MADRIDLos mozos del hotel cinco estrellas donde se encuentra hospedada se desviven por atenderla. Que el jugo recién exprimido sea abundante y que el pan tostado esté caliente. Ella, que ha venido a esta ciudad para presentarse en el Hay Festival Segovia, agradece los esfuerzos y pide que nadie se tome demasiadas molestias. No son los lujos lo que valora, sino la libertad.Durante seis años y medio estuvo secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la mayor parte del tiempo encadenada al cuello junto con otro rehén en campos de concentración. Durante aquel calvario nunca dejó de tramar planes para escaparse y lo logró, pero en todas esas ocasiones fue recapturada. En 2005 se fugó junto con un compañero y sobrevivió durante una semana como anfibia: de día, escondida; de noche, en ríos oscuros, habitados por caimanes y pirañas, a merced de remolinos.Estados Unidos: estas son las vacunas que reconocería para viajeros internacionalesÍngrid Betancourt (Bogotá, 1961) era candidata a la presidencia de Colombia por el partido ecologista Verde Oxígeno cuando, el 23 de febrero de 2002, fue secuestrada por la guerrilla. Había renunciado a su escaño para dedicarse a la campaña y continuar por la senda de sus padres, ambos reconocidos políticos. A menudo sus secuestradores iniciaban largos traslados por la selva para burlar al Ejército. Cuando Juan Manuel Santos –quien luego recibiría el Premio Nobel de la Paz– asumió como ministro de Defensa, pidió ayuda al por entonces primer ministro británico Tony Blair, y con el respaldo del senador estadounidense John McCain y del presidente francés Nicolas Sarkozy elaboró un plan de rescate, la Operación Jaque. El 2 de julio de 2008, después de dormir atada al respaldo de una cama, ella y otros catorce rehenes fueron rescatados por el Ejército y subieron “como zombis” a un helicóptero.Cuando vio que sus captores eran reducidos, supo que había sido liberada. Este momento dramático y el proceso de paz que vive Colombia son narrados en el libro Una conversación pendiente (Planeta), en el que Betancourt y Santos reflexionan sobre la violencia política en conversaciones moderadas por el periodista Juan Carlos Torres. Ella, que acaba de enfrentarse cara a cara con la cúpula de las FARC en el marco de la Comisión de la Verdad, afirma que la reconciliación es un paso crucial para que una sociedad pueda dejar el horror detrás.“La reconciliación es un tango, para hablar en términos argentinos: se necesitan dos para bailarlo –dice–. No puedes reconciliarte con una persona si el otro no está dispuesto a reconciliarse contigo. La premisa es el entendimiento del daño que se causó. Va más allá del perdón, porque se necesita que el otro, el que causó el daño, tenga la posibilidad de reflexionar. No es solo el pedir perdón. Se necesita que las dos personas se estén mirando y que se pueda entender a través de un lenguaje común, que haya la posibilidad de sembrar, después de un daño, la confianza. En términos como el que hemos vivido nosotros en Colombia, en que el daño es tan profundo, hay muchas personas que han perdonado, pero no es un perdón perfecto”.–Rodrigo Londoño, “Timochenko”, último líder de las FARC, pidió perdón durante la Comisión de la Verdad. [”A quienes nunca regresaron del secuestro, a quienes perdieron la vida en nuestras manos, a sus allegados agobiados durante años y años por su ausencia y desconcierto, les suplicamos perdonarnos por la terrible afrenta ocasionada”.] ¿Sirve este perdón?–Sí, sirve. Pero la reconciliación es diferente del perdón. Uno puede perdonar sin que el otro se entere. Es un ejercicio solitario, una disciplina del alma que necesita ejercitarse. A veces, a quien daña a otro no le importa el perdón. Pero para quien tiene que perdonar, el proceso es difícil. Se parte de un sentimiento egoísta: “Tengo que salirme de esto. Mi identidad no puede seguir marcada por el resentimiento que le tengo a esta persona”. Se empieza por una decisión racional.–¿Usted siente sinceras las palabras de “Timochenko”?–Uno podría decir: “Están pidiendo perdón porque les conviene desde el punto de vista de la justicia. Y políticamente, porque hoy son un partido”. Pero parto de una base y es creer que cuando una persona expresa una idea, se compromete con ella. Las palabras tienen una carga energética muy grande. Al decir eso, ellos ayudan mucho a la reconciliación. En Colombia avanzamos hasta el punto en el que las víctimas hemos encarado a los victimarios. En mi caso, a los jefes de las FARC. Sin embargo, no vi a las personas que me tenían secuestrada en el diario vivir. Es decir, aquellos que físicamente me torturaron, me humillaron, me violentaron. En esa distancia hay algo de abstracto. Ellos son los responsables morales y políticos de esa situación.–Pero quien sí la vio secuestrada, como usted cuenta en el libro, fue el “Mono” Jojoy, jefe de las FARC. Él vio el horror que estaba cometiendo.–El “Mono” murió. Si estuviera vivo, de pronto sería otra historia, pero está muerto. Al único que yo vi durante mi cautiverio, y está vivo, es Joaquín Gómez. No descarto que en algún momento lo vea. Estos personajes, los jefes de las FARC, hablan como jefes de una organización. Nosotros, las víctimas, somos algo abstracto para ellos. Hay dos niveles de conocimiento en este conflicto: uno, el sufrimiento emocional, espiritual y físico de una experiencia vivida; el otro es una visión macro del asunto. Siento que las víctimas están mediando con la cúpula de las FARC y que ellas no entienden de qué hablamos.–Destaca la “generosidad de las víctimas” en su esfuerzo por entender y perdonar. ¿Piensa que los culpables pueden hacer este ejercicio?–Los he invitado a que lo hagan. No creo que en este momento hayan entendido lo que yo digo. Lo voy a poner en términos muy gráficos: lo que yo he sentido es que tiene que haber un momento en que nos sentemos las víctimas y victimarios a llorar por lo que ha ocurrido, por el horror humano.–En su presentación ante la Comisión de la Verdad se refirió a una deshumanización mutua. A una, en términos de Hannah Arendt, banalidad del mal. ¿Cómo explica, en tanto doctora en teología y politóloga, esta crueldad?–Creo que hay dos componentes: uno es espiritual; el otro, psicológico. Todos nosotros tenemos una infinita capacidad de bien y también una infinita capacidad de mal. La espiritualidad nos ayuda a escoger a conciencia dónde queremos posicionarnos, cuál es el camino que queremos tomar: hacer el bien o el mal. Pero mucha gente no tiene esa capacidad de visualizar esa libertad. Tuvimos como guardias a niños de 9 años con rifles en la mano, o a muchachos de 16 o 17 que vivían nuestro secuestro como un juego. Estaban manipulados, les habían lavado el cerebro con una ideología que les permitía pensar que estaban en el camino correcto; eran víctimas inconscientes de un proceso de deshumanización. Esa es una de las grandes responsabilidades de los comandantes de la FARC: tomaron una generación de muchachos y los metieron en una guerra, violando sus derechos humanos. En Colombia hemos perdido la capacidad de saber qué es justo y qué es injusto.Íngrid Betancourt, al participar en la Comisión de la Verdad colombiana (MAURICIO MORENO EL TIEMPO CEET/)–¿Debería existir un tribunal que juzgara a los verdugos y a la cúpula de las FARC, un “Juicio de Nuremberg” en Colombia? ¿Cómo le gustaría que se resolviera este conflicto?–Es difícil hablar en términos de ideal de justicia porque en realidad la justicia es un medio y no fin. Uno no quiere que estas personas den un ejemplo, sino que eso que hicieron no vuelva suceder. Eso implica una reingeniería interna de ellos mismos. Creo que sí es necesaria la cárcel. El aislamiento, la cárcel entendida como ese sitio en el cual el ser humano es limitado en sus deseos y sus libertades. Allí tiene que vivir con la mirada reprobatoria de los otros, que puede ser reparadora. Sin embargo, en Colombia tomamos una decisión social a cambio de que esta gente dejara de matar y secuestrar. Aceptamos que hicieran política, un lugar al que los criminales no deberían llegar. Fue un hecho de una enorme generosidad. Era fundamental que pudiéramos hacer un corte con la violencia, ponerle un freno. Esa decisión fue un sacrificio hecho en nombre del pueblo colombiano.–El año próximo hay elecciones en Colombia, ¿le gustaría volver a la política?–Es una puerta que no quiero abrir ni tampoco cerrar. Lo que sé es que, cualquiera sea el lugar donde esté, quiero sacar a Colombia del túnel en el que se ha metido. Ahí está también el componente de la corrupción, que en Colombia ejerce mucha violencia.–Usted es una pionera del ecologismo en la política en América Latina. ¿En qué ha cambiado, en los últimos años, esta posición y su lucha?–En la urgencia. Estamos frente al abismo. No es para mañana; es para hoy. Así como todos en la pandemia fuimos capaces de cambiar nuestros comportamientos, tenemos que hacerlo ahora para volvernos una humanidad sostenible. Estamos en mora. Los políticos son unos cobardes, unos irresponsables. La corrupción es parte del problema.–¿Cómo ve el escenario político latinoamericano, tan turbulento?–En nuestra región ocurre algo que también pasa en el mundo: tendencias al autoritarismo, de izquierda y de derecha. Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras. Es como si pensáramos que frente a la locura y la mediocridad de los gobernantes, todo eso muy alimentado por la corrupción, la única manera de salir fuera con mano dura. Un tipo fuerte que imparta órdenes sin la posibilidad de que la democracia medie como árbitro en la sociedad. Si nosotros queremos volver a blandir el blasón de la democracia en América Latina, tenemos que acabar con la corrupción. Por ahí pasa el nuevo contrato social.–Quizá no hay dictaduras, pero sí populismos que son también dañinos…–Caudillismos.–Los populismos y los caudillismos construyen grietas. ¿De qué modo se puede lograr una reconciliación en sociedades tan polarizadas?–Es muy importante entender que la polarización es la manera en que la corrupción renace de sus propias cenizas, de un lado y del otro. La corrupción crea escenarios donde la lucha y el acceso al poder se logran creando miedo, además de un rechazo del otro. Esa es la polarización. Así se empoderan caudillos que tienen sus propios intereses, su propia agenda y que han sido siempre vectores de corrupción, para ellos y para sus amigos. Son mafias, grupos de interés cerrados, logias. Con el voto, sin embargo, los ciudadanos tienen la posibilidad de elegir candidatos que den garantías éticas, y no caudillos mesiánicos.–Hace algunos días hubo elecciones en la Argentina. ¿Cómo analiza el resultado? Alguna vez contó que el matrimonio Kirchner integró el grupo de políticos que impulsó su liberación.–Sí. Ellos ayudaron a mi familia y a mí. Fueron muy activos en mi liberación. Pero una cosa es mi gratitud como exsecuestrada y persona… Una de las cosas que uno ve es que los políticos muchas veces combinan cualidades humanas de empatía con maneras de hacer política que son las que tenemos que enfrentar, porque se apoyan en la corrupción.–Usted escribió una novela [La ligne bleue, escrita en francés, no traducida al castellano aún], ambientada en la Argentina de los años 70, donde aparecen los Montoneros. ¿Por qué eligió retratar esta organización? ¿Cómo fue acercarse a esta realidad argentina violenta?–Creo que hay vasos comunicantes entre la Argentina y Colombia, además de ser la Argentina un país que adoro, porque mis nietos son mitad argentinos. Tiene una historia que se parece a la colombiana en términos de caudillismo, radicalización política y violencia. Pero hay una razón puntual por la cual me interesé por el caso argentino. Cuando salí de la selva, me encontré con un fenómeno muy interesante. Por el hecho de haber estado secuestrada por las FARC, el inconsciente me empujaba hacia posiciones de derecha. En la novela quería reflexionar sobre el hecho de que los extremos son todos viciosos. Y lo mismo la ideologización.Betancourt junto a Juan Manuel Santos, cuando el entonces presidente colombiano recibió en 2016 el Premio Nobel de la Paz (CESARCARRION/)–¿A qué se refiere con ideologización?–Al proceso a través del cual se utilizan ideologías para llevarlas a un extremo en el que se deja de pensar con criterio y se impone una matriz que anula la posibilidad de análisis y de valorar un acto. Volviendo a lo anterior, me parece muy importante que reflexionemos qué nos está sucediendo como región. Y quiero señalar que, de alguna manera, el proceso de paz en Colombia también se nutrió de la experiencia argentina.–¿De qué modo?–Nos tocó revisar lo que había sucedido en el mundo y cuáles fueron los esquemas de justicia en la Argentina ante la violación de los derechos humanos. Obviamente este era un contexto diferente, porque los que se quería enjuiciar en Colombia eran subversivos, y en la Argentina eran militares. No es lo mismo no tener el poder del Estado. Pero ambas somos sociedades heridas.–¿De qué modo lo espiritual la aferró a la vida durante su cautiverio?–Comencé preguntándome: “¿Por qué a mí?”. Pero un día pensé: “Esa no es la pregunta correcta”. La pregunta correcta era: “¿Cómo salgo de aquí?”. El “cómo” era proteger mis emociones, mi alma. Ahí entendí que mi alma era lo más frágil en mí. Tuve conciencia de que no estaba sola y que estaba acompañada. Eso es la espiritualidad para mí: sentirse acompañada por una presencia interna y benévola.–Comienza su último libro con una cita de Jorge Luis Borges sobre la construcción de la memoria. “Somos un montón de espejos rotos”. ¿Cómo es volver a revivir su experiencia a través de entrevistas o diálogos?–Hice las paces con la idea de ser frágil y fuerte al mismo tiempo. Entendí que eso no es contradictorio. Soy frágil porque me duele mi dolor, así como el de mis compañeros de cautiverio y el de mis hijos. Y soy fuerte porque entendí que lo que me sucedió no me dañó el alma. Puedo seguir amando, ser feliz y tener esperanza.Íngrid Betancourt (EFE/Fredy Alvarez/)PERFIL: ÍNGRID BETANCOURTUNA ACTIVA DIRIGENTE POR LA PAZ? Nacida en diciembre de 1961, es una política colombiana de origen francés. En la década de 1990 se desempeñó en la Cámara de Representantes de Colombia.? Fue elegida senadora en 1998 por el partido verde Oxígeno. Renunció a su banca en 2001 para postularse a la presidencia.? En febrero de 2002 fue secuestrada por la guerrilla de las FARC. Fue rescatada seis años después por las Fuerzas Armadas de su país y participó luego del proceso de paz.? Recibió la Legión de Honor francesa y fue propuesta por Michelle Bachelet para el Premio Nobel de la Paz. Obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.? Publicó varios libros. El más reciente es Una conversación pendiente, un volumen de diálogos con el expresidente colombiano Juan Manuel Santos.

Fuente: La Nación

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Con la cantidad de celulares secuestrados desde 2020, las cárceles argentinas se transformaron en un call center tumbero. El ingreso de teléfonos para presos se convirtió en la principal fuente de recaudación ilegal de los guardiacárceles. A pesar de las restricciones fijadas para evitar los contagios del Covid-19 entre la población carcelaria, la cantidad de celulares secuestrados en los presidios durante la cuarentena fue similar a la de años anteriores. Esto significaría que los dispositivos eran llevados por efectivos que debían vigilar a los presos y no por los familiares que los visitaban.Según fuentes penitenciarias, un guardia cobra $40.000 por llevarle un celular a un preso. Solamente en un año, en los penales de Santa Fe, Buenos Aires y las cárceles federales se requisaron más de 38.000 teléfonos.En el caso de Ariel Cantero, alias Guille, el escándalo es mayor. El jefe de la banda de narcotraficantes conocida como Los Monos está detenido en el penal de Marcos Paz. Allí, la calidad de la señal de la telefonía celular es mala, por lo tanto, un aparato con ese sistema resulta inútil para la necesidad de un jefe narco como Cantero, que lo utiliza para mandar órdenes constantemente a sus subordinados.Guille Cantero, el líder de Los Monos, tenía dos teléfonos fijos en su calabozo (Tv©lam / archivo/)La solución que un grupo de guardiacárceles le aportó a Cantero consistió en hacerle la extensión del cable correspondiente a una de las líneas fijas del penal, que pasaba desde el sector de los teléfonos públicos, la oficina del jefe del pabellón, recorría el techo, bajaba por el sector externo del calabozo, que en la cárcel se conoce como “la libertad” o “tierra de nadie”, hasta la ventana de la celda del jefe narco.Semejante tendido de cable no se pudo concretar sin la complicidad de los guardiacárceles. Al entregar esa línea al jefe narco, le restaban un teléfono fijo al resto del penal.Un funcionario penitenciario indicó a LA NACION que el tendido de esa línea telefónica para uso exclusivo del líder de Los Monos formó parte de una cobertura integral que Cantero le pagó a un grupo de guardiacárceles para que le permitieran vivir cómodamente en la cárcel y con acceso a beneficios vedados a la mayoría de la población del penal.Facas y celulares secuestrados en una cárcel (SPB/)Este agente penitenciario manifestó que, en los últimos días, el líder de Los Monos realizó un fuerte reclamó a dos jefes de sección del penal de Marcos Paz porque después del segundo allanamiento en su calabozo fue sancionado con encierro y quita de beneficios.El reclamo de Cantero se fundó en que habría pagado US$100.000 a dos oficiales superiores para pasar tranquilo sus días de detención, con acceso a teléfono, alcohol y visitas, pero actualmente estaba castigado y aislado en su calabozo.Estos dos oficiales que aparecen en la mira de la cúpula del Servicio Penitenciario Federal (SPF), por cobrarle una coima al jefe de Los Monos, serían los mismos que, en septiembre de 2016, fueron acusados por el hallazgo de un teléfono celular, tarjetas de memoria, un módem, cargadores de teléfonos y un mapa con las comisarías de la zona en el calabozo que en el penal de Ezeiza ocupaba el narco colombiano Henry de Jesús López Londoño, alias Mi Sangre.Según fuentes penitenciarias, los dos oficiales que permitieron que Mi Sangre tuviera esos equipos de comunicación también cobraron por el ingreso de bebidas alcohólicas y visitas fuera de los días autorizados. Estos oficiales superiores están a cargo del área de seguridad interna de la cárcel y deben realizar las requisas. En el sumario administrativo realizado contra los dos guardiacárceles se determinó que, durante seis meses no ordenaron ninguna requisa en el pabellón donde Mi Sangre estaba alojado con otros jefes narco.ADN del crimen: la última mentira del rey de las estafasLópez Londoño había sido detenido en octubre de 2012, cuando cenaba en un restaurante de Pilar; tenía pedido de captura internacional, acusado de ser jefe del cartel colombiano de Los Urabeños.A pesar del escándalo por los beneficios a Mi Sangre, ninguno de los oficiales penitenciarios fue sancionado y nunca se avanzó sobre la responsabilidad que tuvieron los jefes de los funcionarios acusados.“Al contrario de lo que ocurre con las organizaciones mafiosas, donde existe una estructura piramidal con un jefe supremo, en la mafia penitenciaria se produce una rotación que solo se puede concretar si varios oficiales superiores se ponen de acuerdo. Por ejemplo, el jefe de seguridad interna de un penal necesita de la complicidad del encargado del pabellón para que no se realicen las requisas. Esos dos oficiales son designados en una cárcel determinada por alguno de los integrantes de la cúpula de la institución. Una vez que están en la cárcel, el director del penal les asigna la función que deben cumplir”, explicó un exoficial penitenciario. El narco colombiano Henry de Jesús López Londoño, alias Mi Sangre, tenía acceso a celulares en el penal de EzeizaEn la prisión, existen dos jefaturas claves: seguridad interna y seguridad externa. El principal foco de corrupción está en la Dirección de Seguridad Interna de un penal, debido a que tiene a su cargo la realización de las requisas en los pabellones. Allí, los guardiacárceles establecen vínculos con los presos, escuchan sus necesidades y fijan las tarifas. Mientras que los guardiacárceles que se desempeñan en la Dirección de Seguridad Externa, al no tener el contacto directo con los presos, porque su función consiste en vigilar el perímetro de la cárcel o los patios, no cuentan con la posibilidad de cobrar coimas.Estas conductas no son exclusivas del SPF y se replican en algunos efectivos del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y el de Santa Fe.El seleccionado narcoA partir de la mencionada cadena de favores, los dos oficiales superiores del SPF involucrados en el escándalo de Mi Sangre llegaron al penal de Marcos Paz, donde, entre otros, estaban alojados Guille Cantero; Marco Estrada González; los miembros del clan Loza, que están siendo juzgados por una de las causas de lavado de dinero más grandes de la historia; Néstor Rojas, supuesto líder narco del Primer Comando de Frontera, y Carlos Barreiro, cabecilla de la banda que manejaba el ingreso de la marihuana al país a través de Itatí, Corrientes.Tan grande es el nivel de impunidad y corrupción de los dos oficiales superiores penitenciarios sospechados de colaborar con el jefe de Los Monos que, pocas horas después que dos fiscales del Ministerio Público de la Acusación de Rosario allanaron el calabozo de Cantero y encontraron el teléfono de línea, le instalaron un nuevo aparato.Cantero está condenado a 62 años de prisión, enfrenta un juicio a través de videoconferencia en el que está acusado de atentar contra 14 residencias de jueces y edificios judiciales. El 20 de agosto pasado, cuando comenzó ese debate oral declaró que su oficio era el de “encargar a sicarios tirar contra jueces”. Esos atentados los habría ordenado a través de comunicaciones telefónicas desde la cárcel. Doce días después, en otro allanamiento, le secuestraron un aparato similar.Un sistema corruptoLa corrupción se concreta entre los jefes y entre los efectivos de los escalafones inferiores. En un video, incorporado en el sumario N° 2020-364603, quedó registrado el momento en el que un guardiacárcel, cuya credencial termina en 840 le entregaba dos celulares al preso Leonardo Bogarin. La escena fue grabada con una cámara oculta instalada en el denominado Comedor de Requisa de la Unidad Penal Federal N° 7, de Resistencia, Chaco.A pesar de la gravedad del hecho, de la contundencia de la prueba y, como se consignó en el sumario: “los celulares podrían llegar a ser utilizados para efectuar secuestros extorsivos, planificar o intentar una fuga”, el guardiacárcel, no fue sancionado. Fue echado del SPF y actualmente estaría por ingresar en la policía chaqueña.Debido a que los dos oficiales superiores involucrados en los escándalos de Mi Sangre y Guille Cantero y el guardiacárcel que le entregó celulares al preso en Chaco nunca fueron imputados formalmente en una causa penal, se mantienen en reserva sus identidades.ADN del crimen: Rápidos y furiosos en el oeste del conurbano“Facilitar una fuga, ingresar celulares en la cárcel o instalar un teléfono de línea en el calabozo de un jefe narco constituyen delitos que tienen penas extremadamente leves. Por ejemplo, la ley castiga la facilitación de fuga culposa con multas de hasta $15.000. Entonces, el guardiacárcel puede decir que se quedó dormido durante una evasión, pagó la multa, no quedó preso y fue liberado de culpa y cargo. A pesar que pudo haber cobrado $100.000, se quedó con $85.000 y siguió trabajando”, explicó el exoficial penitenciario.Existen casos en que los penitenciarios que cobran por conceder beneficios a los presos no ocultan su relación con los jefes narco que deben vigilar.“Conociendo Rosario con gente linda”, escribió al pie de la foto que publicó en la red social Facebook Luis César Peñalba, integrante de la banda Los Monos y cómplice de Guille Cantero.En la imagen, además de Peñalba, aparecen su esposa y un guardiacárcel, con su pareja. Este suboficial trabajó en la cárcel de Marcos Paz en el período que Peñalba estuvo detenido, hasta que recuperó la libertad debido que un tribunal rosarino le concedió la excarcelación.La institución nunca denunció penalmente al guardiacárcel. Solamente recibió una sanción de 30 días de arresto. En tanto, los oficiales que lo investigaron y pusieron al descubierto la red de corrupción y los vínculos con los narcos fueron separados de sus cargos.ß

Fuente: La Nación

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Con la cantidad de celulares secuestrados desde 2020, las cárceles argentinas se transformaron en un call center tumbero. El ingreso de teléfonos para presos se convirtió en la principal fuente de recaudación ilegal de los guardiacárceles. A pesar de las restricciones fijadas para evitar los contagios del Covid-19 entre la población carcelaria, la cantidad de celulares secuestrados en los presidios durante la cuarentena fue similar a la de años anteriores. Esto significaría que los dispositivos eran llevados por efectivos que debían vigilar a los presos y no por los familiares que los visitaban.Según fuentes penitenciarias, un guardia cobra $40.000 por llevarle un celular a un preso. Solamente en un año, en los penales de Santa Fe, Buenos Aires y las cárceles federales se requisaron más de 38.000 teléfonos.En el caso de Ariel Cantero, alias Guille, el escándalo es mayor. El jefe de la banda de narcotraficantes conocida como Los Monos está detenido en el penal de Marcos Paz. Allí, la calidad de la señal de la telefonía celular es mala, por lo tanto, un aparato con ese sistema resulta inútil para la necesidad de un jefe narco como Cantero, que lo utiliza para mandar órdenes constantemente a sus subordinados.Guille Cantero, el líder de Los Monos, tenía dos teléfonos fijos en su calabozo (Tv©lam / archivo/)La solución que un grupo de guardiacárceles le aportó a Cantero consistió en hacerle la extensión del cable correspondiente a una de las líneas fijas del penal, que pasaba desde el sector de los teléfonos públicos, la oficina del jefe del pabellón, recorría el techo, bajaba por el sector externo del calabozo, que en la cárcel se conoce como “la libertad” o “tierra de nadie”, hasta la ventana de la celda del jefe narco.Semejante tendido de cable no se pudo concretar sin la complicidad de los guardiacárceles. Al entregar esa línea al jefe narco, le restaban un teléfono fijo al resto del penal.Un funcionario penitenciario indicó a LA NACION que el tendido de esa línea telefónica para uso exclusivo del líder de Los Monos formó parte de una cobertura integral que Cantero le pagó a un grupo de guardiacárceles para que le permitieran vivir cómodamente en la cárcel y con acceso a beneficios vedados a la mayoría de la población del penal.Facas y celulares secuestrados en una cárcel (SPB/)Este agente penitenciario manifestó que, en los últimos días, el líder de Los Monos realizó un fuerte reclamó a dos jefes de sección del penal de Marcos Paz porque después del segundo allanamiento en su calabozo fue sancionado con encierro y quita de beneficios.El reclamo de Cantero se fundó en que habría pagado US$100.000 a dos oficiales superiores para pasar tranquilo sus días de detención, con acceso a teléfono, alcohol y visitas, pero actualmente estaba castigado y aislado en su calabozo.Estos dos oficiales que aparecen en la mira de la cúpula del Servicio Penitenciario Federal (SPF), por cobrarle una coima al jefe de Los Monos, serían los mismos que, en septiembre de 2016, fueron acusados por el hallazgo de un teléfono celular, tarjetas de memoria, un módem, cargadores de teléfonos y un mapa con las comisarías de la zona en el calabozo que en el penal de Ezeiza ocupaba el narco colombiano Henry de Jesús López Londoño, alias Mi Sangre.Según fuentes penitenciarias, los dos oficiales que permitieron que Mi Sangre tuviera esos equipos de comunicación también cobraron por el ingreso de bebidas alcohólicas y visitas fuera de los días autorizados. Estos oficiales superiores están a cargo del área de seguridad interna de la cárcel y deben realizar las requisas. En el sumario administrativo realizado contra los dos guardiacárceles se determinó que, durante seis meses no ordenaron ninguna requisa en el pabellón donde Mi Sangre estaba alojado con otros jefes narco.ADN del crimen: la última mentira del rey de las estafasLópez Londoño había sido detenido en octubre de 2012, cuando cenaba en un restaurante de Pilar; tenía pedido de captura internacional, acusado de ser jefe del cartel colombiano de Los Urabeños.A pesar del escándalo por los beneficios a Mi Sangre, ninguno de los oficiales penitenciarios fue sancionado y nunca se avanzó sobre la responsabilidad que tuvieron los jefes de los funcionarios acusados.“Al contrario de lo que ocurre con las organizaciones mafiosas, donde existe una estructura piramidal con un jefe supremo, en la mafia penitenciaria se produce una rotación que solo se puede concretar si varios oficiales superiores se ponen de acuerdo. Por ejemplo, el jefe de seguridad interna de un penal necesita de la complicidad del encargado del pabellón para que no se realicen las requisas. Esos dos oficiales son designados en una cárcel determinada por alguno de los integrantes de la cúpula de la institución. Una vez que están en la cárcel, el director del penal les asigna la función que deben cumplir”, explicó un exoficial penitenciario. El narco colombiano Henry de Jesús López Londoño, alias Mi Sangre, tenía acceso a celulares en el penal de EzeizaEn la prisión, existen dos jefaturas claves: seguridad interna y seguridad externa. El principal foco de corrupción está en la Dirección de Seguridad Interna de un penal, debido a que tiene a su cargo la realización de las requisas en los pabellones. Allí, los guardiacárceles establecen vínculos con los presos, escuchan sus necesidades y fijan las tarifas. Mientras que los guardiacárceles que se desempeñan en la Dirección de Seguridad Externa, al no tener el contacto directo con los presos, porque su función consiste en vigilar el perímetro de la cárcel o los patios, no cuentan con la posibilidad de cobrar coimas.Estas conductas no son exclusivas del SPF y se replican en algunos efectivos del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y el de Santa Fe.El seleccionado narcoA partir de la mencionada cadena de favores, los dos oficiales superiores del SPF involucrados en el escándalo de Mi Sangre llegaron al penal de Marcos Paz, donde, entre otros, estaban alojados Guille Cantero; Marco Estrada González; los miembros del clan Loza, que están siendo juzgados por una de las causas de lavado de dinero más grandes de la historia; Néstor Rojas, supuesto líder narco del Primer Comando de Frontera, y Carlos Barreiro, cabecilla de la banda que manejaba el ingreso de la marihuana al país a través de Itatí, Corrientes.Tan grande es el nivel de impunidad y corrupción de los dos oficiales superiores penitenciarios sospechados de colaborar con el jefe de Los Monos que, pocas horas después que dos fiscales del Ministerio Público de la Acusación de Rosario allanaron el calabozo de Cantero y encontraron el teléfono de línea, le instalaron un nuevo aparato.Cantero está condenado a 62 años de prisión, enfrenta un juicio a través de videoconferencia en el que está acusado de atentar contra 14 residencias de jueces y edificios judiciales. El 20 de agosto pasado, cuando comenzó ese debate oral declaró que su oficio era el de “encargar a sicarios tirar contra jueces”. Esos atentados los habría ordenado a través de comunicaciones telefónicas desde la cárcel. Doce días después, en otro allanamiento, le secuestraron un aparato similar.Un sistema corruptoLa corrupción se concreta entre los jefes y entre los efectivos de los escalafones inferiores. En un video, incorporado en el sumario N° 2020-364603, quedó registrado el momento en el que un guardiacárcel, cuya credencial termina en 840 le entregaba dos celulares al preso Leonardo Bogarin. La escena fue grabada con una cámara oculta instalada en el denominado Comedor de Requisa de la Unidad Penal Federal N° 7, de Resistencia, Chaco.A pesar de la gravedad del hecho, de la contundencia de la prueba y, como se consignó en el sumario: “los celulares podrían llegar a ser utilizados para efectuar secuestros extorsivos, planificar o intentar una fuga”, el guardiacárcel, no fue sancionado. Fue echado del SPF y actualmente estaría por ingresar en la policía chaqueña.Debido a que los dos oficiales superiores involucrados en los escándalos de Mi Sangre y Guille Cantero y el guardiacárcel que le entregó celulares al preso en Chaco nunca fueron imputados formalmente en una causa penal, se mantienen en reserva sus identidades.ADN del crimen: Rápidos y furiosos en el oeste del conurbano“Facilitar una fuga, ingresar celulares en la cárcel o instalar un teléfono de línea en el calabozo de un jefe narco constituyen delitos que tienen penas extremadamente leves. Por ejemplo, la ley castiga la facilitación de fuga culposa con multas de hasta $15.000. Entonces, el guardiacárcel puede decir que se quedó dormido durante una evasión, pagó la multa, no quedó preso y fue liberado de culpa y cargo. A pesar que pudo haber cobrado $100.000, se quedó con $85.000 y siguió trabajando”, explicó el exoficial penitenciario.Existen casos en que los penitenciarios que cobran por conceder beneficios a los presos no ocultan su relación con los jefes narco que deben vigilar.“Conociendo Rosario con gente linda”, escribió al pie de la foto que publicó en la red social Facebook Luis César Peñalba, integrante de la banda Los Monos y cómplice de Guille Cantero.En la imagen, además de Peñalba, aparecen su esposa y un guardiacárcel, con su pareja. Este suboficial trabajó en la cárcel de Marcos Paz en el período que Peñalba estuvo detenido, hasta que recuperó la libertad debido que un tribunal rosarino le concedió la excarcelación.La institución nunca denunció penalmente al guardiacárcel. Solamente recibió una sanción de 30 días de arresto. En tanto, los oficiales que lo investigaron y pusieron al descubierto la red de corrupción y los vínculos con los narcos fueron separados de sus cargos.ß

Fuente: La Nación

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Hubo un tiempo no muy lejano en el que los caudillos políticos pesaban su poder en kilos de votos cautivos. Según la cantidad de electores que sumaban en los comicios, eran más o menos tenidos en cuenta por sus jefes a la hora de asignar los negocios de la política. Eran, además, los garantes de la supervivencia partidaria, porque administraban urnas y afiliados con total naturalidad. Así fue elección tras elección, durante décadas. Hasta que algo empezó a cambiar. A juzgar por la derrota del Frente de Todos en las PASO, tener la manija de la ayuda social y la máquina de imprimir billetes trabajando a destajo ya no es sinónimo de triunfo electoral asegurado.¿Acaso está en retirada ese tiempo marcado por una relación clientelista entre dirigentes y electores condicionados e incondicionales? ¿Hay una incipiente emancipación de los votantes más pobres que reciben la ayuda estatal, y hasta prometen fidelidad si es necesario, pero que hacen lo que quieren en el cuarto oscuro e incluso se animan a pegar el faltazo en señal de protesta? ¿Hasta qué punto pierde fuerza este recurso, cultivado sobre todo por el peronismo?“El tema del voto cautivo se presta a la mitología. Hay un estereotipo de un señor que va con una valija llena de dinero y reparte plata a cambio de votos. Ese mito ya no existe, como el barón del conurbano, que tampoco existe –dice el historiador Jorge Ossona–. Para ser precisos, es un fenómeno que no sucede en forma masiva y por lo tanto no tiene tanta incidencia en el resultado de una elección. Hay formas de movilizar grupos que pueden incidir en un 2 o 3%, lo que puede ser significativo en una situación de paridad. Pero no más. No se puede pensar que masivamente la pobreza de un suburbio de Buenos Aires puede ser movilizada para que vote en un determinado sentido”. Ossona, investigador y docente, es autor de Punteros, malandras y porongas, entre otros libros que sondean la dinámica social y política del conurbano bonaerense.La experiencia tucumana de las últimas elecciones vale de ejemplo. Un grupo de punteros del PJ que respondían al vicegobernador Osvaldo Jaldo se manifestó clamando que habían sido timados en su buena fe y que estaban en deuda con aquellos a los que llevaron a votar a cambio de mil pesos. No les habían pagado por trasladarlos ni les habían dado la plata que debían entregarles a cambio de la constancia de votación. “No podemos volver al barrio”, se quejaban. La plata, finalmente, llegó. Ahora, con el pase de Juan Manzur al gabinete nacional, Jaldo llega a la cabeza de la gobernación.Un vínculo dañadoLo cierto es que el vínculo entre los representantes y sus representados ya no es el mismo. La devaluación, que genera más y más pobres, y la pérdida de territorialidad en el trabajo político han dejado huella. El Estado perdió eficacia a la hora de responder a las urgencias de los más pobres, que no llegan ni a estar registrados como tales a los fines de recibir la ayuda social. Esta distancia, sumada a las crisis cada vez más recurrentes, ha generado un sordo malestar en los barrios y ha dinamitado la vieja incondicionalidad.En la situación actual, para Ossona pesan “el sufrimiento, la humillación, el uso espurio de los planes sociales, el no pago por razones administrativas por dos o tres meses, subsidios miserables que te obligan a hacer una changa que no alcanza para subsistir, el tener que ir a un comedor a pesar de recibir ayuda. Todo esto puede plasmarse en un voto que primero te dice que sí, que va a estar, y finalmente en el cuarto oscuro termina siendo diferente. Porque nada está dicho”.A Lucas Romero, director de Synopsis, no le gusta hablar de voto cautivo sino más bien de “voto que responde a una identidad”. Plantea que no hay que “sociologizar” el voto. “Solemos pensar que hay un voto peronista y que hay un voto radical. Pero, más allá de los dos sectores de un electorado marcado por la grieta (kirchneristas y anti), no hay mucho más. Cuando vos le preguntás a la gente cuál es su identidad política, te encontrás con un 40% que dice que es independiente. El resto se reparte en distintas opciones de derecha o de izquierda. Pero no hay identidades. Estamos viviendo la fase final del debilitamiento de las identidades partidarias del siglo XX”.No todo el malestar se expresa en el cuarto oscuro. También puede manifestarse en el ausentismo el día de la votación. En las últimas PASO hubo dos millones y medio de personas que no se acercaron a emitir su voto. Algunos quizá por desinterés o por considerar que se trataba de unas internas entre los políticos. Pero posiblemente otros no fueron por enojo, por creer que esa era la única forma que tenían de expresarlo.“El aparato electoral del peronismo es anacrónico, quedó viejo ante la dinámica social. Y no detecta nuevos pobres –dice el periodista y analista político Daniel Bilotta–. De hecho, hubo dificultades para pagar el IFE porque no estaban registrados. Habían frenado el trabajo de empadronamiento que en la provincia de Buenos Aires venía haciendo María Eugenia Vidal con el programa El Estado en tu barrio. Por esta razón, el peronismo no solo no está pudiendo sistematizar nuevos problemas sino que tampoco está detectando a los nuevos pobres. Tal es así que es posible que les hayan dado más plata y alimentos a los que están enojados, y no a los nuevos pobres que no llegaron ni a registrar, por lo que se sintieron más abandonados aún”.¿Se trata de una reacción coyuntural? ¿De época? ¿O responde a un cambio de modelo, a una nueva relación de los pobres con la política?Un tema a tener en cuenta, dice el consultor Carlos Fara, es cuál es el piso de votos del oficialismo. “En las PASO lo que hemos visto es cuál es el piso real del peronismo en esta fase kirchnerista. En una situación extrema, está más cerca del 30% que sacó Néstor Kirchner en 2009 que del 37% de Cristina Kirchner en 2017?.El interrogante, señala Fara, es si lo que está sucediendo es el inicio de un desgaste de la adhesión cultural al peronismo. “Ahora empieza a depender más de lo que haga o movilice, de que seduzca o entusiasme. Ya no se trata solo de un problema logístico de cómo llevar a la gente a votar”. Es un proceso de “desregulación del electorado” que ya había vivido el radicalismo. A su entender, tarde o temprano le iba a tocar al peronismo. A la luz de lo ocurrido el domingo 12 de septiembre, ese momento podría haber llegado.Un largo procesoComo todo cambio social, lo que estamos viviendo es parte de un proceso más largo en el tiempo. “Las dos crisis importantes que tuvimos, la del 89 y la de 2001 –precisa Fara–, produjeron cierta desestructuración de voto cautivo de las distintas fuerzas. El 2001 le hizo un daño importante al radicalismo en ese sentido. El incremento de la pobreza y cierta redistribución de la estructura ocupacional claramente provocaron un quiebre de identidades. Esta es otra instancia, un tercer hito desde el regreso de la democracia, y en muchas cosas hay que barajar y dar de vuelta. La Argentina lleva tres años de crisis permanente y esto termina debilitando identidades políticas preexistentes”.Romero previene: “No me animo a afirmar que en algún momento la relación planes-votos haya sido lineal. Lo que hay es un voto de sentido peronista de los segmentos medios, medios bajos, que hoy se sigue verificando pero en menor medida. Lo llamativo de estos resultados fueron los niveles de ausentismo en zonas de bajos ingresos. Los municipios del GBA donde menos participación hubo son Florencio Varela, Moreno y José C. Paz, tres distritos donde habitualmente hay un voto mayoritario para el Frente de Todos”.Según el director de Synopsis, “hay una desvinculación entre el asistencialismo y el voto, y puede ser que se haya vuelto más clara. Lo que sí es cierto es la relación entre dependencia del empleo público y voto. En aquellos lugares donde el empleo público es más significativo, más importante, la tendencia hacia el oficialismo local sigue vigente. Ahí hay una necesidad de revalidar con el voto la continuidad o estabilidad laboral. Pero un plan social no te garantiza que tenés ese voto cautivo”.Jorge Giacobbe, director de Giacobbe & Asociados, coincide en que el plan social le garantiza menos efectividad electoral al oficialismo que en el pasado. “Hay mucha fantasía en el sistema político de que esto es una relación estímulo-respuesta. Ahora, si te ponés a contar la cantidad de planes sociales que hay en la Argentina, sumada a la cantidad de empleos públicos, te vas a dar cuenta de que son más que la cantidad de votos que saca el oficialismo”.Giacobbe ejemplifica con un caso concreto. “En municipios como Moreno, en el oeste bonaerense, dos elecciones antes de que Mariano West perdiera la votación, ya venía sacando menos votos que la cantidad de planes sociales que manejaba. Esa mecánica ya no funciona. Es cierto que cuando aparecieron los planes sociales los analistas y encuestadores hacíamos la siguiente cuenta: un plan social, cuatro votos. Después pasamos a calcular un plan, un voto. Y hoy tenemos que contar menos de un voto por plan social. Eso me lleva a pensar que cuando no hay nada bueno para votar y no hay un enojo tremendo, la gente quizá vota al que le da algo. Pero cuando el enojo es muy grande, la gente se sale de ese lugar y opera con libertad”.Mucha broncaMayra Arena, dirigente social peronista reconocida públicamente a partir de una charla TED titulada “Qué tienen los pobres en la cabeza”, aportó una mirada complementaria. En un artículo reciente publicado en Infobae describió: “La crisis de representación que existe en los barrios despertó la ira de muchos compañeros que tratan de ingratos a los que menos tienen. Esta irracionalidad de creer que los pobres te deben algo, ya sea simpatía política, el voto o lo que fuera, ha mostrado las hilachas de quienes creen que el pobre es solo un estómago o solo un bolsillo: no conciben que un pobre no los banque ideológicamente”.Ella también introduce la educación, o su falta, como factor determinante en el resultado electoral de las últimas PASO. “Hace diez días –cuenta–, hablé con un amigo al que le dije que íbamos a perder en barrios pobres, que la gente estaba enojada porque no hubo clases y ahora los hijos no quieren volver. Por suerte, no me corrió con que clases siempre hubo. ¿Para quién? Para los que pudieron adaptarse al cambio, para los que tenían más de un celular por familia, para los que tienen wifi”.La pandemia parece haber acelerado el ritmo de cambios políticos que venían desarrollándose. Por ahora, la experiencia electoral de este 2021 está demostrando que el plan social dejó de funcionar como una herramienta electoral lineal, a diferencia del empleo público, que sigue demostrándose efectivo, sobre todo en las provincias del norte argentino, como Formosa o San Luis.Los políticos deberán anotar que hoy el plan social no es condición suficiente. Cuando hay otros factores que alteran el sentido del voto, pierde eficacia electoral para los oficialismos. Son un reaseguro de calma social más que de fidelidad política, sobre todo en territorio bonaerense.Crisis económicas recurrentes, inflación, desempleo. Lo vivido por los argentinos en los últimos quince años no hizo más que desgastar ese vinculo histórico que unió por décadas al peronismo con sus bases más postergadas, incluido el recurso mecánico del clientelismo. La moneda está en el aire.

Fuente: La Nación

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Lo han dicho casi todos los escritores que escribieron sus memorias. El recuerdo cambia lo recordado; el presente borronea, traiciona, deforma, lo que acaba de pasar.Hace una semana, en este mismo suplemento, apareció una reseña firmada por mí sobre El ensayo personal, de Victoria Ocampo, selección de las diez series de Testimonios de la fundadora de Sur, compilada por Irene Chikiar Bauer, con una introducción de esta escritora. En esa investigación, la crítica literaria menciona en varias oportunidades por su apodo al que fue esposo de Victoria, Luis Bernardo de Estrada. El apodo era “Monaco”, pero Chikiar Bauer lo escribe “Mónaco” en su prólogo. Los que conocimos a Victoria y la tratamos, la hemos escuchado referirse a aquel hombre, del que terminó por separarse, como “Monaco”. Ella murió el 27 de enero de 1979, es decir, hace más de cuarenta y dos años. Quienes fueron sus amigos más cercanos y los que nos contábamos entre quienes frecuentábamos sus casas y su círculo somos cada vez menos, por una simple cuestión etaria. Quizás esa sea una de las razones por las que, en los últimos tiempos, en ensayos, artículos y entrevistas con estudiosos de la obra de Ocampo, el que fue su marido aparece como “Mónaco”; es decir, se ha convertido una palabra de acento prosódico grave en una esdrújula (el efecto Grace Kelly-Rainiero).La seriedad de Chikiar Bauer como investigadora la ha convertido en una autoridad; por lo que, mientras leía su texto, empecé a conjeturar que también yo habría borroneado el recuerdo de Victoria, a pesar de que aún oía su voz pronunciando “Monaco” la primera vez que estuve en Villa Ocampo para comer con ella en 1963. Ese apodo me quedó muy grabado porque nunca lo había oído antes y me sonó más que raro.Antes de redactar esta columna, consulté sobre el tema a dos amigos coetáneos muy cercanos a Victoria. Los dos me dijeron que “Monaco” era la versión correcta del apodo. Además, María Esther Vázquez, en la biografía Victoria Ocampo. El mundo como destino, lo escribe siempre como palabra grave. Los lectores dirán que se trata de un detalle frívolo. Probablemente tengan razón. Pero no para nosotros: están cambiando nuestras vidas antes de que dejemos este mundo.Uno de mis amigos “consultores” me hizo una reflexión muy graciosa por WhatsApp: “Es de sentido común. Mirá, si lo va a llamar como el principado. ¡Es muy criollo Monaco!”. Cierto. Si el esposo de V. O. hubiera sido “Mónaco”, ella jamás se habría casado con él.Mónaco es un principado minúsculo: ¡202 hectáreas! En términos de la época dorada de la Argentina, cuando las estancias tenían miles de hectáreas en la pampa húmeda, poseer solo 202 era una indignidad. Una mujer de esa clase solo habría llamado “Mónaco” a su marido para humillarlo, volverlo impotente, anular el matrimonio por la Rota Romana y casarse de nuevo por iglesia con un apodo digno; claro, una iglesia levantada por la nueva novia para convertirse en marquesa pontificia, el sueño realizado de Adelia Harilaos de Olmos, y la pesadilla “aspiracional” de Eva Duarte de Perón, que jamás consiguió el título.Convengamos que las clases altas de la época, ya fuera en la Argentina o en el extranjero, eran temibles en cuanto a los apodos. Concepción Unzué de Casares, propietaria de 60.000 hectáreas, de las cuales 400 eran parte del parque y del bosque que rodeaban el casco de la estancia Huetel, un castillo estilo Luis XIII, nada pudo hacer contra su destino: era conocida como “Cochonga”. Uno de sus sobrinos, el piloto y playboy Martín de Álzaga Unzué, se hizo famoso como “Macoco”. En París, el conde Robert de Montesquiou-Fezensac, árbitro de la elegancia de la Belle Époque, poeta y dandy al que Proust tomó como modelo de su personaje el barón de Charlus, se apodaba “Quiou-Quiou”. Los descendientes del emperador Napoleón, los condes Giuseppe Napoleone Premoli y Luigi Premoli, fotógrafos preferidos de la alta sociedad europea, eran llamados “Gégé” y “Loulou”: casi un manifiesto.Respetemos, aunque sea, los apodos del pasado.

Fuente: La Nación

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Lo han dicho casi todos los escritores que escribieron sus memorias. El recuerdo cambia lo recordado; el presente borronea, traiciona, deforma, lo que acaba de pasar.Hace una semana, en este mismo suplemento, apareció una reseña firmada por mí sobre El ensayo personal, de Victoria Ocampo, selección de las diez series de Testimonios de la fundadora de Sur, compilada por Irene Chikiar Bauer, con una introducción de esta escritora. En esa investigación, la crítica literaria menciona en varias oportunidades por su apodo al que fue esposo de Victoria, Luis Bernardo de Estrada. El apodo era “Monaco”, pero Chikiar Bauer lo escribe “Mónaco” en su prólogo. Los que conocimos a Victoria y la tratamos, la hemos escuchado referirse a aquel hombre, del que terminó por separarse, como “Monaco”. Ella murió el 27 de enero de 1979, es decir, hace más de cuarenta y dos años. Quienes fueron sus amigos más cercanos y los que nos contábamos entre quienes frecuentábamos sus casas y su círculo somos cada vez menos, por una simple cuestión etaria. Quizás esa sea una de las razones por las que, en los últimos tiempos, en ensayos, artículos y entrevistas con estudiosos de la obra de Ocampo, el que fue su marido aparece como “Mónaco”; es decir, se ha convertido una palabra de acento prosódico grave en una esdrújula (el efecto Grace Kelly-Rainiero).La seriedad de Chikiar Bauer como investigadora la ha convertido en una autoridad; por lo que, mientras leía su texto, empecé a conjeturar que también yo habría borroneado el recuerdo de Victoria, a pesar de que aún oía su voz pronunciando “Monaco” la primera vez que estuve en Villa Ocampo para comer con ella en 1963. Ese apodo me quedó muy grabado porque nunca lo había oído antes y me sonó más que raro.Antes de redactar esta columna, consulté sobre el tema a dos amigos coetáneos muy cercanos a Victoria. Los dos me dijeron que “Monaco” era la versión correcta del apodo. Además, María Esther Vázquez, en la biografía Victoria Ocampo. El mundo como destino, lo escribe siempre como palabra grave. Los lectores dirán que se trata de un detalle frívolo. Probablemente tengan razón. Pero no para nosotros: están cambiando nuestras vidas antes de que dejemos este mundo.Uno de mis amigos “consultores” me hizo una reflexión muy graciosa por WhatsApp: “Es de sentido común. Mirá, si lo va a llamar como el principado. ¡Es muy criollo Monaco!”. Cierto. Si el esposo de V. O. hubiera sido “Mónaco”, ella jamás se habría casado con él.Mónaco es un principado minúsculo: ¡202 hectáreas! En términos de la época dorada de la Argentina, cuando las estancias tenían miles de hectáreas en la pampa húmeda, poseer solo 202 era una indignidad. Una mujer de esa clase solo habría llamado “Mónaco” a su marido para humillarlo, volverlo impotente, anular el matrimonio por la Rota Romana y casarse de nuevo por iglesia con un apodo digno; claro, una iglesia levantada por la nueva novia para convertirse en marquesa pontificia, el sueño realizado de Adelia Harilaos de Olmos, y la pesadilla “aspiracional” de Eva Duarte de Perón, que jamás consiguió el título.Convengamos que las clases altas de la época, ya fuera en la Argentina o en el extranjero, eran temibles en cuanto a los apodos. Concepción Unzué de Casares, propietaria de 60.000 hectáreas, de las cuales 400 eran parte del parque y del bosque que rodeaban el casco de la estancia Huetel, un castillo estilo Luis XIII, nada pudo hacer contra su destino: era conocida como “Cochonga”. Uno de sus sobrinos, el piloto y playboy Martín de Álzaga Unzué, se hizo famoso como “Macoco”. En París, el conde Robert de Montesquiou-Fezensac, árbitro de la elegancia de la Belle Époque, poeta y dandy al que Proust tomó como modelo de su personaje el barón de Charlus, se apodaba “Quiou-Quiou”. Los descendientes del emperador Napoleón, los condes Giuseppe Napoleone Premoli y Luigi Premoli, fotógrafos preferidos de la alta sociedad europea, eran llamados “Gégé” y “Loulou”: casi un manifiesto.Respetemos, aunque sea, los apodos del pasado.

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Una pequeña y pacífica rebelión ocurre cada dos años, pero en la fuga hacia adelante que provoca pocos reparan en el motivo que detona, en forma tan recurrente, esa expresión de malestar, bronca y hasta de desesperación política.Un electorado que no repite ganadores y recicla perdedores ejecutó una vez más su rechazo a la extensión de las formas de gobierno que acentúan la decadencia del país y las desgracias de cada ciudadano. Volvió a ocurrir en el segundo domingo de septiembre, más como una advertencia que como una sentencia inapelable.Sin contar las elecciones primarias que acaban de suceder, desde 2009, cuatro de los últimos seis resultados electorales fueron un duro castigo para los gobiernos nacionales de turno. Un par de semanas atrás, en las PASO, hubo otro aviso contundente de que esa cuenta puede acrecentarse el 12 de noviembre con un nuevo revés para un oficialismo.La acumulación de muestras de rechazo dibuja a la vez un círculo que gira, saca y pone al mismo tiempo a quienes habían sido castigados en la elección anterior. El fracaso de la gestión económica y social de la Argentina recicla a las fuerzas políticas que lo generan y se retroalimentan de la desgracia de su contraparte.Cristina y Néstor Kirchner fueron advertidos en 2009. La viuda pudo recomponerse y lograr en 2011 el 54 por ciento con el que soñó eternizarse, pero que se desvaneció a los dos años y terminó de esfumarse con el triunfo de Mauricio Macri al final de su segundo mandato. El expresidente logró terminar sus cuatro años y alcanzar el récord de ser el primer presidente no peronista en lograrlo desde 1928, pero en la misma elección fue crudamente desalojado por haber agravado la dura herencia recibida. Así fue como regresó el peronismo reunificado en torno a Cristina, con Alberto Fernández como mascarón de proa.El resultado del 12 de septiembre avisó que la administración de Cristina y Alberto Fernández, lejos de consagrar una hegemonía en el Congreso, corre con desventaja para mantener la mayoría propia en el Senado y tiene enfrente el riesgo de dejar de ser la primera minoría en la Cámara de Diputados. Peor, la oposición, que acaba de reformular liderazgos y espacios internos, empezó a mirar con optimismo el decisivo turno de recambio presidencial de 2023.Una vez más, el impacto del último registro de las urnas fue tan impactante que no deja ver la cadena de resultados que la precede.Hay fuertes y estruendosas razones: el peronismo nunca tuvo un apoyo electoral tan bajo en su larga de historia de partido de mayorías. La segunda razón es igualmente influyente. Un enfrentamiento entre las facciones que se reagruparon hace dos años desplazó al resto de las consecuencias de las primarias y se instaló como una amenaza de un conflicto mayor, superado al final de una semana en la que el Presidente mantuvo su subordinación a Cristina Kirchner.La solución que la vicepresidenta encontró es ir en busca de votos antes que en detenerse a buscar una superación para los graves problemas económicos que están en la raíz del disgusto de los electores.La inflación y la caída del crecimiento económico fueron apartados otra vez de la agenda, aun cuando el voto de rechazo al oficialismo puede resumirse en la extendida vivencia de que el salario (en el caso de que se tenga la fortuna de tener un trabajo) hace tiempo que se agota mucho antes de fin de mes.Cristina dejó por escrito, el jueves de la semana pasada, que cree que el remedio es que el ministro Martín Guzmán aumente el déficit fiscal para repartir más, en lugar de aplicar una política que baje la inflación y recupere la actividad económica.En lugar de las reformas en profundidad, la vicepresidenta instruyó una maniobra de salvataje electoral de siete semanas. Es así como el lunes saltó a la cancha un elenco de reconocidos expertos convocados para repartir lo que haya entre la potencial clientela propia, prometer lo que sea y operar más allá de los límites para capturar votos.Está por empezar una de las más ásperas campañas electorales de la última década, con un oficialismo desesperado por recomponer la calma que Cristina perdió no bien observó que la derrota electoral es sinónimo de un empeoramiento de su situación en las causas por corrupción en las que está acusada.La vicepresidenta descree de la división de poderes, al extremo de postular una revisión completa de la herencia de la Revolución Francesa, y se aferra a la creencia de que los votos la hacen inocente, tanto como la declaran culpable en caso de perderlos. Aunque soslayado entre tantos otros ruidos, es ese el motivo que provoca el impulso de imponer sin miramientos un gabinete para una operación electoral a un cada vez más debilitado Alberto Fernández.Para más adelante, si queda tiempo y el azar de otras urgencias no se cruza en el camino, tal vez alguna vez, algún día, algún gobierno, se ocupe de resolver los graves y crónicos problemas que provocan tantas derrotas electorales.

Fuente: La Nación

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Una pequeña y pacífica rebelión ocurre cada dos años, pero en la fuga hacia adelante que provoca pocos reparan en el motivo que detona, en forma tan recurrente, esa expresión de malestar, bronca y hasta de desesperación política.Un electorado que no repite ganadores y recicla perdedores ejecutó una vez más su rechazo a la extensión de las formas de gobierno que acentúan la decadencia del país y las desgracias de cada ciudadano. Volvió a ocurrir en el segundo domingo de septiembre, más como una advertencia que como una sentencia inapelable.Sin contar las elecciones primarias que acaban de suceder, desde 2009, cuatro de los últimos seis resultados electorales fueron un duro castigo para los gobiernos nacionales de turno. Un par de semanas atrás, en las PASO, hubo otro aviso contundente de que esa cuenta puede acrecentarse el 12 de noviembre con un nuevo revés para un oficialismo.La acumulación de muestras de rechazo dibuja a la vez un círculo que gira, saca y pone al mismo tiempo a quienes habían sido castigados en la elección anterior. El fracaso de la gestión económica y social de la Argentina recicla a las fuerzas políticas que lo generan y se retroalimentan de la desgracia de su contraparte.Cristina y Néstor Kirchner fueron advertidos en 2009. La viuda pudo recomponerse y lograr en 2011 el 54 por ciento con el que soñó eternizarse, pero que se desvaneció a los dos años y terminó de esfumarse con el triunfo de Mauricio Macri al final de su segundo mandato. El expresidente logró terminar sus cuatro años y alcanzar el récord de ser el primer presidente no peronista en lograrlo desde 1928, pero en la misma elección fue crudamente desalojado por haber agravado la dura herencia recibida. Así fue como regresó el peronismo reunificado en torno a Cristina, con Alberto Fernández como mascarón de proa.El resultado del 12 de septiembre avisó que la administración de Cristina y Alberto Fernández, lejos de consagrar una hegemonía en el Congreso, corre con desventaja para mantener la mayoría propia en el Senado y tiene enfrente el riesgo de dejar de ser la primera minoría en la Cámara de Diputados. Peor, la oposición, que acaba de reformular liderazgos y espacios internos, empezó a mirar con optimismo el decisivo turno de recambio presidencial de 2023.Una vez más, el impacto del último registro de las urnas fue tan impactante que no deja ver la cadena de resultados que la precede.Hay fuertes y estruendosas razones: el peronismo nunca tuvo un apoyo electoral tan bajo en su larga de historia de partido de mayorías. La segunda razón es igualmente influyente. Un enfrentamiento entre las facciones que se reagruparon hace dos años desplazó al resto de las consecuencias de las primarias y se instaló como una amenaza de un conflicto mayor, superado al final de una semana en la que el Presidente mantuvo su subordinación a Cristina Kirchner.La solución que la vicepresidenta encontró es ir en busca de votos antes que en detenerse a buscar una superación para los graves problemas económicos que están en la raíz del disgusto de los electores.La inflación y la caída del crecimiento económico fueron apartados otra vez de la agenda, aun cuando el voto de rechazo al oficialismo puede resumirse en la extendida vivencia de que el salario (en el caso de que se tenga la fortuna de tener un trabajo) hace tiempo que se agota mucho antes de fin de mes.Cristina dejó por escrito, el jueves de la semana pasada, que cree que el remedio es que el ministro Martín Guzmán aumente el déficit fiscal para repartir más, en lugar de aplicar una política que baje la inflación y recupere la actividad económica.En lugar de las reformas en profundidad, la vicepresidenta instruyó una maniobra de salvataje electoral de siete semanas. Es así como el lunes saltó a la cancha un elenco de reconocidos expertos convocados para repartir lo que haya entre la potencial clientela propia, prometer lo que sea y operar más allá de los límites para capturar votos.Está por empezar una de las más ásperas campañas electorales de la última década, con un oficialismo desesperado por recomponer la calma que Cristina perdió no bien observó que la derrota electoral es sinónimo de un empeoramiento de su situación en las causas por corrupción en las que está acusada.La vicepresidenta descree de la división de poderes, al extremo de postular una revisión completa de la herencia de la Revolución Francesa, y se aferra a la creencia de que los votos la hacen inocente, tanto como la declaran culpable en caso de perderlos. Aunque soslayado entre tantos otros ruidos, es ese el motivo que provoca el impulso de imponer sin miramientos un gabinete para una operación electoral a un cada vez más debilitado Alberto Fernández.Para más adelante, si queda tiempo y el azar de otras urgencias no se cruza en el camino, tal vez alguna vez, algún día, algún gobierno, se ocupe de resolver los graves y crónicos problemas que provocan tantas derrotas electorales.

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Ricardo Lorenzetti se transformó, por decisión propia, en el protagonista principal de una batalla ya perdida. Con Elena Highton como única aliada, intentó por todos los medios evitar que Horacio Rosatti se hiciera de la presidencia de la Corte Suprema. La derrota estaba ya consumada cuando lo acusó públicamente de vicios morales, pero antes incendió una relación de años con Juan Carlos Maqueda, que enojado con él desde hace tiempo, había apoyado a Rosatti.El jueves a la mañana, cuando faltaba una hora y media para el acuerdo extraordinario de renovación de autoridades, Lorenzetti les mandó un correo electrónico a sus colegas pidiendo la postergación del encuentro porque debía participar de una cumbre virtual de un organismo internacional. Parte de ese mail quedó registrado en el acta de la reunión. El final, del que los jueces no dejaron constancia, dice: “Recuerdo que hay un antecedente cuando se convocó a un acuerdo en enero y el Dr. Maqueda, que estaba en Miami, decidió no participar por razones personales. En mi caso son razones institucionales, pero el precedente es similar. Ricardo”. La referencia a las vacaciones playeras de su colega la escribió el mismo hombre que un día después acusaría a sus pares de haber violado la “tradición” y las “reglas de cortesía” de la Corte.Horacio Rosatti, un presidente obligado a construir su espacio de poderHasta un rato antes, Lorenzetti había intentado romper la mayoría de Rosatti, Maqueda y Carlos Rosenkrantz. Fue una larga gestión que no prosperó.La primera llamada fue hace 15 días. Lorenzetti, consciente de que no tenía los votos para recuperar la presidencia, se la ofreció a Rosenkrantz, quien había sido, tres años antes, el verdugo de su gestión. Rosenkrantz se tomó varios días para pensarlo. Finalmente, la llamó a Highton, que estaba jugando en tándem con Lorenzetti, para contestarle que no. Ratificó después su rechazo de la oferta en una conversación con el propio ideólogo de la maniobra. Rosenkrantz ya tenía cerrado el acuerdo con Rosatti y Maqueda.Juan Carlos Maqueda, Carlos Rosenkrants y Horacio Rosatti, en 2018Antes de que el pacto de la nueva mayoría viera la luz, hubo gestiones, también desde fuera del Palacio de Tribunales, para intentar abortarlo. La lista de los que lo intentaron incluye a importantes empresarios que llamaron a amigos de Rosenkrantz para convencerlo de que una salida con Lorenzetti era mejor que apoyar a Rosatti, a quien le adjudican un sesgo antiempresa. Lo mismo dijo Mauricio Macri, que fuera de todo manual quemó los puentes con uno de los dos jueces que él nombró y contó que se arrepentía de haberlo designado. Lo acusó de populista y anticapitalista. En los últimos días volvió a circular el extracto de una entrevista con Diego Genoud en el que Rosatti, en referencia a una eventual reforma laboral advierte: “El art. 14 bis [que enumera los derechos de los trabajadores] está en la Constitución. Si no les gusta, tienen que volver a antes de la reforma de 1957?.En el entorno de Lorenzetti juran que él avisó hace tiempo que no tenía interés en volver a presidir una Corte “que ya no es lo que era” y que ahora quiere dedicarse “a full al tema ambiental”. Dicen que con su liderazgo las internas no salían a la luz y critican el “barro” en el que se disputan hoy. En el Palacio de los Tribunales se sonríen.Lo que es indudable es que Lorenzetti no quería que el presidente fuera Rosatti, que llega con una ambición de poder y una experiencia política que no tuvo Rosenkrantz.La relación Lorenzetti-Rosatti“No es un problema personal con Rosatti, el tema es su entorno”, dijo a LA NACION un hombre que conoce bien al juez de Rafaela. Hace muchos meses que Lorenzetti y Rosatti no se hablan, dijeron en la vocalía de uno de ellos. Si cruzaron alguna palabra fue exclusivamente en los Zooms de los cinco jueces.Ricardo Lorenzetti presidió la Corte Suprema durante casi doce añosRosenkrantz, a su vez, no quería que el poder volviera a detentarlo Lorenzetti. El argumento es que quiere “una Corte con alternancia y con una conducción más moderna”. Uno de los empresarios que cuestionó a Rosatti por “antiempresa” obtuvo una respuesta terminante de un defensor del presidente saliente: “Durante tres años tuvieron al juez más capitalista de la historia y nadie lo defendió”.¿Cómo funcionará de ahora en más esta Corte partida? Del lado Lorenzetti-Highton dicen que lo sucedido es “un desastre”, que el tribunal se degradó y que “va a ser muy difícil la gestión”. Del lado de los ganadores buscaron minimizar la trascendencia de las internas. “No novelemos tanto, fue todo reglamentario. Una vez logrado que la institución esté sobre las personas, se da vuelta la página. Los grupos humanos no son Festilindo”, dijo un hombre cercano a uno de los jueces vencedores. Fue minutos antes de la última carta incendiaria de Lorenzetti.El martes próximo, tres días antes de la asunción de Rosatti, los cinco jueces volverán a encontrarse en un acuerdo por Zoom. Esta vez, llamados a discutir fallos.Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz

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Ricardo Lorenzetti se transformó, por decisión propia, en el protagonista principal de una batalla ya perdida. Con Elena Highton como única aliada, intentó por todos los medios evitar que Horacio Rosatti se hiciera de la presidencia de la Corte Suprema. La derrota estaba ya consumada cuando lo acusó públicamente de vicios morales, pero antes incendió una relación de años con Juan Carlos Maqueda, que enojado con él desde hace tiempo, había apoyado a Rosatti.El jueves a la mañana, cuando faltaba una hora y media para el acuerdo extraordinario de renovación de autoridades, Lorenzetti les mandó un correo electrónico a sus colegas pidiendo la postergación del encuentro porque debía participar de una cumbre virtual de un organismo internacional. Parte de ese mail quedó registrado en el acta de la reunión. El final, del que los jueces no dejaron constancia, dice: “Recuerdo que hay un antecedente cuando se convocó a un acuerdo en enero y el Dr. Maqueda, que estaba en Miami, decidió no participar por razones personales. En mi caso son razones institucionales, pero el precedente es similar. Ricardo”. La referencia a las vacaciones playeras de su colega la escribió el mismo hombre que un día después acusaría a sus pares de haber violado la “tradición” y las “reglas de cortesía” de la Corte.Horacio Rosatti, un presidente obligado a construir su espacio de poderHasta un rato antes, Lorenzetti había intentado romper la mayoría de Rosatti, Maqueda y Carlos Rosenkrantz. Fue una larga gestión que no prosperó.La primera llamada fue hace 15 días. Lorenzetti, consciente de que no tenía los votos para recuperar la presidencia, se la ofreció a Rosenkrantz, quien había sido, tres años antes, el verdugo de su gestión. Rosenkrantz se tomó varios días para pensarlo. Finalmente, la llamó a Highton, que estaba jugando en tándem con Lorenzetti, para contestarle que no. Ratificó después su rechazo de la oferta en una conversación con el propio ideólogo de la maniobra. Rosenkrantz ya tenía cerrado el acuerdo con Rosatti y Maqueda.Juan Carlos Maqueda, Carlos Rosenkrants y Horacio Rosatti, en 2018Antes de que el pacto de la nueva mayoría viera la luz, hubo gestiones, también desde fuera del Palacio de Tribunales, para intentar abortarlo. La lista de los que lo intentaron incluye a importantes empresarios que llamaron a amigos de Rosenkrantz para convencerlo de que una salida con Lorenzetti era mejor que apoyar a Rosatti, a quien le adjudican un sesgo antiempresa. Lo mismo dijo Mauricio Macri, que fuera de todo manual quemó los puentes con uno de los dos jueces que él nombró y contó que se arrepentía de haberlo designado. Lo acusó de populista y anticapitalista. En los últimos días volvió a circular el extracto de una entrevista con Diego Genoud en el que Rosatti, en referencia a una eventual reforma laboral advierte: “El art. 14 bis [que enumera los derechos de los trabajadores] está en la Constitución. Si no les gusta, tienen que volver a antes de la reforma de 1957?.En el entorno de Lorenzetti juran que él avisó hace tiempo que no tenía interés en volver a presidir una Corte “que ya no es lo que era” y que ahora quiere dedicarse “a full al tema ambiental”. Dicen que con su liderazgo las internas no salían a la luz y critican el “barro” en el que se disputan hoy. En el Palacio de los Tribunales se sonríen.Lo que es indudable es que Lorenzetti no quería que el presidente fuera Rosatti, que llega con una ambición de poder y una experiencia política que no tuvo Rosenkrantz.La relación Lorenzetti-Rosatti“No es un problema personal con Rosatti, el tema es su entorno”, dijo a LA NACION un hombre que conoce bien al juez de Rafaela. Hace muchos meses que Lorenzetti y Rosatti no se hablan, dijeron en la vocalía de uno de ellos. Si cruzaron alguna palabra fue exclusivamente en los Zooms de los cinco jueces.Ricardo Lorenzetti presidió la Corte Suprema durante casi doce añosRosenkrantz, a su vez, no quería que el poder volviera a detentarlo Lorenzetti. El argumento es que quiere “una Corte con alternancia y con una conducción más moderna”. Uno de los empresarios que cuestionó a Rosatti por “antiempresa” obtuvo una respuesta terminante de un defensor del presidente saliente: “Durante tres años tuvieron al juez más capitalista de la historia y nadie lo defendió”.¿Cómo funcionará de ahora en más esta Corte partida? Del lado Lorenzetti-Highton dicen que lo sucedido es “un desastre”, que el tribunal se degradó y que “va a ser muy difícil la gestión”. Del lado de los ganadores buscaron minimizar la trascendencia de las internas. “No novelemos tanto, fue todo reglamentario. Una vez logrado que la institución esté sobre las personas, se da vuelta la página. Los grupos humanos no son Festilindo”, dijo un hombre cercano a uno de los jueces vencedores. Fue minutos antes de la última carta incendiaria de Lorenzetti.El martes próximo, tres días antes de la asunción de Rosatti, los cinco jueces volverán a encontrarse en un acuerdo por Zoom. Esta vez, llamados a discutir fallos.Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz

Fuente: La Nación

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