Suicidio. Solo decir (o escribir) la palabra, ya da cosa. Es un tema que siempre fue muy tabú y calculo que va a seguir siendo así. Aunque muchos chicos, sobre todos los adolescentes, tengamos problemas como depresión o incluso pensemos en la posibilidad de un suicidio, no sé si algún día se va a normalizar el hablar de salud mental. Y eso no está bueno.Me llamo Delfi. Va, en realidad ese no es mi nombre: el de verdad, prefiero no decirlo. Todo el resto de lo que voy a contar, pasó así, tal cual. Tengo 16 años, estoy en cuarto año del secundario y tuve más de un intento de suicidio. Sí, ya sé: es un tema redifícil, pero me propusieron contar mi experiencia y me gustó la idea, porque pienso que le puede servir a otras chicas y chicos que por ahí están pasando por situaciones parecidas a las que viví yo.¿Qué le pasa por la cabeza a un adolescente que intenta suicidarse? ¿Cuáles son las señales a las que hay que estar atentos? ¿Qué papel juega la escuela en todo esto? ¿Se habla de depresión en las aulas? ¿Y en las familias? ¿Cómo llegas a una internación psiquiátrica y de qué manera se atraviesa esa experiencia? ¿Se puede salir de ese lugar y volver a empezar? Me parece que hay muchas preguntas que las personas pueden hacerse. Y, si bien obviamente cada caso es particular, yo voy a contar mi experiencia.Si tuviera que describirme, diría que soy una persona en la que se puede confiar. Además, me gusta mucho lo artístico, pintar y cantar, por ejemplo. También la música y salir mucho con amigos, necesito de lo social. No me gusta estudiar. Voy a una escuela privada y como no tengo un promedio alto, no pude elegir la orientación y me mandaron a la que nadie quería: Naturales.Soy hija única. Mis papás se divorciaron cuando era chica y, hasta la última internación que tuve, vivía con mi mamá. A partir de ese momento, me mudé con mi papá. Mi mamá también tiene depresión y las recomendaciones de los médicos fueron que me fuese a vivir con él. Acá me siento bien.En mi caso, creo que todo empezó cuando me enteré que mi mamá tenía depresión, que era algo que yo no sabía. La veía triste, pero no pensaba que fuera algo más allá de tristeza. Cuando me enteré de eso, mi mamá no sé si se empezó a comportar distinto o yo la empecé a ver de otra forma. Pero me acuerdo que un día, en mi cumpleaños, tuvimos una pelea muy fuerte porque me empezó a decir que se quería hacer daño, que no me fuera con mis amigos, que me quedara con ella. Siempre fuimos muy pegadas y, al día de hoy, le cuesta soltarme. En ese momento tenía 14 años y fue ahí que empecé con terapias.Depresión: ¿por qué es tan difícil hablar y pedir ayuda?Yo los llamo “bajones”, aunque ojo, obviamente sé que no cualquier “bajón” es algo serio. No hay que confundirse. En mi caso eran bajones muy, muy grandes y muy seguidos. ¿Cómo me sentía cuando estaba tan triste? Sentía que no me daba la voz, la respiración, para poder seguir llorando. Me quedaba como sin aire. Quería apagar los sentimientos, apagar el dolor, apagar todo. Por eso mucha gente que tiene depresión duerme mucho: porque es el momento en que estás inerte, en que no pensás nada. En ese momento te sentís bien, pero cuando te despertás…Mucha gente dice y yo ahora lo creo que el suicidio es “el camino más fácil”. A veces te cansás mucho y querés ir por el camino fácil, pero hay que remarla con las herramientas que tengas. Estaría bueno que cada uno podamos encontrar nuestra propia solución, porque no creo que haya una para todos y definitivamente no creo que nunca pero nunca esa solución sea el suicidio.En la segunda internación psiquiátrica, que fue en pandemia, como estábamos aislados me dejaron tener la tablet para dibujar o ver series. Empecé a hacer dibujos, como este, donde trataba de mostrar cómo me sentía“Problemas de chicos”Muchas veces escuchamos a adultos que dicen: “Ahhh, ¿qué problemas puede tener, si es un chico?” O: “¿Imaginate qué preocupaciones va a tener, si es un adolescente?”, como si los problemas de los chicos fueran chiquitos, y solamente los de los grandes fueran importantes. No creo que se puedan comparar. A toda edad tenemos conflictos: por mínimo que parezca desde afuera, para ese nene o adolescente puede ser un problema grande. El bullying, por ejemplo, es algo que sufren muchos y no debería nunca minimizarse. No hay que tener compasión, sino ponerse en los zapatos del otro. Que los adultos se acuerden que alguna vez fueron chicos y que, aunque el contexto fuera muy distinto, algún problema habrán tenido.Mi primera internación por un intento de suicidio fue a los 14 años, en 2019. Sinceramente, no me acuerdo bien todo lo que pasó antes de terminar internada: creo que una parte del cerebro, cuando sufre un trauma, se lo intenta olvidar. En ese momento tenía un novio que actualmente es mi amigo. Él me conoce muy bien, sabía que yo estaba decaída, no me veía bien. Cuando tuve el primer intento yo le conté lo que me había hecho y él llamó a mi mamá, estuvo ahí y fue muy importante para mí porque creo que no estaría acá sino fuese por él.Después, tuve otra internación el año pasado, durante la pandemia. Mi psiquiatra me contó que en la cuarentena aumentaron de forma alarmante las consultas por este tema: para muchos jóvenes, no fue fácil. Al principio, a mí no me afectó mucho, porque pensaba que iban a ser 15 días. Pero después empecé a tener bajones. No era que estaba todo el tiempo bajoneada: en el día estaba bien y a la noche, bajón.¿Cuáles fueron las señales de alerta? Me gusta hablar de este tema porque quizás a alguien puede servirle. La señal más grande, en mi caso, creo que era el estar muy desganada. Me empecé a sentir decaída: siempre quería dormir, no tenía ganas de nada, casi ni de salir con amigos. En mi casa tampoco quería estar: nunca estaba bien en ningún lado, no me sentía cómoda. Durante un tiempo, también tuve trastornos de la alimentación: no me sentía bien con mi cuerpo, mi autoestima estaba por el piso. Me acuerdo que además empecé a autolesionarme. Sentís una herida emocional tan grande, que tenés que representar de alguna manera. Siempre es un llamado de advertencia y lo tenés que tomar así: “Necesito ayuda”.Estar internadaMuchas personas se imaginan cosas muy raras cuando piensan en una internación psiquiátrica. Lo primero que se les viene a la cabeza es un manicomio. En mi caso, fue en una clínica privada y la verdad es que no tuve una mala experiencia, aunque obviamente no es algo agradable, que uno quiera.Generalmente estás 30 días, mínimo. Conocí a muchas personas ahí que tuvieron millones de problemas más graves, más fuertes, y que podían llegar a estar tres meses, por ejemplo. La primera semana siempre creo que te la vas a pasar llorando: “¿Por qué estoy acá?”, cosas así. No entendés nada y querés volverte a casa. La segunda semana ya me fui incorporando más al grupo, porque eran muy unidas las chicas. Había gente más grande que te trataba como si fueras una hija. Mi mamá me podía visitar y la primera semana se quedó conmigo, pero después se tenía que ir a trabajar. La gente ahí era muy compañera y te cuidaba.Estos son otros de los dibujos que hice, sentís una herida emocional tan grande, que tenés que representar de alguna maneraLa última semana ya no das más, te querés ir, decís: “Estoy bien, quiero ir a mi casa”. Tal vez no estés completamente bien, pero necesitás volver a casa. Además te sacan el celular, cualquier tipo de contacto con el exterior. Yo empecé a leer muchos libros. De alguna manera, es un tiempo de “relax”, porque no tenés que pensar en otros problemas, que quedan afuera.La última internación fue en pandemia y tenía un cuarto para mí sola, pero la anterior me acuerdo que había dos cuartos para adolescentes y jóvenes y después otro para adultas. La rutina era muy cansadora: te levantaban temprano, te daban la medicación y no te dejaban dormir mucho. Había un patio chiquito con rejas y ahí estaban todos fumando, pero si te la aguantabas podías ir, tomar sol… No era tan malo. También tenías actividades, talleres como origami, para hacer pulseras con mostacillas o musicoterapia.De la primera internación salí con ganas de muchas cosas, dije: “Quiero hacer esto, esto y esto”. Sentí que había un gran cambio, pero después volvieron los bajones. Con todo esto lo que quiero decir es que es un proceso que lleva su tiempo y hay que tener paciencia. Pasé por millones de psicólogas, pero después de mi última internación, dije: “Yo quiero a S.” Y volví con mi psiquiatra actual. En mi familia, hubo un cambio positivo: me empezaron a apoyar familiares con los que no tenía mucha relación, que me dijeron: “Cuando necesites, podés llamarnos”. No se lo tomaron como un tema tabú y eso estuvo bueno.En el colegio fue otra cosa. Me acuerdo de que cuando salí de mi primera internación, en 2019, mucha gente me preguntaba: “Eu, ¿estás bien?”. Pero creo que lo hacían más por pena o por quedar bien, que porque enserio lo sintieran. Me miraban con cara de: “Uh, pobre”. Lo que pasa es que, en general, en los colegios no se habla mucho de salud mental. En el mío, después de lo que me pasó creo que se empezó a hablar más. Este año tenemos un espacio donde tratamos problemáticas adolescentes como depresión, dependencia emocional o cosas así, que está bueno. Me parece una muy buena prevención para muchos chicas y chicos que están sintiendo eso y tal vez no se animan a decirlo o no quieren asustar a la gente que tienen al lado.Testimonio: La reconstrucción de una mujer tras el suicidio de su hijoSi le tuviera que hablar a un joven que pensó en la posibilidad de suicidarse, le diría, sin dudas, que busque otros recursos. Yo lo viví y realmente no creo que es la solución ni lo que las personas quieren realmente en el fondo: creo que es algo más superficial, “acabar con el dolor”, sin ponerte a pensar todo lo que va a suceder si llegas a suicidarte (empezando por las personas que amás y te aman) o todo lo que podría haber pasado si seguirías vivo. Siempre hay alguien que te puede ayudar: a pesar de que sea un tema tabú, hay muchos espacios donde se puede buscar ayuda, incluso en las redes sociales a veces te aparece publicidad de lugares a los que podés llamar para hablar con alguien.Suicidio: cómo prevenirlo y acompañar a personas en riesgoYo creo que los suicidios se pueden prevenir de muchas formas. Me acuerdo que una vez fui a depilarme y, cuando la chica que me atendió me vio las marcas de las autolesiones que tenía en mis piernas, me dijo: “Yo pasé por lo mismo, te doy mi número y si alguna vez querés que hablemos, llamame”. Creo que esa es una muy buena manera de ayudar: involucrarse. Si ves a una persona que estuvo en tu misma situación o que te das cuenta que no está bien, no mires para otro lado. Darle apoyo es fundamental. No “normalizar”, sino animarnos a hablar de esta problemática. No esquivarla.Aunque nunca llamé a esa chica, en ese momento me sentí apoyada. Sentí que a una persona al menos le preocupaba lo que me pasaba. Ahora, cuando yo veo a alguien que no está bien, aunque no tenga mucha confianza, le digo: “Si querés hablar, acá estoy”. Te puede parecer que no aportás nada, pero pienso que de alguna manera podés hacer que esa persona se sienta como me sentí yo cuando esa chica me dio su número de teléfono.¿Cómo estoy hoy? Últimamente me estoy sintiendo bien, no estoy teniendo bajones, me levanto rápido, tengo amigos que me reapoyan y lo supervaloro. Haga terapia con S., mi psiquiatra, cada 15 días, y también con una psicóloga. Y voy a tener un acompañante terapéutico tres días por semana, por tres horas, para que me acompañe a sobrellevar algunas situaciones que todavía me cuestan. Además, voy a hospital de día, donde comparto con un grupo de otros chicos que pasaron situaciones parecidas.Para terminar, a las madres y los padres les diría que, aunque sus hijos adolescentes los esquiven (algo que es bastante normal), los apoyen si se dan cuenta que les está pasando algo. Que les muestren que están ahí, que les importa lo que les pasa, que pueden contar con ellos y que no minimizan sus problemas. En definitiva, que hablen.Dónde pedir ayudaLínea 135: El Centro de Atención al Suicida (CAS) atiende 18 horas diarias (consultar horarios en la web), de forma anónima, gratuita y voluntaria. La técnica que utiliza es la “escucha activa”, con intervenciones orientadas a que el “consultante” hable. La línea 135 es gratis desde CABA o Gran Buenos Aires; y el (011) 5275-1135 o el 0800 345 1435 son para todo el país.

Fuente: La Nación

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Fue vertiginoso. Wuhan, circuló la noticia y el mundo se encerró. A la vera de esa primera realidad, nació Homo búnker (Panorámica Indie), nuevo libro del catedrático Juan José Mendoza (Junín, 1977) que, a propósito de la pandemia, revisa el árbol genealógico de los distanciamientos. El título es, ante todo, una lectura de las distintas experiencias históricas que llevaron al hombre a confinarse. Desde el lugar de las cuevas hasta las diferentes cuarentenas según las pestes, la aparición del cuarto propio o el encierro por elección. Y en tanto lectura, lenguajes. Los que la cultura analizó: el puertas adentro de Kafka, Woolf, Ana Frank; Crusoe en una isla, Gramsci o Cervantes en la cárcel, Onetti o Lamborghini en la cama son algunos casos sobre los que el arco del análisis se tensa. Cada uno de ellos, como una manera de atravesar la escritura. “Porque la escritura es una forma de organizar el mundo. Sin embargo, al escribir producimos nuevos objetos de hechos con palabras, libros, perspectivas, por lo tanto al construir nuevos objetos, estamos construyendo más materia prima para la entropía. Esa es la paradoja”.Si la pandemia vino a modificar el sueño -enrareciendo, así, la biología de los días-, desde un marco dentro del marco, Mendoza, despierto en la madrugada, escribe. “El libro nació el 28 de marzo del 2020 a las tres de la mañana. Estábamos en el momento originario del comienzo de la pandemia y se me presentó el Homo Búnker como una figura, un personaje, y así empezó el libro”.”Homo Bunker: Breve historia del confinamiento”, el libro de Juan
J. MendozaDoctor en Letras (UBA), estudió filología en Madrid. Es investigador del Conicet, donde trabaja en “Maneras de leer en la era digital. Formas de representación del pasado y las tradiciones en el siglo XXI”. Y también docente en la UNA y del posgrado en la maestría en Estudios Literarios y el doctorado de la UBA. Algunos de sus libros son Internet: el último continente, Diario de un bebedor de petróleo, El canon digital. Como sus publicaciones lo marcan, hay un entrenamiento en el ensayo como forma, una puesta en juego de diferentes postulaciones. “El confinamiento nos aleja más de los pueblos nómades. Esa es una hipótesis”, dice Mendoza.En el libro, desarrolla esas situaciones entre las diferentes imposiciones -del afuera o propias- entre movimiento y quietud. Se lee en Homo búnker: “Ahora el encierro, la pérdida del espacio público y de las calles, está dando lugar al surgimiento de un nuevo orden, a una nueva división de la especie. Nos afantasma pensar que estemos ante el fin de la edad nómade, una nueva radicalización del sedentarismo que sobrevino con la organización del saber en las sociedades informatizadas y que se impuso con el home office”. Está presente, claro, el valor de la experiencia. Dentro de las hipótesis, la relación con la ciencia ocupa un lugar central. Sobre esto dice: “Las transformaciones culturales que atravesamos a raíz de la tecnología, son como un destino y una conquista técnica de los cuerpos. Si uno analiza publicidades de los 70, la relación entre los cuerpos y las tecnologías empiezan a ser más pronunciadas. Luego, se pueden ver a partir de un stent, trasplantes de órganos: comienzan a ser parte de nuestro medio ambiente. Entonces, el cuerpo humano empieza a estar rodeado de dispositivos y enclaustrado en un living pertrechado de tecnologías”. Piensa, además, el lugar en primer plano que ocupa la ciencia en la contemporaneidad. “La relación entre tecnologías vuelve a aparecer otra vez cuando aparece la vacuna, que es otra forma de conquista técnica de los cuerpos y toda la discusión que hay en torno a esto”.La importancia de estar ahíUna anciana japonesa con Alzheimer parada dentro de una gran caja de cartón mira a cámara, solo sobresale su cabeza. Un hombre en una buhardilla, sentado sobre un colchón en el piso. Una mujer joven en una nave espacial de la NASA. Cuadros y fotos. Diferentes obras se toman en Homo búnker para hilvanar los aislamientos vistos según artistas de distintas épocas. A propósito de Morning Sun, 1952, se lee en el libro: “También podemos ver alguna obra de Edward Hopper, maestro en la representación de la soledad en espacios sórdidos, y visionario en esto de entrever, desde los años 50, una Nueva York vacía en abril de 2020. El encierro es también una forma de duelar: algo dejó de ser lo que era”.“La pandemia -dice Mendoza- nos puso en el corazón de una experiencia cargada de finitud. Como muy pocas veces lo hacemos porque nuestras sociedades subliman el dolor, la muerte, reprimen experiencias de ese tipo y el confinamiento las puso en primer plano”.En la última parte de libro, titulada “La multiplicación de los informes”, entra otro formato. Una enumeración de oraciones cortas. Por caso, la 2: “En el comienzo, todo pareció estar ordenado”. O la oración 29: “Todos empezamos a ser como James Stewart adentro de La ventana indiscreta”. Así, hasta la 250: “Conos de cristal separan a las personas mientras se desplazan”. Y luego de los agradecimientos, confiesa: “Mi relación con el encierro comienza desde niño. Tempranas enfermedades personales siempre se ocuparon de mantenerme del lado de adentro de casa, con esporádicas salidas al colegio o al médico. A mi modo, he aprendido a contemplar la vida por la ventana, en la época en la que no había pantallas”.Mendoza, que investigó la historia de los confinamientos, expresa al final del libro su propia experiencia: “Mi relación con el encierro comienza desde niño. Tempranas enfermedades personales siempre se ocuparon de mantenerme del lado de adentro de casa, con esporádicas salidas al colegio o al médico. A mi modo, he aprendido a contemplar la vida por la ventana, en la época en la que no había pantallas” (Luisa Balaguer/)Con respecto a ese tramo final, el autor reconoce un gen. “Yo escribo así, como en ese capítulo. En realidad, el escritor escribe así. Pero después eso se transforma en un ensayo o en un cuento, asume otra forma”. A esa parte de Homo Búnker la relaciona con lo que podría llamarse una trilogía de los archivos. El primero, ya publicado, Archivos, papeles para la Nación. Luego, en lo que trabaja ahora, Archivos 2, sobre la historia de las tecnologías de los 60 al presente. Y el tercero, que será literatura. Cuando sea habla de archivo es en el más puro sentido del material como fuente. Sobre su paso por distintos archivos y bibliotecas, como la de la Universidad de Princeton o la Biblioteca Nacional de España, Mendoza dice: “El archivo es algo abierto y trabaja la noción de conciencia documental. Nuestros países latinoamericanos tienen una triste historia de desidia archivística y de falta de conciencia documental. Es decir que el libro es muy político, en el sentido de que hay una gran crítica a las instituciones por la falta de conciencia documental”.

Fuente: La Nación

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¿Te acordás de “No llores por mí Argentina”? Es una canción compuesta en 1976 por Andrew Lloyd Webber y Tim Rice y hay mil versiones. Es la representación de un emotivo discurso de Evita después del triunfo electoral de Juan Perón, en 1946. Bien. El viernes pasado, en una actuación incomparable, Cristina Fernández lloró. Pero no lo hizo por la Argentina que todavía gobierna.Una Argentina que, ella misma, junto a otros, contribuyó a hacer más pobre, más injusta y más desigual. En efecto: Cristina, aunque es parte activa de este gobierno, no lloró por los más de cien mil muertos por Covid-19, ni por el 10 por ciento más de pobres que hay en el país desde que ella asumió, ni por los cientos de miles de puestos de trabajo que se perdieron desde que asumió, ni por las cientos de miles de empresas que quebraron o desaparecieron, ni por los niños y adolescentes que dejaron de concurrir a las escuelas. No.Lo hizo por ella misma, y su principal argumento no es “científicamente” comprobable. ¿Qué se podría agregar sobre su personalidad narcisista o su nula empatía? Nada. Sí debemos hacer una seria advertencia sobre lo que significa que los tres jueces del tribunal oral que le deben investigar, Daniel Obligado, José Michilini y Gabriela López Iñiguez, le hayan permitido, como si fuera un ser excepcional, una imputada VIP, algo que no existe en el código procesal: pedir la nulidad de la causa en el medio de un juicio oral ya iniciado.Y con un agravante moral: que le hayan autorizado a hacerlo el mismo día en que los familiares de las víctimas del atentado contra la AMIA realizaban su homenaje. Ahora mismo hay que comunicar, a estos jueces, algo que resulta indiscutible: si al final del proceso están convencidos de que ella y todos los demás, como Carlos Zannini, Luis Delía, Fernando Esteche, Andrés Larroque y Jusuf Khalil son inocentes, los tendrán que sobreseer, pero, de nuevo. Aceptar la nulidad del juicio no resiste el menor análisis.El desenlace del caso del Pacto con Irán impacta en las otras causas contra CristinaPor eso. No te confundas. Cristina, el viernes, lloró por ella misma. No por los 84 muertos del atentado más grave desde el Holocausto. No por el asesinato del fiscal Alberto Nisman. Lloró porque, para ser creíble, necesitaba sobreactuar. Precisaba “alimentar” a su secta con un argumento novedoso. Un argumento que pudiera ser usado como consigna. Un argumento que sirviera para la campaña y al mismo tiempo metiera en “la conversación” al ex presidente Mauricio Macri.El argumento de que fue una conspiración internacional la que la puso en el banquillo de los acusados de la causa Memorándum de entendimiento. Una conspiración impulsada y financiada por los fondos buitre, a los que no les quiso pagar, porque para ella primero estarían, ponele, los intereses de la patria.A pesar de los gritos, la bandera argentina, su cuidada estética de ropa blanca, y sus inflexiones de voz, el viernes, Cristina, no explicó lo único que tenía que explicar: por qué tomo la decisión de concederle al gobierno de Irán, la prerrogativa de investigar a los autores materiales e intelectuales del atentado contra la AMIA en la justicia de su propio país.Opinión: Un disfraz que nos costará muy caro¿Por qué creemos que es relevante desarticular la nueva operación de la vicepresidenta? Porque apunta a evitar o anular, también, los juicios por lavado de dinero y corrupción, en los que está seriamente complicada. ¿Cuáles? Hotesur y Los Sauces. Vialidad (Obra Pública). Y los cuadernos de la corrupción. ¿Y por qué está seriamente complicada?Porque la justicia ya procesó y condenó, de manera firme, a Lázaro Báez, el testaferro y socio de la familia Kirchner. En 2018, los días en que el juez federal Claudio Bonadio allanó la casa de El Calafate, el senador nacional Eduardo Costa le puso cifras el escándalo de corrupción más relevante de la historia reciente de la Argentina.Ahora que acaban de llegar 3 millones y medio de vacunas provenientes de Moderna, uno de los laboratorios del “imperio”, donadas, gratis, por el país más capitalista del mundo, Estados Unidos, Cristina, pero también Alberto Fernández, y especialmente Máximo Kirchner, tendrán que hacerse cargo de la responsabilidad política de no haber contratado a Pfizer. Porque pudieron haber evitado 20 mil muertes y no lo hicieron. Porque parece que les importa más los votos de su núcleo duro, o marcarle la cancha al Presidente, como quedó evidenciado en el último discurso del hijo de la vicepresidenta.

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus COVID-19 se ha expandido por casi todos los distritos de la Argentina.

Al 18 de julio, en la provincia de La Rioja se contabilizan 25.733 casos de infectados y 759 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 128 casos nuevos de enfermos de coronavirus en La Rioja, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 1652 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.756.378 de infectados por coronavirus, 4.394.695 pacientes recuperados y 101.549 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de La Rioja se encuentra en el puesto 24 de los distritos más damnificados de la Argentina.

La lista está encabezada por Buenos Aires con 1.927.399 casos reportados.Toda la información sobre el coronavirus en la ArgentinaCuarentena en Argentina: qué se sabe al día de hoy

Fuente: La Nación

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La pandemia de coronavirus COVID-19 se ha expandido por casi todos los distritos de la Argentina.

Al 18 de julio, en la provincia de Tierra del Fuego se contabilizan 30.553 casos de infectados y 464 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 15 casos nuevos de enfermos de coronavirus en Tierra del Fuego, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 341 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.756.378 de infectados por coronavirus, 4.394.695 pacientes recuperados y 101.549 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de Tierra del Fuego se encuentra en el puesto 22 de los distritos más damnificados de la Argentina.

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La pandemia de coronavirus COVID-19 se ha expandido por casi todos los distritos de la Argentina.

Al 18 de julio, en la provincia de Misiones se contabilizan 28.498 casos de infectados y 490 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 8 casos nuevos de enfermos de coronavirus en Misiones, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 1096 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.756.378 de infectados por coronavirus, 4.394.695 pacientes recuperados y 101.549 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de Misiones se encuentra en el puesto 23 de los distritos más damnificados de la Argentina.

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La pandemia de coronavirus COVID-19 se ha expandido por casi todos los distritos de la Argentina.

Al 18 de julio, en la provincia de Catamarca se contabilizan 38.986 casos de infectados y 398 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 194 casos nuevos de enfermos de coronavirus en Catamarca, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 1919 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.756.378 de infectados por coronavirus, 4.394.695 pacientes recuperados y 101.549 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de Catamarca se encuentra en el puesto 21 de los distritos más damnificados de la Argentina.

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Al 18 de julio, en la provincia de Jujuy se contabilizan 40.770 casos de infectados y 1.255 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 189 casos nuevos de enfermos de coronavirus en Jujuy, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 2112 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.756.378 de infectados por coronavirus, 4.394.695 pacientes recuperados y 101.549 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de Jujuy se encuentra en el puesto 20 de los distritos más damnificados de la Argentina.

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La pandemia de coronavirus COVID-19 se ha expandido por casi todos los distritos de la Argentina.

Al 18 de julio, en la provincia de San Juan se contabilizan 56.685 casos de infectados y 906 muertos. Estas cifras son difundidas y actualizadas diariamente por el ministerio de Salud nacional.Con respecto al día anterior, se registraron 62 casos nuevos de enfermos de coronavirus en San Juan, según lo informado por las autoridades sanitarias.
Y si se toma en cuenta los últimos siete días, se incorporaron 2324 casos al segmento de afectados por el virus.A la fecha, se registran en el país un total 4.756.378 de infectados por coronavirus, 4.394.695 pacientes recuperados y 101.549 muertos. Y dentro de la estadística nacional, la provincia de San Juan se encuentra en el puesto 18 de los distritos más damnificados de la Argentina.

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La escena se registró en las últimas semanas: quince patrulleros que llevaban personas detenidas por haber cometido delitos federales pasaron la madrugada en caravana, para intentar “descargarlas” en comisarías porteñas. Las celdas ya estaban colapsadas. El grupo de detenidos terminó pernoctando en los patrulleros y los camiones de traslado.El dato, confirmado a LA NACION por fuentes de la Secretaría de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, conducida por Marcelo D’Alessandro, exhibe una problemática que va in crescendo: al cierre de esta nota había 640 personas detenidas, muchas de ellas ya condenadas por la Justicia, en calabozos de comisarías porteñas. El número más que duplica el “cupo” habilitado en esas dependencias, que es de 235 plazas como máximo.Es por eso que fuentes del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta ya hablan de una situación de “colapso”, denuncian que el Servicio Penitenciario Federal (SPF) impide el traslado de los detenidos y que la situación se agravó con la pandemia.En el SPF, intervenido y conducido por María Laura Garrigós de Rébori, no solo negaron ante la consulta de LA NACION que exista tal rechazo a los detenidos en el territorio porteño, sino que responsabilizaron al estilo “punicionista” de la gestión porteña de Pro por el aumento de detenciones sin “criterios racionales” y el consiguiente colapso en las comisarías.En algunas celdas puede haber hasta ocho detenidos, pese a la pandemiaSe trata de un nuevo frente de conflicto entre la Nación y el distrito porteño, que se suma a la disputa por los fondos coparticipables que ya se discute ante la Corte Suprema, la cesión de terrenos a la ciudad por parte de la presidencia de Mauricio Macri –acelerada tras la derrota en las PASO de 2019– y el debate por la presencialidad escolar en tiempos de pandemia.Desde la Ciudad advierten que, además de la situación de los detenidos, el nuevo conflicto impacta en el servicio de seguridad: indicaron que entre 1200 y 1500 policías porteños dejaron sus tareas en la calle para abocarse a los trabajos de guardias en las comisarías. Esta situación se precipitó con el inicio de la pandemia, donde antes había, sostienen en la cartera conducida por D’Alessandro, entre 100 y 150 personas detenidas en comisarías y en las alcaidías 28 y 29 de los tribunales penales federales.Con perspectivas diferentes frente a una realidad visible, las autoridades nacionales y las porteñas reconocen la tensión entre ambas administraciones. Según las fuentes porteñas, el cuadro se debe, en parte, a la dilación en el proceso de transferencia de la justicia nacional a la porteña. Algunas fuentes partidarias de Pro agregan que hay intencionalidad política: “Les sirve la foto de las comisarías porteñas colapsadas, cuestionan que tengamos una política de seguridad como la que tenemos”.En la Casa Rosada admiten la gravedad del tema. En el Ministerio del Interior, que conduce Eduardo “Wado” de Pedro, el secretario ejecutivo de la Comisión Consultiva del Área Metropolitana de Buenos Aires (Cocamba), Marcos Schiavi, tiene conversaciones al respecto con Diego Santilli, vicejefe de gobierno y ministro de Seguridad porteño. De Pedro también habló con Larreta semanas atrás sobre la finalización del penal de Marcos Paz, cuya obra esta paralizada, y el traslado del penal de Devoto a la órbita de la ciudad.La transferencia del fuero penal ordinario hacia la ciudad implicaría el traslado de juzgados nacionales a la Capital, y que los jueces porteños intervengan y resuelvan sobre homicidios, robos y delitos de gravedad, como los delitos sexuales y de narcotráfico de estupefacientes. Además de la transferencia de recursos, que ya dividió a la administración nacional de la porteña por la transferencia de la policía federal a la órbita de la Ciudad. Por ahora, solo se concretó el traspaso de los delitos menores -los que tienen penas inferiores a los tres años de cárcel- y la Justicia porteña es competente para perseguir el narcomenudeo, por ejemplo.El inicio de la pandemia de coronavirus complejizó la situación, por los planteos y decisiones de la justicia a fin de evitar la propagación del virus en las cárceles.Rechazo del SPFEn el Servicio Penitenciario Federal negaron ante la consulta de LA NACION que exista tal rechazo a los detenidos en el territorio porteño y subrayaron que las afirmaciones son “una mentira”. Se remitieron al último comunicado de Garrigós sobre el tema. “El Servicio Penitenciario Federal ha dado cabal cumplimiento, en la medida de sus posibilidades, a las responsabilidades que le competen”, había comunicado la interventora.María Laura Garrigós de Rébori“El gobierno de Mauricio Macri impulsó la reforma a la ley de flagrancia –agregó– sin reforzar las plazas de aislamiento y con el único objetivo de lograr un golpe de efecto con su policía de CABA. Es por ello que detienen a personas sin tener en cuenta criterios razonables de política criminal. Las consecuencias están a la vista: no hay cárceles para alojar tanto efectismo punicionista”.Además, señalaron que desde abril 2020 hasta mayo de 2021 el SPF recibió 3979 personas y dijeron que, de ellas, 3369 fueron remitidas por la policía porteña. En la ciudad de Buenos Aires, sin embargo, insisten en que la policía local detiene entre 2500 y 3000 personas por mes, de las cuales entre 800 y 1000 permanecen en esa situación.En junio, Santilli y D’Alessandro denunciaron a Garrigós por no recibir a la totalidad de los presos. La causa recayó en el juzgado federal de Sebastián Casanello, que delegó la investigación en el fiscal Ramiro González, subrogante de la fiscalía que quedó vacante tras la muerte de Jorge Di Lello. Por ahora, González pidió información a las dependencias del SPF sobre las cifras de ingresos y egresos de presos en los últimos dos años y al Ministerio de Justicia, conducido por Martín Soria.Hay un abanico de consecuencias derivadas de esta problemática. En principio, señalan en el distrito porteño, se incumple el fallo Verbitsky, que obligó en 2005 al gobierno bonaerense a poner fin a las graves condiciones de detención que llevan a la violación permanente de derechos fundamentales de las personas privadas de la libertad. En las comisarías los detenidos no pueden bañarse y tampoco pueden recibir visitas. Algunos duermen en el piso, y pueden llegar a cohabitar hasta ocho personas en una misma celda.El Ministerio Público de la Defensa porteño presentó el año pasado un recurso de habeas corpus que fue aceptado por la jueza penal porteña Carla Cavaliere, pero que no tuvo, sostienen en la Ciudad, los efectos esperados.

Fuente: La Nación

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