnes tenga los índices que tiene. Como por arte de magia, desaparecieron los ROE, los derechos de exportación, la fijación de pesos mínimos de faena, la convivencia y aceptación del comercio en negro, los precios máximos, la veda para consumir carne, la corrupción con las compensaciones y el ocultamiento de la fiebre aftosa (esto con la complicidad del sector privado), entre otros temas, que caracterizaron al contexto del negocio de las carnes y el ganado en las últimas décadas. Y menos aún se mencionó la inestabilidad constante de la economía argentina.Las consecuencias del nuevo cepo a las exportaciones, si no se revierte en el corto plazo, se irán viendo de a poco. “En distintos momentos van a perder todos”, señala Diego Ponti, consultor ganadero de Az-Group.En tanto, Miguel Schiaritti, presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de la República Argentina (Ciccra), prevé que se perderán entre 5000 y 7000 puestos de trabajo en la industria como consecuencia de la caída en la faena de los establecimientos frigoríficos. También estima que caerá el valor de la vaca manufactura.En términos económicos, la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentino (FADA) calculó que, anualizada, la merma de las exportaciones podría llegar a US$1200 millones. En un momento en el que la economía argentina necesita generar divisas por exportaciones, el Gobierno se da el lujo de despreciar a un sector que en 2020 había logrado ingresar al país unos US$2700 millones. Más curioso aún fue que luego del anuncio del nuevo cepo, los voceros oficiales se interesaban por transmitir que el presidente Alberto Fernández estaba dispuesto a retrotraer la medida si los precios al consumo se estabilizaban. “No quiere que sea permanente la prohibición”, decían también sin ponerse colorados.Es evidente que el cepo a las exportaciones de carne debe leerse en clave de campaña electoral, de cara a los comicios legislativos de este año. El consultor Diego Ponti recuerda que estas restricciones en años de votaciones fueron una constante de los gobiernos kirchneristas, pero advierte que una vez que pasan los comicios el precio de la carne al público vuelve a aumentar.Frente a ese escenario, tras el cese de comercialización por 14 días que promovió la Mesa de Enlace, se organiza para el 9 de julio próximo en San Nicolás, por parte de productores autoconvocados, una protesta para convocar no solo al campo sino a todos los otros sectores para expresar que medidas como el cepo no solo afectan a los ganaderos o a la industria frigorífica. Se verá si es el principio de una expresión más amplia o quedará como un hecho testimonial.

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Aunque el Gobierno congeló la tensión que se había generado con el campo por el cepo a las exportaciones de carne, las consecuencias de la medida ya se están empezando a sentir. Los primeros perjudicados son los trabajadores de la industria frigorífica que ahora no pueden hacer horas extras y solo cobran la garantía horaria. Esta semana, por ejemplo, el frigorífico Procesadora Ganadera Entrerriana, que colocaba el 75% de su producción en China y que emplea a 350 personas, anunció que paraliza sus actividades hasta el 21 de este mes.También comienzan a verse afectados los productores ganaderos. La caída en las cotizaciones que exhibió el Mercado de Hacienda de Liniers así lo demuestra. Resta ver si esta baja se trasladará a los mostradores tras una suba promedio en mayo pasado del promedio de cortes vacunos del 6,1%.El otro activo depreciado por la medida del Gobierno es la confianza. Así lo refleja la última encuesta del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral que tuvo una caída de 11 puntos porcentuales en su índice AgBarometer de mayo pasado respecto de marzo, al caer de 90 a 79 puntos.Fuerte reclamo de Córdoba y Santa Fe por la reapertura de exportaciones de carne“En un contexto de buenos precios internacionales, en el que los productores manifiestan en su mayoría buenos resultados económicos para la campaña en curso (20/21), la explicación a este freno en la serie debe buscarse en el contexto político. Y, en relación al sentimiento de los productores sobre la medida, las palabras más mencionadas (en la encuesta) fueron ‘error’, ‘ignorancia’, ‘locura’, ‘desastre’ y ‘desconocimiento’ “, sostiene el informe.En otras palabras, la producción agropecuaria venía con un envión importante y el Gobierno decidió ponerle el freno de mano. Como si la economía estuviera reluciente.En lo formal, amaga con dialogar. Esta semana, el nuevo presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, fue recibido primero por el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y un día después por el titular de Agricultura, Luis Basterra y por el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz. Más allá del carácter protocolar de los encuentros, Pino expresó la preocupación de los productores agropecuarios por la permanencia del cepo.Ese malestar ya se está haciendo sentir entre los productores de base. La Asociación de Productores Autoconvocados advirtió que, de continuar con las restricciones, seguramente volverán las medidas de protesta. “Debido a la difícil situación sanitaria y en consideración a la gente que está sufriendo no hemos hasta el momento profundizado las medidas de protesta; pero, sepan que de continuar en este camino volveremos a repetir la historia ya conocida, donde todos perdimos, pero el kirchnerismo principalmente”, dijeron en un comunicado. También adelantaron que no apoyan cualquier acuerdo que se firme con el Consejo Agroindustrial Argentino.Mientras tanto, el agro demuestra que en un contexto económico crítico es capaz de exhibir todo su potencial. Las liquidaciones de divisas del complejo exportador superaron los 13.000 millones de dólares entre enero y mayo pasado. Pese a que la cosecha de soja, cerca de finalizar, tendría un magro resultado de poco más de 43 millones de toneladas, en maíz, según informó la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el volumen llegaría a 48 millones de toneladas, dos millones más de los previstos en su anterior informe. Esto es debido a los muy buenos rendimientos obtenidos.Las condiciones climáticas juegan su parte, pero sin una vocación emprendedora que permite la incorporación de tecnología, desde híbridos hasta fertilizantes pasando por la revolución de la agricultura digital, esas cifras de producción no podrían alcanzarse. Cualquier señal o decisión que adopte el Gobierno para cortar ese proceso tendrá sus consecuencias no solo en el corto plazo, sino también en el mediano y largo plazo.El horizonte debería ser otro.En una jornada organizada por el Centro Argentino de Ingenieros, que preside Pablo Bereciartúa, el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), Gustavo Idígoras recordó que “la Argentina está estancada en 65.000 millones de dólares anuales de exportaciones y tiene un potencial para generar 100.000 millones de dólares de exportaciones anuales que crearían 700.000 empleos adicionales preservando el ambiente y que aportarían las divisas necesarias para evitar el financiamiento externo del país”.Mientras tanto, en el mundo ya hay un aumento de la demanda de bienes, particularmente de alimentos, a medida que paulatinamente se va saliendo de la catástrofe del Covid. La Argentina tiene todas las condiciones para responder a ese desafío.

Fuente: La Nación

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