La comunidad científica conoce desde hace años cómo las plantas crecen en ambientes donde compiten fuertemente con sus vecinos por la luz y, para evitar ser sombreadas, asignan una buena parte de sus recursos a aumentar su altura, mientras descuidan otros aspectos fundamentales para su desarrollo, como las defensas ante el ataque de insectos o de enfermedades.
Es por ello que, especialistas de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el CONICET, llevaron a cabo una investigación que reveló el mecanismo molecular que explicaría ese fenómeno y, según sus responsables, el conocimiento adquirido podría servir para mejorar cultivos con interés agronómico.
“Nuestro grupo de investigación viene tratando de entender cómo, cuando las plantas crecen en altas densidades, priorizar su crecimiento mientras tienden a ser más débiles o a estar menos protegidas frente al ataque de patógenos y son más susceptibles a enfermarse”, informó Carlos Ballaré, profesor de la cátedra de Fisiología Vegetal de la FAUBA, investigador del IFEVA y del Laboratorio de Fotobiología Ambiental.
 
Ballaré, director del grupo de investigación que publicó su trabajo en la última edición de la revista científica Nature Plants, explicó que cuando aumenta la densidad, las plantas detectan cambios en la composición espectral de la luz y activan mecanismos de señalización que priorizan el crecimiento por sobre las defensas.
“Las plantas poseen un fotoreceptor llamado fitocromo que les permite, entre otras cosas, detectar si están cerca de plantas vecinas. Cuando perciben altas densidades, activan una enzima que degrada los precursores de una hormona denominada jasmonatos, que inhibe el crecimiento”, detalló.
De este modo las plantas pueden crecer más rápido en un ambiente competitivo. Pero al mismo tiempo los jasmonatos cumplen la función activar el sistema inmune de las plantas, brindándoles protección ante el ataque de hongos e insectos. Entonces las plantas crecen rápidamente, pero al costo de estar menos defendidas.
“El nuevo trabajo publicado establece un vínculo entre la señalización lumínica asociada a la percepción de plantas vecinas y la señalización de las defensas, relacionada con los jasmonatos”, afirmó el especialista.
En este sentido, la investigación permitió determinar que las plantas degradan los precursores de estas hormonas de defensa mediante la activación de una enzima de la familia de las sulfotranferasas.
“Suponemos que este mecanismo debe haber surgido evolutivamente como una estrategia para que cuando la planta está en una situación de alta competencia se concentre en lo urgente, para evitar que los vecinos la sombreen, y esa acción tiene un costo colateral porque la hace más vulnerable a los patógenos”, comentó Ballaré.

Este trabajo forma parte de su tesis doctoral de Guadalupe Fernández-Milmanda, quien además es la primera autora de la publicación. Las investigaciones involucraron cuatro años de trabajo y la colaboración de muchos becarios y docentes de la FAUBA, con ensayos en cámaras climáticas y en invernáculos del IFEVA, con la planta modelo Arabidopsis thaliana. La medición de los jasmonatos, que demanda equipamiento especializado, se realizó en el instituto Max Planck de Ecología Química. Además contó con la colaboración de investigadores de Estados Unidos y Suiza.
Aplicaciones
Ballaré señaló que si bien se trata de una investigación básica, el conocimiento generado podría, a futuro, tener un impacto agronómico. Se podrían desarrollar líneas de mejoramiento orientadas a manipular el mecanismo de inactivación de los jasmonatos y, con ello, mejorar la sanidad de las plantas cuando los cultivos están sembrados a altas densidades.

Fuente: InfoCampo

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Técnicos del INTA Orán, Salta, trabajan con productores de las comunidades originarias de La Junta y San Ignacio en el perfeccionamiento del deshidratado de las hojas de moringa para elaborar saquitos de té.
La Moringa oleifera es un árbol originario de la India, conocido por sus propiedades medicinales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sus hojas son ricas en proteínas, vitaminas A, B y C, minerales y poseen alto contenido de calcio y hierro. Además, los productos derivados de la moringa tienen propiedades antibióticas, hipocolesterolémicas e hipoglucémicas.
“Existe una gran demanda de productos más saludables. Por eso, junto con productores de nuestra zona, apostamos al perfeccionamiento permanente de las técnicas para el manejo de este cultivo que, además, se realiza de manera agroecológica y artesanal”, expresó Antonio Sangari, extensionista del INTA Orán.
Hasta ahora, los agricultores solo proveían hojas deshidratadas de manera artesanal.

“Con las capacitaciones, buscamos llegar a una cantidad suficiente para aumentar la escala de comercialización y el procesamiento con calidad uniforme”, indicó Sangari.
Gracias al acompañamiento del ProHuerta (el programa del Ministerio de Desarrollo Social y del INTA), el grupo de productores avanzó en el registro de una organización que les permitirá alcanzar nuevos acuerdos para ampliar la gama de productos y sumar mayor valor agregado a la economía local.
“Buscamos ajustar el manejo de las variedades que se consiguen y se adapten a la zona para que sean más eficientes en el proceso de producción y aprovechamiento de la planta”, describió el técnico del INTA, al tiempo que afirmó: “Esto representa una oportunidad económica y de agregado de valor para las familias”.
Asimismo, Sangari destacó el apoyo de la marca Moringa de las Yungas Salteñas que no solo provee la semilla, sino que asegura la compra de la producción, cuya venta está acordada con mercados de Buenos Aires. “Esta vinculación permitió a las comunidades ampliar las posibilidades de comercialización”, manifestó.
“Vemos el potencial que tienen los saquitos de té, sobre todo porque la producción de las comunidades originarias tiene un enfoque agroecológico”, indicó el técnico del INTA. Actualmente, avanzan en el registro de este nuevo producto.
El árbol milagroso
La moringa es un árbol que crece rápido y puede llegar hasta los 10 metros de altura, con una vida útil de cinco años. Tiene una copa que se abre en forma de paraguas, produce flores de aroma dulce y su fruto es largo y distintivo.
“La moringa puede dar de cinco a seis cosechas durante el año, por lo que representa un ingreso permanente y demanda de mano de obra a lo largo del año para las familias campesinas”, señaló Sangari, a cargo de las capacitaciones técnicas y organizativas de las comunidades.
En un futuro, esperan ampliar la gama de productos (en cantidad y calidad) haciendo foco en la producción agroecológica y en el respeto a la identidad de las comunidades originarias.

Fuente: InfoCampo

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