Daniel Pelegrina estuvo este fin de semana en Junín de los Andes, en la Exposición Rural de Neuquén, donde dio un discurso contundente en relación a la suba de las retenciones.
Por un lado, el presidente de la Sociedad Rural Argentina reiteró el pedido de bajar el gasto público y exigió que el Estado muestre señales en ese sentido. “Si seguimos gastando por encima de nuestras posibilidades, no habrá espacio para bajar la altísima presión fiscal y al mismo tiempo la inflación seguirá destruyendo el valor de nuestra moneda”, dijo.
Paralelamente, recordó que en una reunión con la Mesa de Enlace, Alberto Fernández prometió evaluar los tres puntos adicionales en el aumento de los derechos de exportación, que elevarían el aporte de la soja al 33% y del maíz y trigo al 15%. “No estamos conformes ni con el 30%, ni el 12%, ni con el 9% ni con nada que discrimine al campo del resto de los contribuyentes“, disparó Pelegrina.
“Es hora de que se acepte: el campo fue, es y será el gran motor de la economía argentina. Argentina es un país eminentemente agroindustrial, guste o no guste. Apoyen al campo con políticas virtuosas que apuntalen la producción, la exportación y el empleo, y el campo va a sacar a la Argentina de la crisis, como lo hizo ya tantas veces en su historia”, sostuvo el dirigente rural.
 

Fuente: InfoCampo

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Dos excelentes campañas al hilo, en materia productiva y de agronegocios, espera la Argentina con mucha necesidad para todos los productores y la macroeconomía.
De continuar las buenas condiciones climáticas, sostiene el último informe publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario, se proyecta que las exportaciones del complejo agroindustrial argentino generen en el año 2020 un ingreso de divisas por US$ 26.330 millones, sumando los principales granos y productos derivados.
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Si se resta la salida de dólares por importaciones de soja, en términos netos, la agroindustria argentina exportaría bienes por un total de US$ 25.090 millones, US$ 280 millones por detrás del valor exportado en el 2019. Así, pese a que la producción de los cinco cultivos seleccionados caería un 6% anual, el valor de las exportaciones de granos y sus principales derivados apenas bajaría un 2% en relación al año anterior.
¿Cómo se compone el número? En el caso del trigo, cuya cosecha ya ha avanzado sobre el 99% de los lotes implantados estimándose una producción 2019/20 de 19,5 millones de toneladas. En este caso, el valor de las exportaciones proyectadas para el 2020 alcanzaría 2.460 millones de dólares, casi US$ 80 millones por encima del valor del año anterior. 
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Tanto el maíz como la soja, en tanto, se está completando actualmente la siembra 2019/20 de los cultivos, por lo que las proyecciones de producción son aún preliminares, advierte la entidad. 
En base a esto, se espera una producción 2020 de maíz de 49,5 millones de toneladas y 54 millones de toneladas para la soja y, de acuerdo a los precios que actualmente se esperan para los respectivos momentos de embarque, habrá: exportaciones anuales de maíz que podrían generar un ingreso de divisas por 5.440 millones de dólares en 2020, casi 500 millones por debajo del valor exportado el año anterior. 
Del lado de la cadena sojera, el complejo exportador líder de la economía argentina proyecta que para el año 2020 podría exportar poroto y productos derivados de su procesamiento por un valor total de US$ 15.660 millones de dólares, US$ 660 millones más que el estimado para el 2019.

Fuente: InfoCampo

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Este domingo, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, brindó una entrevista al cananl CN5, ya instalado en la Quinta Presidencial de Olivos y luego de su gira por el exterior. 
Como parte de la entrevista, fue consultado sobre el caso Vicentin y la posibilidad de estatización, una idea que había deslizado también Juan Grabois, referente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y del Frente Patria Grande, este viernes.
El presidente sostuvo: “El tema es un tema muy grave porque el Banco Nación otorgó un crédito por encima de lo que objetivamente podía hacerlo mientras que la empresa fallida tomó un crédito muy por encima de lo que podía pagar. Allí hay una investigación en marcha y está hablado con el presidente del Banco -Claudio Lozano-, que logró una información importante sobre este caso. Y…vamos a ver. Tengo en claro que es una empresa muy importante y es fuente de trabajo de mucho gente. Nadie quiere que la fuente de trabajo se cierre y todo indica, cuanto menos, que allí hubo un acto de enorme irresponsabilidad. Así que vamos a estudiar bien el tema”.
Por su parte, Grabois había dejado en claro, otra vez, su forma de ver el campo, la agroindustria y los agronegocios por medio de una publicación en su perfil de la red social Twitter. En este caso, sobre lo sucedido con el grupo agroindustrial Vicentin. Para él, en la estatización había un un camino de salida para esta situación. Asimismo, también responsabilizó a los “agronegocios” del hambre argentino.

La nacionalización de la agroexportadora Vicentin, que ha defraudado al Estado en miles de millones con complicidad de Macri permitirá avanzar hacia la soberanía alimentaria y enfrentar la lógica del agronegocio que es la razón estructural del hambre en Argentina.
— Juan Grabois (@JuanGrabois) January 24, 2020
 
Repasando los últimos hechos, algunas versiones la semana pasada sostuvieron que un préstamo millonario del Banco Nación habían dejado en jaque las finanzas de la entidad bancaria. Ante esto, el grupo salió a desmentir las versiones, este viernes, por medio de un comunicado oficial. 
En él, la empresa informaba que se alcanzó la cesación de pagos por la combinación de tres factores fundamentales: las fuertes inversiones, la crisis financiera nacional de año 2018 y la falta de crédito interno y externo. Allí menciona también que el Banco fue siempre un socio dentro del marco “institucional”.
Vicentin también presentó un plan de pago a sus acreedores en el marco de un Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) en el que ofrece pagar un 20% de la deuda con un piso de 30.000 dólares, dolarizar la deuda sin quita y prorratear el resto en un máximo de 8 años.
 
 

Fuente: InfoCampo

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Recientemente tuve la oportunidad de participar como orador en la “Semana Internacional Verde de Berlín” (Alemania), que es un foro anual, donde asistieron más de setenta ministros de agricultura, cientos de organizaciones civiles, de productores, industriales de alimentos, exportadores, periodistas, así como también organismos internacionales vinculados a seguridad alimentaria, comercio y producción de alimentos.
El tema central de debate fue la demanda creciente de requisitos ambientales para producir alimentos y sobretodo, promover el consumo ambiental, es decir, poner en la góndola de los supermercados únicamente alimentos y bebidas que demuestren ser menos contaminantes que los productos tradicionales.
¿Cómo alcanzar esos nuevos requisitos? La Unión Europea (UE), una vez más, ha tomado la iniciativa de liderar estos temas y ya lanzó el nuevo “Pacto Verde (Green Deal)” que es un plan plurianual para lograr descarbonizar su economía para el año 2030 y donde piensa invertir cerca de un trillón de euros. Para alcanzar ese objetivo debe readaptar su economía de servicios y consumo de combustibles a una sociedad de economía circular, reciclado, tecnológicamente de avanzada, con energías renovables y con alimentos certificados como carbono neutro.

Para ello están preparando propuestas regulatorias que se presentaran entre el año 2020 y 2021 que incluyen, entre otros temas, certificaciones ambientales obligatorias y posibles impuestos de importación al carbono que emitan los alimentos que ingresen a la UE desde terceros países. La actual conformación política de la Comisión Europea y del Parlamento europeo está plenamente alineados con este Pacto Verde.
¿Qué piensa el consumidor? Los supermercados son el ámbito de presentación de productos y cada vez más aparecen certificaciones ambientales. Las ONGs ambientales y de defensa del consumidor comparan productos europeos con extranjeros, criticando todo el tiempo a estos últimos como contaminantes y promoviendo evitar su consumo. Los consumidores sienten atracción por los productos locales, de pequeños productores tradicionales que, además, puedan demostrar prácticas ambientales y reduzca sus emisiones de gases efecto invernadero.
A los países del Mercosur, junto a algunos asiáticos, como Malasia e Indonesia, nos toca la peor parte. Documentales y entrevistas que muestran deforestación masiva, uso descontrolado de agroquímicos y grandes extensiones tecnificadas pululan semanalmente en canales de TV, radios y prensa escrita. Básicamente, nos critican con mucha fuerza que somos competitivos porque deforestamos grandes superficies vírgenes o de bosques nativos protegidos y no cuidamos el planeta. La discusión sobre el acuerdo Mercosur-UE, que empezara este año en el Parlamento europeo, será la tribuna más relevante para mostrar el rechazo contra la agricultura del Mercosur.
¿Qué sucederá con los países exportadores como Argentina? Tendremos grandes desafíos, porque lo más probable es que el Pacto Verde europeo termine en barreras a las exportaciones agroalimentarias. Nuestro país, junto a los demás socios del Mercosur, siempre solicitamos que las medidas en frontera para productos importados se apliquen con criterios científicos, es decir, que exista una relación directa entre la protección prevista y la medida aplicada.
La protección del ambiente es una cuestión territorial por lo que Europa no debería condicionar los sistemas productivos para proteger su ambiente. Sin embargo, hace años que este principio internacional se rompió, en manos de los Estados Unidos y la UE.
Podríamos decidir no vender a la UE (es el primer socio comercial como bloque) pero, el resto del mundo, en general, copia estas regulaciones y de hecho países como India, China, Rusia y otros están debatiendo medidas ambientales adicionales. Por lo tanto, no podemos evitar no enfrentar este desafío.

¿Qué debemos hacer? Lo primero que debemos hacer es no resignarnos. Tenemos mucho para mostrar y para hacer. En primer lugar debemos planificar como sectores productivos y exportadores una estrategia de descarbonizacion de nuestra agricultura, basada en tres pilares: la siembra directa masiva que reduce sensiblemente emisiones, consumo de combustibles fósiles y evaporación del agua. Esta práctica conservacionista ha demostrado ser la mejor del mundo en reducir la erosión del suelo en base a recientes estudios internacionales comparativos.
La segunda línea estratégica es mostrar que protegemos el “Gran Chaco” (segundo bioma de América Latina), es decir, no hacemos agricultura en zonas rojas ni amarillas y podemos trazar los granos que producimos para alcanzar estándares de no deforestación ilegal.
El tercer pilar es el más innovador. Debemos promover las certificaciones de carbono neutro de todos los productos alimenticios exportables. Para eso hay que asumir como metodología el balance de carbono que nos permita contabilizar el secuestro de emisiones de carbono sobre el ciclo de vida de cada producto. Las siete Bolsas de Cereales del país han lanzado, recientemente,  el programa de carbono neutro. Esta debe ser la iniciativa madre que guie la respuesta argentina frente a estos desafíos internacionales.
El mercado no premiara al que haga el esfuerzo, pero el mercado castigara al que no haga nada.

Fuente: InfoCampo

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