Luego que un hombre, que realizaba actividad de turismo aventura, le tomara una fotografía a un Gato Andino y se la enviara a Dirección de Recursos Naturales Renovables, en septiembre de 2019. La secretaría provincial firmó, en aquella oportunidad, una resolución con Alianza Gato Andino (AGA) para avanzar en el tema. Como resultado se reconfirma la presencia de la especie dentro de la Reserva Natural Villavicencio en Mendoza .
Bajo el marco de un trabajo interinstitucional entre la AGA, el sitio RAMSAR Villavicencio de la Fundación Villavicencio y la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial, en julio del año 2019 se colocaron cámaras-trampa en diversas zonas de la reserva donde se priorizaron áreas con mayores probabilidades de obtener registros de presencia de la especie. Y se identificaron dos individuos de gato andino.

El gato andino es un felino solitario de tamaño pequeño, un poco más grande que un gato doméstico, que habita en ambientes áridos, desde el centro de Perú hasta Mendoza y Neuquén en Argentina. Prefiere sitios aislados, con presencia de afloramientos rocosos, donde habita su presa principal, el chinchillón (Lagidiumviscacia).
Esta dependencia de los roquedales, que están naturalmente aislados en el paisaje, asociada al difícil acceso y al carácter huidizo natural de los pequeños felinos, hicieron que sea una especie muy poco conocida a nivel mundial y se considera en amenaza de extinción en toda su distribución.
Las principales amenazas para este felino en la región son la cacería, por parte de los pobladores, ya sea por represalia o provocada por perros sin control, y el desarrollo de actividades de industrias extractivas que no incluyen a la especie en sus estudios de impacto ambiental.
Si bien en septiembre del año 2008 se realizó un avistamiento dentro de la Reserva Natural Villavicencio (RNV), que luego se confirmo por imágenes de cámaras trampa. Era imposible saber en su momento si correspondía a un animal residente o a un dispersante.
En el año 2012, la AGA publicó estudios referentes a la diversidad genética de la especie a escala global; y colocaron a la reserva como un sitio de importancia especial, ya que se encuentra ubicada en la zona de transición. Esta información alienta a que los esfuerzos de conservación de estas poblaciones son considerablemente importantes para la perpetuidad de la especie.
La Dirección de Recursos Naturales Renovables recuerda a la población que los animales de fauna silvestre no pueden recibir el trato de las mascotas. Que aquellos que se encuentren en presencia o conviviendo con la fauna silvestre se interioricen del daño que sus acciones pueden causar a estos ejemplares y el riesgo al equilibrio del Ecosistema que esto conlleva.
Por esta razón, el comercio y tenencia están prohibidos por la normativa en materia de fauna silvestre: Ley Nacional 22421, de adhesión 4602 y 7308, reglamentada por el Decreto 1890/05.
Para denunciar tenencia y comercio ilegal de fauna, se debe ingresar a siguiente sitio. También se puede llamar a la Dirección de Recursos Naturales Renovables: 0261 2457065, interno 25, o al 911.

Fuente: InfoCampo

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Slow Food, un movimiento alimenticio global con financiamiento del gobierno de Italia, lanzó la campaña “Meat the Change”, con el objetivo de llegar a gente de todo el mundo y alentarlas para que reflexionen sobre las consecuencias de sus decisiones alimentarias.
¿Llevas una vida muy slow?
Este es el título de un cuestionario corto sobre hábitos alimentarios que anima a los usuarios de las redes sociales a contestar unas pocas preguntas de elección múltiple, como por ejemplo: “¿Cuánta carne comes cada semana?” o  “¿Qué criterio seguís para elegir carne cuando compras?”.
“Los participantes sabrán cómo de slow es su vida y recibirán consejos personalizados para mejorar el hábito de consumo de carne”, aseguraron.
¿Qué significa exactamente ser más slow?
“Significa comer menos carne y de mejor calidad. Las granjas sostenibles garantizan la calidad de la carne porque anteponen el bienestar de los animales, que pueden moverse libremente por pastos abiertos y se alimentan con comida orgánica”, explicaron desde Slow Food.
Ser slow significa tener un impacto medioambiental bajo. La ganadería sostenible contribuye a la reducción de la deforestación, el uso de suelo y la desertificación. Así como también, puede ayudar a salvar la biodiversidad y a mejorar la fertilidad del suelo. Cuando la cría se lleva a cabo en pastos, un número menor de animales tiene un impacto menor en el clima.
Según la FAO, el sector ganadero, que emite el 14,5 % de la cantidad total de gases de efecto invernadero, es una fuente importante de gases que alteran el clima y acapara un tercio del suelo del planeta, que se utiliza para producir mil millones de toneladas de forraje (principalmente soja y maíz de monocultivos). Todo ello sin mencionar el uso de los recursos hídricos: el 23 % del agua disponible del planeta se usa para la ganadería.
“Este tipo de empresas ganaderas tienen un gran impacto en los ecosistemas en términos de contaminación por estiércol y emisiones de metano. Otro inconveniente importante es que este modelo considera a los animales meras máquinas de carne, sin tener en cuenta su bienestar y las lamentables condiciones en las que viven”, expresaron.
De acuerdo con Slow Food, el resultado final es la producción de carne barata y de baja calidad, una carne que empeora la salud pública ya que aumenta la resistencia a los antimicrobianos, así como los casos de cáncer y enfermedades cardíacas.
“Necesitamos revisar nuestro consumo para poder imaginar un futuro mejor”, finalizaron.

Fuente: InfoCampo

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Luego del anuncio del aumento de los derechos de exportación el año pasado, los productores del norte del país tuvieron un segundo “baldazo de agua fría” a sus expectativas, la semana pasada: la negativa oficial de que, por el momento, no habrá segmentación para ellos al pago de este impuesto. 
Infocampo decidió consultar a diferentes técnicos y productores en el NOA y NEA, de cara a lo que viene, más allá de que todavía los productores tienen el 100% de su cabeza en la planificación y ejecución del ciclo productivo que está en marcha.
Ezequiel Vedoya es coordinador de la región NOA del Movimiento CREA. Él está en la provincia de Salta, una de las zonas muy alejada de los puertos de exportación. 
“La verdad que es muy prematuro poder decir que va a pasar, si está claro que producciones como soja y maíz en las regiones de NOA y NEA se vuelven inviables en términos de rentabilidad. Ante este panorama se va a hacer menos soja y mucho menos maíz, lo que va a afectar los porcentajes de rotación”, le anticipa a Infocampo y, reafirma, refiriéndose al maíz, “esto último sí va a pasar. Es más, será lo primero que va a suceder”.
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En la búsqueda de soluciones para los agronegocios regionales, el coordinador trae una historia ya vivida para la producción del noroeste argentino. “Los productores van a salir a buscar alternativas productivas en las especialidades -poroto o chía- que pueden hacerse en la región lo que, muy posiblemente, tenga un impacto negativo en los precios de estos productos por exceso de oferta”, sostiene Vedoya. 
Para finalizar se lamenta, “habrá un parate muy grande en lo económico y en la faz productiva también”. 
Juan Pablo Goujon es productor en la zona de Charata, Chaco. Otra de las zonas, como el NOA, muy alejada de los puertos. Esta familia de productores es muy reconocida en Aapresid por su trabajo con la siembra directa y como defensores de las rotaciones en esa región. 
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El técnico destaca que, recientemente, participó de una reunión del Colegio de Ingenieros Agrónomos de la provincia y analizaron la próxima campaña con retenciones. Ahí aparecieron las primeras sorpresas. Bajo este contexto, los rendimientos de indiferencia (cubriendo todos los costos de producción) se posicionaron entre 45 a 55 quintales por hectárea, en campo propio versus arrendado, respectivamente.
“Aunque no parecen número muy altos, comparados con los de zona núcleo, esos rindes son más altos que los promedios de producción que tiene la provincia. Y con la soja sucede algo parecido”, advierte, dando a entender que la producción empieza a complicarse, sumado a que a los derechos de exportación, entre otros, se agregan más impuestos provinciales. 
La situación de los Goujon refleja la de muchos otros. Ellos, recuerda el técnico, vienen de una campaña “muy mala”, con significativas pérdidas productivas , en cantidad y calidad, por las inundaciones.
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“Cuando comenzamos a trillar la soja, el año pasado, esperábamos 30 quintales por hectárea. Se inundaron y rindieron, en promedio, 16 quintales. Sobre este rendimiento bruto pagamos nuestros impuestos provinciales. Sin embargo, cuando vendimos ese grano, con mala calidad, como empresa nos quedaron 8 quintales de rentabilidad”, explica, respecto a este golpe en las finanzas. 
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría entonces en las etapas con mayores niveles de retenciones, ahora están los cultivos de coberturas para aquellos productores que buscan mantener la sustentabilidad de los planteos. 

“Hacia lo que vamos el grueso de los productores, que defendemos la sustentabilidad, será a la práctica de un cultivo de cobertura -avena o centeno o Mellilotus- en rotación con soja de primera, algo de maíz o sorgo o girasol”, analiza y, en este punto, Goujon deja ver lo que realmente lo preocupa: “Este me parece que será el paso previo a que muchas zonas, como la nuestra, se dejen de sembrar ya que un productor debe tener muchos planetas alineados para captar algo de rentabilidad. El regreso de los derechos de exportación tiene patas cortas: todos sabemos que nos enfrentamos a tener menos producción de trigo, menos maíz y también girasol. Será un retroceso para los sistemas diversificados y estabilizados”.
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Hacia la zona de Santiago del Estero, Pablo López Anido, también referente de Aapresid y productor en la localidad de Bandera, manifiesta que, “los principales problemas los tendremos más con el trigo que con el maíz. En este último caso se sembrará menos, pero está muy sujeto a los precios de coyuntura. Con el trigo hubo más problemas con la comercialización durante la época de altas retenciones”, dice el técnico. 
Respecto a su zona de producción, comenta “hacia el sudeste de la provincia  estamos yendo hacia una mayor diversificación e intensificación de cultivos. El girasol está volviendo a los lotes, también el algodón, por eso el trigo es un cultivo muy importante, sobre todo, porque muchos campos que tienen napa alta y la siembra de invierno es depresora del agua subsuperficial”, aclara.  Finalmente, manifiesta que, si no es trigo, serán las cultivos de servicio la alternativa en esta zona ya que allí “existe mucha consciencia sustentable adquirida en la cabeza del productor“.
En el caso de que la coyuntura permita sembrar trigo, tendrán que definir la mejor opción, explica Lopez Anido: “Con retenciones, en Santiago del Estero supimos sembrar materiales de calidad panadera para obtener un valor diferencial en el pago del molino, en cambio, con buenos precios se apuntábamos a altos rendimientos”. 
 

Fuente: InfoCampo

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