Walt Disney World abrió sus puertas después de mucho tiempo cerrado como consecuencia del Covid-19. La magia y la ilusión que por un año quedaron tapadas estuvieron a flor de piel en las miles de personas que se acercaron al parque de Florida, Estados Unidos.Pero no todo estaba como lo recordaban. Uno de los eventos más destacados de una jornada en Magic Kingdom es el mítico show de fuegos artificiales. Esta vez, cuando los visitantes se ubicaron frente al castillo, listos para escuchar a la tradicional voz que presenta al show y maravillarse con lo que verían, notaron algo extraño.El pasado macabro de una propiedad que sus dueños no pudieron vender“¡Buenas noches, soñadores de todas las edades!”, expresó el altoparlante. Algo faltaba, una frase había sido cortada. Originalmente, la voz indicaba: “¡Damas y caballeros! ¡Niños y niñas! ¡Soñadores de todas las edades!”.“Queremos que todos los huéspedes tengan una experiencia divertida y cómoda. Esperamos que este cambio haga que todas las identidades de género se sientan cómodos cuando visiten nuestros parques”, expresaba en marzo un comunicado del Tokyo Disney Resort, el cual fue la pauta para implementarlo en todos los parques de la franquicia.Las redes y una opinión divididaA través de su cuenta de Twitter, el usuario @ShowcaseWishes compartió un video comparando el saludo que daban en el parque en el 2020 con el nuevo del 2021 y desató una ola de comentarios.Mientras que muchas personas manifestaron un parecer positivo “en pos de la inclusión” otros lo tildaron como algo “completamente innecesario” e indicaron estar “cansados de esta forma extremista de pensar y ser demasiado sensible”.Por otro lado, muchas personas expresaron sentirse cómodas con el nuevo saludo y que disfrutan mucho de la parte que enuncia “soñadores de todas las edades”.Más cambios en la industria DisneyEste no es más que uno de los tantos cambios que impulsan los directores de la empresa. En el mes de septiembre, habían indicado que la inclusión sería una clave en la capacitación de su elenco y dieron a entender que serían muchos los cambios que estarían aparejados con eso.Disney: Los Simpson anuncian un crossover con Loki en su nuevo cortoUno de los cambios principales, también en el parque de diversiones, fue el reemplazo de Splash Mountain por atracciones temáticas de la película La princesa y el sapo por denuncias de que el anterior sector se basaba en una película racista de 1946.Los fuegos artificiales son una de las atracciones principales del parque temático de Disney y sufrió una de las tantas modificaciones que impulsa la empresa (REUTERS / Scott Audette / File Photo/)Recortes en películas, cambios de escenas y la eliminación de algunas tiras de sus catálogos on demand fueron otras de las medidas de Walt Disney Company para hacer de su contenido más inclusivo.

Fuente: La Nación

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Los amantes del teatro siguen esperando que se levanten las restricciones impuestas por la pandemia. Una buena manera de calmar la ansiedad puede ser conocer –o revisitar, en el caso de aquellos que los hayan visto cuando la actividad se desarrollaba normalmente– esos espectáculos de los que todo el mundo habla, los clásicos del circuito porteño, uno de los más dinámicos y prestigiosos del mundo. Uno de ellos es, sin dudas, El Bululú, estrenado hace una década en el Teatro Nacional Cervantes con dirección de Mauricio Dayub y Osqui Guzmán como protagonista exclusivo.La historia detrás de esta obra que a fines del año pasado el actor llevó al Centro Cultural 25 de Mayo es muy particular. Guzmán escuchó la voz del actor español José María Vilches cuando tenía 18 años y vivía con su padre en un pequeño cuarto de chapa y madera de La Boca. Estaba grabada en un casete que le había pasado un docente de modales poco académicos. Osqui recién había ingresado al Conservatorio de Arte Dramático, pero ya había empezado a experimentar con el teatro callejero. Y quedó tan cautivado por esos textos –que él define como “extrañísimos, graciosos y poéticos”– que los terminó aprendiendo de memoria. La voz de Vilches fue, entonces, el punto de partida de una exhaustiva investigación en torno a la literatura del Siglo de Oro español que desembocó en una obra escrita en sociedad con su esposa Leticia González de Lellis, inspirada en esa riquísima tradición.Esa obra que revive una vez más como El Bululú. Antología endiablada fue un gran éxito de público, recibió calurosos elogios de la crítica especializada y se puede ver ahora –filmada prolijamente a tres cámaras– en la plataforma Teatrix, donde también es una de las más requeridas por los suscriptores.En El Bululú, Guzmán explota su talento como improvisador, clown y murguero, exhibe su destreza corporal y su capacidad para hacer reír con ganas. Recrea con gracia y originalidad los versos del famoso Romancero gitano de Federico García Lorca y, al mismo tiempo, evoca relatos de su familia, de origen boliviano. Construye, en definitiva, una especie de antihéroe vagabundo, “una compañía de teatro de un solo actor”, como él mismo señala con picardía. View this post on Instagram A post shared by TEATRIX (@somosteatrix)“Todos esos textos maravillosos de Quevedo, Lope de Vega o Cervantes están en este espectáculo atravesados por el humor y también por la figura del diablo, que es clave en la cultura andina, que yo conozco muy bien por intermedio de mis padres”, explica el actor. “Y resuenan como un homenaje a Vilches, un actor español que llegó a la Argentina para hacer una temporada en el Teatro Odeón y se quedó en el país hasta su muerte. Estrenó El Bululú en 1975 y recorrió gran parte del país durante nueve años con esta obra que hacía apenas con una silla, una flor y una valija. Hizo más de 1500 funciones y ganó un montón de premios”.Ver El Bululú sirve para encontrarse con un trabajo actoral prodigioso en el que Osqui Guzmán se multiplica en distintos personajes: de pronto es un humilde costurero, después un playboy excéntrico y al rato un viejo cargado de manías bastante insoportables. Y todo con una naturalidad y un desparpajo que sorprenden y provocan un encanto difícil de resistir. Si extrañan el teatro y todo el abanico de emociones que un gran actor es capaz de transmitir en escena, verlo en acción –aunque sea en una pantalla, como es norma por ahora– realmente vale la pena.

Fuente: La Nación

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La Asociación de Maíz y Sorgo Argentino (Maizar) criticó duramente la media sanción que obtuvo en la Cámara de Diputados de la Nación el proyecto oficialista del nuevo marco regulatorio de Biocombustibles, y aseguró que “benefician a los productores de los combustibles fósiles contaminantes”.
Las críticas de la Asociación se centran además en las diferencias entre la Ley de Biocombustibles que impulsó el propio gobierno kirchnerista en 2006 para “mejor el ambiente y cumplir con los compromisos internacionales de desarrollo sostenible firmados por nuestro país“, al promover el uso de los combustibles renovables en lugar de los fósiles.
Sin embargo, con esta nueva Ley se beneficia “a los productores de combustibles fósiles, que emiten hasta un 70% más de gases de efecto invernadero que sus equivalentes biológicos, y contienen aditivos contaminantes y son de peor calidad por su menor contenido de octanos”.
Vea también – POR UNA DÉCADA: LA NUEVA LEY DE BIOCOMBUSTIBLES CONSIGUIÓ MEDIA SANCIÓN EN DIPUTADOS
La asociación remarco además que “la producción local de bioetanol de maíz permite ahorrar divisas e industrializar la materia prima en origen, evitando costosos fletes a puerto que muchas veces dejan fuera de mercado a los productores de maíz de zonas alejadas”.
Por último afirmaron que “el mundo avanza decididamente hacia lo sustentable, reduciendo significativamente la utilización de los combustibles fósiles y somos el único país del mundo que en lugar de debatir cómo aumentar los cortes está a punto de aprobar lo contrario”.The post “Benefician a los combustibles fósiles contaminantes”: la fuerte crítica de Maizar contra la nueva ley first appeared on Infocampo.

Fuente: InfoCampo

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A través de la Resolución 221/2021 del Ministerio de Transporte de la Nación, publicada en el Boletín Oficial, el Gobierno Nacional decidió no renovar las concesiones que mantenían FerroExpreso Pampeano S.A., Ferrosur Roca S.A. y Nuevo Central Argentino S.A., quienes operaban sectores de las líneas de trenes de cargas Mitre, Roca y Sarmiento.
De esta manera, sumando a las líneas Belgrano, San Martín y Urquiza que ya operaba el Estado Nacional a través de Trenes Argentinos Cargas (TAC), todo el servicio ferroviario de cargas pasa a manos de la Argentina.
Infocampo conversó en exclusiva con el presidente de TAC, Daniel Vispo, quien detalló que “hace 32 años cuando ingresé todo el sistema ferroviario dependía del Estado y la verdad que estoy muy contento de la decisión que ha tomado el ministro Guerrera y todo el gobierno, porque como ferroviario sé que esto significa un gran impulso para toda la Argentina“.
Para Vispo el balance de las concesiones, desde la década del ’90 hasta la fecha, “no ha sido positivo, sobre todo en infraestructura”, porque según afirmó “sobre los 13.000 kilómetros de vías concesionadas en aquel momento, hoy sólo están activos 8.800 km, o sea que la red se redujo un 33%“.
El presidente de TAC explicó que “a partir de ahora lo que se prevé es licitar la operación de los trenes del Estado. La Resolución es muy clara en este punto. El Estado reasume la estructura de vías, por el uso de ellas cobra un peaje y un alquiler por el material rodante y licita el servicio. Por eso no es una estatización, sino un trabajo público-privado, pero con un sistema que le permita al Estado reinvertir ese dinero en infraestructura“.
Transporte récord
“Actualmente estamos transportando entre el 4 y 6% de la carga general del país, y esperamos que con este nueva etapa y mucho trabajo podamos alcanzar un rango cercano al 20%, que es aproximadamente el nivel que mantienen países similares al nuestro en relación a la distancia media del transporte”, afirmó el ferroviario.
En relación a las tres líneas que ya contralaba el Estado, que son el Belgrano, San Martín y Urquiza, los números de carga actuales muestran una evolución significativa en el transporte de cargas por trenes, lo cual trae esperanzas para que suceda lo mismo con las otras líneas (Mitre, Roca y Sarmiento) que se incorporarán a la gestión por la ya mencionada Resolución.
Vea también – LOS TRENES ARGENTINOS DE CARGAS SIGUEN MARCANDO RÉCORDS HISTÓRICOS EN EL TRANSPORTE
“En el primer semestre del 2019 se transportaron 2,2 millones de toneladas, en el mismo período de 2020 2,8 MTn y este mes estamos cerrando los primeros seis meses del año con casi 3,6 MTn. Esto quiere decir que crecimos un 27% del 2019 al 2020 y un 29% del 2020 a hoy, y si lo comparamos desde 2019 a la actualidad, el crecimiento es del 64%. Son datos que nos ponen muy contentos y esperamos seguir así”, indicó Vispo.
Del total transportado por estas tres líneas, el 65% corresponde a productos agropecuarios, principalmente granos en la línea Belgrano, pero también creció mucho en estos últimos tiempos la carga de rollizo de pino con destino a los puertos entrerrianos de Ibicuy en la línea Urquiza, y los vinos de Mendoza por la línea San Martín.
La Picasa
En 2017 una crecida extraordinaria de los volúmenes hídricos en la laguna La Picasa, ubicada en el límite provincial entre el sur de Santa Fe y el norte de Buenos Aires, generó que el ferrocarril de cargas (línea San Martín) no pudiera cruzar la traza normal de las vías, con lo cual no podía hacer el trayecto original de las formaciones entre Rufino en Santa Fe y Junín en Buenos Aires.
Vea también – IMPACTANTE VIDEO DE LA LAGUNA LA PICASA DESDE EL AIRE
Sin embargo, en diciembre de 2019, mes en el que asumieron las nuevas autoridades del Gobierno Nacional y con una inversión de 117 millones de pesos comenzaron las obras para recuperar el trazado original y ya se logró recuperar más de 13 kilómetros de vías que se encontraban bajo agua.
Hoy, con el 70% de las obras ya completadas se realizaron los primeros viajes para testear las vías y se estima que en las próximas semanas el circuito original de la línea San Martín vuelva a funcionar.
Compartimos estas hermosas imágenes del San Martín sobre La Picasa:
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Fuente: InfoCampo

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El Gobierno Nacional anunció que espera un récord de 62,2 millones de toneladas de maíz y sorgo para la campaña 2020/21.
Así lo indicaron funcionarios del Ministerio de Agricultura, en el marco de un encuentro virtual con representantes de Maizar, la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y las bolsas de cereales de Buenos Aires y de comercio de Córdoba y Rosario.
Además de destacar la “máxima relación de superficie sembrada entre gramínea y leguminosa de los últimos 20 años”, también se habló de la iniciativa oficial para alcanzar las 200 millones de toneladas de Cereales, Oleaginosas y Legumbres, también denominada “200 MT COL”.
“El resultado de la campaña de maíz 2020/2021 seguramente será un récord histórico nacional alcanzando las 59 millones de toneladas, que sumado al sorgo alcanzarían un récord de 62,2 millones de toneladas”, expresó el subsecretario de Agricultura, Delfo Buchaillot, durante la jornada.
En ese sentido, remarcó que el sorgo “comenzó a recuperar terreno incrementando su producción un 73% respecto a la campaña anterior, traccionado por la demanda de nuevos mercados como China, lo cual motivó a un mayor uso de tecnología”, indicó Buchaillot.

Datos oficiales
En la presentación también se analizaron los datos declarados en SISA (AFIP) para el ciclo actual. En ese sentido, el director nacional de Agricultura, Agustín Pérez Andrich informó que al 15/6/21 se alcanzaron las 8.336.129 hectáreas de maíz sembradas por unos 44.463 productores y las 860.000 hectáreas sembradas de sorgo en manos de 9.581 productores.
Asimismo, se analizó el avance de la siembra de maíz durante los últimos 10 años en los departamentos del sur de la provincia de Buenos Aires (Alsina, Chaves, Dorrego, Balcarce, Pringles, Tornquist y Tres Arroyos), y se destacó el incremento de las hectáreas sembradas y sus rendimientos a partir de mejoras en el manejo del cultivo y en el uso de híbridos de alta plasticidad.
“Cabe señalar que la siembra de maíces tardíos que reducen el riesgo de déficit hídrico y establecen un piso de rendimiento superior y más estable, superaron el 55% del área sembrada del país y en Santa Fe los maíces de segunda vienen ganando terreno año a año superando las 800.000 has., lo que da cuenta de las mejoras en tecnologías de gestión que los productores vienen incorporando en estos últimos años”, resaltaron desde Agricultura.The post Maíz y sorgo: el Gobierno espera un récord de 62,2 millones de toneladas para el ciclo 2020/21 first appeared on Infocampo.

Fuente: InfoCampo

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“Es un negro villero”; “es una negrada”; “son negros cabeza”; “son unos negros de mierda”. Cada tanto, las reacciones que generan algunas noticias vinculadas a la pobreza o a la realidad de los barrios populares y asentamientos se encargan de recordarnos que el racismo en la Argentina no siempre está ligado a un color de piel.Hoy en día, cada vez hay mayor acuerdo en considerar a la discriminación por razones socioeconómicas como otra forma de racismo, no solo porque, de manera tácita o explícita, establece categorías de individuos sino porque, además, avala y promueve prácticas que vulneran derechos y fomentan la exclusión.”Aquí tampoco podemos respirar”. Cómo opera el racismo en la ArgentinaEl Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) viene hablando desde hace años de este tipo específico de discriminación racial. Lo llama racismo socioeconómico. Es, según el organismo, un tipo de racismo que, a nivel social, se expresa mediante diferentes mitos y prejuicios instalados en el imaginario popular con una fuerza que no siempre somos capaces de reconocer. Pero su impacto no es meramente discursivo. Quienes lo padecen, suelen hablar de “discriminación por portación de cara”, de “exclusión” como sujetos de derecho y de “ser víctimas” de un estado de sospecha casi permanente.En el informe “Entender la discriminación”, difundido por el organismo, se sostiene que “la relación entre racismo y pobreza se hace evidente cuando se oyen expresiones asociadas al racismo biologicista clásico (‘son unos negros’) o al racismo cultural al, por ejemplo, desvalorizar los hábitos y gustos de las clases populares”. De esta forma, los prejuicios que recaen sobre la población en situación de pobreza se hacen evidentes en afirmaciones del tipo: “son todos vagos, no quieren trabajar”, “les gusta vivir hacinados”, “lo que ganan lo gastan en alcohol”, etc. Además, se explica que “el proceso ideológico de criminalización de la pobreza, estigma de gran presencia y vigencia en el mundo de hoy, tiene una matriz fuertemente racista y discriminatoria”.Con sus 27 años, Brian Landriel, conoce bien esta variante del racismo. Oriundo de un barrio humilde de Bernal Oeste, la ha padecido en más de una oportunidad, ya sea al intentar conseguir un trabajo, al querer ingresar a un boliche, o al toparse con la Policía. “Sé que si voy caminando por una calle y pasa un patrullero, lo más seguro es que pare a pedirme documentos aunque yo no esté haciendo nada malo”, sostiene. Y afirma que esta situación le pasa regularmente en la estación de trenes de Lanús. “Los mismos policías me paran todas las veces. Y cuando te paran, te tratan mal, suponen que sos drogadicto y tal vez estás volviendo de un comedor en el que ayudás o de jugar al fútbol con tus amigos. Es re feo, te da una re bronca porque es injusto”, reconoce.En los últimos días, Amnistía Internacional publicó un informe que releva más de treinta casos de violencia institucional y uso excesivo de la fuerza desde el inicio de la cuarentena. Enumera, entre otros, el asesinato de Luis Espinoza en Tucumán, la violencia desatada contra la comunidad qom en Chaco y la desaparación de Facundo Astudillo Castro en Buenos Aires. Pero también recoge casos ocurridos en Chubut, La Pampa, Mendoza, Santiago del Estero, Santa Cruz y la Ciudad de Buenos Aires.”Preocupa especialmente a la organización que la mayoría de los casos se produjeron en contextos de vulnerabilidad y/o pobreza. El ejercicio de las facultades de control de las fuerzas de seguridad no debe traducirse en ensañamiento o disciplinamiento de personas o grupos que se encuentran en una situación de vulnerabilidad social”, puntualiza el comunicado de Amnistía Internacional.Mitos y prejuiciosUna encuesta nacional realizada el año pasado por la consultora Voices! para LA NACION, reveló que el 77% de los argentinos cree que las personas pobres sufren discriminación. La idea de que los jóvenes pobres son violentos y consumen drogas y alcohol en exceso es uno de los prejuicios más arraigados en nuestra sociedad en torno de la pobreza: lo comparte más de la mitad de la población (58%). Le sigue el supuesto de que las personas pobres no trabajan lo suficiente para salir de la pobreza (54%). Pero hay más: que las personas que viven en las villas lo hacen mejor que uno porque no pagan los servicios, que tienen más hijos para recibir más asistencia del Estado, entre otros.La idea de que las personas que viven en villas y asentamientos lo hacen mejor que uno es una de las creencias compartidas por buena parte de la sociedadPrejuicios. Miedo, hambre, villa y culpa: así definen los argentinos a los pobres”Por vivir en un asentamiento se da por hecho que vivís de arriba o mejor que otros. Eso es un error. A nosotros nos pusieron medidores prepagos,o sea que nos cobran por adelantado por el servicio” explica Araceli Ledesma, principal referente de la Mesa de Trabajo del Barrio Luis Lagomarsino, un núcleo de casas humildes con muchas calles de tierra, asentado desde hace décadas en el límite entre Pilar y Escobar. “Por otra parte, las personas que no tienen regularizados los servicios, tienen muchos más gastos económicos –agrega–. Por un lado, por la pérdida de electrodomésticos debido a los bajones y subidas de tensión eléctrica. También perdemos nuestras casas porque se nos incendian al usar velas para iluminarnos, mayormente en invierno”.Ledesma cuenta en la mayoría de los barrios populares los problemas estomacales son más que frecuentes debido a que no cuentan con agua potable. Los pozos de los que sacan el agua para beber y cocinar suelen estar a pocos metros de los pozos ciegos, ya que tampoco cuentan con cloacas. En el caso del barrio Lagomarsino, la ubicación genera problemas adicionales. “Todos los desechos del municipio vienen a parar a nuestro barrio porque, desde hace 15 años, funciona muy cerca nuestro una planta de tratamientos cloacales”, explica la mujer, quien denuncia que, desde entonces, no solo abundan los malos olores sino también problemas de salud como furunculosis o dermatitis. “No vivimos de arriba. Para nada. Vivimos de abajo para más abajo. Yo invitaría a quienes prejuzgan a ponerse en nuestros zapatos. ¿De verdad alguien puede pensar que vivimos mejor por no pagar servicios?”, se pregunta.Los prejuicios hacia las personas que viven en la pobreza no son recientes. Según el historiador Ezequiel Adamovsky, la división de clases siempre estuvo apoyada sobre nociones de jerarquía racial en nuestro país. Por ende, todos los juicios de valor sobre la pobreza son racializados, aunque la persona en cuestión no tenga la tez morena. “Hacia fines del siglo 19 los prejuicios que hasta entonces recaían sobre la comunidad afro se hicieron extensivos a las personas pobres. Ahí surge el uso de ‘negro’ como insulto. También son de larga data el prejuicio antiindígena y la costumbre de desacreditar al pobre por supuestos vicios morales: ‘es vago’, ‘bebe mucho’, ‘no tiene previsión’, etc.”, puntualiza Adamovsky.Según el especialista, también docente de la Unsam e investigador del Conicet, a lo largo del siglo 20 y en lo que va del actual, el racismo por motivos socioeconómicos ha tenido picos de recrudecimiento, que siempre coincidieron con un mayor protagonismo político de ese colectivo. Uno de los picos más recientes se registró tras la crisis de 2001, con el surgimiento del movimiento piquetero. Aunque ahí, Adamovsky detecta también otro fenómeno: “Hasta ese momento persistía, sobre todo en la clase media, la idea de que, si uno trabajaba y no tenía vicios, no iba a ser pobre. Pero la crisis de 2001 puso en jaque ese discurso, erosionando todas las certidumbres. No es casual que, en ese contexto, el racismo recrudeciera”, sostiene.”Accidente de nacimiento”En su artículo “Mitos sobre la pobreza”, el sociólogo y economista Bernardo Kliksberg desarma el supuesto que sostiene que la responsabilidad de vivir en la pobreza es de los pobres porque no trabajan lo suficiente para salir de ella. Según es especialista:”tras el mito subyace un implícito: la pobreza sería un problema de conductas individuales. Si se superaran esos rasgos, desaparecería”. Sin embargo, a su entender “muchos de los pobres están viviendo en ‘trampas de pobreza’. En sociedades tan desiguales como las latinoamericanas, tiende a conformarse el ‘accidente de nacimiento’”, puntualiza.En el citado documento, Kliksberg también explica que un niño que nace en un hogar pobre estará expuesto a riesgos de salud más severos y que, en muchos casos, trabajará desde pequeño. “De no mediar políticas publicas activas que rompan las “trampas de pobreza”, probablemente, los grupos familiares que conforme van a reproducir destinos similares”, sostiene el especialista.Según Bernardo Kliksberg, en sociedades desiguales como las nuestras, muchas personas viven en “trampas de pobreza”Los datos de la realidad también socavan ese mito. Según el informe “Radiografía de las juventudes en la Argentina”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, los jóvenes del estrato trabajador marginal tienen 10 veces más chances de no tener obra social, mutual o prepaga que los más ricos; siete veces más posibilidades de no estudiar ni trabajar; seis veces menos oportunidades de tener proyectos personales, y tres veces más probabilidades de experimentar un déficit de apoyo social estructural.”Los pobres son algo así como el material descartable de la sociedad capitalista”, reflexiona Emilio Seveso, doctor en Estudios Sociales de América latina y docente de la Universidad Nacional de San Luis, para quien “a las personas que los discriminan se les juegan razones inconscientes, que hacen que el acto discriminatorio esté por demás naturalizado, pero a su vez racionalizan ese acto, justificándolo con determinados supuestos en torno de la pobreza”.Seveso, también investigador asistente del Conicet, no descarta que uno de los factores que entran en juego en el acto de discriminar tenga que ver con los miedos que genera la pobreza. “La pobreza conjura todos los miedos sociales, que se van actualizando. Así como en 2001 el miedo era a caer en la pobreza, hoy tiene más que ver con la inseguridad”, agrega.Más allá de los motivos que la provoquen, todos los especialistas coinciden en que la acción de discriminar por razones socioeconómicas no es inocua. Sobre todo, cuando se vuelve sistemática y compartida. “Entre los pobres hay como una suerte de acostumbramiento –reconoce Seveso–. Te dicen: ‘no me importa’, pero ese ‘no me importa’ habla de que están acostumbrados, no implica que las acciones no tengan efecto. La agresión sistemática se vuelve parte de lo que soy. El pibe que usa gorra te dice: ‘no consigo laburo’. El malestar persiste, pero está coagulado porque si no sería insoportable.”

Fuente: La Nación

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El asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd, ocurrido hace pocas semanas, generó un amplio rechazo entre los argentinos. Pero, aunque algunos puedan creer que se trata de un flagelo que nos toca de lejos, el racismo opera de muchas maneras en nuestra sociedad. Todo aquel colectivo que se aleje de la idea de sociedad blanca y europeizada, también aquí, en la Argentina, sufre diferentes formas de rechazo y discriminación.Según las fuentes consultadas, el racismo a la argentina moldeó nuestra cultura e instituciones desde nuestros inicios como nación. Hoy continúa vigente, como si doscientos años de historia no hubieran sido suficientes para asumir que nunca fuimos la Europa de América latina. A veces nos muestra su cara más brutal, como en el reciente caso de la agresión a una familia qom, en Chaco. Pero en la mayoría de los casos es tan camaleónico, que pasa inadvertido en muchas de nuestras costumbres y hábitos sociales sin ser, por eso, menos nocivo.El repudio que generó el crimen del afroamericano George Floyd incluyó una marcha en el Centro porteño (Daniel Jayo/)El desprecio hacia los “negros” lo padecen los afrodescendientes, los pueblos originarios y los inmigrantes de ciertos países, como Bolivia, Paraguay y Perú, dejando en claro que el color de la piel es uno de los principales factores de discriminación en nuestro país. Por otra parte, la variable socioeconómica alumbra otro tipo de “negritud” igual de despreciada por buena parte del cuerpo social: los “negros villeros”, los “negros de alma” o, sencillamente los “negros de mierda”.Afroargentinos. “El racismo sigue siendo algo cotidiano en nuestra sociedad”En un informe reciente, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) consigna que el racismo en sus diferentes formas concentró el 17,2% de las denuncias entre 2008 y 2019. La mayor proporción tuvo que ver con discriminación contra migrantes (7,9%), el 4,1% hacia afrodescendientes, el 3,1% por condiciones socioeconómicas, el 1,8% por el color de piel y el 1,3% contra los pueblos originarios. En lo que va del año, las denuncias por este tema alcanzan el 16,2% del total.Y ¿cómo se traduce este racismo? De muchas maneras. Se expresa mediante la violencia que, en ocasiones, es perpetrada por las fuerzas de seguridad, según denuncian algunos de los colectivos afectados. También a través de discriminación en contextos laborales, o en la imposibilidad de acceso a lugares públicos por lo que popularmente se conoce como “portación de cara”. Pero también en ciertas costumbres naturalizadas como burlas y frases despectivas.Discriminación y prejuicios: ¿qué es lo que más denuncian los argentinos?Racismo y pobreza”Me ha pasado de trabajar en un lavadero y que me dijeran ‘negro’ con desprecio. Porque uno sabe cuándo te lo dicen con mala intención. O que no me dejaran entrar a un baile por mi ropa o por mi corte de pelo.” Quien habla es Brian Landriel, un joven de 27 años, oriundo de Bernal Oeste, que ha sido víctima en numerosas ocasiones de la mirada prejuiciosa de los demás por usar ropa deportiva, gorra con visera, o provenir de un barrio humilde.Muchos de los episodios de racismo socioeconómico que ha padecido Brian Landriel involucran a las fuerzas policiales (Santiago Hafford/)Las anécdotas se multiplican y muchas involucran a las fuerzas policiales. “Sé que si voy caminando por una calle y pasa un patrullero, lo más seguro es que pare a pedirme documentos aunque yo no esté haciendo nada malo. Me pasa en la estación de Lanús todo el tiempo. Los mismos policías me paran todas las veces. Y cuando te paran, te tratan mal, suponen que sos drogadicto y tal vez estás volviendo de un comedor en el que ayudás, o de jugar al futbol con tus amigos. Es re feo, te da una re bronca porque es injusto”, sostiene el joven.Este tipo de racismo, que toma la realidad socioeconómica de las personas como objeto de burla y discriminación, también boicotea oportunidades. “Una vez llevé el curriculum cerca del Obelisco para un trabajo de bachero. Era una agencia de trabajo. Me preguntaron qué hacía y de dónde era. Le conté todo a la persona que me entrevistó: que quería progresar para poder irme del barrio. ‘Vos tenés que quedarte en tu barrio’, me respondió. Me sentí muy mal esa vez”, rememora.La titular del Inadi, Victoria Donda, está convencida de que la discriminación racial y socioeconómica van de la mano. “Está muy instalado en una clase dirigente de la Argentina eso de los ‘negros de alma’, ‘negros de cabeza’. El caso del hombre que metió a su mucama en un baúl para llevarla a su casa del country es discriminación por condición socioeconómica y racial, además de otros delitos más. El caso de Villa Gesell (por el asesinato a Fernando Báez Sosa) es discriminación racial y de clase, además de ser un homicidio”, expresó recientemente, en una entrevista a LA NACION.Identidades enmascaradasLa matriz racista argentina cala muy profundo en el ADN nacional. Tanto, que se habla de un racismo estructural, fácilmente detectable en ciertas políticas públicas –o en la falta de ellas- que vulneran derechos esenciales y que, en no pocas ocasiones, homogeiniza e invisibiliza la riqueza cultural de nuestra nación.Verónica Azpiroz Cleñan es parte de la comunidad mapuche ubicada en Los Toldos desde tiempos ancestrales. Es politóloga y tiene documentado el proceso que los llevó de vivir en un territorio de más de 16.000 hectáreas a otro de media hectárea en la actualidad.La politóloga Veronica Azpiroz Clenan recién pudo abrazar su identidad mapuche a los 26 añosTodavía recuerda que, a sus ocho años, fue testigo de la última etapa de ese proceso, cuando el Estado otorgó títulos de posesión dentro de territorio mapuche a colonos que habían llegado con posterioridad. En esa ocasión la comunidad perdió también su cementerio. “La posesión veinteañal tuvo más peso que la ancestral. En aquella ocasión pusieron un monolito en el que el Estado agradece a la comunidad mapuche por haber dejado atrás sus actos de barbarie. El monolito permanece hasta el día de hoy”, se lamenta.En ese contexto hostil, asumirse indígena no era cosa simple. “Desde chico te marcan que sos diferente, te hacen sentir salvaje. Entonces crecés con el mandato implícito de no decir que sos indígena”, recuerda.No fue la única. El número de habitantes mapuches de Los Toldos es, al día de hoy, un enigma porque no todas las personas con raíces indígenas son capaces de asumirse como tales. De hecho, Verónica recién pudo abrazar su identidad a los 26 años, cuando estudiaba Ciencias Políticas en La Plata. Ahí comprendió que había vivido con una parte de su identidad no asumida, enmascarada.”Viví una vida de niña de clase media en la que sabía que no podía hablar de ciertos temas. Por eso a mí me conmueve tanto escuchar los relatos de los hijos de desaparecidos. Yo siento que viví toda una vida que no era propia. Cuando te das cuenta, te querés matar. Tuve que empezar terapia porque empecé a preguntarme si todo en mi vida -mis elecciones, mis afectos, mis amigos- era verdadero”, asegura.El politólogo y militante afroargentino Federico Pitta recuerda que sigue vigente el artículo 25 de la Constitución Nacional que establece que la nación argentina fomentará la inmigración europea. “Era el pensamiento hegemónico de la época en la que se sancionó. Pero que siga vigente hasta el día de hoy es muy ilustrativo. Si bien evolucionamos mucho como sociedad y estamos atentos a que en los espacios de decisión se cumpla el cupo de género, la cuestión racial todavía nos cuesta”, sostiene.Imagen de video de la brutal agresión de la policía a integrantes de la comunidad qom en el Chaco (Imagen de video/)”Tu papel es de negrita”Todavía hay, en nuestra sociedad, quienes sostienen que en la Argentina el racismo no existe porque, según ellos, no hay afroargentinos. A Mailen Lamadrid, cuyo árbol genealógico llega hasta los tiempos de la esclavitud, le ha pasado en diferentes ocasiones que la consideraran extranjera por sus rasgos, su pelo o su color de piel. Alguna vez, incluso, la creyeron prostituta por esas mismas razones.Por sus rasgos afro, en numerosas ocasiones a Mailen Lamadrid la han considerado extranjera (Alejandro Guyot/)Desde muy temprana edad Mailen comenzó a sentir las burlas y la discriminación por sus rasgos afro y por ser hija de un padre negro. Aún no se olvida de que, en el jardín de infantes, no la dejaron ser dama antigua para el acto del 25 de mayo. “Tu papel es de negrita, me dijo la maestra. Eso me marcó mucho”, rememora en diálogo con LA NACION. A aquel episodio le seguirían otras burlas y marginaciones que, de diferentes maneras, fueron vulnerando su derecho a vivir plenamente su identidad, especialmente durante su infancia y su adolescencia.Hoy estudia Derecho y milita en una organización, Xangó, en contra del racismo y en pos de la inclusión y la justicia social. Sabe que la larga historia de invisibilización y marginación que vivió la comunidad afroargentina llega hasta nuestros días. Al igual que el resto de los colectivos discriminados, sus integrantes son rehenes de trabajos mal pagos y el número de estudiantes va decreciendo a medida que se avanza en nivel educativo. También los acecha la violencia institucional por portación de cara. Pero todas estas vulneraciones son difíciles de cuantificar por falta de cifras estatales.”El último censo incluyó la variable étnico-racial por primera vez. Igual sabemos que hay muchos más afrodescendiente de los que reveló el censo (N. de la R.: cerca de 150.000 personas, aunque algunas estimaciones multiplican esa cifra por diez), que falta un trabajo fuerte del Estado para generar una mayor conciencia sobre las raíces afro”, agrega.Barreras invisiblesEl antropólogo Alejandro Frigerio sostiene que, sobre el racismo, operan cuestiones étnicas, sociales y culturales. “Hay una interseccionalidad. A veces no se racionaliza el racismo. Por eso podemos encontrar muchísimos actos racistas cometidos por personas que no se consideran racistas. Pero la realidad es que todos actuamos en base a ciertos estereotipos. El fenotipo es una variable racial importante en ciertas actividades: no ves muchos abogados de piel oscura, y si vas a un hospital, los imaginás como enfermeros pero no como médicos”, analiza Frigerio, también investigador del Conicet, quien sostiene que en los últimos años el racismo se volvió más explícito, producto de una mayor visibilidad de ciertos colectivos sociales.Frigerio puntualiza que, a principios del siglo pasado, las personas negras eran objeto de burla: se las consideraba taimadas y poco confiables. “Hacia mediados de siglo, con la migración interna desde las provincias del norte, se dio la irrupción de ‘los cabecitas negras’, que vivían en las afueras, eran los villeros. En los últimos años, a partir de la crisis de 2001, irrumpen los ‘negros de mierda’, los ‘negros cabeza’, con los cartoneros y los piqueteros circulando por toda la ciudad cuando, hasta ese momento, había zonas para cierta población racializada: la periferia, los barrios pobres”, agrega.Esas barreras espaciales, invisibles pero no por eso menos difíciles de franquear, persisten hasta el día de hoy. Flora Alvarado las conoce bien. Esta joven de 24 años, hija de inmigrantes bolivianos y oriunda de Villa Soldati, sintió en más de una oportunidad la mirada acusatoria que le hacía sentir que no debía estar allí durante sus tiempos de estudiante en el Colegio Nacional Buenos Aires. Ahora, que transita los circuitos del arte como estudiante en la Universidad Nacional de las Artes, el panorama no ha cambiado demasiado, asegura. “Los premios y las becas siguen siendo para las personas blancas”, agrega.Flora Alvarado asegura que sintió un trato discriminatorio durante sus épocas de estudiante en el Colegio Nacional Buenos Aires (Alejandro Guyot/)Como integrante del colectivo Identidad Marrón, que busca visibilizar y denunciar el racismo estructural en la Argentina, Flora se propone generar conciencia sobre el lugar marginal en el que quedan las “bellezas marrones” según los cánones imperantes. “¿Cuándo viste que a una persona marrón le den un protagónico? Si aparecemos es como delincuentes o empleadas domésticas”, ejemplifica.Lo cierto es que el poder de estas imágenes trasciende el universo estético y opera sobre el inconsciente colectivo. Cada vez que Flora ingresa a un local con personal de seguridad, es moneda corriente que le quieran revisar sus pertenencias. “A veces me pregunto por qué me las piden a mí y no a las personas que están ingresando en simultáneo –se indigna-. Pero ya no cuestiono y las entrego.”A pesar de nuestros dos siglos de historia, el racismo todavía impone privilegios, excluye y discrimina. El espejismo de la sociedad blanca y europea nos impide ver la enorme riqueza cultural que ha forjado nuestra nación y la enriquece hasta nuestros días. Visibilizarla y respetarla es un desafío que nos interpela a todos.Dónde denunciarSi sufriste discriminación podés comunicarte con el Inadi a través de su página web o vía mail a: 0800@inadi.gob.ar

Fuente: La Nación

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Jesús Gil Manzano es un español de 37 años que en estos días llama la atención en Brasil. Es el árbitro europeo de la Copa América. Un cruce continental como el de Fernando Rapallini, el argentino de la Eurocopa. Gil Manzano comenzó su carrera como árbitro en las divisiones regionales en 1995. Luego pasó al torneo de la Tercera División, y permaneció allí hasta el 2001. Con una sólida carrear en el ascenso, a los 28 años llegó a La Liga, debutando en un Málaga-Mallorca. Desde entonces, su paso fue tranquilo y ordenado por la primera división, hasta que en enero todas las luces lo apuntaron.Fue el árbitro designado para el encuentro entre Barcelona y Athletic por la final de la Supercopa de España. Tras un partido intenso, aunuqe sin sobresaltos, una jugada señalada por el VAR apuntó a una infracción de Lionel Messi y allí se dio algo histórico: Gil Manzano le mostró la primera tarjeta roja al argentino luego de 753 partidos en la primera división ibérica.Según el informe posterior, el detalle de la expulsión fue el siguiente: en el minuto 120 el jugador Messi, golpeó a un contrario con el brazo haciendo uso de fuerza excesiva estando el balón en juego pero no a distancia de ser jugado. Finalmente fue derrota de Barcelona por 3-2, y una imagen nunca vista para los catalanes.Gil Manzano no había visto la acción, pero Hernández Hernández le avisó desde la sala del VAR y, tras revisar las imágenes, mostró la roja directa al rosarino, que se fue sin protestar ante la claridad de su manotazo por detrás en la cara del jugador del Athletic. El árbitro ya había estado en el centro de la polémica cuando en otras oportunidades expulsó al uruguayo Luis Suárez o a Neymar, pero la acción con el argentino cobró mayor revuelo.A Suárez, lo expulsó el 7 de febrero de 2017, durante el partido de vuelta por las semifinales de la Copa del Rey frente al Atlético de Madrid. En el mismo encuentro Sergi Roberto también se fue expulsado. El uruguayo vio dos amarillas, la segunda por un codazo a Koke, y así se perdió la final. Ese mismo año, Barcelona visitó a Málaga y el brasileño -que ya tenía una tarjeta amarilla- arrolló a Diego Llorente con una entrada a destiempo y terminó por ser expulsado. Así, el Barça quedó sin capacidad de reacción y no pudo remontar el 2-0.Por un convenio entre la Conmebol y la UEFA, se estableció que árbitros de ambos torneos prestaran sus servicios en las competiciones que este año se disputan paralelamente, por lo que el español Jesús Gil Manzano fue seleccionado para arbitrar en la Copa América. El español fue el cuarto árbitro designado para el partido inaugural de la competencia en la victoria 3-0 de Brasil frente a Venezuela. Además, dirigió como principal dos partidos: Ecuador vs. Perú y Chile vs. Bolivia. Ahora le tocará el duelo de cuartos entre Uruguay y Colombia.Gil Manzano es árbitro FIFA desde 2014, cuando se convirtió en el colegiado internacional español más joven de la historia, a los 29 años.

Fuente: La Nación

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Que son pobres porque quieren. Que les gusta vivir de arriba. Que los jóvenes son violentos y consumidores de alcohol y sustancias en exceso. Algunos de los principales prejuicios en torno de la pobreza, compartidos por buena parte de nuestra sociedad, no tienen sustento en la realidad.Así lo sostienen el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, Agustín Salvia; la directora del Centro de Investigación Social de Techo, Gabriela Arrastúa, y Juan José Alberdi, encargado de los grupos para Jóvenes de la Fundación Franciscana, que trabaja con familias en situación de pobreza. Los especialistas y referentes fueron consultados para responder algunas de las creencias arraigadas en el imaginario colectivo, que quedaron en evidencia en la encuesta que la Consultora Voices! realizó para LA NACION el último año.”Son unos negros”, “son todos vagos”: qué hay detrás de los insultos a la pobrezaSegún el mencionado relevamiento, el 77% de los argentinos cree que las personas que viven en la pobreza sufren discriminación. Entre otros de los mitos más difundidos, el estudio reveló que un 58% comparte la creencia de que los jóvenes pobres son violentos y consumen drogas y alcohol, y que el 54% piensa que las personas pobres no salen de la pobreza porque no trabajan lo suficiente. Pero hay más: entre los diferentes prejuicios también figura que las personas que viven en las villas lo hacen mejor que uno porque no pagan los servicios y que tienen más hijos para recibir más asistencia del Estado.”No consiguen un empleo digno”Sin embargo, para Agustín Salvia, la idea de que los pobres no trabajan lo suficiente es un mito que falsea la realidad. De acuerdo el especialista, las personas que viven en condiciones de pobreza trabajan a diario. “Pero no consiguen un empleo digno, de calidad. Por eso, a pesar de todos sus esfuerzos puestos en el mercado así como para conseguir ingresos complementarios, no consiguen tener un horizonte más allá del día a día a pesar de todo el trabajo que hacen para su supervivencia”, explica.”Pagan con esfuerzo, salud y dinero”Por su parte, Gabriela Arrastúa sostiene que, quien afirma que las familias de los barrios populares no quieren pagar por los servicios, está negando dos realidades: que en los barrios populares no hay servicios básicos formales y que, por ende, lo que obtienen lo pagan más caro. “Lo pagan con su esfuerzo, con su salud y también con su dinero. Por ejemplo, tienen que buscar alternativas para acceder al gas como las garrafas y, para acceder al agua, realizar perforaciones que hacen funcionar con bombas eléctricas. Al carecer de cloacas, poseen pozos ciegos que muchas veces terminan contaminando el agua que las familias consumen”, agrega.Los vecinos de los barrios populares se organizan contra el hambre en la pandemia”Una mirada sin juicios, una palabra de aliento”Según el informe “Radiografía de las juventudes en la Argentina”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, los jóvenes del estrato trabajador marginal tienen 10 veces más chances de no tener obra social, mutual o prepaga que los más ricos; siete veces más posibilidades de no estudiar ni trabajar; seis veces menos oportunidades de tener proyectos personales, y tres veces más probabilidades de experimentar un déficit de apoyo social estructural. Sin embargo, según cifras de esa institución, solo el 9% de los jóvenes del estrato trabajador marginal tiene un consumo problemático de sustancias.Es por eso que Juan José Alberdi, de la Fundación Franciscana, considera fundamental el compromiso de toda la sociedad para evitar que los jóvenes que viven en contextos vulnerables atraviesen situaciones de violencia o consumos problemáticos. “La experiencia nos muestra que cuando un joven recibe una mirada sin juicios, una palabra de aliento o un lugar de pertenencia y de expresión esto lo puede ayudar a desplegar sus capacidades al servicio de la sociedad”, reflexiona.”Aquí tampoco podemos respirar”. Cómo opera el racismo en la ArgentinaLa proliferación de mitos y estereotipos estigmatizantes hacia las personas que viven en la pobreza es una de las maneras en las que se manifiesta el racismo socioeconómico, un tipo de discriminación que el Inadi viene denunciando desde hace años. En el informe “Entender la discriminación”, difundido por el organismo, se sostiene que “la relación entre racismo y pobreza se hace evidente cuando se oyen expresiones asociadas al racismo biologicista clásico (‘son unos negros’) o al racismo cultural al, por ejemplo, desvalorizar los hábitos y gustos de las clases populares”. Ver esta publicación en InstagramAraceli Ledesma, de la mesa de trabajo del Barrio Luis Lagomarsino, explica porque es falsa la creencia de que la gente que vive en barrios populares no paga los servicios y cuenta su experiencia.Una publicación compartida de FUNDACION LA NACION (@fundacionlanacion) el 28 Ago, 2020 a las 1:08 PDT

Fuente: La Nación

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En la Argentina del crisol de razas “hay migrantes de primera y de segunda categoría”. Para nuestra sociedad, no da igual si quien busca desarrollarse en estas tierras proviene de Europa o de América latina. Así lo sienten quienes llegaron de otras latitudes pero de esta misma región, de los países limítrofes y más cercanos al nuestro.De ese grupo de naciones, las comunidades procedentes de Bolivia, Paraguay y Perú cargan con estigmas y prejuicios más propios del racismo que de la xenofobia. La discriminación que padecen sus miembros se sostiene en mitos infundados, del tipo de “nos vienen a sacar el trabajo” o “saturan nuestro sistema de salud”. Casi calcados, son los mismos prejuicios que padecen muchos otros grupos de migrantes del mundo. Pero, además, sobre bolivianos, peruanos y paraguayos pesa un rechazo a sus rasgos, su color de piel y su cosmovisión, según denuncian especialistas y las propias colectividades.Corrían los inicios de los años noventa cuando Sandra Condori Mamani (Chana) llegó de Bolivia con sus padres y se convirtió en la primera alumna extranjera en una escuela pública de Floresta. Cuenta que estaba lista para empezar tercer grado, pero los directivos de la institución decidieron ubicarla en segundo. “Lo hicieron sencillamente porque yo era extranjera, no porque hubiera problemas con mi nivel de aprendizaje”, asegura. Todavía recuerda que, por aquellos años, portaba a donde fuera su diccionario de porteñismos porque “integración” era, entonces, sinónimo de “homogeinización”. No había lugar para las diferencias. Incluso si se trataba de hijos de bolivianos nacidos en la Argentina, como era el caso de sus hermanos.”Lo nuestro es portación de cuerpo y de apellido que remite a una ancestralidad indígena, eso que justamente no se quiere ver en la sociedad argentina, que se rechaza a causa del racismo estructural. Entonces uno también es rechazado. No es lo mismo si sos europeo, porque en la Argentina hay migrantes de primera y de segunda. Y cuando sos parte de una comunidad racializada, las oportunidades no son las mismas. Y para acceder a ciertos espacios, ya sea laborales o educativos, tenés que demostrar tus credenciales más que el resto, porque siempre hay una duda”, asegura Condori Mamani, trabajadora social (UBA), quien se encuentra haciendo una maestría de Estudios en Políticas de Genero en la Untref. Además, es parte del colectivo Identidad Marrón.Según Gabriela Liguori, directora ejecutiva de la Comisión Argentina para Refugiados y Migrantes (Caref), podríamos decir que la lógica racista que opera sobre esta población migrante se tradujo a lo largo de la historia en prácticas discriminatorias que la excluyeron de diversos modos. “Por las propias políticas migratorias que se fueron dando en el país, históricamente y hasta 2004 a la población regional le resultó especialmente difícil acceder a la documentación en la Argentina. Eso les implicó mayor exclusión de políticas sociales tales como educación y salud, el acceso a trabajos en el sector más informal y precario y también dificultades para el acceso a la vivienda”, analiza.”Aquí tampoco podemos respirar”. Cómo opera el racismo en la ArgentinaEn un fragmento de su ensayo “Racismo estructural (¿susceptibilidad, veracidad o qué?)”, Condori Mamani habla de la duda en torno de los migrantes, su potencial y capacidades: “Naturalizamos tanto que puede suceder confundir ‘cliente con abogado’, ‘paciente con medicx’, porque opera la racialización de los cuerpos, del trabajo y las relaciones. Es más probable que el pobre (que lo es pero es la estructura) sea ‘más oscuro’ y sea el histórico ‘asistido’. Y este pobre es un peligro o una sospecha si porta rasgos indígenas y al toque suponemos que es de otro país, pero ese país es limítrofe y andino”.”Somos portadores de una ancestralidad indígena que se rechaza”, sostiene Sandra Condori Mamani, quien llegó de pequeña desde Bolivia (Hernán Zenteno/)La interculturalidad, aún un desafío”Los prejuicios, estigmas y discriminación producen mucho padecimiento en las familias migrantes. Para los niños y niñas en muchos casos es difícil transitar por las escuelas sin sufrir descalificaciones y malos tratos de pares”, agrega Lliguori, de Caref, quien asegura que existe cierto desconocimiento o desconcierto por parte de la comunidad escolar para abordar adecuadamente el tema.La especialista también sostiene que no solo el acceso a la vivienda o al trabajo se ven afectados por estos prejuicios, sino también el acceso a la salud. “No solo se les niegan turnos por no tener DNI (cosa que no debiera ocurrir según nuestra legislación) sino que padecen malos tratos derivados de esta mirada negativa sobre las personas migrantes que ha hecho que en muchos casos se demoren las consultas y se lleguen a estadíos de enfermedad que podrían haber sido prevenibles”, alerta.Flora Alvarado: “En la cultura audiovisual aparecemos como delincuentes o empleadas domésticas”Según el censo del año 2010, del total de la población inmigrante de origen americano (1.471.399), el 84,6% corresponde a la de los países que, desde el punto de vista geográfico, limitan con la Argentina. Esta población está constituida por un 36,4% de paraguayos, un 23,5% de bolivianos, un 13% de chilenos, el 7,9% de uruguayos y el 2,8% de brasileños; en tanto que los peruanos representan el 10,6% del total de inmigrantes americanos.”Las migraciones internacionales hacia la Argentina han sido un componente fundamental en la historia de este país; y la inmigración limítrofe, con presencia en el territorio desde antes de la conformación del Estado, ha circulado históricamente a través de las fronteras, desarrollando actividades comerciales en ambos lados de las mismas”, describe Gabriela Fernández, jefa de la oficina de la Organización Internacional de Migraciones Argentina. Y explica que, actualmente, las personas migrantes representan el 5% respecto al total de la población argentina, y que la mayoría de los y las migrantes son limítrofes (80%). “Su porcentaje nunca ha variado en forma relevante”, aclara Fernández.Fuentes de ese organismo, reconocen que, a lo largo del tiempo, los rasgos fenotípicos de una persona, el género, el sector social y su lengua materna o mismo la variedad regional de una lengua, han sido, generalmente, motivos de exclusión. “De ahí la importancia de poder adoptar un enfoque intercultural, promoviendo el encuentro entre las personas y la construcción de relaciones equitativas más allá de sus orígenes nacionales, étnicos y religiosos”, agregaron.Pero eso es, hasta el momento, una materia pendiente. Entre 2008 y 2019, el 7,9% del total de las denuncias recibidas por el Inadi fueron originadas por algún tipo de discriminación a causa de ser migrante. De ese total, la gran mayoría procedía de países latinoamericanos. Asimismo, un estudio reciente sobre prejuicios y discriminación realizado por el Observatorio Política Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA concluye que los mayores niveles de prejuicio de los argentinos hacia diferentes grupos sociales se observaron contra los migrantes latinoamericanos.Estigmas que pesanNatividad Obeso todavía recuerda aquella leyenda pintada en una pared, con la que se topó una vez en Once. Había llegado al país en 1994 huyendo de su Perú natal para evitar ser presa política o, peor aún, que la mataran. Y ahí estaba, ante sus ojos, la peor cara del desprecio local hacia ella y los suyos estampada en una pared: “Haga patria. Mate a un peruano”.Decidida a traer a sus cuatro hijos, tuvo que olvidarse de la empresa que manejaba en su país y de los empleados a su cargo para trabajar como vendedora ambulante y empleada doméstica. “Trabajaba de sol a sol. Tardé cinco años en conocer el Obelisco”, rememora esta mujer de 59 años.De aquellos primeros tiempos, acumula recuerdos de malos tratos de sus empleadoras y un episodio con la policía. “A mí me habían dicho que nunca anduviera con mis documentos encima, porque si me los robaban tendría problemas. Un día, entrando al supermercado, alguien me toma bruscamente del brazo. Era un policía. Me pidió documentos y le expliqué el motivo por el cual no los tenía encima. Me llevaron demorada inventando que yo estaba haciendo disturbios en la vía pública”, recuerda Obeso, en diálogo con LA NACION.Lo que siguió fueron, asegura, casi veinticuatro horas en una celda. Recién al día siguiente la dejaron salir, luego de cumplir con un pedido. “Me dijeron que, para poder irme, primero tenía que limpiar toda la comisaría. Y así lo tuve que hacer”, sostiene Obeso, líder de la Asociación de Mujeres Unidas, Migrantes y Refugiadas en Argentina (Amumra), que acompaña a las mujeres y sus familias para que logren una verdadera integración en nuestro país. La organización también ha participado activamente en la sanción de leyes y documentos que han ido mejorando la calidad de vida de quienes llegan al país buscando una vida mejor.”Todavía hay muchos prejuicios y estereotipos que superar”, afirma Natividad Obesa, quien llegó de Perú en 1994 (Daniel Jayo/)”Todavía hay muchos prejuicios y estereotipos que superar. A los peruanos nos dicen ‘perucas’ y se cree que todos estamos en el narcotráfico o la delincuencia. Los bolivianos son los ‘bolitas’ y se los cree sumisos. A quienes vienen de Paraguay se les dice ‘paraguas’ y se sostiene que las mujeres se dedican a la prostitución. Todo falso. Yo lo sé porque camino el territorio, hablo con la gente”, afirma.Sin embargo, el destino que todo ese cúmulo de desprecio y discriminación puede llegar a tener en las fuerzas de seguridad es lo que más le duele y le preocupa. “A nivel político cuesta todavía -se lamenta-. Los gobiernos nos tratan como colectividades, nos convocan para las fiestas que organizan, se interesan por nuestra cultura y nuestras costumbres para el entretenimiento, pero no mucho más. ¿Y nuestros derechos?”.Fuentes:Entrevistas telefónicas a las protagonistas de las historias.Consulta vía mail a laOrganización Internacional de Migraciones Argentina y a la Comisión Argentina para Refugiados y MigrantesMaterial de consulta:Informe: “Prejuicio y discriminación en Argentina”. (Buenos Aires, Argentina 2020), del Observatorio de Psicología Social Aplicada, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires: http://www.psi.uba.ar/opsa/#informesDenuncias recibidas por el INADI: un informe del periodo 2008-2019: https://www.argentina.gob.ar/noticias/denuncias-recibidas-por-el-inadi-un-informe-historico-del-periodo-2008-2019Ensayo: “Racismo estructural (¿susceptibilidad, veracidad o qué?)”, de Sandra Condori Mamani (Chana) proporcionado por la autora pero accesible aquí: https://latfem.org/racismo-estructural-susceptibilidad-veracidad-o-que/

Fuente: La Nación

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