9.15 – Por qué Joe Biden no hablará en el homenajeLa secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, confirmó que el presidente Joe Biden visitará los tres sitios de conmemoración en Nueva York, Pensilvania y Virginia, pero no dará ningún discurso en esos lugares, y que, en su lugar, difundirá un video.“El presidente sintió que era importante visitar cada uno de estos tres sitios para conmemorar las vidas perdidas, los sacrificios realizados, en un día que ha impactado a millones de personas en todo el país, pero ciertamente a muchas personas en esas comunidades. Para hacer eso, él asistirá a una ceremonia en la que varios otros expresidentes y funcionarios prominentes escucharán los nombres de esas vidas que se perdieron en ese período de tiempo “, dijo Psaki.“Luego va a colocar coronas para conmemorar las vidas y honrar a aquellos cuyas vidas se perdieron. Lanzaremos el video hoy porque queremos que escuche de él y él quiere que el pueblo estadounidense escuche directamente de él sobre lo que el 11 de septiembre significa para él 20 años después”.9.04 – El homenaje de la reina IsabelLa reina de Inglaterra, Isabel II, rindió un homenaje a las víctimas y sobrevivientes de los atentados del 11-S en un mensaje dirigido al presidente Joe Biden. “Tengo en el pensamiento y en mis oraciones – y las de mi familia y de todo el país- a las víctimas, los sobrevivientes y las familias afectadas, así como a los primeros que intervinieron y al personal de rescate”, dijo.La monarca, de 95 años, también rindió “homenaje a la resistencia y la determinación de las comunidades que se unieron para reconstruir” tras los atentados, los más mortíferos de la historia con unos 3000 muertos, incluyendo a 67 británicos.El himno estadounidense sonó durante el cambio de guardia en el castillo de Windsor, a unos 40 kilómetros de Londres, a donde Isabel II se retiró durante la pandemia.8.50 – Kamala Harris, rumbo a ShanksvilleLa vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, viaja junto a su esposo, Doug Emhoff, a Shanksville, Pensilvania, donde participará del homenaje a los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines, que se precipitó en una zona rural mientras los secuestradores se dirigían a Washington, posiblemente hacia el Capitolio o la Casa Blanca. Según se reconstruyó, los pasajeros lograron reducir a los terroristas para evitar el cuarto atentado.Kamala Harris y su esposo Doug Emhoff, se dirigen a abordar un vuelo antes de partir de la Base de la Fuerza Aérea Andrews en Maryland (MANDEL NGAN/)8.40 – La declaración de Obama“Hoy honramos a los casi 3000 hombres, mujeres y niños que murieron el 11 de septiembre de 2001 y a los héroes que siempre han corrido hacia el peligro para hacer lo correcto. Nunca olvidemos ese día y nunca lo demos por sentado”, tuiteó el expresidente Barack Obama esta mañana, y compartió una declaración por el vigésimo aniversario de los atentados. El exmandatario participará del homenaje en Nueva York junto a Joe Biden, su exvice.Today we honor the nearly 3,000 men, women, and children who died on September 11, 2001, and the heroes who have always run towards danger to do what’s right. Let’s never forget that day, and let’s never take them for granted. pic.twitter.com/VkN11wZAMh— Barack Obama (@BarackObama) September 11, 20218.35 – LA NACION en Nueva YorkNuestro corresponsal en Estados Unidos, Rafael Mathus Ruiz, contará en vivo desde el memorial de Nueva York cómo se vive el vigésimo aniversario de los atentados.Veinte años después, Nueva York frena para recordar su trauma imborrable8.10 – Medidas de seguridadLas ceremonias de esta mañana tendrán lugar en medio de fuertes medidas de seguridad. “No consideramos la Zona Cero como el único blanco potencial mañana (sábado), vamos a proteger toda la ciudad. No hay amenazas específicas y creíbles contra la ciudad de Nueva York, en este momento. Pero desplegaremos recursos masivos para proteger a todos los neoyorquinos y a nuestros visitantes”, dijo el viernes el alcalde Bill de Blasio.7.50 – Las ceremoniasUna bandera estadounidense colocada junto con una foto de las Torres Gemelas y el nombre de Daniel P. Trant, un comerciante de bonos de Cantor Fitzgerald que murió durante el 11 de septiembre (Agencia AFP/)A diferencia del año pasado que fueron virtuales por la pandemia, las ceremonias de este año serán presenciales y contarán con la asistencia a partir de las 8.30 (9.30 en la Argentina) del presidente Joe Biden y su esposa Jill, que estarán acompañados por predecesores en el cargo, autoridades locales y familiares.El memorial de Nueva York será el lugar donde se reunirán muchos familiares de las víctimas, además del descampado en Shanksville, Pensilvania, y el Pentágono, en Washington, donde los terroristas estrellaron los otros aviones de pasajeros que secuestraron esa fatídica mañana.Biden visitará los tres sitios en el mismo día, y en Nueva York estará acompañado por Barack Obama, a quien sirvió durante dos mandatos como vicepresidente. George W. Bush, el mandatario durante los atentados y el padre de la “guerra contra el terrorismo” posterior, tiene previsto brindar un mensaje en Shanksville. Jimmy Carter, el más viejo de los presidentes vivos, no tiene ningún evento público.Donald Trump romperá el protocolo: comentará para la televisión una pelea de boxeo entre el excampeón de peso pesado Evander Holyfield y el excampeón de peso semipesado de UFC Vitor Belfort.7.25 – El mensaje de BidenEn un video publicado la víspera del aniversario, Biden pidió a los estadounidenses unidad. “Para mí es la principal lección del 11 de septiembre. En el momento de mayor vulnerabilidad, (…) la unidad es nuestra mayor fuerza. Eso nos hace como somos, y no podemos olvidarlo”, declaró el presidente en su mensaje.20 years after September 11, 2001, we commemorate the 2,977 lives we lost and honor those who risked and gave their lives. As we saw in the days that followed, unity is our greatest strength. It’s what makes us who we are — and we can’t forget that. pic.twitter.com/WysK8m3LAb— President Biden (@POTUS) September 10, 20217.00 – Un aniversario marcado por hitosLas ceremonias de este año cobran un especial significado. A la salida accidentada de las tropas estadounidenses de Afganistán tras la vuelta al poder de los mismos talibanes a los que desalojaron hace casi 20 años por cobijar a los ideólogos de los atentados perpetrados por Al Qaida, se suma la vuelta a cierta normalidad tras el zarpazo del covid-19, que se ensañó en particular con Nueva York.

Fuente: La Nación

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En agosto de 2015 fallecía a consecuencia de un cáncer Marcy Borders, recordada como la “dust lady” (dama del polvo) y cuya fotografía se convirtió en una de las más icónicas de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001.Fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres. Tenía su rostro y todo su cuerpo cubierto por el polvo que envolvió la Zona Cero después de que los edificios se vinieron abajo. 20 años después de los atentados, recordamos la historia detrás de esta emblemática imagen.Efemérides del 10 de septiembre: ¿qué pasó un día como hoy?La fotografíaEl 11 de septiembre de 2001, Borders recién cumplía su primer mes de trabajo en el Bank of America, cuyas oficinas se encontraban en el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center. “El edificio comenzó a temblar y balancearse. Yo perdí todo el control. Luché a mi manera por salir de ese lugar”, dijo Borders al diario Daily Mail en 2011.Desafiando las instrucciones de su jefe de que no debían salir, huyó por las escaleras y se refugió en el vestíbulo de un edificio cercano. Allí su imagen fue capturada por el fotógrafo Stan Honda. El autor de la instantánea recordó aquel momento en una publicación de Facebook en el décimo aniversario de los ataques.En 2002 Marcy Borders posó con el fotógrafo que tomó su imagen cubierta por el polvo en la Zona Cero (Photo Brigade/)“Una mujer entró completamente cubierta de polvo gris. Se notaba que estaba muy bien vestida para el trabajo y por un segundo se detuvo en el lobby. Pude hacer una toma de ella antes de que un agente de policía comenzara a dirigir a la gente hacia las escaleras”, escribió Honda en 2011.Borders, nacida en Nueva Jersey, no se dio cuenta que había sido fotografiada hasta que su madre vio la imagen al día siguiente y se puso en contacto con Stan Honda.ComplicacionesEn los años posteriores a los ataques, Borders sufrió cuadros de depresión severa y adicción a las drogas. Incluso perdió la custodia de sus dos hijos. “No trabajé en casi 10 años y en 2011 era un completo desastre”, le dijo a The New York Post en ese entonces. “Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”.Día Mundial para la Prevención del Suicidio: las cuatro estrategias de la OMS para salvar vidasSin embargo, después de una temporada en rehabilitación, logró desintoxicarse y recuperó la custodia de sus hijos. En noviembre de 2014 se conoció que padecía de cáncer de estómago. Borders afirmó que su mal fue el resultado de lo que vivió en 2001. “Definitivamente lo creo porque no tenía ninguna enfermedad”, dijo al diario estadounidense New Jersey Journal.“Yo no tengo la presión arterial alta, ni el colesterol alto, ni diabetes”. Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores, particularmente los rescatistas que trabajaron en los escombros de los edificios en los días y semanas posteriores a los atentados.Eso llevó a la creación de un fondo compensatorio durante el gobierno de Barack Obama.Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posterioresFallecimientoEn entrevistas en los años que siguieron al ataque, Borders culpó de su cáncer al polvo y las sustancias contaminantes que aspiró mientras escapaba del World Trade Center.Tras su fallecimiento en 2015, Juan Borders, primo de Marcy, la llamó “heroína” y aseguró que “sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S”. “Además de la pérdida de tantos amigos, compañeros de trabajo y colegas durante y después de ese trágico día, los dolores del pasado encontraron una manera de resurgir”, dijo.Noelle, hija de Marcy Borders, le dijo al diario estadounidense New York Post que su madre peleó una batalla increíble. “Ella no sólo es la ‘dust lady’, es mi heroína y vivirá para siempre a través de mí”, concluyó.

Fuente: La Nación

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Los ingleses exigen al resto del mundo que tolere sus rarezas —conducir por la izquierda— como deliciosas excentricidades a las que no piensan renunciar. Salvo que descubran que esas rarezas juegan en su contra. Entonces clamarán, como ha hecho esta semana el comentarista deportivo Jason Burt, del The Daily Telegraph, que resulta intolerable que “los aficionados británicos sean tratados como ciudadanos de segunda clase”. El Reino Unido, junto a Corea del Norte, Cuba, Afganistán y Turkmenistán, serán uno de los pocos países que este sábado no podrá ver el regreso de Cristiano Ronaldo, la megaestrella del fútbol, a la Premier League con el Manchester United después de 12 años. Se estrenará el próximo sábado a las tres de la tarde (cuatro, hora peninsular española) en Old Trafford. El portugués regresa al equipo en el que comenzó su meteórica carrera y el primer encuentro lo disputará contra el Newcastle.Por mucho que truenen algunos periodistas y aficionados —otros defienden la regla contra viento y marea—, el partido más esperado de los últimos años estará vetado (al menos, en directo) para los telespectadores ingleses. Se aplicará a rajatabla la regla del blackout (apagón). En la década de los sesenta, Bob Lord, el presidente del Burnley, un club histórico que fue de los primeros en convertirse en profesional, convenció al resto de directivos de que los partidos televisados de los sábados perjudicarían a los equipos pequeños. Sería muy difícil, les explicó, convencer a los aficionados de que acudieran a apoyar a su equipo local si en ese momento se retransmitía, por ejemplo, un Manchester United-Liverpool. Y las finanzas de esos clubes se verían claramente perjudicadas.Una sensación única.?? @Cristiano pic.twitter.com/R0e2p1bWS0— Manchester United (@ManUtd_Es) September 11, 2021Desde entonces, ningún partido de la Premier o de la Football League se retransmite desde las 14.45 a las 17.15 hora inglesa. Ni encuentros ingleses, ni de ninguna otra parte. De hecho, Sky Sports retransmite LaLiga, y tarda 15 minutos en conectar cuando el encuentro transmitido comienza a las cinco de la tarde.El Manchester United-Newcastle del sábado, la reaparición de Ronaldo, estaba programado para las tres de la tarde, y no ha habido tiempo, ni voluntad, de reasignar el horario. Así que los aficionados, o los pubs, respetuosos de la ley y el orden, se quedarán sin ver en directo por televisión la reaparición de la leyenda portuguesa. Tendrán que esperar a verlo en diferido, en el programa Match of The Day, en la BBC. O escuchar la retransmisión a través de la radio. La BBC ya ha anunciado que piensa dedicar cobertura especial al encuentro.Es evidente que serán miles las personas, en su mayoría jóvenes, que se las ingeniarán para poder ver por internet la retransmisión de un encuentro del que van a poder disfrutar el resto de Europa, América y Asia. Aunque la UEFA acabó incorporando esta regla a sus estatutos (artículo 48), solo Inglaterra ha usado esa prerrogativa de bloquear las retransmisiones deportivas durante dos horas y media. Ninguna otra competición europea ha echado mano de una práctica que, por muy buena intención que tenga, no ha demostrado en absoluto su eficacia. Los seguidores de clubes locales tienen normalmente una pasión que escapa a cualquier lógica, y difícilmente van a dejar de ir al campo por mucho que Ronaldo vuelva a pisar Old Trafford.A pesar de todo el entusiasmo y atención provocados por la reaparición de Ronaldo en la Premier, la dirección del Manchester United no ha querido pelear un cambio de horario del encuentro. Hubiera importunado a muchos aficionados que tenían su sábado preparado de antemano, molestado a otros equipos y, sobre todo, habría abierto la puerta a la primera excepción de una tradición. Y eso, en Inglaterra, no lo logra ni Cristiano Ronaldo.

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus lleva más de un año, y los países atraviesan distintas realidades a medida que avanza el plan de vacunación en el mundo. El día 11 de Septiembre, en Ecuador
no se conocieron casos nuevos de enfermos y ninguna muerte, según lo detallado por las autoridades sanitarias.A la fecha, Ecuador acumula un total de 505.075 infectados por coronavirus, 32.426 muertos y 443.880 pacientes recuperados.Ecuador se encuentra en el puesto 53 de los países con mayor cantidad de infectados por coronavirus. La lista de los primeros diez se compone de la siguiente manera: Estados Unidos 41.741.693, India 33.208.330, Brasil 20.974.850, Reino Unido 7.168.806, Rusia 7.121.516, Francia 6.887.791, Turquía 6.613.976, Irán 5.275.567, Argentina 5.221.809, Colombia 4.926.772.Vacunación Covid 19 en Ecuador al 11 de SeptiembreLa campaña de vacunación contra el coronavirus en Ecuador alcanza un total de 13.351.482 dosis aplicadas al 11 de Septiembre. De esa cantidad, 9.929.240 personas recibieron una dosis, mientras que 3.422.242 ya tienen ambas dosis.Si se considera la densidad poblacional, Ecuador se encuentra en el puesto 56, con 806.940 dosis aplicadas. El listado es liderado por Malta con 1.898.999 en segundo lugar se ubica Maldivas con 1.803.411 y en el tercer puesto se encuentra Islandia con 1.586.883 de habitantes inoculados.

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus lleva más de un año, y los países atraviesan distintas realidades a medida que avanza el plan de vacunación en el mundo. El día 11 de Septiembre, en Chile
no se conocieron casos nuevos de enfermos y ninguna muerte, según lo detallado por las autoridades sanitarias.A la fecha, Chile acumula un total de 1.643.156 infectados por coronavirus, 37.178 muertos y 1.600.353 pacientes recuperados.Chile se encuentra en el puesto 25 de los países con mayor cantidad de infectados por coronavirus. La lista de los primeros diez se compone de la siguiente manera: Estados Unidos 41.741.693, India 33.208.330, Brasil 20.974.850, Reino Unido 7.168.806, Rusia 7.121.516, Francia 6.887.791, Turquía 6.613.976, Irán 5.275.567, Argentina 5.221.809, Colombia 4.926.772.Vacunación Covid 19 en Chile al 11 de SeptiembreLa campaña de vacunación contra el coronavirus en Chile alcanza un total de 26.794.302 dosis aplicadas al 11 de Septiembre. De esa cantidad, 14.056.388 personas recibieron una dosis, mientras que 12.737.914 ya tienen ambas dosis.Si se considera la densidad poblacional, Chile se encuentra en el puesto 9, con 1.472.869 dosis aplicadas. El listado es liderado por Malta con 1.898.999 en segundo lugar se ubica Maldivas con 1.803.411 y en el tercer puesto se encuentra Islandia con 1.586.883 de habitantes inoculados.

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus lleva más de un año, y los países atraviesan distintas realidades a medida que avanza el plan de vacunación en el mundo. El día 11 de Septiembre, en Venezuela
se registraron 1.263 casos nuevos de enfermos y 12 fallecidos, según lo detallado por las autoridades sanitarias.A la fecha, Venezuela acumula un total de 345.560 infectados por coronavirus, 4.179 muertos y 329.335 pacientes recuperados.Venezuela se encuentra en el puesto 72 de los países con mayor cantidad de infectados por coronavirus. La lista de los primeros diez se compone de la siguiente manera: Estados Unidos 41.741.693, India 33.208.330, Brasil 20.974.850, Reino Unido 7.168.806, Rusia 7.121.516, Francia 6.887.791, Turquía 6.613.976, Irán 5.275.567, Argentina 5.221.809, Colombia 4.926.772.Vacunación Covid 19 en Venezuela al 11 de SeptiembreLa campaña de vacunación contra el coronavirus en Venezuela alcanza un total de 4.000.000 dosis aplicadas al 11 de Septiembre. De esa cantidad, 2.900.000 personas recibieron una dosis, mientras que 1.100.000 ya tienen ambas dosis.Si se considera la densidad poblacional, Venezuela se encuentra en el puesto 130, con 128.912 dosis aplicadas. El listado es liderado por Malta con 1.898.999 en segundo lugar se ubica Maldivas con 1.803.411 y en el tercer puesto se encuentra Islandia con 1.586.883 de habitantes inoculados.

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus lleva más de un año, y los países atraviesan distintas realidades a medida que avanza el plan de vacunación en el mundo. El día 11 de Septiembre, en Paraguay
se registraron 74 casos nuevos de enfermos y 5 fallecidos, según lo detallado por las autoridades sanitarias.A la fecha, Paraguay acumula un total de 459.207 infectados por coronavirus, 16.033 muertos y 439.877 pacientes recuperados.Paraguay se encuentra en el puesto 60 de los países con mayor cantidad de infectados por coronavirus. La lista de los primeros diez se compone de la siguiente manera: Estados Unidos 41.741.693, India 33.208.330, Brasil 20.974.850, Reino Unido 7.168.806, Rusia 7.121.516, Francia 6.887.791, Turquía 6.613.976, Irán 5.275.567, Argentina 5.221.809, Colombia 4.926.772.Vacunación Covid 19 en Paraguay al 11 de SeptiembreLa campaña de vacunación contra el coronavirus en Paraguay alcanza un total de 2.123.997 dosis aplicadas al 11 de Septiembre. De esa cantidad, 1.837.008 personas recibieron una dosis, mientras que 286.989 ya tienen ambas dosis.Si se considera la densidad poblacional, Paraguay se encuentra en el puesto 103, con 309.867 dosis aplicadas. El listado es liderado por Malta con 1.898.999 en segundo lugar se ubica Maldivas con 1.803.411 y en el tercer puesto se encuentra Islandia con 1.586.883 de habitantes inoculados.

Fuente: La Nación

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Nadie imagina que un presidente puede ponerse a leer un libro de cuentos infantiles sobre “La cabra mascota” luego de enterarse de que su país está sufriendo un ataque terrorista. Pero es exactamente eso lo que hizo George W. Bush el 11 de septiembre de 2001 a las 9.05 después de que su jefe de Gabinete le dijo al oído “Un segundo avión golpeó la segunda torre. Estados Unidos está bajo ataque”.El presidente tenía previsto visitar esa mañana la escuela primaria Emma E. Booker, de Sarasota, Florida, y decidió no suspender la recorrida pese a que ya antes de ingresar sabía que una aeronave -sin saber cómo era- se había estrellado contra la Torre Norte en Nueva York.Ya sentado en la clase de lectura frente a los 16 alumnos de segundo grado, luego de que su entonces jefe de gabinete, Andrew Card, le dijo esas palabras al oído, Bush permaneció impávido durante siete largos minutos. Su imagen con la mirada perdida y mientras leía el libro infantil, fue objeto de críticas y burlas, especialmente luego del premiado documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore.Pero el recuerdo de los docentes y los alumnos presentes en el lugar, hoy ya adultos, es diferente.Stevenson Tose’-Rigell, uno de los estudiantes de la Escuela Booker, cuya madre, Gwen Tose´-Rigell, era la directora del establecimiento, recordó en una entrevista con LA NACION los hechos de esa jornada histórica.Stevenson junto a su madre, GwenGwen, que murió de cáncer en 2007, escribió incluso el libro The 9/11 Principal (”La directora del 11-S”), con un detalle de lo ocurrido en esa jornada histórica en la que el presidente visitó la escuela para felicitarlos por elevar los niveles de lectura de los estudiantes y por las calificaciones obtenidas en los exámenes.“Cuando llegamos esa mañana con mi mamá a la escuela había francotiradores en los techos y el servicio de Seguridad había puesto colectivos delante del edificio para que no se pudiera ver nada desde afuera. Además, nos revisaron a cada uno las mochilas antes de entrar”, recordó Stevenson.Gwen recibe al presidente Bush en la escuela BookerSu mamá fue quien recibió al presidente y lo acompañó a la sala de segundo grado donde lo esperaba la maestra Sandra Kay Daniels junto a los 16 alumnos.Los primeros tres minutos de la clase de lectura, Bush sonreía e interactuaba divertido con los chicos. Luego se acercó Card, le habló al oído y se retiró. Los siguientes 40 segundos, visiblemente impactado por la noticia, el presidente se quedó primero con la mirada perdida y por momentos se mordió el labio inferior. Observó a los periodistas ubicados al fondo de la sala (que en ese momento estaban mirando en sus teléfonos el mismo mensaje que él acababa de recibir de boca de Card) y recorrió con la mirada los rostros de los alumnos. Mientras la clase continuaba, en los 2,5 minutos siguientes Bush tomó el libro y simuló estar leyendo con los chicos, aunque en realidad miraba una y otra vez a los periodistas y por momentos se quedaba con la mirada perdida. Luego tuvo un breve intercambio con los alumnos y los felicitó por sus avances en la lectura. Finalmente, entró en escena Gwen, cerró la clase, y Bush se retiró a la biblioteca donde media hora más tarde daría su primer discurso al país sobre el ataque.“Yo creo que tuvo una reacción equilibrada. Estaba frente a 16 chicos, y todas las cámaras estaban viendo qué actitud tomaba”, dijo Stevenson.Dinasty Brown, otra de los alumnos, dio su visión desde su mirada infantil. “De pronto puso cara de inquietud, como cuando a alguien le agarra urgencia por ir al baño”.La maestra Kay Daniels, que dirigía la clase, también registró el cambio de actitud: “Luego que le habló Card me pregunté: ‘¿qué pasó? ¿hice algo mal?’”.Durante la campaña que lo llevó a la presidencia, el fuerte acento texano y sus modismos campechanos, el cliché de un vaquero norteamericano, habían sido uno de los activos de Bush. Pero ya en el gobierno, la intelectualidad de las grandes ciudades puso en duda sus habilidades como estratega para dirigir la principal potencia mundial, y hasta comenzaron a recolectar “bushismos” con sus frecuentes errores en público.Su versiónFrente a la comisión independiente que investigó los hechos del 11 de septiembre, el mandatario dijo que ante los alumnos tuvo “una reacción instintiva de proyectar calma, para que el país no vea una reacción exaltada en un momento de crisis”.Después de dejar la clase, el presidente se dirigió a la biblioteca de la escuela desde donde media hora más tarde dirigió su esperado mensaje televisado al país. “Hoy tuvimos una tragedia nacional (…). El terrorismo no podrá contra nuestra nación”, dijo.Stevenson recordó los momentos de tensión vividos luego junto a su madre en la sala de dirección. “En las horas siguientes no nos despegamos de la pantalla de televisión, mientras no paraban de sonar los teléfonos con llamadas de padres angustiados que querían venir a la escuela a buscar a sus hijos”.En un salto al presente, el exalumno de la escuela Booker expresó su apoyo a la retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán, a la que consideró “una decisión que debía ser tomada”. Pero la unió a sus recuerdos del 11 de septiembre de 2001: “Nuestras libertades siguen estando bajo ataque, y estos son momentos que cambian no solo la vida de los norteamericanos, sino las de todo el mundo”.

Fuente: La Nación

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“Permíteme comenzar mi recuerdo de los eventos del 11 de septiembre de 2001 diciendo esto: perdí a mi madre cuando tenía tres años”.Pasaron 20 años desde el día en que la vida de los Marshall cambió para siempre. Drake Marshall, el hijo mayor de la familia, aún no logra identificar qué parte de lo que recuerda de ese momento es cierto, y qué tanto es una invención de una mente de tres años que intentó llenar fragmentos de una historia en donde sabía que faltaba algo.Lo que sí es real es ese vacío irremplazable que lleva el nombre de Shelley Marshall, su madre, quien murió aquella mañana junto a otras 124 personas tras el impacto del vuelo 77 de American Airlines en el edificio del Pentágono.El fotógrafo de la icónica imagen del “falling man” del 11 de Septiembre: “Nunca olvido el ruido del impacto de los cuerpos contra el suelo”La mañana en la que el mundo se detuvo, el pequeño Drake, por casualidad o por milagro, no estaba en su salón de clases habitual en la guardería de la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Con la intención de que socializaran con otros niños, sus maestros habían decidido llevarlo a él y a sus compañeros a una sala distinta, justo en el lado opuesto al edificio en donde impactó el avión secuestrado por jihadistas.“Me acuerdo que estaba jugando con bloques de colores, construyendo un castillo con otro niño”, dijo Marshall, ahora de 23 años, en conversación con LA NACION. “Cuando el castillo estaba a punto de llegar a la altura de mi cabeza, una de las maestras tomó un banco, lo puso contra una ventana en lo alto de la pared y subida a él miró hacia el Pentágono. Y dijo: ¨Hay humo, está en el aire¨”.Donn Marshall junto a sus hijos, Drake y Chandler, afuera del Pentágono tras el ataque (Gza. Drake Marshall/)A partir de ese momento la película en su mente se vuelve confusa, tanto como la realidad que tuvo que vivir, que le sigue pareciendo un sueño. O una pesadilla. Entre el caos y el pánico, una maestra tomó en brazos a Drake, quien rompió en un llanto desgarrador, y huyó con él hacia el estacionamiento del lugar.“Mirando por encima de su hombro, recuerdo haber llorado y pedido ‘papi, papi’ una y otra vez”, relató. “Y entonces, de repente, ahí estaba él, corriendo por el estacionamiento con su traje verde”.El escalofriante relato de Joseph Dittmar, el sobreviviente del piso 105 de una de las Torres Gemelas: cuál fue su “mejor decisión”Este pudo haber sido uno de los primeros recuerdos en la mente de Drake. En la de Donn Marshall, según cuenta su hijo, el abrazo que siguió al encuentro con el pequeño y también con su hija Chandler –la hermana menor de Drake, que estaba junto a él en la guardería– quedó grabado como el mejor y el peor momento de su vida: sintió la felicidad inexplicable de ver a sus hijos sanos y salvos, pero también el dolor de darse cuenta de que, si Shelley estuviese viva, estaría allí, con ellos.“Más tarde, recuerdo la vigilia a la luz de las velas que tuvo lugar en todo el país, de pie en la oscuridad en la entrada de la casa de mis abuelos en Vienna, Virgina. Unos días después, recuerdo cuando mi papá me dijo que mi mamá no volvería”, rememoró el hijo mayor de los Marshall.Cada 11 de septiembre desde entonces, Donn Marshall, quien al igual que su esposa trabajaba en el emblemático edificio de cinco esquinas ubicado en Virginia, muy cerca de Washington, utiliza ese saco verde con el que murió y renació en un mismo día.Drake Marshall y su padre, en el memorial afuera del Pentágono (Gza. Drake Marshall/)“Siempre íbamos al Pentágono. Caminábamos alrededor del monumento [en homenaje a las víctimas] y mi padre nos contaba qué recordaba de ese día: cómo se ofreció de voluntario, pero había tanto humo en el interior que era demasiado denso para respirar, por lo que los bomberos no lo dejaron entrar; o cuando vio a un bombero solitario salir de la ventana de la planta baja con una bandera estadounidense. Siempre nos decía que le gustaba creer que la bandera todavía estaba en pie dentro de la oficina antes de que la sacaran”, recordó Drake.Drake Marshall (Gza. Drake Marshall/)Del Pentágono al té en la playaHace años que el aniversario de la muerte de su madre se volvió un día solitario. Al terminar la escuela, Drake se mudó a Boston para estudiar en la Universidad de Harvard, y hace apenas unos meses llegó a Escocia para comenzar su posgrado en Estudios Estratégicos en la Universidad de St. Andrews.“Cuando era niño, ese día se trataba de apoyar a mi padre y ahora lo hago lo mejor que puedo por teléfono. Sin mi familia, el 11 de septiembre es un día muy largo y contemplativo”, admitió.El banco en homenaje a Shelley Marshall afuera del Pentágono (Gza. Drake Marshall/)Drake asegura que en estos veinte años entendió de a poco la magnitud de lo que vivió. Al principio, todo le parecía confuso y absoluto: un día su madre estaba allí y al otro ya no volvería jamás. Ahora, al adoptar la geopolítica global como su vocación, logra comprender lo que implicó el mayor atentado terrorista en Estados Unidos para el resto del mundo.“Mis clases de posgrado todavía no empezaron de forma oficial y el 11 de septiembre y su efecto en el mundo moderno ya se ha discutido en nuestras lecturas previas al curso”, dijo a LA NACION, al tiempo que reflexionó: “No es algo de lo que pueda escapar nunca, pero cuanto más aprendo sobre el panorama general, más puedo ver el potencial que ese momento pudo tener para definir una era”.Shelley Marshall en el cumpleaños de su hija Chandler (Gza. Drake Marshall/)Comprar unas rosas y ponerlas sobre la arena; preparar el té favorito de Shelley; caminar por las costas del Mar del Norte. Así es como planea Drake conmemorar a su madre en el vigésimo aniversario de su fallecimiento. “Me sentaré a tomar el té con ella”, dijo.Y agregó: “Me gusta pensar que mi mamá todavía puede verme de alguna manera. Me pregunto si la he hecho sentir orgullosa”.

Fuente: La Nación

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NUEVA YORK.- La noche del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush brindó su primer mensaje al país como presidente desde el Salón Oval de la Casa Blanca. Fue un discurso breve, de poco más de cuatro minutos. Bush intentó poner de pie a un país quebrado tras haber sufrido el peor ataque de la historia –”pueden sacudir los cimientos de nuestros edificios más grandes, pero no pueden tocar los cimientos de Estados Unidos”, dijo–, prometió justicia, y, sobre el final, plantó con una frase el pilar de una doctrina que marcó el resto de su presidencia: “No haremos ninguna distinción entre los terroristas que cometieron estos actos y los que los albergan”, dijo.Nueve días después, en un discurso ante el Congreso, Bush lanzó la “guerra contra el terrorismo”, una brutal ofensiva militar jamás vista en la historia de la primera potencia global. Les dijo a los norteamericanos que debían esperar una “larga campaña”, diferente a todas las anteriores. Prometió justicia –una vez más– y una victoria. Y le advirtió al mundo: “Cada nación en cada región tiene ahora una decisión que tomar. O están con nosotros, o están con los terroristas”.Las dudas y las teorías que dejaron los atentados del 11 de SeptiembreDos décadas después, un nuevo presidente, Joe Biden, brindó un mensaje antagónico desde la Casa Blanca a un país fracturado, devaluado, más endeudado, golpeado por la pandemia del coronavirus, y cansado de guerras y ataúdes tapados con banderas. Biden abrió un nuevo capítulo en la política exterior de Washington: había llegado el momento, dijo, de terminar con “la era de grandes operaciones militares para rehacer otros países”.Ese giro doctrinario de Estados Unidos de un discurso a otro se forjó, en palabras de Winston Churchill, con “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas” a lo largo de dos décadas.Los talibanes recuperaron Afganistán y echaron por la borda veinte años de presencia norteamericanaEn esos veinte años, Estados Unidos sostuvo dos guerras en Irak y Afganistán y lanzó ataques en otros países, como Siria, Yemen o Somalia que costaron más de 8 billones de dólares y dejaron más de 900.000 muertos, incluidos civiles, y millones de refugiados, según el Instituto Watson de la Universidad Brown. El país nunca volvió a sufrir un atentado masivo como en la fatídica mañana del 11 de septiembre de 2001. Pero la amenaza terrorista perdura. Y las incursiones en Medio Oriente terminaron en una penosa retirada de Occidente de Afganistán, y un victorioso retorno de los talibanes al poder.De Bush a BidenEn esos veinte años, Estados Unidos y el mundo cambiaron. Recostado en la hegemonía que consiguió Estados Unidos con el fin de la Guerra Fría, y la bonanza económica de los 90, Bush gastó sin límites y desplegó el músculo del ejército más poderoso del planeta para arropar a un país en pánico. Osama ben Laden escribió que el atentado del 11-S buscó “destruir el mito de la invencibilidad norteamericana”. Lo consiguió: sus terroristas burlaron el andamiaje de inteligencia y seguridad más sofisticado del planeta, convirtieron aviones en misiles, y perpetraron el ataque más mortífero en la historia del país, peor aún que Pearl Harbor.La cruzada de Bush para evitar otro 11-S se apuntaló en la premisa de que una inyección –forzada– de democracia en los países árabes, su ambición de crear un “gran Oriente Medio”, llevaría a un mundo más seguro. Bush se movió de Afganistán a Irak, y en mayo de 2003 celebró la caída de Saddam Husseim desde un portaaviones con un cártel icónico: “Misión Cumplida”. “La batalla de Irak es una victoria en una guerra contra el terrorismo que comenzó el 11 de septiembre de 2001, y aún continúa”, afirmó.Lo que siguió fueron años sangrientos, el nacimiento de una era de insurrección y conflictos sectarios, la guerra civil en Siria y la fulminante aparición de Estado Islámico (EI), que alcanzó su punto cúlmine con la caída de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak. Occidente se enredó. El exitismo se transformó en escepticismo, y luego en cansancio y hartazgo.Barack Obama prometió poner fin a las guerras. Lo hizo en Irak, pero no en Afganistán, incluso después de la operación que mató a Ben Laden. Donald Trump –cuya irrupción desnudó, para muchos, la fragilidad doméstica del país– ofreció la misma promesa, y tampoco lo logró, aunque marcó la puerta de salida con un muy criticado acuerdo con los talibanes. Biden, quien en su época de vicepresidente de Obama ya era un crítico del intervencionismo militar, nunca dudó del punto final.La guerra de Irak fue otra decepción para Washington“Es hora de terminar la guerra eterna”, dijo Biden, en abril, al anunciar el repliegue final de Afganistán. Ni siquiera recalculó después del fulminante retorno de los talibanes a Kabul.“¿Cuántas generaciones más de hijas e hijos de Estados Unidos enviarían a luchar en la guerra civil de Afganistán cuando las tropas afganas no lo harán? ¿Cuántas vidas más, vidas estadounidenses, lo vale? ¿Cuántas filas interminables de lápidas en el Cementerio Nacional de Arlington? Mi respuesta es clara: no repetiré los errores que cometimos en el pasado”, desafió.“Es suficiente”Para Biden y los defensores del repliegue, es hora de enfrentar otras prioridades. China representa un desafío real a la hegemonía de Washington, el cambio climático demanda respuestas urgentes, y el país tiene que reconstruirse a sí mismo.Los críticos advierten que el repliegue alentará un nuevo germen terrorista en Medio Oriente. Biden y su equipo responden comparando al terrorismo con un cáncer metastásico desparramado en varios países. Es un legado del 11-S: las tareas de contraterrorismo, la cooperación en inteligencia y una mejor seguridad nacional han protegido a Estados Unidos de otro ataque masivo, y han atomizado al enemigo. En veinte años, el peor atentado fue el tiroteo masivo en la discoteca gay Pulse, en Orlando, donde murieron 49 personas, además del atacante, Omar Mateen, quien dijo actuar en nombre de Estado Islámico.Revelan la llamada que Osama ben Laden le hizo a su madre un día antes de los ataques del 11 de SeptiembreDaniel Byman, profesor de la Universidad Georgetown y experto en terrorismo y Medio Oriente, remarcó en un ensayo para Foreign Affairs que, después de años de metas ambiciosas, Estados Unidos se replegó a la misión de debilitar a los jihadistas y proteger el territorio, el homeland. Byman bautizó a esta estrategia la doctrina de “es suficiente”.“En lugar de una victoria decisiva, Estados Unidos parece haberse conformado con algo menos ambicioso: es suficiente”, escribió Byman. “Reconoce que aunque el terrorismo jihadista puede ser imposible de erradicar total y permanentemente, o los costos de intentarlo son simplemente demasiado altos, la amenaza puede reducirse hasta el punto en que mata a relativamente pocos estadounidenses, y ya no le da forma a la vida diaria en Estados Unidos”, completó.Otro trauma como el del 11-S puede forzar otro giro. En su discurso al Congreso, Bush anticipó que la nueva guerra de Estados Unidos comenzaba con Al-Qaeda, pero no terminaba ahí. Tenía razón. La amenaza terrorista perdura, y nada indica que vaya a desaparecer. Esa es, en definitiva, la verdadera guerra eterna.

Fuente: La Nación

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