Hace unos doce meses, cuando Alberto Fernández creía en el poder curativo de la más larga y estricta cuarentena del mundo, él aseguraba que ganaría las elecciones de este año porque la sociedad le agradecería una vacunación masiva contra el coronavirus y una economía que estaría a estas alturas en plena expansión. La Argentina es hoy uno de los países con menos porcentaje de habitantes vacunados con las dos dosis, y la economía apenas se despereza, imperceptiblemente, después de una brutal caída de su PBI de casi el 10 por ciento en 2020. Asustado otra vez por la posibilidad de una nueva ola de contagios, el Presidente se rectificó de lo que había hecho (y lo había hecho mal) con las vacunas más prestigiosas del mundo –Pfizer, Moderna y Janssen–, y les cerró las puertas del regreso a miles de argentinos que quedaron en el exterior, muchos sin recursos y todos sin certezas. El Presidente debería verse en algún espejo: su gobierno está lleno de funcionarios incompetentes y de decisiones arbitrarias.El primer rasgo de la crisis que debe reconocerse es la existencia cierta de una nueva variante del coronavirus: la delta, que surgió en la India. Esa variante, que tendría más contagiosidad y sería más letal, está provocando una regresión en la virtual pospandemia que vivían Europa e Israel, por ejemplo. Se han elevado los contagios y las autoridades sanitarias debieron rever decisiones de apertura y distensión. El segundo trazo del conflicto es que la pandemia se convirtió en el pretexto político ideal de muchos gobiernos para olvidar la ley y avanzar sobre las libertades de los ciudadanos. Un caso emblemático es el del tirano Daniel Ortega en Nicaragua, donde cayeron presos todos los candidatos presidenciales que deben competir con el mandamás en noviembre próximo. Aceptémoslo: a tales extremos de despotismo no había llegado ni siquiera Hugo Chávez en sus tiempos de poder y gloria. Aquí, Alberto Fernández violó varios artículos de la Constitución con una mera decisión administrativa, la que bajó a solo un tercio el número de personas que pueden llegar al país en avión. Desconoció, así, la libertad de los argentinos para circular y para entrar y salir del país, que son garantías constitucionales. Si no existiera la pandemia, ¿habría tenido el Presidente el coraje para enfrentarse de esa manera a numerosos sectores de la clase media? Si lo hubiera hecho, ¿cuántas consecuencias políticas catastróficas debería aceptar el jefe del Estado? Muchas y graves, seguramente. La pandemia es la excusa perfecta del autoritarismo, la usen en Managua o en Buenos Aires.Casi todos los gobiernos han tomado medidas excepcionales para enfrentar la pandemia y sus novedosas variantes. La diferencia consiste en que los países civilizados les dieron a sus ciudadanos (o a los extranjeros) previsibilidad y certidumbre. Entran o no entran. O entran y salen respetando algunas condiciones. Todos lo saben de antemano. ¿Existían aquí mejores alternativas que dejar varados a miles de argentinos en el exterior? Las había. En el Aeropuerto de Ezeiza se hace solo el test de antígenos, no el PCR, que es más preciso y profundo. Varios científicos aconsejan un método sencillo y eficaz. Si el test de antígenos le diera positivo a un viajero, la discusión se acabaría en el acto. Estaría contagiado y enfermo, y debería ser aislado. Y si le diera negativo, debería someterse a un test de PCR para establecer si es un enfermo asintomático. Además, es inexplicable que el control de la cuarentena obligatoria se haga mediante inspecciones físicas en las casas de los viajeros o por teléfonos fijos. La tecnología está en condiciones hoy de establecer con precisión dónde está el titular de un teléfono celular. Otros países han establecido también un listado de naciones que están en zona verde, amarilla o roja; es una manera de ordenar el riesgo potencial de contagio de los que viajan. El gobierno argentino ha llegado al absurdo de impedir que los argentinos regresen de lugares con menos posibilidades de contagio que en su propio país.Una constatación es insoslayable: el Gobierno ha hecho sus cálculos electorales para eliminar el bisturí del cirujano y optar por la sierra del carnicero. Si existen realmente 40.000 argentinos varados en el exterior, esa no es una cifra significativa, ni mucho menos, para el resultado de una elección legislativa. Los funcionarios suponen que esos argentinos pertenecen a un sector social que nunca votará al kirchnerismo. Merecen el infinito castigo. El oficialismo imagina también que todas las personas que viajan son ricas y están en condiciones de alargar felizmente sus vacaciones, como dijo con sorna y sin lástima la directora de Migraciones, Florencia Carignano. El trecho entre el prejuicio y la discriminación es muy corto.Ahora bien, ¿por qué demoraron siete meses para terminar acordando con los principales laboratorios productores de vacunas? ¿Por qué el Presidente tuvo que modificar una ley mediante un decreto de necesidad y urgencia después de que su propio bloque de diputados se negara a aprobar los cambios promovidos por el jefe del Ejecutivo? Hasta la oposición se había ofrecido a votar a favor de esas modificaciones. El kirchnerismo dijo que no. El Presidente debió hacerse cargo del tema por su cuenta. Seguramente fue Cristina la que impidió un acuerdo con la oposición en el asunto más relevante para la sociedad y la salud pública. Pfizer es mía, quiso decir sin decirlo. Mal mensaje sobre el liderazgo del Presidente en el bloque de diputados oficialistas. El kirchnerismo pasó en el tema de la vacuna Pfizer de denunciar “condiciones inaceptables” que habría pedido el laboratorio (Ginés González García dixit) a las “situaciones violentas de exigencias” que ponía la empresa norteamericana, según aseguró en su momento el propio Presidente. El director para la Argentina de Pfizer, Nicolás Vaquer, aseguró en el Congreso que el laboratorio se había comprometido a venderle al país 13,2 millones de dosis, que habrían comenzado a llegar a fines del año pasado. Siete meses después, y luego de una rebelión de la clase media, que aspira a las mejores vacunas, el Gobierno se olvidó de aquellas denuncias y rectificó. Acordó con Pfizer. El kirchnerismo no evitó ni siquiera el insulto cuando dijo que “los periodistas están enamorados de Pfizer” porque investigaban el frustrado acuerdo con ese laboratorio. Insistamos: ¿por qué se perdió tanto tiempo en una cuestión crucial para la salud pública? ¿Por qué debieron lamentarse cerca de 100.000 muertos antes de la rectificación? ¿Por qué no se consideró una “situación violenta” que el gobierno ruso no proveyera la segunda dosis de la vacuna Sputnik V? ¿Cómo no encontrarle, con esos datos objetivos, un sesgo ideológico a la perdidosa política de compra de vacunas por parte del Gobierno?Las cosas suceden en el contexto que suceden. Algo que ocurrió y que provoca tanta preocupación como suspicacias es la designación por parte del kirchnerismo de Juan Carlos Cubría como nuevo secretario de la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura. Un lugar clave para acusar y remover a los jueces. La designación atropellada y autoritaria provocó la renuncia del presidente de la Comisión, el juez Ricardo Recondo. Cubría es hijo de la jueza federal María Servini, también con competencia electoral nacional. En adelante, la jueza Servini debería excusarse en todas las causas contra el partido gobernante y sus dirigentes; también en las causas que juzgan a los opositores del Gobierno. Ya existen la incompetencia y la arbitrariedad. El privilegio y la persecución están demasiado cerca.

Fuente: La Nación

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Vive en una aldea lejana de Alemania, ama bailar, pero a pesar de su juventud la enfermedad le impone un límite. No es por su desobediencia ni por la danza que se quiebra el corazón. La campesina muere por amor cuando descubre que el duque Albrecht la ha engañado tras deshojar la margarita camuflándose en la piel de un hombre de su clase. Traspasará el umbral de la locura y renacerá en espíritu, con una generosidad inaudita, a la hora del perdón. La historia de Giselle, el ballet romántico más emblemático y difundido del repertorio clásico es, de tan conocida, naturalizada y, muy lejos de pasar de moda, adquiere nuevas interpretaciones con el correr del tiempo. ¡Cuánto podríamos decir hoy de las Willis, esas mujeres fantasmagóricas que perdieron toda inocencia, víctimas del desamor, y que esperan a él –cualquiera sea él– en un bosque oscuro para jurarle venganza: “¡bailarás hasta morir!”Una escena de Giselle en 1841 (Archivo /)Giselle cumple esta semana 180 años desde que se estrenó en la Ópera de París el 28 de junio de 1841, y en todo el mundo la recuerdan. No es para menos: atravesó tres siglos. El libreto de Théophile Gautier, inspirado en leyendas del poeta Heinrich Heine, creó un mito. La coreografía de Jean Coralli y Jules Perrot llega así hasta nuestros días –no sin agregados y modificaciones–. Y la partitura de Adam resiste estoica hasta las versiones más contemporáneas. Es la “música parlante”, creada especialmente para contar la trama, la que llega al punto de generar la ilusión de que la orquesta nos habla. “¿No escuchan? Ahí pareciera gritar: ¡Mamá!”, sugería hace días en una de sus clases la profesora de historia de la danza Lucía Chilibroste, volviendo atrás una y otra vez el video en el momento del fatídico desenlace en el primer acto.Afiche del debut, en 1841, con el cast completo y el título original, que nombraba a las WillisEl afiche original con los créditos recuerda, además, que el debut se realizó con el título de “Giselle o las Willis” y que estaba precedido por una escena de la ópera Moisés, de Rossini, en un tipo de funciones que si bien ya iban acortándose todavía podían ser larguísimas. Amén de la curiosidad y el encanto que le confiere el paso del tiempo, este documento hace constar, también, toda una serie de nombres que desde entonces pasarían a la historia como los primeros; entre ellos, por supuesto, el de la bailarina Carlotta Grisi, y el de Lucien Petipa (hermano de súper Marius), como el príncipe.“Giselle es una obra de arte. Su argumento se centra en un drama humano y de amor. Ahí reside toda su belleza, que más allá de la traición y de su muerte, ella todo lo sublima a través del perdón”, dice Iñaki Urlezaga. En la foto, en el primer acto, con Anastasia Kolegova del Mariinsky de San Petersburgo, en una de las funciones que presentaron en el Teatro Coliseo, en 2012, con la compañía que el platense tenía entonces, Ballet Concierto (Eduardo Carrera/AFV/)“Una obra de arte no es aquella que va siempre diciendo la misma verdad en todas las épocas, sino que en cada época encuentra una verdad nueva que expresar”, parafrasea Iñaki Urlezaga a Roland Barthes en una oportuna reflexión por la conmemoración de este aniversario. En su carrera internacional, el artista platense fue innumerables veces el duque Albrecht, un personaje al que comprendió más profundamente con la madurez, pero que recibió como “un regalo” cada vez que le tocó interpretar. El bailarín argentino Luis Ortigoza –actual director del Ballet de Santiago– cree que el desempeño de Albrecht se juega en esa lenta caminata hacia la tumba que abre el segundo acto. El chileno César Morales, figura principal del Birmingham Royal Ballet y flamante ganador de los National Dance Awards británicos, repara en la resistencia física y la interpretación “verdadera” que demanda, alumbrando que es la transmisión de un sentimiento de culpa lo que hay que ser capaz de lograr.“Las sensaciones cambian con cada bailarina -dice Julio Bocca, la gran estrella argentina-. El trabajo para que parezca que ella no pesa nada, que es un espíritu, por supuesto es de los dos. Yo tuve la suerte de hacerlo con artistas increíbles.” En la imagen, una escena del acto blanco de “Giselle” con el ABT en el MET de Nueva York: Bocca y Alessandra Ferri eran la pareja perfecta a finales de los años 90 (Gentileza Julio Bocca/)No es sencillo. Al propio Julio Bocca le costó “muchísimo” entenderlo y no tanto por el carácter irracional del segundo acto, cuando Albrecht se reencuentra y dialoga con su amada muerta entre fantasmas. Más bien, todo lo contrario. “Una de las primeras funciones que hice fue con Silvia Bazilis, en el Festival de Cuba, y luego ya en el American Ballet Theater (ABT), con Alessandra Ferri. Siempre entendía a Albrecht como una persona mayor, no sé por qué. Lo vi por grandes figuras, como Eduardo Caamaño y Raúl Candal, y por supuesto por Vladimir Vasiliev y Gheorghe Iancu, que vino al Teatro Colón con Carla Fracci, y siempre me parecía un hombre grande. El tema del enamoramiento y el engaño en el primer acto me costaba muchísimo, hasta que después de unos años de estar en Nueva York le pregunté una vez a Alejandra Boero cómo podía solucionar eso: en la escena de la locura, por ejemplo, yo estaba ahí, tanto tiempo de pie, sin bailar, incómodo”. Gran formadora de actores, Boero le indicó sencillamente leer el libreto para desbloquearse: el duque “tenía 18 años”, se ríe ahora Bocca, para subrayar el poder de los maestros y, luego de la anécdota, “sentir” el rol de modo más natural. “Creo que es un ballet maravilloso, aunque es más para la mujer que para el hombre”.Sin dudas: es un ballet con nombre de mujer. Desde Grisi en 1841, innumerables bailarinas inmortalizaron a la célebre aldeana que transforma a través del amor aquella fragilidad inicial en una gran fortaleza espiritual. Anna Pavlova, Natalia Bessmertnova, Carla Fracci, Alicia Alonso, Olga Ferri… Cualquier lista es perfectible e incompleta. Pero no es cierto que todas hayan querido o incluso podido hacerlo. Grande entre las grandes, Maya no se animó; su indisimulable admiración por Galina Ulánova fue en este sentido paralizante. Sí hizo a Mirtha, en 1956: “Mi papel soñado”, describe en un capítulo de su autobiografía, Yo, Maya Plisetkaya. “Veía a Mirtha como un personaje de una fuerza sobrenatural, no quería bailarla como guardiana del cementerio. Con ella un frío helado debía correr la sala sobrecogida de terror”. También fue una de las dos Willis: preparó su variación, nada menos, con Vagánova. “Nunca llegué a bailar el papel de Giselle, puede que sea el único de los grandes papeles del repertorio clásico que no interpreté. Me preguntaron mil veces, ¿por qué no baila Giselle? Nunca he encontrado una respuesta convincente. Algo dentro de mí se oponía, se resistía, se negaba”.No faltará quien apunte: ¡Y Margot Fonteyn!, en el inicio de su inigualable relación con Rudolf Nureyev, quien ya había debutado dos años antes, en 1959, con una leyenda viva, que continúa despertando la pasión en las generaciones más jóvenes: Irina Kolpakova.Irina Kolpakova en la escena de locura que desencadena el fatídico final del primer acto de “Giselle”, en el Teatro Mariinsky (Archivo/)Paloma Herrera es una de esas destacadas bailarinas que desde el primer día en el ABT y literalmente hasta el último, sin una sola excepción en 25 años, tuvo como coach a Kolpakova. Sin embargo, por el honor que tienen los grandes de verdad, la maestra rusa no se puso como ejemplo en la sala de ensayo ni una sola vez. Su sabiduría era otra. “Trabajar con Irina en Giselle no fue diferente que para otros roles. Su generosidad consistía en sacar lo mejor de cada una, sin importar cómo lo hubiera hecho ella en su carrera, y yo confiaba ciegamente en sus ojos”.Dice Paloma Herrera: “Giselle es un ballet tan importante y con tantas grandes figuras que en la historia lo habían marcado, que quise llegar a él sin preconceptos. No lo tenía idealizado, fui ir de cero y ver qué salía de mí”. Comenzó a bailarlo en 2001 y no se detuvo hasta la noche de su despedida de los escenario tras una carrera internacional de más de 25 años (Jorge Fama/)Esa confianza es esencial a la hora de componer un personaje dramático que tiene el desafío de representar el sufrimiento que significa la traición, sin caer en la sobreactuación. En ese sentido, la escena de la locura, gran bisagra de la obra, se erige como la gran cumbre interpretativa. La prueba está en esa mirada desesperada que las mejores artistas dejan grabada para siempre en la retina del espectador. “La escena de la locura le llega a la gente cuando es creíble y si es sobreactuada puede resultar llamativa o espectacular; yo siempre busqué que se viera natural”, sigue Herrera, al frente del Ballet del Teatro Colón.El gran clásico del romanticismo, con Nadia Muzyca (Giselle) y Federico Fernández (Albrecht) en los roles principales, enfrentando el poder de Mirtha, la reina de las Willis, en una de las últimas reposiciones del clásico que hizo el Ballet Estable del Teatro Colón
(Máximo Parpagnoli/)Compañía con gran trayectoria en el título (cabría aquí un larguísimo paréntesis de nombres que recordar, más acá en el tiempo respecto de los ya citados, como los de Alejandro Parente y Karina Olmedo, Dalmiro Astesiano, Silvina Perillo, Edgardo Trabalón y Maricel De Mitri; o Federico Fernández y Nadia Muzyca, entre otros que aún siguen haciéndolo), tenían programada la versión de Gustavo Mollajoli para las temporadas 2020 y 2021, pero la pandemia la dejó en stand by. Paloma comenzó a bailar Giselle en la Metropolitan Opera House en 2001; esa temporada, con la joya del romanticismo recorrió Estados Unidos, un país shockeado por el 11-S, y también la hizo en Buenos Aires. Quince años más tarde, se sacó las zapatillas de punta envuelta en el llanto de la despedida sobre el escenario del Teatro Independencia de Mendoza, su última noche, su último vuelo, bailando Giselle. La acompañaba Juan Pablo Ledo como partenaire y el Ballet Estable que hoy mismo ella dirige.Alejandro Parente y Karina Olmedo, exprimeros bailarines del Teatro Colón, se retiraron en 2018, pero para el público habitué seguirán siendo por mucho tiempo, juntos o separados, Albrecht y Giselle (Gentileza Teatro Colón/)Bruma, tul y que no se note¿Qué tiene que tener una bailarina para ser Giselle? La idea de un ser ingrávido, que flota, no sólo la da la bruma nocturna de la ambientación ni el tutú largo, con varias capas de tul: ser ligera para vencer a Newton en el celebérrimo acto blanco tiene una técnica, que no es aquella brillante de las piruetas ni el virtuosismo, sino que está labrada en el detalle, en la calidad del movimiento, la exacta inclinación del torso o los saltos que no dejan ver esfuerzo, los mismo que podría dar un ángel. Sin embargo, avezadas figuras, con autoridad como para dar sentencia, afirman que para una buena bailarina la técnica no debería ser aquí una preocupación; lo esencial es la interpretación. Así lo señalaba esta semana la uruguaya Sara Nieto –exestrella en Chile y gran maestra–, en un conversatorio organizado por la Fundación Cultural Providencia, que puede verse online hasta el 12 de este mes. Nieto, que considera que Giselle es para una bailarina lo que Hamlet para un actor, da cuenta de su larga experiencia… ¡si solo le faltó ser Albrecht!: en sus comienzos, por supuesto, hizo cuerpo de baile, luego una de las dos Willis, encarnó a Mirtha, a Giselle, a Bathilde y hasta a la madre de la protagonista, a pedido de Bocca, en uno de los últimos montajes bajo su dirección en el Ballet del Sodre.Marianela Núñez hizo su primera “Giselle” a los 28 años, hace ya una década. Vivaz e ingenua en el comienzo del primer acto, alcanza su máxima expresión en la escena de la locura. En la imagen, la otra faz de la composición, etérea y fascinante, igual de conmovedora, con su partenaire Vadim Muntagirov, para el Royal Ballet de Londres (© Tristram Kenton/)La evolución de Giselle en el lenguaje clásico continúa hasta hoy a la par de una inconmensurable cantidad de versiones que la danza contemporánea hizo (y hace) del ballet original. En los años ’80, Mats Ek conmocionó con una pieza que traslada la acción del segundo acto, del bosque de Willis a un manicomio: ya sea con su mujer, Ana Laguna, para el Cullberg, o con Manuel Legris y Aurelie Dupond en la Ópera de París, tras el impacto que generó esta obra en la escena europea varias compañías quisieron sumarla a su repertorio, del San Carlo al Mariinsky (registro de muchas se encuentran fácilmente en YouTube).Maria Abashova y sus compañeros del Ballet Eifman de San Petersburgo actúan en “Red Giselle”, del coreógrafo Boris Eifman, dedicada a contar la vida de la bailarina Olga Spessivtseva (ANDREA MOHIN/)También adquirió visibilidad la Red Giselle de Boris Eifman, aunque en ese caso la historia ya no es aquella de 1841 sino la de la propia Olga Spessivtseva, signada por los acontecimientos políticos de Rusia, su salud mental y una trayectoria estelar que terminó en Buenos Aires, con su última presentación en público en el Teatro Colón, en 1939, poco antes de su muerte en Estados Unidos. Como “una kamikaze del amor”, la Giselle siglo XXI de Antonio de Rosa y Mattia Russo, dupla formada en La Scala de Milán, para la compañía Kor’sia, de España, se mueve entre cámaras de vigilancia y una voz en off que le indica lo que debe hace. En el mismo país, Joaquín de Luz estrenó recientemente su propia versión, atravesada por la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer: la argentina Ana Sophia Scheller subió a escena en estos días con la Compañía Nacional de Danza como su figura invitada. Mientras tanto, en Buenos Aires, Jorge Amarante salió con su grupo de cámara en plena pandemia a mostrar una interesante relectura, con unas willies terroríficas.Stina Quagebeur, Tamara Rojo y James Streeter en la versión de Akram Khan para el English National Ballet, una joya contemporánea ajustada a su tiempo. “Para ser Giselle, la clásica o la moderna, se necesita sobre todo mucha humildad, porque es un personaje de una generosidad inigualable; no hay otro rol que esté tan inundado de amor por el prójimo”, responde Rojo, directora de la compañía además de gran intérprete (English National Ballet/)Es tan ambicioso como imposible trazar aquí un panorama exhaustivo de las formas en las que la danza contemporánea reimaginó el clásico. Pero puestos a elegir, el papel central hoy lo tiene la obra que Tamara Rojo encargó al genial Akram Khan para el English National Ballet, una idea que le inspiró el film Bailarina en la oscuridad, de Björk. “Reconociendo la habilidad extraordinaria que tiene para mezclar la tradición con una narrativa contemporánea, le pedí a Akram que pusiera al personaje en una realidad que al público de ahora le fuera más familiar, sin perder la esencia de Giselle, que es el amor por encima de todas las cosas, la generosidad más absoluta. Obviamente es una obra muy importante para mí como directora y como bailarina”, dice Rojo a LA NACION sobre un éxito que está muy cerca de hacer su desembarco en Latinoamérica. Mientras tanto, hay que estar atento a no perderse una reprogramación de este título que aparezca en el cable (el 29 y 30 de este mes, en el canal Allegro HD), on demand en el sitio del ENB o en otras plataformas pagas como Marquee.tv“Saber que un teatro anuncia Giselle es querer ir al teatro”. Las palabras de Juan Lavanga, gestor cultural de referencia para el ballet en nuestro país, solo generan aceptación e invitan a celebrar. Por otros 180 años más de amor, traición y pasión, volverán una y otra vez las Willis, con sus trajes de novia y sus coronas de azahares, danzando a la luz de la luna, con belleza juvenil. Tan irresistibles y líricas, como las imaginaron los románticos.La muerte de la Giselle de Jorge Amarante en el final del primer acto, con Analía Sosa Guerrero (la madre), Sofía Menteguiaga (Giselle) y Facundo Luqui (Albrecht) (Alicia Sanguinetti/)Cinco estrellas mundialesLa lista será siempre incompleta y cada balletómano tendrá su preferida, pero desde la primera Giselle, grandes figuras inmortalizaron al personajeCarlotta GrissiLa imagen que nos llega 180 años después de Carlotta Grissi, la primera bailarina en ponerle el cuerpo a la célebre Giselle 1841La italiana fue la primera bailarina en interpretar a Giselle en el estreno de aquel 28 de junio en la Ópera de París; la obra fue un éxito instantáneo. En sus clases sobre el Romanticismo, la profesora Chilibroste cuenta que el famoso maestro de ballet Auguste Bournonville creía que Grisi era la mezcla perfecta de Marie Taglioni (que había estrenado La Sylphide, el primer superomántico que legamos hasta la actualidad) y Fanny Elssler (su antagonista). Además aporta datos de color (rosa), como que Carlotta era pareja de Perrot, el coreógrafo de Giselle, y que el libretista, Gautier, aunque también estaba enamorado de ella, terminó casándose con… su hermana.Anna PavlovaUn retrato de Anna Pavlova datado en Berlín, 1909, año que recorrió Europa con los Ballets Rusos de Diaghilev. En viajar por el mundo también fue una pionera (Archivo /)1909“Como una brisa” decía Bronislava Nijisnka que era la inolvidable Pavlova. Si bien su huella más reconocida es La muerte del cisne, sus características físicas hicieron que también fuera apreciada en roles románticos, que bailó en Rusia y por Europa con los Ballets Rusos de Diaghilev y con su propio grupo.Alicia AlonsoAlicia Alonso y Reyes Fernández en Giselle, en una fotografía tomada por Annemarie Heinrich, que el Museo Nacional de Bellas Artes atesora en su colección (Archivo /)1960Emblemática, a la bailarina cubana Giselle no solo le dio la fama sino la posibilidad de aunar dos pasiones: romanticismo y dramatismo (a ello se refería la prima ballerina assoluta en una entrevista con LA NACION en 2006). Su historia con el personaje se remonta a aquel noviembre de 1943 en Nueva York, con el entonces naciente American Ballet Theatre, y conlleva una de esas anécdotas de sustitución que en la danza pueden cargar el peso del destino: ese día, junto con Anton Dolin (su primer Albrecht), tuvo que reemplazar a Alicia Markova de improviso y la campesina que se transforma en Willis marcó para siempre su futuro. Alonso murió a los 98 años en octubre de 2019.Olga FerriOlga Ferri en una escena del segundo acto de Giselle, con las Willis (Alicia Sanguinetti/)1967Desde que Alicia Alonso la eligió en 1958 para estrenar su versión, la gran bailarina argentina hizo el rol hasta mediados de los años 70: en unos apuntes hechos de puño y letra por Olga Ferri consta que bailó Giselle en el Teatro Colón en 1958, 1961, 1965, 1967 y 1975; en 1972, hizo una temporada de verano en el Coliseo con Rubén Chayán. En la década del 60, también lo interpretó en Londres y en varias ciudades de los Estados Unidos.Carla FracciLa bailarina italiana Carla Fracci con el rumano Gheorghe Iancu, en un espectáculo dedicado a la memoria de Maria Callas, en Verona. La misma pareja había presentado este título en el Teatro Colón dos años antes (Getty Images/)1986La diva, que falleció en mayo, no solo era sinónimo de Giselle arriba del escenario; se identificaba con el personaje a tal punto que vestía siempre de blanco en su vida diaria. Una favorita del siglo XX para el público de todo el mundo. Dice sobre ella la bailarina española Tamara Rojo, directora del English National Ballet: “Mi referencia de Giselle siempre ha sido Carla Fracci: esa película que hace con Erik Bruhn [se refiere a la grabación del ABT de 1969], para mí es insuperable; ha sido la Giselle clásica más bonita, dramáticamente y también técnicamente para su época.

Fuente: La Nación

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Algunos informes internacionales son más que gráficos acerca de la catastrófica situación de la Argentina. El último reporte de perspectivas económicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) prevé que nuestro país será el que más años tardará en recuperar el nivel del PBI previo a la llegada del coronavirus. Y según el reciente ranking de resiliencia que elabora la agencia Bloomberg, la Argentina es, entre 53 naciones, la menos recomendada para pasar la pandemia. No hace falta que los argentinos leamos detenidamente esos estudios para descubrir la gravedad del momento en que vivimos. Basta con que recordemos las palabras del presidente Alberto Fernández pronunciadas en abril del año pasado, cuando afirmó que prefería tener un 10 por ciento más de pobres y no 100 mil muertos. Los resultados están a la vista y el país se encamina a alcanzar esas cifras en poco tiempo más, de la mano de una inflación galopante y de una política sanitaria que hasta ahora ha sido un fracaso.Solo en 2020, desde que desembarcó el Covid-19 en nuestro país, unas 16.000 pequeñas y medianas empresas debieron cerrar sus puertas para no volver a abrirlas, según estadísticas oficiales, cuyo número es elevado hasta 90.000 por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME); la desocupación alcanza el 10,2%, sin contar a los numerosos habitantes que han dejado de buscar trabajo; la pobreza alcanza a unos 20 millones de argentinos (42%); la indigencia, al 10,5%, y el 73% de las familias tiene algún tipo de deuda.Si bien es innegable que los problemas de una economía que combina estancamiento con un elevado nivel de inflación se remontan a muchos años, el actual gobierno nacional no puede desentenderse de su responsabilidad en la profundización de esos flagelos y de su inoperancia e incapacidad para brindar las adecuadas señales que conviertan al país en un destino atractivo para las inversiones, tanto externas como locales.Nuestros gobernantes vienen tomando decisiones con el manual básico del populismo a su lado. Y en vísperas de un acto electoral, esta concepción se ha profundizado aceleradamente en las últimas semanas.De este modo, el empeño que ha querido mostrar el ministro de Economía, Martín Guzmán, para mantener en caja las cuentas públicas debió ceder ante la presión de la vicepresidenta Cristina Kirchner para abrir el grifo del gasto público.La gestión gubernamental actual insiste en recorrer un círculo vicioso donde los mayores subsidios y los planes sociales son profundizados para ganar elecciones, sin reparar en los desbordes del déficit que provocan mayor inflación, que a su vez deriva en cada vez más pobreza, retroalimentando el círculo.En la rancia concepción populista, la búsqueda del equilibrio fiscal no garantiza éxitos electorales. Predomina siempre una miope visión cortoplacista y electoralista que implica pan para hoy y hambre para mañana. Estos son algunos indicadores:El Gobierno debió someterse a los dictados de la vicepresidenta y mantener congeladas o con subas mínimas las tarifas energéticas; algo que derivará en un incremento de los subsidios del Estado nacional a las empresas del sector, con el consecuente aumento del déficit fiscal.El costo de esos mayores subsidios alcanzó los 152 mil millones de pesos solo en el primer cuatrimestre del año, equivalentes a un crecimiento del 128% interanual, según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP). Se trata de una suma superior a la presupuestada para todo el año para la compra y distribución de vacunas contra el coronavirus en todo el país.Las transferencias de capital a las provincias en los primeros cuatro meses del año arrojaron un incremento interanual del 495%.La discrecionalidad y los propósitos políticos de esas transferencias quedan a la vista, cuando se advierte que la provincia gobernada por Axel Kicillof recibió de la Nación una ayuda diez veces mayor a la girada a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. siete veces superior a la enviada a Santa Fe y seis veces a la recibida por Córdoba.La asistencia directa del gobierno central a los municipios benefició en un 49% a la provincia de Buenos Aires y la distribución entre comunas bonaerenses benefició abrumadoramente a los gobernados por el Frente de Todos. El sentido electoralista de esta distribución no requiere mayores explicaciones.La extemporánea decisión de prohibir las exportaciones de carne con la supuesta intención de reducir los precios en el mercado doméstico ha sido otro ejemplo de medidas populistas “pour la galerie”. Lejos de favorecer la “mesa de los argentinos”, esa determinación solo generará pérdida de divisas para el país, un corte de la cadena de distribución internacional, un incremento de los costos empresarios, más cierres de frigoríficos, más desempleo y, en el mediano plazo, mayores subas en los precios de la carne por la caída de la oferta.El miedo a perder la elección, no obstante, a veces puede tener algún efecto positivo, como el fin de la resistencia del Gobierno a sentar las bases para posibilitar la llegada de vacunas de laboratorios estadounidenses contra el Covid-19. Lamentablemente, las autoridades buscaron una solución muy tarde, sin reparar en la cantidad de muertes que podrían haberse evitado si se hubiese actuado con celeridad. El Gobierno fue la propia presa de las trampas del populismo, pero sus víctimas fueron decenas de miles de argentinos.

Fuente: La Nación

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Aquella noche de verano, el niño Santiago, de diez años, que había pasado la tarde jugando al béisbol en un equipo del que su padre, Manuel, era entrenador, debía dormir en la casa de su madre, Adriana. Sin embargo, Manuel llamó a Adriana, su exesposa, y le pidió que Santiago se quedara a dormir con él, en su apartamento en una torre al norte de Miami Beach, pues al día siguiente quería llevarlo a pescar muy temprano. A pesar de que Adriana tenía una estupenda relación con su exesposo Manuel, sintió una extraña corazonada y pidió hablar por teléfono con el niño. Adriana le preguntó a su hijo Santiago si deseaba quedarse a dormir en el apartamento de su padre, si le hacía ilusión salir a pescar al amanecer. El niño permaneció en silencio, no respondió. Su madre interpretó ese silencio como una incomodidad. No se atreve a decirme que no porque su padre está al lado y no quiere lastimarlo, pensó Adriana. Por eso no dudó en decirle a Manuel que le llevara a Santiago a su casa. Pasadas las diez y media de la noche, Manuel dejó a su hijo en casa de Adriana y regresó a su apartamento. Le quedaban dos horas de vida. El edificio se desplomaría a la una de la mañana. La intuición de Adriana le salvó la vida a su hijo Santiago.Poco antes de que el edificio colapsara, una mujer de mediana edad, Ileana, que vivía sola, despertó con una angustia que no la dejaba respirar. Una fuerza sobrenatural me despertó, dice Ileana. Mujer de fe religiosa, escuchó cómo el edificio entero crujía, emitía sonidos telúricos, cavernosos, como si la fundación misma estuviera desintegrándose, como si los techos estuviesen abriéndose ante sus ojos pasmados. Sintió que el edificio se movía. Una voz interior le gritó corre, sal de inmediato, huye a toda prisa. Supo que su vida estaba en peligro. Calzó unas pantuflas y salió corriendo por las escaleras de emergencia. Tuvo tiempo de escapar. Quedó cubierta de polvo, reducida a una criatura cenicienta, trémula, fantasmagórica. Había visto el infierno, regresado viva del infierno. No duda de que la intervención divina la despertó a tiempo y salvó de morir.No tuvieron la misma suerte los esposos octogenarios Arnie y Myriam, quienes vivían en el tercer piso. Todos en el edificio sabían que eran los residentes más amorosos del condominio. Judíos de origen cubano que habían escapado de La Habana cuando triunfó la revolución de los bandidos, Arnie y Myriam entendían la felicidad como el tiempo que compartían, sentados en su balcón del tercer piso, mirando el mar, las leves ondulaciones del mar, y acaso un esporádico arcoíris en el horizonte. Habían llegado al paraíso sin todavía morir, o eso se decían, susurrando el lenguaje cadencioso del amor. Sus hijos y nietos los adoraban. El año pasado, durante la pandemia, Arnie cumplió ochenta y siete años y, como no podía salir del apartamento por temor a contagiarse, sus hijos y nietos organizaron, al pie del edificio, en la calle, una festiva celebración con pancartas, cánticos y vivas a la pareja de ancianos, quienes, conmovidos, saludaron desde el balcón, sin saber que sería el último cumpleaños, la despedida. Si acaso murieron, lo hicieron juntos, durmiendo uno al lado del otro, quizás sin tiempo de asustarse tan siquiera. Habían sido tan felices en ese edificio, en ese balcón, en aquella playa, en aquel barrio, que el destino quiso que allí terminaran sus días Arnie y Myriam.Paraguaya, hermana de la primera dama de su país, Sophia quiso celebrar su cumpleaños en Miami y de paso vacunarse ella y su esposo Luis contra el coronavirus. No dudaron en viajar con sus tres hijos menores y con la joven y hacendosa niñera Lady, quien llevaba dos años trabajando con ellos. Era el primer viaje de Lady fuera del Paraguay, estaba entusiasmada, desbordada de emoción. Lady se sentía nerviosa, nunca había viajado en avión. Por eso le pidió permiso a su madre Juana, quien le otorgó sus bendiciones. Prometía ser un viaje feliz, huyendo del invierno de Asunción, disfrutando de la playa, viendo a los niños jugar en la arena. Sophia y Luis eran padres ejemplares. La vida para ellos consistía en hacer felices a sus hijos, todo lo demás era secundario. Habían llegado a Miami hacía pocos días. Sophia, Luis y la niñera Lady se vacunaron sin contratiempos. Sintieron que estaban a salvo de la enfermedad, que eran afortunados, que lo mejor estaba por venir. Les encantaba Miami, una ciudad que asociaban con la libertad. No sabían, no tenían cómo saber, que lo peor estaba por venir. Se fueron a dormir pasada la medianoche, ya jueves, día del cumpleaños de Sophia, con planes de pasar un día feliz: Luis, su esposo, ingeniero brillante, asesor honorífico del presidente del Paraguay, era muy bueno haciendo planes, y pensaba organizarle un día espléndido a Sophia. El destino malhadado tenía otros planes.Erick, brasileño, empresario, amante del fútbol, le dijo a su novia Fernanda que debía irse a dormir en su apartamento de Miami Beach, sin saber que ese edificio, cuyos apartamentos más baratos costaban medio millón de dólares, estaba por caerse. Fernanda le pidió que se quedase a dormir con ella. Era miércoles, no le tocaba a Erick quedarse a dormir con su novia, sólo dormían juntos los fines de semana. Pero el hijo de Fernanda estaba de viaje y por eso ella le rogó a Erick que no se fuera, que se quedase a dormir. Erick estaba contento porque esa noche Brasil le había ganado a Colombia agónicamente por la copa América, un partido que él y Fernanda habían visto por televisión. Después de hacer el amor, Fernanda se permitió una travesura: introdujo la ropa de su novio en la lavadora y eligió el ciclo más prolongado, así Erick tenía que esperar o, mejor para ella, quedarse a dormir. Conmovido por el amor risueño de su pareja, Erick decidió no volver a su apartamento y pasó la noche con Fernanda. Despertó sobresaltado a las cinco de la mañana. Vio su teléfono. Tenía decenas de mensajes de amigos y familiares, quienes le preguntaban si estaba vivo. Poco después comprendió que el edificio donde vivía, donde quería pasar aquella noche, se había caído. El amor de Fernanda le salvó la vida. No habrá fuerza huracanada que los separe.En el noveno piso del edificio que estaba deshaciéndose por dentro sin que nadie lo advirtiera a tiempo, Gil y Betty cuidaban minuciosamente el amor como si fuera un bonsái, una planta delicada. Se habían casado hacía cuatro años. Entendían la felicidad como un viaje a un lugar hermoso, por conquistar. Por eso viajaban a menudo, comían en los mejores restaurantes y se hacían fotos como dos adolescentes extasiados de vivir aquella historia de amor. Gil era además un gran papá: su hija Michelle lo saludó con profundo amor el domingo, día del padre, y le pidió que se mudara pronto, que no tardase en mudarse. Es que Gil y Betty habían comprado un apartamento días atrás y los nuevos muebles habían llegado el lunes de esa semana fatídica. Podían mudarse, pero no llevaban prisa. Se quedaron unos días más en la torre de Miami Beach donde habían conocido el goce tranquilo de los amantes en silencio que miran el mar de noche y oyen el rumor de las olas que los conforta.En el piso superior, el apartamento 1002, vivían Stacie y su hijo de quince años, Jonah. Stacie era una exitosa consultora en el mundo corporativo. Tenía cincuenta y cuatro años y era rubia y preciosa: parecía que tuviera treinta y cuatro años porque se mantenía en espléndida forma, haciendo ejercicios y corriendo maratones con tenacidad indesmayable. Pocos minutos después de que el edificio cayera, el adolescente Jonah, sin poder ver a su madre entre los escombros, gritaba, aterrado: ¡Sáquenme de aquí, no me dejen solo, no me dejen solo! Un joven que paseaba por la avenida Collins lo oyó, se acercó, vio una manita que se movía, saliendo de las ruinas: era la mano de Jonah. Los rescatistas llegaron a tiempo para salvarlo con vida. Su madre falleció en el lugar de la tragedia.Los esposos argentinos Andrés y Fabián amaban Miami, y en particular Miami Beach, el norte de Miami Beach, donde vivían tantos argentinos. Andrés era médico, cirujano plástico, uno de los más reputados de su país. Su esposo Fabián era artista, cantante, director teatral. Eran guapos, espléndidos, felices, tal para cual. Eran padres de una niña de seis años, Sofía, que sólo conocía la dicha pura y ninguna forma de desamor. Habían viajado a Miami para descansar, de paso para vacunarse, pero sobre todo para hacerla feliz a ella, a Sofía. Podían ir a un hotel, disponían de suficiente dinero, pero un amigo muy querido, Nicolás, tuvo la generosidad de prestarles su apartamento en ese edificio al norte de Miami Beach, Collins y la 88. Todo hacía presagiar que los días por venir estarían cargados de lluvias de felicidad, chaparrones de alegría. Qué lindo era llegar a Miami, sentir la felicidad de la gente, estar en un lugar donde las cosas funcionaban. Quizás más adelante comprarían un apartamento en la playa. Por ahora la agenda consistía en abrazar todas las cosas buenas que la ciudad les ofrecía.Debido a que padecía de distrofia muscular, Luis, o Luiyo, de veintiséis años, nacido en Puerto Rico, veía pasar la vida con una eterna sonrisa, desde su silla de ruedas. Vivía en el séptimo piso con su madre, Ana, quien se había casado recientemente con Frankie. Artista, diseñador gráfico, Luis había fundado una línea vanguardista de diseño de camisetas con coloridos dibujos de sushi, una comida que le fascinaba. No por ser minusválido guardaba rencor a la vida: al contrario, siempre estaba sonriendo, agradecido a la vida y a sus padres, Ana y Luis. Este último escribió, desolado, enterado del fallecimiento de su hijo Luiyo: Me lo has dado todo, te echaré de menos toda la vida, nunca te dejaré solo.

Fuente: La Nación

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La Copa América Brasil 2021 tiene definidos sus cuatro equipos mejor clasificados, que jugarán el máximo posible de siete partidos en el torneo. Las semifinales tendrán lugar a principios de semana, cuatro y cinco días antes del encuentroo que el sábado determinará al campeón sudamericano.El primero de ambos cruces será Brasil vs. Perú, que tendrá lugar este lunes a las 20 en el estadio Nilton Santos, de Río de Janeiro, de cuyo césped se quejó el director técnico del local, Tite, tras el 1-0 sobre Chile. El encuentro será transmitido por DirecTV Sports y TyC Sports y será un desquite de la final de 2019, que el anfitrión les ganó a los peruanos por 3 a 1 en el Maracanã, de la misma ciudad.El otro enfrentamiento, Argentina vs. Colombia, se desarrollará este martes a partir de las 22, en un estadio que le cabe bien al conjunto albiceleste: el Mané Garrincha, de Brasilia, donde Lionel Messi y compañía vencieron a Uruguay y Paraguay por 1 a 0 en la etapa de grupos de la Copa América y por el mismo resultado a Bélgica en un cuarto de final del Mundial de 2014. El choque de argentinos y colombianos será televisado por TyC Sports, DirecTV Sports y TV Pública.El programa de las semifinalesLunes 5/7, a las 20: Perú vs. Brasil – Río de Janeiro (estadio Nilton Santos) – DirecTV Sports y TyC Sports
Martes 6/7, a las 22: Colombia vs. Argentina – Brasilia – TyC Sports, DirecTV Sports y TV Pública

Fuente: La Nación

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EL Departamento de Relaciones Exteriores de la Administración Autónoma en el norte y este de Siria ha entregado este sábado a un total de 23 menores rusos a un organismo diplomático ruso, procedentes de familias del ISIS.Los menores estaban detenidos en el campamento de Al Rouj y la entrega se ha llevado a cabo bajo un documento oficial de devolución firmado por los rusos en la sede del organismo de relaciones exteriores, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un grupo con sede en Londres pero con fuentes en el interior del país.La defensora de los Derechos del Menor de Rusia, Anna Kuznetsova, ha precisado que con esta medida se ha completado la repatriación de todos los menores rusos del campamento de refugiados. “Para nosotros esta etapa está ya cerrada”, ha expresado.Rusia comenzó en 2017 los trabajos para localizar y repatriar a sus ciudadanos menores de edad en territorios sirios e iraquís y, hasta la fecha, ha logrado repatriar a más de 300.Hace ya un mes, Siria entregó a una mujer holandesa, sus dos hijos y a otro menor huérfano de familia del ISIS, que estaban detenidos en el campamento de Al Hawl, a representantes del Gobierno holandés en presencia del enviado especial de Países Bajos para Siria.

Fuente: La Nación

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PUERTO PRÍNCIPE, Haití (AP) — La tormenta tropical Elsa azotó las costas del sur de Haití y la República Dominicana el sábado, derribando árboles y arrancando techos en su paso por el Caribe, donde cobró la vida de al menos tres personas.Elsa bajó de categoría el sábado, de huracán a tormenta tropical, al pasar muy cerca de Haití y la República Dominicana, donde todavía amenaza con provocar inundaciones y deslaves antes de dirigirse a Cuba y Florida.El vórtice del meteoro se encontraba a unos 225 kilómetros (140 millas) al este de Kingston, Jamaica, y se dirigía a dirección oeste-noroeste a 37 km/h (23 mph) con vientos máximos sostenidos de 110 km/h (70 mph) al tiempo que la tormenta tropical, que durante la madrugada del sábado era un huracán categoría uno, se debilitó durante su trayecto hacia la isla La Española y Cuba, según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, con sede en Miami.Se espera que la tormenta llegue a Cuba a continuación, en una ruta que lo llevaría a Florida, si bien algunos modelos contemplan que tome rumbo al Golfo de México o enfile a la costa de Estados Unidos en el Atlántico. Una vigilancia de tormenta tropical se hallaba en vigor para los Cayos de Florida desde Cayo Craig rumbo al oeste hasta Dry Tortugas.Por su parte, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, declaró un estado de emergencia para los 15 condados de Florida, entre ellos el condado Miami-Dade donde un edificio de apartamentos se vino abajo la semana pasada.Una muerte fue reportada en Santa Lucía, de acuerdo con la Agencia Caribeña para el Manejo de Emergencias por Desastres. En la República Dominicana, un adolescente de 15 años y una mujer de 75 murieron aplastados por muros en hechos separados el sábado, indicó en un comunicado el Centro de Operaciones de Emergencia.En Haití, las autoridades recurrieron a las redes sociales para alertar a la población sobre el huracán y pidieron desalojar las zonas próximas al agua y laderas de montañas.“Todo el país está amenazado por este huracán”, advirtió la Agencia de Protección Civil en un comunicado. “Hagan todo lo posible por escapar antes de que sea demasiado tarde”.Haití es particularmente vulnerable a las inundaciones y deslaves debido a la erosión y la deforestación generalizadas. Además, un pico reciente de la violencia de pandillas ha forzado a miles de personas a abandonar sus hogares, por lo que la agencia de protección civil sufre de escasez de artículos de primera necesidad, como agua y alimentos, dijo el director Jerry Chandler a The Associated Press.“Desde hace tres semanas damos sustento a las familias que huyen de la violencia pandillera”, dijo. “Buscamos renovar nuestras existencias, pero el mayor problema es la logística”.Dijo que las autoridades tratan de determinar cómo enviarán provisiones al sur del país, que se prepara para recibir el embate de Elsa.En tanto, la gente compraba agua y alimentos ante la inminencia del embate de la tormenta.Se emitió una alerta por huracán desde la capital de Haití, Puerto Príncipe, hasta la frontera sur con la República Dominicana. En las provincias cubanas de Camagüey, Granma, Guantánamo, Holguín, Las Tunas y Santiago de Cuba se decretó también una vigilancia por huracán. Algunas de estas regiones han reportado un elevado número de contagios de COVID-19, por lo que preocupa que la tormenta pueda obligar a congregar a grandes grupos de gente en albergues.En la vecina República Dominicana, que comparte la isla La Española con Haití, las autoridades abrieron más de 2.400 albergues y los meteorólogos advirtieron que las fuertes lluvias comenzarán en la madrugada del sábado.Elsa fue el primer huracán de la temporada del Atlántico y la quinta tormenta con nombre más madrugadora desde que se tienen registros. Está previsto que arroje entre 10 y 20 centímetros (entre cuatro y ocho pulgadas) de lluvia, con máximos de 38 centímetros (15 pulgadas) en algunas zonas del sur de La Española y Jamaica.

Fuente: La Nación

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La selección argentina enfrenta a Ecuador, en Cuiabá, en el último partido de los cuartos de final de la Copa América. El vencedor enfrentará a Colombia el martes, en una de las semifinales. En la otra, un día antes, jugarán Brasil-Perú.La selección que dirige Lionel Scaloni salió decidida a establecer diferencias. En los primeros 15 minutos ya había acumulado ocasiones claras para adelantarse en el marcador. Como la que tuvo Lautaro Martínez, que esquivó a Hernán Galíndez, el arquero argentino nacionalizado ecuatoriano, aunque su remate fue despejado por Arboleda.Pero la jugada más clara en ese tramo la protagonizó Lionel Messi ante Galíndez, un viejo conocido suyo (de chicos, se enfrentaron en partidos de infantiles en Rosario); a los 22, el capitán argentino recibió un pase atrás de un jugador ecuatoriano y enfiló hacia el área, quedó cara a cara con el arquero y remató cruzado: la pelota dio en el palo y volvió a la cancha, antes de ser rechazada por Piero Hincapié.Pero la Argentina siguió yendo en busca del gol que abriera el marcador y lo encontró a los 39 minutos, luego de un ataque de Nicolás González que Galíndez cortó con rapidez, pero el rebote le quedó a Messi, que con precisión habilitó a De Paul: el volante controló la pelota y remató cruzado, ante el cierre de dos defensores y la desesperación del arquero. Gol de Argentina y merecido 1-0.

Fuente: La Nación

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El Gobierno de Cuba ha rechazado enérgicamente la campaña “difamatoria” del Gobierno de Estados Unidos contra la isla tras haberla incluido en una lista sobre trata de personas y acusarla de no cumplir los estándares mínimos para acabar con ella.”El Ministerio de Relaciones Exteriores rechaza en los términos más enérgicos la campaña difamatoria del Gobierno de Estados Unidos contra nuestra cooperación internacional en el área de la salud, promovida de conjunto con los sectores más reaccionarios y corruptos de este país”, ha aseverado en una publicación en su cuenta de Twitter el encargado de la cartera ministerial, Bruno Rodríguez Parrilla.De esta forma, Cuba reacciona a un informe estadounidense sobre la trata de personas presentado el pasado jueves en el que se señalaba a las autoridades cubanas.Rodríguez Parrilla ha defendido su política de “tolerancia cero ante cualquier modalidad de trata de personas” y ha puesto en valor el “desempeño en la prevención, el enfrentamiento y la protección a las víctimas”.Además, el Ministerio de Exteriores cubano ha señalado también a Estados Unidos como uno de los países del mundo con más problemas en materia de trata de personas, y zanja afirmado que las políticas estadounidenses y el “incumplimiento de los acuerdo migratorios bilaterales” favorecen a organizaciones relacionadas con el contrabando de personas.

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus COVID-19 se ha expandido por casi todos los distritos de la Argentina.

Al 3 de julio, en la provincia de La Rioja se contabilizan 22.726 casos de infectados y 638 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 152 casos nuevos de enfermos de coronavirus en La Rioja, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 1422 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.526.473 de infectados por coronavirus, 4.136.824 pacientes recuperados y 95.594 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de La Rioja se encuentra en el puesto 24 de los distritos más damnificados de la Argentina.

La lista está encabezada por Buenos Aires con 1.860.550 casos reportados.Toda la información sobre el coronavirus en la ArgentinaCuarentena en Argentina: qué se sabe al día de hoy

Fuente: La Nación

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