Nuestro diseño constitucional parte de un postulado central, no respetado por quienes más poder detentan y, lo que es igualmente grave, no siempre defendido por quienes deberían velar para que se observe.Según nuestra sabia Constitución, el llamado “gobierno federal” no fue asignado exclusivamente a un mandatario o a un gobernante, sino a tres ramas distintas e independientes entre sí: el Poder Legislativo (órgano del que deben emanar las normas de contenido general), el Poder Ejecutivo (encargado de hacerlas cumplir) y el Poder Judicial, donde deberían encontrar adecuado tratamiento los casos en que se debate la legalidad de la actuación de esos poderes.Como forma de reforzar esta idea, la propia Constitución fulminó la posibilidad de que el Presidente ejerza funciones judiciales o se arrogue el conocimiento de causas en trámite. De igual manera, conminó a los integrantes de las legislaturas a que se abstengan de conceder a los poderes ejecutivos sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor y las fortunas de los argentinos queden a merced de persona alguna, señalando que, de hacerlo, incurrirían en la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria.Hace tiempo que estos sabios principios son mayoritariamente ignorados, producto de la voracidad de quienes detentan el Poder Ejecutivo y de la pasividad de muchos de los representantes de los otros poderes. Una reciente investigación de este diario ha señalado que la cantidad de decretos de necesidad y urgencia dictados por el actual presidente superan en número las leyes sancionadas por el Congreso, pese a que este organismo se encuentra en funcionamiento.Basta, al parecer, con que el titular del Ejecutivo reclame que se está ante una situación de “urgencia” para que lluevan las restricciones a los derechos de los ciudadanos, desde salir y regresar al país, transitar libremente, acceder sin limitaciones a las vacunas más eficientes, ejercer el comercio con los cuidados y protocolos del caso, y demás libertades que, se sabe, solo el Congreso está facultado a regular con criterios de razonabilidad. Así, la sabia fórmula constitucional según la cual “ningún habitante será obligado a hacer lo que no manda la ley ni privado de lo que ella no prohíbe” queda frecuentemente reducida a una expresión de deseos.Pero la voracidad de los representantes del Ejecutivo y sus aliados no ceja. LA NACION informó lo sucedido en relación con los “traslados” de jueces, tema que despertó especial atención de la ciudadanía con el caso de los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, integrantes de la Cámara Federal porteña.El Consejo de la Magistratura, organismo donde el kirchnerismo reposa para alcanzar su meta de impunidad, había observado que existían jueces trasladados de un tribunal a otro, de acuerdo con una práctica que se remontaba a varias décadas. Según postuló el Consejo, esos jueces habían sido mal designados, por lo que se requería de un nuevo acuerdo del Senado para su permanencia en el cargo. Solo que, en vez de analizar la situación de las decenas de magistrados en la misma situación (entre ellos, la emblemática jueza con competencia electoral María Servini), el Consejo posó su atención solo en los magistrados que habían intervenido o intervenían en causas de corrupción contra funcionarios kirchneristas: los nombrados Bruglia y Bertuzzi, y el juez Germán Castelli, integrante del tribunal oral que intervendrá en el juzgamiento de la causa de los cuadernos. Desde ya, para estos jueces la obtención de un acuerdo senatorial se presentaba como una misión imposible. Ante una acción de amparo interpuesta por los magistrados, la Corte decidió que ellos habían sido designados en forma válida, pero su permanencia en el cargo debía cesar cuando el Consejo de la Magistratura completara el procedimiento de nuevos concursos que el mismo fallo le ordenaba llevar a cabo para todos los jueces en situación de trasladados. Exhibiendo nuevamente su grosera parcialidad, este Consejo solo avanzó con los concursos de los jueces Bruglia y Bertuzzi que la vicepresidenta tenía en su mira, y con un único concurso adicional, relativo a un juzgado federal de Jujuy con competencia electoral. Todos los restantes jueces trasladados no fueron incluidos en esta tan caprichosa como capciosa selección.En otros casos, el kirchnerismo ha buscado desarticular las causas de corrupción apelando a denuncias en sospechosas jurisdicciones, como la del juez Alejo Ramos Padilla cuando estaba a cargo del Juzgado Federal de Dolores, y que fue bautizada por sus beneficiarios como “Operativo Puf “. Ese operativo, instrumentado mediante una denuncia dirigida al abogado Marcelo D’Alessio, tuvo por confesado objetivo desplazar al fiscal Carlos Stornelli de la ya mencionada causa de los cuadernos.Ante estas realidades, es menester no bajar la guardia y estar atentos. Quienes no desempeñan funciones en la rama ejecutiva del gobierno, y sí en los restantes poderes del Estado, no deben a su vez olvidar que su misión es justamente defender el sistema republicano. Se trata de una responsabilidad que recae especialmente en los jueces. Por algo es que estos funcionarios gozan de atribuciones especiales, como la intangibilidad de sus remuneraciones, la permanencia indefinida en el cargo mientras dure su buena conducta y, para una importante parte de ellos, la exención del pago de impuestos. Es por estas razones que la población tiene derecho a exigir de los magistrados una actuación decidida y valiente, en pos de evitar una pulverización del Estado de Derecho.

Fuente: La Nación

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En un país de cuarenta y cuatro millones de habitantes en el que casi veinte millones son pobres y la indigencia crece, con una de las cuatro inflaciones más altas del mundo, una importante tasa de desempleo, que está entre los diez países con mayor tasa de muertes por millón de habitantes por Covid, solo el 11% de la población tiene el esquema completo de vacunación, gran cantidad de jóvenes expresan deseos de emigrar, la sociedad se encuentra dividida en dos bandos enfrentados por mucho más que diferencias políticas y los políticos no consiguen hablar de futuro ni esbozar un discurso de esperanza, ¿qué sentido tiene preocuparse por cómo se habla?A menudo un razonamiento así desalienta o subestima debates sobre el llamado lenguaje inclusivo. Este razonamiento, curiosamente, sí es inclusivo. Suma a detractores del inventario de género y del morfema -e, quienes, si bien deploran esta forma de hablar, están convencidos de que todo es una argucia, una provocación del Gobierno destinada a tapar los problemas de fondo.Aunque unos y otros repiten como un mantra que la lengua tiene vida propia, los que quieren demoler el castellano “sexista” mediante topadoras han mostrado sentir poco aprecio por la libertad de los hablantes. Habituados a plantear filosas causas militantes aquí y ahora, carecen de paciencia para esperar la asimilación de los cambios lingüísticos, que, según los expertos, normalmente llevan alrededor de cien años. Le dan aire como pueden, entonces, a su revolución gramatical. ¿Los corre la prisa por compensar diez siglos de mujer soslayada por el genérico plural masculino o los invade la pulsión de decretarlo todo, hasta el habla? La verdad parece estar, como tantas veces, a mitad de camino.Un primer malentendido deriva de que nos quedamos enganchados con la frase “el tiempo dirá”, esa sabiduría que recuerda que la lengua no tiene dueño, que está viva, que es de todos. El tiempo dirá, sí, pero resulta que el tema hace rato que dejó de estar en manos del tiempo, porque mientras nos afligíamos por la inflación, la economía inerte y la pandemia mal llevada, la burocracia reglamentarista del Estado no dormía. Cierta imposición se difuminó sin decir oblíguese. Códigos moderados, manuales amables, recomendaciones legitimadoras, normativas departamentales, resoluciones, guías. Se expandió una habilitación despareja, acorde con lo caótico que es el plexo lingüístico “antisexista”, ese castellano tuneado de los sujetos y las sujetas que alcanzó el hervor en boca del presidente Alberto Fernández en ocasión de su discurso más solemne, el de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, sentado junto a quien él llamó la lideresa.Esto existe, dijo un Estado fiel a sus reflejos tradicionales que vio el atajo, entonces hay que reglamentarlo. El problema es que así reconoció oficialmente un lenguaje que, como dice Alicia Zorrilla, presidenta de la Academia Argentina de Letras, no es un lenguaje. Es el espejo de una posición sociopolítica que desea forzar un grupo minoritario (no se ofendan, pero el español lo hablan 580 millones de personas) sin tener en cuenta el sistema gramatical. Algo muy singular, en todo caso, no ya por la noble causa de arrinconar al machismo ni por la ambiciosa pretensión de corregir las estructuras de la sociedad para inocular equidad, como porque carece de reglas, y eso sí que es inédito en el rubro. Romper reglas no significa cambio sino rebeldía. Otra cosa sería fundar un sistema gramatical nuevo, pero, claro, eso se daría de patadas con el principio de que la lengua les pertenece a todos los hablantes.Las reglas del llamado lenguaje inclusivo son como la sal en la comida: a gusto de cada uno. El hablante puede elegir entre cambiar artículos, pronombres, sustantivos, adjetivos y repetirlos en masculino y en femenino sin preocuparse por agotar al oyente, por ejemplo, con infinitos “los” y “las”, como un admirador del insoportable estilo de los folios notariales o las actas de agrimensura. Al pronombre personal “les” lo puede volver artículo. Si prefiere, puede cambiar letras (reemplazando la “a” o la “o” por la “e”, tal vez metiendo una equis, un asterisco, una arroba, lo que le plazca). O se puede usar la barra al final de las palabras y poner -os/as o -es/as y si hay locutor que se arregle. Ni siquiera hace falta que dentro de un mismo texto o parlamento se sucedan estas alteraciones de manera sostenida, porque, claro, con el vértigo discursivo uno se olvida de achurar alguna palabra o de duplicarla y más tarde o más temprano tropieza con la concordancia. Tranquilos: con eso no hay problema, la coherencia, la lógica de la lengua, a nadie le quita el sueño. Basta que se note que el que escribe o habla está en la trinchera correcta, la de los que luchan para acabar con la sociedad patriarcal consagrada por Cervantes y sus cómplices.Hay varios grados de intervención lingüística. Los hablantes más templados en general solo duplican sustantivos (alumnos y alumnas). Los intermedios también injertan signos cuando escriben e intercalan pronombres y adjetivos en doble género sin ahorrar oportunidades. Los más intensos suelen ser los militantes de la diversidad de género. Se distinguen por el empleo del morfema –e, un recurso extremo que llega a modificar la sonoridad de la lengua. Solo consiguen sostenerse sin trastabillar jóvenes tan convencidos como habituados. Una cuarta categoría es la de fanáticos u obsecuentes que inventan palabras en femenino y no le temen al ridículo.Nada es inocuo. Hace dos meses Francia consideró estas intervenciones un obstáculo para el aprendizaje de los alumnos y las prohibió en la enseñanza. En España, asiento de la Real Academia que antes tenía el control monocéntrico de la lengua, ahora mismo hay una discusión fenomenal sobre la implementación y los alcances. Pero en la Argentina, donde la politización está en la naturaleza de las cosas, este asunto, que ya venía politizado de fábrica, se partidizó.A simple vista se advierte que el seguimiento o rechazo del llamado lenguaje inclusivo tiene importantes coincidencias de alineamiento con la grieta kirchnerismo-antikirchnerismo, que hoy organiza la mayoría de los aspectos de la vida, desde la política, la cultura y las medidas sanitarias hasta las relaciones intrafamiliares. Es cierto que en amplios grupos de jóvenes de clase media urbana hablar de les chiques se arraigó de la mano de causas como el feminismo, el aborto y el movimiento de la diversidad no binario. Pero en el discurso público sintonizó con la iracundia kirchnerista y con la izquierda contestataria más que con otros sectores (lo que no significa que no puedan existir algunos hablantes “inclusivistas” de otras ideologías), y aunó en la vereda contraria, consiguientemente, al par antagónico. Hay que recordar que la precursora expresión “todos y todas” –hoy tibia– salió del acervo de Cristina Kirchner en tiempos de cadenas diarias, latiguillo identitario que caricaturistas y humoristas nunca dejarían de agradecerle.Lo de inclusivo, como se sabe, no alude a una convocatoria persuasiva a todos los hablantes de la lengua, sino a la meta de subir a bordo, de una vez por todas, a la mujer, no solo a bordo del lenguaje sino, por su intermedio, de la estructura social en paridad con el hombre. Los japoneses y los árabes, cuyos idiomas no padecen el masculino genérico, no son los mejores, tal vez, para probar la teoría que engancha al femenino gramatical con la igualdad social. Tampoco se conocen cambios de idiomas surgidos de la militancia ideológica. En lo que sí hay experiencia es en el Estado procurando imponer cambios culturales. Nunca lo logró.

Fuente: La Nación

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TOKIO (AP) — Los Juegos Olímpicos de Tokio no deben juzgarse por el total de casos de COVID-19 que se deriven de la justa, debido a que es imposible eliminar el riesgo, dijo el director de la Organización Mundial de la Salud a funcionarios del deporte el miércoles, en momentos en que iniciaron los eventos deportivos en Japón.Lo más importante es la manera en que se manejen las infecciones, dijo el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus en un discurso pronunciado en una reunión del Comité Olímpico Internacional.“La marca del éxito es asegurarse de identificar cualquier caso, aislarlo, rastrearlo y atenderlo lo más pronto posible e interrumpir su contagio”, comentó.El número de infecciones de COVID-19 relacionadas con la justa en lo que va del mes en Japón llegó a 79 el miércoles, mientras más deportistas arrojan positivo en sus países de origen y no han sido capaces de viajar.“La marca del éxito en los próximos días no es no tener casos”, dijo Tedros, al destacar a los deportistas que ya arrojaron positivo en Japón, incluyendo a los que se albergan en la Villa Olímpica, que alberga a la mayoría de los 11.000 competidores.Los compañeros designados como contactos cercanos de deportistas infectados pueden seguir entrenándose y preparándose para la justa en un régimen de aislamiento y bajo mayor observación.Expertos de salud de la nación asiática han advertido de la posibilidad de que la justa se convierta en un evento de “máxima propagación” al reunir a decenas de miles de deportistas, funcionarios y trabajadores durante un estado de emergencia a nivel local.“Es imposible evitar riesgos en la vida”, dijo Tedros, quien inició su discurso minutos después de que comenzó el primer juego de softbol en Fukushima, y añadió que Japón “le dará valor a todo el mundo”.El titular de la OMS también envió un mensaje más crítico y un desafío a los líderes de los países más ricos sobre un reparto más justo de vacunas en todo el mundo.“La pandemia es una prueba y el mundo la está reprobando”, dijo Tedros, al pronosticar más de 100.000 decesos por COVID-19 en todo el planeta antes de que concluyan los Juegos Olímpicos el próximo 8 de agosto.Fue una “horrible injusticia”, que el 75% de las vacunas del mundo se hayan distribuido a solo 10 países, subrayó.Advirtió que quien crea que la pandemia llegó a su fin sólo porque está bajo control en la parte del mundo en la que vive es un “ingenuo”.El mundo necesita producir 11.000 millones de dosis el próximo año y la OMS quiere la ayuda del gobierno para ayudar a alcanzar el objetivo de vacunar al 70% de la población de cada país para mediados del próximo año.“La pandemia llegará a su fin cuando el mundo así lo desee”, puntualizó. “Está en nuestras manos”.

Fuente: La Nación

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ATLANTA (AP) — Freddie Freeman disparó un jonrón ante Yu Darvish en la sexta entrada, Touki Toussaint toleró una carrera en tres hits durante su debut en esta campaña y los Bravos de Atlanta superaron el martes 2-1 a los Padres de San Diego.Toussaint, quien se perdió los primeros tres meses y medio de la campaña para recuperarse de un tirón en el hombro derecho, retiró a sus primeros siete rivales antes de expedir un boleto al boricua Víctor Caratini en la tercera entrada.No permitió un hit sino hasta que el dominicano Manny Machado le conectó un doble, cuando había un out del cuarto capítulo.Los Padres igualaron 1-1 en ese episodio, cuando Jake Cronenworth fue golpeado por un pitcheo, avanzó a la antesala gracias al doblete de Machado y anotó con un elevado de sacrificio de Tommy Pham. Wil Myers pegó un globo inofensivo de bate roto, y Toussaint escapó de un atolladero con las bases llenas.Freeman puso la pizarra 2-1 al encontrar un lanzamiento de Darvish y enviar la pelota por encima del muro del jardín izquierdo, para llegar a 22 vuelacercas en la temporada.Toussaint (1-0) dio un par de boletos y recetó cinco ponches en seis innings y dos tercios. Darvish (7-4) no abría desde el 8 de julio, tras permanecer en la lista de los lesionados por una inflamación de la cadera izquierda.Por los Padres, los dominicanos Fernando Tatis de 4-1, Machado de 4-1. El boricua Caratini de 3-1.Por los Bravos, el dominicano Abraham Almonte de 3-1 con una anotada. El cubano Guillermo Heredia de 3-1 con una empujada. El venezolano Ehire Adrianza de 1-0.

Fuente: La Nación

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La Quiniela de Santa Fe de este día martes 20 de julio de 2021 ha determinado como ganador del primer premio del sorteo de la nocturna al número 5893.Mientas que el segundo lugar quedó para el 5342. El sorteo de la nocturna se completa con la siguiente manera: 8461, 8657, 4721, 0531, 3616, 7949, 7202, 1242, 0201, 1312, 2505, 9192, 2225, 8692, 5136, 3505, 3787 y 2663.Entonces, la cabeza quedó para el 93.Consultá los resultados de todas las loterías y quinielasSorteo Quiniela Nacional |
Sorteo Quiniela Poceada |
Sorteo Quiniela Provincia |
Sorteo Quiniela Plus |
Sorteo Quiniela de Montevideo |
Sorteo Quiniela de Córdoba |
Sorteo Quiniela de Santa Fe |
Sorteo Loteria Nacional |
Sorteo Loteria La Solidaria |
Sorteo Sorteo Quini 6 |
Sorteo Loto |
Sorteo Loto 5 |
Sorteo Brinco |
Sorteo Keno |
Sorteo Telekino |
Sorteo Mono bingo |
Sorteo Jugá con Maradona |
Significado de los números

Fuente: La Nación

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Hace unos días escribí que los presidentes de México y la Argentina merecen una medalla a la hipocresía política por su reacción vergonzosa a las protestas pacíficas antigubernamentales del 11 de julio en Cuba. Pero mi lista de hipócritas debería ser actualizada e incluir, entre otros, al movimiento Black Lives Matter, al expresidente Donald Trump y a los políticos republicanos de Florida.Comencemos con los hipócritas de izquierda. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador; el presidente Alberto Fernández, y el posible presidente electo de Perú, Pedro Castillo, no condenaron la brutal represión de la dictadura cubana de miles de manifestantes desarmados en la isla. Al menos un manifestante fue asesinado y alrededor de 200 han sido arrestados, golpeados, torturados o “desaparecidos” en la represión contra las mayores protestas sociales en varias décadas en Cuba.Pero en lugar de defender el derecho del pueblo cubano a expresarse pacíficamente, estos y otros miembros de la izquierda jurásica se unieron a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua en culpar al “bloqueo” estadounidense por los últimos acontecimientos en Cuba. En rigor, no hay tal “bloqueo” a Cuba. Según las propias cifras oficiales de Cuba, la isla comercia con 70 países de todo el mundo, incluido EEUU. Existe un embargo sobre el comercio de EE.UU. con Cuba que Washington impuso en 1962 tras la expropiación de empresas estadounidenses en la isla.Pero el embargo estadounidense tiene más agujeros que un queso suizo. EE.UU. es uno de los 15 socios comerciales más grandes de Cuba y el mayor exportador de alimentos y productos agrícolas a Cuba, según cifras del gobierno estadounidense. EE.UU. exporta alrededor de $276 millones al año en alimentos y medicinas a Cuba. Además, envía 3500 millones de dólares al año en remesas familiares a la isla, y más de 500.000 turistas estadounidenses visitaron Cuba en 2019. EE.UU. es una de las principales fuentes de ingresos de Cuba.El movimiento Black Lives Matter (BLM), de EE.UU., exigió al gobierno de EE.UU. que levante el embargo, sin incluir una sola palabra sobre el derecho del pueblo cubano a manifestarse pacíficamente. Irónicamente, BLM parece no haberse enterado de que la mayoría de los manifestantes en las calles cubanas eran afrocubanos, o que Cuba ha sido gobernada por una dictadura liderada por blancos desde hace más de seis décadas. También hay mucha hipocresía en la derecha. Empieza por Trump, quien intentó subvertir la democracia de Estados Unidos al negarse a aceptar su derrota electoral de 2020 y pretende ser un campeón de la democracia en Cuba.A pesar de sus justificadas críticas contra la dictadura cubana, Trump perjudicó la causa de la democracia y los derechos humanos al abrazar alegremente a los dictadores de Corea del Norte, China, Rusia y Turquía. Eso dejó a Estados Unidos sin autoridad moral para liderar ningún esfuerzo diplomático internacional para restaurar la democracia en Cuba o en cualquier otro país.Igualmente, el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis; el senador Marco Rubio (R-Fl), y los representantes de Miami, María Elvira Salazar y Carlos Giménez, están tratando activamente de presentarse como campeones de la lucha por la democracia en Cuba, pero tienen pocas credenciales democráticas. ¿Cómo pueden reclamar la democracia en Cuba y avalar los esfuerzos de Trump por socavar la democracia en EE.UU.?El presidente Biden está haciendo lo correcto al no escuchar a Black Lives Matter ni al ala de izquierda del Partido Demócrata, que quieren un acercamiento con Cuba. El expresidente Obama intentó eso en 2014, y Cuba no respondió con ningún gesto significativo para permitir las más mínimas libertades.Pero Biden debe ser más proactivo con Cuba. Su promesa de buscar formas de darle internet al pueblo cubano es un buen primer paso. Washington podría, por ejemplo, ayudar a darles programas de VPN gratis a los cubanos, lo que dificultaría el bloqueo de los censores cubanos. Biden debería hacer eso de inmediato, y debería hacerlo por una cuestión de principios, más allá de lo que digan los hipócritas de derecha y de izquierda.@oppenheimera

Fuente: La Nación

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En reiteradas ocasiones hemos insistido en la importancia de apostar al desarrollo de la industria del conocimiento con foco en los mercados globales.La firma argentina Satellogic diseña satélites para uso comercial a un precio equivalente a la décima parte de los de su competencia. Actualmente tiene 17 en órbita y acaba de anunciar la fusión con CF Acquisition Corp. V para potenciar su proyecto de contar con más de 300 para 2025, lo cual facilitará la democratización del acceso a datos geoespaciales. Con una valuación que ronda los US$850 millones, una vez aprobada la transacción, Satellogic cotizará en la Bolsa de Nueva York, perfilándose como otro futuro unicornio.Leíamos días atrás sobre el desarrollo alcanzado por Tandil con más de 50 empresas, agrupadas en la Cámara de Empresas del Polo Tecnológico de Tandil (Cepit), que exportan al mundo. En simultáneo, Sancor Seguros y su aceleradora científico-tecnológica, el Centro de Innovación Tecnológica Empresarial y Social (Cites), también incuban iniciativas desde Sunchales, Santa Fe, capital del cooperativismo, para hacer de la Argentina un mejor país. “Transformando ciencia disruptiva en negocios”, reza el eslogan del Cites. Desde modernos espacios de coworking, con una sinergia particular, los proyectos más increíbles avanzan hacia distintos destinos del mundo. La aplicación de biotecnología, nanotecnología, ingeniería o tecnología de la información en general promete no solo dejar con la boca abierta a más de uno, sino, por sobre todo, transformar la matriz productiva del país.En un mercado con caída del empleo, el sector demanda personal capacitado difícil de conseguir proponiendo el diálogo entre universidad y empresas para evaluar necesidades y satisfacer las demandas. Redoblar la apuesta en el talento argentino nos permitiría asegurar un crecimiento apalancado en la ciencia, la innovación y la inversión de capital emprendedor. Siguiendo el ejemplo de Silicon Valley, afortunadamente, hay quienes entre nosotros así lo entienden y van por más.

Fuente: La Nación

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El libro final del escritor alemán Wolfgang Hildesheimer (1916-1991) se llamó Mitteilungen an Max über den Stand der Dinge und anderes [Informes a Max sobre el estado de las cosas y otros temas]. Es uno de esos libros que no enriquece a los lectores (ya había cumplido con ellos en otros libros; por ejemplo, en su celebrada biografía de Mozart), pero sí enriquece a la literatura. El informe en cuestión, podríamos decir el comunicado, es que poco o nada puede comunicarse. Cuando escribe, toma al pie de la letra la palabra, a veces su etimología, cuando se habla figuradamente, y entiende (nos somete a entender) figuradamente lo literal. No lo hace gobernado por el mero capricho. Ya ese libro, que fue publicado no obstante en 1986, cinco años antes de su muerte, era ya una despedida; una despedida no del mundo completo, sino de sus palabras.Veamos dos pasajes, muy breves. “Los otros días fui incluso a una reunión y me di cuenta de que estaba mal organizada, y la trastorné. No tuve desde entonces más ganas de ir a ninguna reunión”. Hildesheimer abandonó la conversación, salió del grupo, literalmente.Podemos considerar esto desde el reverso: del último libro al primero. En uno de los relatos de Lieblose Legenden (Leyendas desamoradas, libro de 1952), Hildesheimer imagina un personaje de fines del siglo XVII y principios del XIX, Gottlieb Theodor Pilz, cuya única función consiste en disuadir a los artistas de que sigan haciendo obras de arte, acaso guiado por la razonable presunción de que ya existen demasiadas. Cuenta Hildesheimer que Pilz mantuvo, por ejemplo, una conversación con Robert Schumann y le hizo conocer su teoría de que un compositor no debía escribir más de cuatro sinfonías; una lección que, a su turno, Schumann le transmitió a Johannes Brahms. Ficciones aparte, la observación del imaginario Pilz tenía su punto de verdad y no envejeció. El propio Hildesheimer lo transparenta hacia el final del relato: “Murió muy joven, y no podemos menos que decir qué oportuno sería hoy un Pilz”. No podemos decir tampoco qué oportuno sería para nosotros un Hildesheimer.Apasionado del inglés, antes de cumplir treinta años Hildesheimer fue intérprete en los juicios de Nuremberg. W. G. Sebald le dedica uno de los artículos más brillantes de su libro Campo Santo. Sus obras completas en alemán ocupan siete considerables volúmenes. Había dicho todo y había oído lo suficiente.Pero Hildesheimer tenía un salvoconducto. Igual que Goethe, igual que William Blake y que Henri Michaux, igual que Dante Gabriel Rossetti, Hildesheimer pintaba. La pintura fue su silencio. Fue despidiéndose de ese mundo de palabras con collages. Después de su despedida de la prosa, salieron tres libros de pinturas y collages, el último, el año mismo de su muerte, se llamó Paisaje con Fénix. Son imágenes terminales, de quien no confiaba ya tampoco en el arte, acaso porque sospechaba que quienes vendrían después de él tendrían que resolver otros problemas más existencialmente acuciantes.En Mitteilungen an Max über den Stand der Dinge leemos otra confesión disfrazada: “Sí, querido Max, sabe Dios cuánto perseguí la amplitud y la lejanía”. Precisamente, decía Hildesheimer de sus collages que paulatinamente habían ido ampliándose hasta orillar el “maximalismo” (no sabemos si literal o figuradamente). Añade que no eran para él sino campos de despegue, puntos de fuga, única estrategia para “sobrevivir en el presente”.Su último collage se llamó Totentanz, o bien, “Danza macabra”. Fue éste último su auténtico paisaje con Fénix. Persistió en las imágenes, tal ven con la sospecha, común a todos los hombres, de que podía ser la última. También, tal vez, con la ilusión de que en la lejanía, en los fondos ignorados de la imagen, renaciera la palabra.

Fuente: La Nación

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En la carretera de La Habana a Varadero, a mediados de 2009, vi aparecer de pronto a una niña de unos 12 años. Agitaba una bolsa de plástico que contenía quesos. “Está prohibido que venda, está prohibido comprarle”, me dijo muy seria la conductora del taxi oficial que acababa de tomar en el aeropuerto. Le pedí que se detuviera. La niña se acercó tímidamente. Le pagué unos dólares, se sorprendió, me dio la bolsa y salió corriendo. Fue mi primer contacto con el delicado tema del ganado vacuno en Cuba.En una plaza de La Habana donde se venden libros del Che Guevara, compré Geografía de Cuba (1950), del historiador Levi Marrero. Ilustrado bellamente con mapas, fotografías y gráficas, ojearlo fue una revelación: antes de la revolución, Cuba –país naturalmente hermoso y fértil– tenía evidentemente una economía rica y diversificada. Por curiosidad abrí las páginas sobre “Industrias zoógenas” y constaté datos sorprendentes: en 1946, Cuba tenía 4.135. 000 cabezas de ganado, una proporción de 0,87 de res por habitante, más del doble del per cápita mundial (0,35). El 42,9% de la superficie de Cuba se dedicaba a pastos. Desde 1940, Cuba no solo era autosuficiente en carne: la exportaba. La producción anual de leche era de 400 millones de litros, de los cuales se vendían 235 millones.El periodista estadounidense Marc Frank (residente en Cuba desde hace décadas, autor del libro Cuban revelations) bromeaba en una conferencia sobre la futura posibilidad de que los cubanos pudieran matar a sus vacas sin sufrir severas sanciones. “Ustedes deben entender –dijo, describiendo el cuadro anterior a la revolución– que el consumo de carne y leche estaba fuera de las posibilidades de muchos cubanos, que debían conformarse con comer carne de res en salmuera y, de ser posible, pescado en sal, huevos, cabra, puerco, pollo, frijoles”. La revolución corregiría esas inequidades. ¿Cómo se llegó, entonces, a la prohibición de matar vacas?Tras la revolución, había habido una concatenación de fatalidades: las fincas nacionalizadas padecieron por la inexperiencia de los nuevos granjeros, el éxodo de técnicos, la mala administración y los huracanes. Ante la escasez de carne y leche, “se necesitaba una nueva racionalidad”. Y Castro la proveyó en detalle: como los índices de proteína en la carne de res son más altos que los de cualquier otra (y dadas las necesidades de proveer de leche a niños y ancianos), por un imperativo moral y por patriotismo, los cubanos debían abstenerse de matar vacas. Había que “poner la conciencia sobre el instinto animal”, decía Fidel Castro (que –acoto yo– en su mesa personal satisfacía el instinto animal sin cargos de conciencia). En 1964, todos los cubanos recibieron la orden de registrar a sus vacas. Para asegurar que no las mataran, surgieron los inspectores de vacas, y tiempo después, los inspectores de los inspectores de vacas.Hasta ahí la piadosa narración de Frank, pero la verdad es otra. Quizá no eran tan pocos los cubanos que no podían comer carne antes de la revolución. Según las estadísticas de 1958 (derivadas del confiable censo de 1953), para una población de poco más de 6 millones de habitantes, había 6325 millones de reses, es decir, una res por persona. El consumo anual per cápita había subido a 112 libras. Cuba tenía la más alta ingesta de proteínas per cápita de América Latina, después de la Argentina y Uruguay. En 2015, según reconocía el propio Frank, había 4.100.000 vacas para una población de 11 millones.En ese mismo año, la tarjeta mensual de racionamiento (cuyo valor de compra era de 20 dólares) no incluía carne de res ni siquiera en salmuera, tampoco pescado en sal, cabra ni puerco. Solo cinco huevos, media libra de pollo (importado de Estados Unidos). El cubano asalariado tenía que reunir dos salarios íntegros mensuales para comprar 800 gramos de queso o casi tres salarios para comprar un kilo de carne de res.Han pasado 62 años y acaba de ocurrir el milagro: ahora los cubanos pueden vender sus vacas o sacrificarlas, siempre y cuando cedan al Estado la mitad de su carne.

Fuente: La Nación

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A los 80 años, murió hoy el reconocido escultor Norberto Gómez. Estaba internado y tenía problemas respiratorios. Había nacido en Buenos Aires en 1941 y se había formado desde la infancia con su padre y su tío, ebanistas y lutieres; luego, cursó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y en un taller coordinado por Juan Carlos Castagnino. A mediados de los años 1960 se instaló por dos años en París, donde trabajó como asistente de Julio Le Parc y de Antonio Berni. Durante la dictadura militar, creó una serie de obras con poliéster que se asemejaban a cuerpos torturados e instrumentos de tortura, las tristemente célebres “parrilas”. Entre otras instituciones, la obra de Gómez enriquece las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti y el Museo Arte Contemporáneo de Rosario. En el Parque de la Memoria-Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, se levanta una de sus monumentales obras frente al Río de la Plata.El Museo Nacional de Bellas Artes lamenta el fallecimiento del artista Norberto Gómez, referente de la escultura contemporánea en la Argentina, y acompaña a sus familiares y amigos en este difícil momento. pic.twitter.com/nm62B3vThc— Bellas Artes Arg (@BellasArtesAR) July 20, 2021En 1992, Gómez obtuvo la Beca Guggenheim y en 1995 el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizó una exposición retrospectiva de su obra. En 2000, presentó una serie de monumentos conmemorativos (en bronce y en resina poliéster) que parecían aludir a los aspectos mortuorios del poder. En 2016, el MNBA le dedicó una muestra en la que exhibió obras en madera y cartón, algunas basadas en las que había hecho en los años 1960, y una serie de trabajos nuevos. Ambos conjuntos eran completamente blancos. “Ya no quiero hablar de injusticia social ni de la muerte”, declaró. Luego de un período expresionista, e incluso de arriesgadas obras de denuncia por las que se lo reconoció en el país y en el mundo, Gómez retornó a la abstracción de sus años de juventud. View this post on Instagram A post shared by arteBA (@artebafundacion)“Sí, soy un artista visual -explicaba en una entrevista concedida en 2018 al recibir el Gran Premio a la Trayectoria en 2018, concedido por la Secretaría de Cultura de la Nación-. Me considero un armador, no soy escultor. Esculpir es sacar lo que sobra a partir de picar si es piedra o de tallar si es madera. No son lo mismo un modelador, un tallador o un armador. En el caso de un artista hacer una síntesis es un error”.Una de las esculturas exhibidas en 2016 en el Museo Nacional de Bellas Artes (Archivo/)No abjuraba de la tecnología para hacer obra, y tampoco se preocupaba por la trascendencia de su trabajo. “Si hay que tirarlo, se tira”, decía. Su visión del arte era lúcida y se expresaba sobre su método artístico. “Sé justo lo que necesito como para entenderlo y poder incorporar lo que voy queriendo. Apelo a lo que sé manualmente, a los oficios que trabajé, al tiempo que demandan las cosas y a saber que eso es lo único que uno puede hacer en su vida, pese lo que pese, pase lo que pase y para siempre”.

Fuente: La Nación

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