A mediados de 2019, el programador Denis Pushkarev dijo que era probable que fuese a la cárcel. Lo anunció en un hilo de la plataforma de desarrollo colaborativo Github, donde desde 2014 mantiene Core-JS, una librería de código que permite a otros programadores reutilizar desarrollos prefabricados sin tener que empezar desde cero. Pushkarev era entonces el único gestor activo y con permisos para mantener el proyecto, que registra más de 20 millones de descargas a la semana de usuarios que integran Core-js en sus propios trabajos. Según recoge una sentencia del tribunal regional de Altai (Rusia), Pushkarev se vio envuelto en un accidente donde dos personas fueron atropelladas —una resultó herida, la otra falleció—, intentó sin éxito alegar que las víctimas estaban ebrias para rebajar su responsabilidad en los hechos y se disponía a cumplir una condena 18 meses.La sentencia dio paso a casi un año de silencio. Entre enero y octubre de 2020, Core-js estuvo abandonado. Pushkarev no designó otros mantenedores y se limitó a dejar el repositorio sin actualizar hasta que anunció su regreso con un escueto “estoy de vuelta”. El suyo es un caso extremo y particularmente rocambolesco, pero los abandonos de librerías y otros proyectos de código abierto son frecuentes en el sector. Por un lado, el mantenimiento y la gestión de la comunidad de colaboradores se vuelve más exigente cuanto más reconocimiento se obtiene. “La creciente popularidad de un proyecto puede llegar acompañada de un creciente número de contribuciones que tienen que analizarse e incrementan la carga de trabajo para quienes lo mantienen”, confirma Alexander Serebrenik, investigador de la Universidad Tecnológica de Eindhoven (Países Bajos). Por otro lado, la falta de recursos o el exceso de celo dejan en muchas ocasiones la enorme responsabilidad de mantener vivo el proyecto en manos de equipos diminutos —o unipersonales— que además compaginan estas tareas con sus obligaciones laborales.Este fenómeno crea en plataformas como Github, que en 2020 registró más de 60 millones de repositorios de nueva creación, una suerte de cementerio de elefantes donde asoman las osamentas de lo que en su día fueron hervideros de ideas. En Bitergia llevan casi una década midiendo la salud de estas comunidades y la relación entre los responsables del proyecto y sus colaboradores. “Uno de los factores que analizamos es la probabilidad de que un proyecto sobreviva si los desarrolladores principales tienen algún accidente”, comenta Daniel Izquierdo, director ejecutivo y cofundador de esta empresa, que colabora con fundaciones de software libre de la talla de Linux, Mozilla o Wikimedia. Según un estudio reciente, el 65% de los proyectos con 20 o más desarrolladores están activos después de 165 meses. En el caso de los equipos menores, el porcentaje de supervivientes cae al 20%.Inventor: mientras estudiaba y trabajaba, ganó un concurso de diseño y creó un termo smart que calienta el agua para el matePero el silencio de esos páramos digitales cuyos registros muestran los años que han pasado desde que alguien se asomó a hacer la última contribución no es la única consecuencia del abandono. Cuanto más popular haya sido el proyecto, más probabilidades hay de que una larga lista de desarrolladores lo hayan implementado en sus propios trabajos. Estos, advierte Izquierdo, se verán expuestos a problemas de seguridad que “pueden ser catastróficos” a medio plazo. El investigador y coordinador de la oficina de conocimiento y cultura libres de la Universidad Rey Juan Carlos, Jesús González-Barahona, explica que esas piezas de código se quedan ancladas en el pasado. “No van a adaptarse a nuevos entornos, hardware o versiones del sistema operativo”. Y tampoco incorporarán nuevas funciones ni correcciones de errores. ¿Cuál es la alternativa? “Si este proyecto es muy crítico para ti o te importan mínimamente los proyectos de software libre, de alguna manera tendrías que tener la iniciativa de participar e intentar que eso se solvente”, concluye Izquierdo.Segundas oportunidadesEl logo de GIMP abierto en la una de las versiones más recientes de este programa de edición de imágenesEl abandono de proyectos no es nuevo, Peter Mattis y Spencer Kimball, creadores de la popular herramienta de dibujo GIMP ya abandonaron su criatura en los 90. “Les dejamos un poco en la estacada cuando conseguimos un empleo”, explicaron a EL PAÍS en una entrevista. Pero su experiencia demuestra que la partida de los impulsores originales no tiene por qué ser una sentencia de muerte: más de 25 años después, GIMP sigue vivito y coleando gracias al trabajo de un nutrido y comprometido grupo de colaboradores. De acuerdo con las investigaciones de Serebrenik, lo que motiva estas adopciones de iniciativas huérfanas es el deseo de evitar que el proyecto se interrumpa y contribuir a la continuidad de la comunidad del software libre, de cuyas aportaciones se han beneficiado.Lo cierto es que pese a sus dificultades, estos proyectos están especialmente preparados para burlar a la muerte. “El problema es más grave con el software no libre. Si el fabricante deja de mantenerlo, no tienes a dónde acudir. En el caso del software libre, si hay suficiente interés o recursos, siempre se puede encontrar gente que reviva el proyecto: la licencia lo permite”, explica González-Barahona. La posibilidad de que cualquier usuario obtenga el código para usarlo, modificarlo, redistribuirlo o estudiarlo permite que la historia de GIMP no sea un caso aislado. “Quizás el ejemplo más conocido es Firefox, que surgió de un proyecto abandonado por Netscape, la empresa que a finales de los 90 era uno de los líderes en navegadores web”, añade.Whisky: crean un combustible para camiones con desechos de una destilería escocesa¿Cuál es el protocolo para adoptar un proyecto abandonado? La plataforma Code Shelter propone un sistema parecido a los refugios de mascotas donde aquellos con ganas de echar un cable pueden encontrar iniciativas cuyos gestores no dan abasto o se disponen a bajarse del barco. “Yo siempre recomendaría al menos preguntar, ver qué tal se encuentran y si puedes echar una mano. Y si no, en Github es tan barato como darle a un botón y ya tienes una copia en tu cuenta”, comenta Izquierdo. Las buenas formas en la gestión de las aportaciones de la comunidad son clave también para la salud de estas iniciativas. “El rechazo puede parecer injusto a los colaboradores y desalentarles de seguir contribuyendo, no solo al proyecto en concreto, sino al software libre en general”, advierte Serebrenik. Además, si llegase a ser necesario un traspaso de carteras, los gestores más amistosos tienen más posibilidades de encontrar herederos voluntariosos y dispuestos a recoger el testigo.

Fuente: La Nación

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El 9 de agosto de 1981 las tapas de los diarios estaban repartidas entre dos temas que acaparaban la atención de los argentinos. Uno de los titulares principales se lo llevaba el fútbol. Boca jugaba con Rosario Central en el Gigante de Arroyito y estaba arriba de su escolta, Ferro (a quien había derrotado siete días antes) por tres puntos. Era la penúltima fecha del Metropolitano y el Xeneize podía ser campeón. Sin embargo, Maradona erró un penal, el Canalla ganó 1 a 0 y no hubo festejo hasta la semana siguiente (otra noticia deportiva del día era la victoria de CASI sobre el SIC en el clásico del rugby; el try decisivo lo marcó su wing estrella, el luego convicto Alejandro Puccio).El segundo gran título lo aportaba la sección Espectáculos, aunque el acontecimiento excedía lo meramente artístico: más que un cantante, Frank Sinatra era uno de los personajes más trascendentes del siglo en cualquier ámbito, y esa misma noche se presentaba por primera vez en el Luna Park. Ya llevaba una semana en el país (había llegado el domingo anterior a Ezeiza en el vuelo 213 de South African Airways, procedente de Ciudad del Cabo) y había dado cuatro conciertos en el Sheraton Hotel, pero de todas formas había aroma a debut: lejos del tufillo elitista de la cena show con entradas a mil dólares, el show en el Palacio de los Deportes era el encuentro con la gente “de a pie”, que -no sin esfuerzo, en medio de una devaluación bestial- había pagado tickets de entre 11 y 140 dólares para ver y escuchar a La Voz. “Nunca el Luna Park lució como hoy, con tanta gente en la popular con tapados de piel”, contó Palito Ortega -uno de los productores a cargo de la visita de Frank- que le dijo Tito Lectoure, dueño del Luna.Sinatra llegaba con 65 años. En 2021 estamos acostumbrados a ver estrellas pop de esa edad y mucho más (los Rolling Stones se aprestan a salir de gira rondando los 80), pero en ese momento muchos lo consideraban al borde del retiro. De hecho había anunciado su alejamiento de los escenarios en 1971 con un show en el Ahmanson Theatre de Los Ángeles en el que su amiga, la actriz Rosalind Russell, lo presentó como “el gran entertainer del siglo XX”. Sin embargo, al año siguiente ya se había arrepentido y estaba cantando de nuevo, y desde ese momento se había mantenido activo. Su voz no tenía la suavidad y el caudal con el que se hizo famoso en los 40, pero conservaba su atractivo (no pensaba lo mismo el prestigioso periodista Ramiro de Casasbellas, que en la crítica del show describía a Frank como “obeso, corto ya de garganta, dueño apenas de las sombras de un estilo que hizo época en los decenios del 40 y del 50 y aun atrajo admiraciones hasta 1970”).Frank Sinatra en el Luna Park (Jorge Quiroga/)Aunque las glorias del jazz solían visitar Buenos Aires (habían venido Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Nat King Cole, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Charles Mingus, Oscar Peterson y varios más), no eran muchas las estrellas de la música popular anglosajona que bajaban a Sudamérica en aquel momento. Los antecedentes se podían contar con los dedos de una mano: Santana había tocado en el Gasómetro en 1973, Joe Cocker se había presentado en el Luna Park en el 77 (y, cuenta la leyenda, había terminado perdido por las calles de Avellaneda, por obra y gracia del caos y las sustancias) y Queen había actuado en Mar del Plata, Rosario y el estadio de Vélez Sarsfield meses antes de la llegada de Sinatra. Aquello le sumaba todavía más espectacularidad a la visita de Frank: para la Argentina se trataba de un acontecimiento que sólo podría compararse con el primer desembarco de los Rolling Stones, en 1995.Semejante atención mediática despertó el interés de todos los famosos de la época. Hace algunos meses la cuenta RaroVHS publicó en YouTube un extracto de lo que fue la transmisión de Canal 13, con el concierto y la previa. Allí se ven entrevistas a Luisa Albinoni, Julio De Grazia, la cantante Diana María (que se había subido a la ola Sinatra con un single llamado “Querido Frank”) y un Tato Bores que, con notoria incomodidad, le respondía a Juan Carlos Pérez Loizeau sobre una supuesta partida de póker entre el actor y el cantante. Varias celebridades repitieron presencia tras haber estado en los shows del Sheraton y algunos funcionarios de la dictadura también se hicieron presentes, aunque el presidente de facto Roberto Viola asistió al concierto del día siguiente.Después de los entremeses de las orquestas de Horacio Malvicino y de Don Costa (arreglador histórico de Frank que lo acompañó por su buena relación con el otro productor de la visita, Ricardo Finkel) subió al escenario un Sinatra de riguroso smoking a interpretar “Fly me to the Moon”, el estándar de Bart Howard que venía cantando desde 1964.En el setlist no faltaron hits como “I’ve Got You Under My Skin”, “Strangers in the Night” (tema que La Voz llegó a aborrecer y no venía incluyendo en sus presentaciones) o “The Lady is a Tramp”. Con respecto a la lista de los shows del Sheraton hubo algunos cambios: salió la melancólica “Laura” y entraron “The Best is Yet to Come”, “Come Rain or Come Shine”, “I’ve Got the World on a String” y un fragmento instrumental de “Sweet and Lovely” que sirvió como puente para el cierre con los himnos “Theme from New York, New York” y “My Way”. El clamor popular de “otra, otra” no encontró eco en Frank, que cerró su presentación a los setenta minutos exactos mientras la banda amenizaba su retirada con una versión swing de “A mi manera”.La crítica de LA NACION se floreaba: “una luz magnífica y blanca, salida de seguidores perfectamente regulados en intensidad y orientación, distinta para cada song, recortó a Sinatra en una especie de halo de estampa religiosa que hizo más etérea su estampa en cuanto encendió un cigarrillo y consiguió que el humo ondulara a su alrededor con maestría aprendida y tan ceñida a las normas del show como el resto de sus saltitos acompasados al tema que cantaba o los viboreos que le confería al cable del micrófono, no porque estuviera enredado, sino porque así lo requería el gesto, allí mismo”. Más allá de la discusión sobre el estado de su voz de sexagenario, su carisma y su status de frontman eran unánimes, y la audiencia argentina se lo reconoció con fervor. “Quedé sorprendido por las presentaciones en el hotel pero lo que más me llamó la atención fue el Luna Park, donde sentí que el público me sacudía”, declaró el patriarca a la prensa justo antes de abordar en Aeroparque el avión que lo llevó a San Pablo, en el fin de su estadía porteña.Sinatra repitió show al día siguiente y el Luna Park no tardó en volver a convertirse en el estadio de box que le valió su fama: el 15 de agosto Sergio Víctor Palma defendió en Corrientes y Bouchard su título mundial supergallo de la Asociación Mundial de Boxeo frente a Ricardo Cardona, y el 12 de septiembre -justo un mes después de la partida de Frank- Gustavo Ballas noqueó al coreano Suk Chul Bae y se llevó el cinto AMB de los supermoscas. En el lapso de un mes, el recinto de Tito Lectoure albergó un oasis de gloria en otro período oscuro de la historia argentina, uno en el que la dictadura sometía a la clase trabajadora con medidas que destruían el poder adquisitivo mientras se empezaba a cocinar el despropósito de Malvinas. Así las cosas, La Voz y los puños aportaron alegría y el pueblo nunca lo olvidó.

Fuente: La Nación

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El 9 de agosto de 1981 las tapas de los diarios estaban repartidas entre dos temas que acaparaban la atención de los argentinos. Uno de los titulares principales se lo llevaba el fútbol. Boca jugaba con Rosario Central en el Gigante de Arroyito y estaba arriba de su escolta, Ferro (a quien había derrotado siete días antes) por tres puntos. Era la penúltima fecha del Metropolitano y el Xeneize podía ser campeón. Sin embargo, Maradona erró un penal, el Canalla ganó 1 a 0 y no hubo festejo hasta la semana siguiente (otra noticia deportiva del día era la victoria de CASI sobre el SIC en el clásico del rugby; el try decisivo lo marcó su wing estrella, el luego convicto Alejandro Puccio).El segundo gran título lo aportaba la sección Espectáculos, aunque el acontecimiento excedía lo meramente artístico: más que un cantante, Frank Sinatra era uno de los personajes más trascendentes del siglo en cualquier ámbito, y esa misma noche se presentaba por primera vez en el Luna Park. Ya llevaba una semana en el país (había llegado el domingo anterior a Ezeiza en el vuelo 213 de South African Airways, procedente de Ciudad del Cabo) y había dado cuatro conciertos en el Sheraton Hotel, pero de todas formas había aroma a debut: lejos del tufillo elitista de la cena show con entradas a mil dólares, el show en el Palacio de los Deportes era el encuentro con la gente “de a pie”, que -no sin esfuerzo, en medio de una devaluación bestial- había pagado tickets de entre 11 y 140 dólares para ver y escuchar a La Voz. “Nunca el Luna Park lució como hoy, con tanta gente en la popular con tapados de piel”, contó Palito Ortega -uno de los productores a cargo de la visita de Frank- que le dijo Tito Lectoure, dueño del Luna.Sinatra llegaba con 65 años. En 2021 estamos acostumbrados a ver estrellas pop de esa edad y mucho más (los Rolling Stones se aprestan a salir de gira rondando los 80), pero en ese momento muchos lo consideraban al borde del retiro. De hecho había anunciado su alejamiento de los escenarios en 1971 con un show en el Ahmanson Theatre de Los Ángeles en el que su amiga, la actriz Rosalind Russell, lo presentó como “el gran entertainer del siglo XX”. Sin embargo, al año siguiente ya se había arrepentido y estaba cantando de nuevo, y desde ese momento se había mantenido activo. Su voz no tenía la suavidad y el caudal con el que se hizo famoso en los 40, pero conservaba su atractivo (no pensaba lo mismo el prestigioso periodista Ramiro de Casasbellas, que en la crítica del show describía a Frank como “obeso, corto ya de garganta, dueño apenas de las sombras de un estilo que hizo época en los decenios del 40 y del 50 y aun atrajo admiraciones hasta 1970”).Frank Sinatra en el Luna Park (Jorge Quiroga/)Aunque las glorias del jazz solían visitar Buenos Aires (habían venido Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Nat King Cole, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Charles Mingus, Oscar Peterson y varios más), no eran muchas las estrellas de la música popular anglosajona que bajaban a Sudamérica en aquel momento. Los antecedentes se podían contar con los dedos de una mano: Santana había tocado en el Gasómetro en 1973, Joe Cocker se había presentado en el Luna Park en el 77 (y, cuenta la leyenda, había terminado perdido por las calles de Avellaneda, por obra y gracia del caos y las sustancias) y Queen había actuado en Mar del Plata, Rosario y el estadio de Vélez Sarsfield meses antes de la llegada de Sinatra. Aquello le sumaba todavía más espectacularidad a la visita de Frank: para la Argentina se trataba de un acontecimiento que sólo podría compararse con el primer desembarco de los Rolling Stones, en 1995.Semejante atención mediática despertó el interés de todos los famosos de la época. Hace algunos meses la cuenta RaroVHS publicó en YouTube un extracto de lo que fue la transmisión de Canal 13, con el concierto y la previa. Allí se ven entrevistas a Luisa Albinoni, Julio De Grazia, la cantante Diana María (que se había subido a la ola Sinatra con un single llamado “Querido Frank”) y un Tato Bores que, con notoria incomodidad, le respondía a Juan Carlos Pérez Loizeau sobre una supuesta partida de póker entre el actor y el cantante. Varias celebridades repitieron presencia tras haber estado en los shows del Sheraton y algunos funcionarios de la dictadura también se hicieron presentes, aunque el presidente de facto Roberto Viola asistió al concierto del día siguiente.Después de los entremeses de las orquestas de Horacio Malvicino y de Don Costa (arreglador histórico de Frank que lo acompañó por su buena relación con el otro productor de la visita, Ricardo Finkel) subió al escenario un Sinatra de riguroso smoking a interpretar “Fly me to the Moon”, el estándar de Bart Howard que venía cantando desde 1964.En el setlist no faltaron hits como “I’ve Got You Under My Skin”, “Strangers in the Night” (tema que La Voz llegó a aborrecer y no venía incluyendo en sus presentaciones) o “The Lady is a Tramp”. Con respecto a la lista de los shows del Sheraton hubo algunos cambios: salió la melancólica “Laura” y entraron “The Best is Yet to Come”, “Come Rain or Come Shine”, “I’ve Got the World on a String” y un fragmento instrumental de “Sweet and Lovely” que sirvió como puente para el cierre con los himnos “Theme from New York, New York” y “My Way”. El clamor popular de “otra, otra” no encontró eco en Frank, que cerró su presentación a los setenta minutos exactos mientras la banda amenizaba su retirada con una versión swing de “A mi manera”.La crítica de LA NACION se floreaba: “una luz magnífica y blanca, salida de seguidores perfectamente regulados en intensidad y orientación, distinta para cada song, recortó a Sinatra en una especie de halo de estampa religiosa que hizo más etérea su estampa en cuanto encendió un cigarrillo y consiguió que el humo ondulara a su alrededor con maestría aprendida y tan ceñida a las normas del show como el resto de sus saltitos acompasados al tema que cantaba o los viboreos que le confería al cable del micrófono, no porque estuviera enredado, sino porque así lo requería el gesto, allí mismo”. Más allá de la discusión sobre el estado de su voz de sexagenario, su carisma y su status de frontman eran unánimes, y la audiencia argentina se lo reconoció con fervor. “Quedé sorprendido por las presentaciones en el hotel pero lo que más me llamó la atención fue el Luna Park, donde sentí que el público me sacudía”, declaró el patriarca a la prensa justo antes de abordar en Aeroparque el avión que lo llevó a San Pablo, en el fin de su estadía porteña.Sinatra repitió show al día siguiente y el Luna Park no tardó en volver a convertirse en el estadio de box que le valió su fama: el 15 de agosto Sergio Víctor Palma defendió en Corrientes y Bouchard su título mundial supergallo de la Asociación Mundial de Boxeo frente a Ricardo Cardona, y el 12 de septiembre -justo un mes después de la partida de Frank- Gustavo Ballas noqueó al coreano Suk Chul Bae y se llevó el cinto AMB de los supermoscas. En el lapso de un mes, el recinto de Tito Lectoure albergó un oasis de gloria en otro período oscuro de la historia argentina, uno en el que la dictadura sometía a la clase trabajadora con medidas que destruían el poder adquisitivo mientras se empezaba a cocinar el despropósito de Malvinas. Así las cosas, La Voz y los puños aportaron alegría y el pueblo nunca lo olvidó.

Fuente: La Nación

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Por Martyn HermanIZU, Japón, 8 ago (Reuters) – Jason Kenny se convirtió el
domingo en el mejor atleta olímpico de Gran Bretaña cuando logró
la victoria en la prueba masculina de keirin para reclamar la
séptima medalla de oro de su increíble carrera.El ciclista de 33 años llegó a Tokio empatado en seis oros
con su ex compañero de equipo de ciclismo en pista Chris Hoy.No pudo aumentar su botín de oro en el sprint del equipo y
el sprint individual, luciendo un poco fuera de su mejor forma.Pero guardó lo mejor para el final con una actuación
virtuosa para ganar la prueba de keirin por un kilómetro y
medio, reteniendo el título que ganó en Río en 2016, después de
que Hoy lo ganó en 2008 y 2012.Después de que la bicicleta eléctrica se saliera de la pista
con tres de las seis vueltas restantes, Kenny sorprendió a sus
rivales con un ataque audaz.El plan funcionó de maravilla, construyendo una gran ventaja
que ninguno de sus rivales pudo obtener.Azizulhasni Awang de Malasia terminó en un distante segundo
lugar, mientras que el campeón mundial Harrie Lavreysen de los
Países Bajos se llevó el bronce para agregar a sus oros en el
equipo y en el sprint individual ganados esta semana en el
Velódromo de Izu.Kenny fue elevado en el aire por Lavreysen y Awang en el
podio mientras Hoy, comentando para la BBC, fue el primero en
felicitar al rey de los sprints.”Nunca había visto una carrera como esta, ver al chico que
iba al frente cabalgar en la distancia, fue simplemente
increíble”, dijo Hoy.”Ganó un poco de altura, mantuvo la presión sobre el pedal y
simplemente lo hizo, nunca estuvo en duda. Una actuación
absolutamente impresionante”, agregó.Las nueve medallas olímpicas de Kenny son la mayor cantidad
obtenida por un atleta británico en cualquier deporte. Había
estado empatado en ocho con su compañero ciclista Bradley
Wiggins.Si bien hubo alegría para Kenny, las esperanzas de Japón de
un oro histórico en una carrera que tiene raíces profundas en la
nación anfitriona terminaron en decepción ya que ni Yuta
Wakimoto ni Yudai Nitta llegaron a la final.
(Editado en español por Carlos Calvo Pacheco)

Fuente: La Nación

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Por Martyn HermanIZU, Japón, 8 ago (Reuters) – Jason Kenny se convirtió el
domingo en el mejor atleta olímpico de Gran Bretaña cuando logró
la victoria en la prueba masculina de keirin para reclamar la
séptima medalla de oro de su increíble carrera.El ciclista de 33 años llegó a Tokio empatado en seis oros
con su ex compañero de equipo de ciclismo en pista Chris Hoy.No pudo aumentar su botín de oro en el sprint del equipo y
el sprint individual, luciendo un poco fuera de su mejor forma.Pero guardó lo mejor para el final con una actuación
virtuosa para ganar la prueba de keirin por un kilómetro y
medio, reteniendo el título que ganó en Río en 2016, después de
que Hoy lo ganó en 2008 y 2012.Después de que la bicicleta eléctrica se saliera de la pista
con tres de las seis vueltas restantes, Kenny sorprendió a sus
rivales con un ataque audaz.El plan funcionó de maravilla, construyendo una gran ventaja
que ninguno de sus rivales pudo obtener.Azizulhasni Awang de Malasia terminó en un distante segundo
lugar, mientras que el campeón mundial Harrie Lavreysen de los
Países Bajos se llevó el bronce para agregar a sus oros en el
equipo y en el sprint individual ganados esta semana en el
Velódromo de Izu.Kenny fue elevado en el aire por Lavreysen y Awang en el
podio mientras Hoy, comentando para la BBC, fue el primero en
felicitar al rey de los sprints.”Nunca había visto una carrera como esta, ver al chico que
iba al frente cabalgar en la distancia, fue simplemente
increíble”, dijo Hoy.”Ganó un poco de altura, mantuvo la presión sobre el pedal y
simplemente lo hizo, nunca estuvo en duda. Una actuación
absolutamente impresionante”, agregó.Las nueve medallas olímpicas de Kenny son la mayor cantidad
obtenida por un atleta británico en cualquier deporte. Había
estado empatado en ocho con su compañero ciclista Bradley
Wiggins.Si bien hubo alegría para Kenny, las esperanzas de Japón de
un oro histórico en una carrera que tiene raíces profundas en la
nación anfitriona terminaron en decepción ya que ni Yuta
Wakimoto ni Yudai Nitta llegaron a la final.
(Editado en español por Carlos Calvo Pacheco)

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SAN LUIS (AP) — Nolan Arenado conectó un jonrón, el emergente Matt Carpenter rompió el empate con un doble y los Cardenales de San Luis vencieron el sábado 5-2 a los Reales de Kansas City.El puertorriqueño Yadier Molina pegó un sencillo de dos carreras por San Luis (55-55), que llegó a la marca de .500 por 21ra ocasión en la temporada. Los Cardenales han ganado 16 de sus últimos 22 duelos ante Kansas City.Kwang Hyun Kim, abridor de San Luis, toleró dos carreras y tres imparables en 83 lanzamientos a lo largo de cuatro innings. Cumplió su primera apertura desde el 28 de julio, cuando recibió cinco anotaciones durante apenas dos innings y dos tercios en Cleveland.El dominicano Luis García (1-0) repartió tres ponches a lo largo de dos innings en blanco para conseguir su primer triunfo en las mayores desde el 29 de agosto de 2019, cuando lanzó por los Angelinos ante Boston.Ryan Helsley y el dominicano Génesis Cabrera cubrieron un inning en blanco por cabeza, antes de que el mexicano Giovanny Gallegos resolviera el noveno capítulo para lograr su segundo rescate.Brad Keller (7-11) aceptó cinco carreras y siete hits, además de regalar cinco boletos. Fue retirado después de permitir sencillos a Paul DeJong y Tommy Edman en el inicio de la parte baja de la sexta entrada.Por los Reales, los dominicanos Carlos Santana de 3-0, Hanser Alberto de 3-2 co una empujada. Los venezolanos Salvador Pérez de 4-0, Edward Olivares de 4-0. El puertorriqueño Emmanuel Rivera de 3-0 con una anotada.Por los Cardenales, el puertorriqueño Molina de 3-1 con dos impulsadas. El venezolano José Rondón de 1-1.

Fuente: La Nación

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SAN LUIS (AP) — Nolan Arenado conectó un jonrón, el emergente Matt Carpenter rompió el empate con un doble y los Cardenales de San Luis vencieron el sábado 5-2 a los Reales de Kansas City.El puertorriqueño Yadier Molina pegó un sencillo de dos carreras por San Luis (55-55), que llegó a la marca de .500 por 21ra ocasión en la temporada. Los Cardenales han ganado 16 de sus últimos 22 duelos ante Kansas City.Kwang Hyun Kim, abridor de San Luis, toleró dos carreras y tres imparables en 83 lanzamientos a lo largo de cuatro innings. Cumplió su primera apertura desde el 28 de julio, cuando recibió cinco anotaciones durante apenas dos innings y dos tercios en Cleveland.El dominicano Luis García (1-0) repartió tres ponches a lo largo de dos innings en blanco para conseguir su primer triunfo en las mayores desde el 29 de agosto de 2019, cuando lanzó por los Angelinos ante Boston.Ryan Helsley y el dominicano Génesis Cabrera cubrieron un inning en blanco por cabeza, antes de que el mexicano Giovanny Gallegos resolviera el noveno capítulo para lograr su segundo rescate.Brad Keller (7-11) aceptó cinco carreras y siete hits, además de regalar cinco boletos. Fue retirado después de permitir sencillos a Paul DeJong y Tommy Edman en el inicio de la parte baja de la sexta entrada.Por los Reales, los dominicanos Carlos Santana de 3-0, Hanser Alberto de 3-2 co una empujada. Los venezolanos Salvador Pérez de 4-0, Edward Olivares de 4-0. El puertorriqueño Emmanuel Rivera de 3-0 con una anotada.Por los Cardenales, el puertorriqueño Molina de 3-1 con dos impulsadas. El venezolano José Rondón de 1-1.

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IZU, Japón (AP) — Jason Kenny se convirtió en el británico más condecorado en la historia de los Juegos Olímpicos al defender el domingo su título en keirin en el último día de actividad en el velódromo. Kenny llegó a siete preseas doradas para empatar con Chris Hoy y a nueve medallas totales para romper el empate que tenía con Bradley Wiggins, ambos ciclistas.Jennifer Valente le dio al equipo estadounidense de ciclismo una medalla de oro después de levantarse de una caída en la carrera final de omnium para mantener su ventaja, mientras que Kelsey Mitchell se colgó el oro para canadá en la prueba de velocidad individual.Pero los reflectores del velódromo se centraron sobre Kenny. Salió del retiro para competir en Tokio pero aseguraba que no estaba en buen estado, en especial después de no subir al podio en la prueba de velocidad.Después de ganar su semifinal del domingo, Kenny se mantuvo detrás de la bicicleta motorizada de control durante las primeras tres vueltas y, cuando comenzó a acelerar, nadie reaccionó de inmediato a su ataque, lo que le permitió sacar una clara ventaja que mantuvo hasta cruzar la meta.Azizulhasni Awang de Malasia superó al holandés Harrie Lavreysen, campeón olímpico defensor, en la disputa por la medalla de plata.Kenny tuvo una mucho mejor jornada que su esposa, Laura, quien era la favorita para ganar el oro en omnium después de ganar la prueba en las primeras dos apariciones de la disciplina en el programa olímpico.Lo que pudo ser su último día en un velódromo olímpico, comenzó de la peor forma posible.La italiana Elisa Balsamo chocó con la irlandesa Emily Kay al inicio de la vuelta final de scratch, el primer evento del omniun, desatando un choque múltiple en el que hubo siete corredoras involucradas, incluyendo a Kenny.Valente aprovechó la oportunidad para superar a Yumi Kajihara y a Annette Edmondson para ganar la carrera.Kajihara se quedó con la plata y la holandesa Kirsten Wild se colgó el bronce.En otra prueba, la canadiense Mitchell se colgó la medalla dorada en la prueba de velocidad individual, al superar a la ucraniana Olena Starikova en el Velódromo de Izu.Mitchell sorprendió a la campeona mundial vigente, la alemana Emma Hinze, en las semifinales antes de su duelo ante Starikova, quien a su vez venció contra todo pronóstico a la campeona de 2019, Lee Wai Sze, de Hong Kong.Mitchell nunca estuvo en desventaja ante Starikova en la primera justa de una final a la mejor de tres. Posteriormente mantuvo a raya a Starikova para concretar el segundo oro para Canadá en la prueba sumándose a Lori-Ann Muenzer, quien subió a lo más alto del podio en Atenas 2004.Lee superó a Hinze para quedarse con el bronce.

Fuente: La Nación

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IZU, Japón (AP) — Jason Kenny se convirtió en el británico más condecorado en la historia de los Juegos Olímpicos al defender el domingo su título en keirin en el último día de actividad en el velódromo. Kenny llegó a siete preseas doradas para empatar con Chris Hoy y a nueve medallas totales para romper el empate que tenía con Bradley Wiggins, ambos ciclistas.Jennifer Valente le dio al equipo estadounidense de ciclismo una medalla de oro después de levantarse de una caída en la carrera final de omnium para mantener su ventaja, mientras que Kelsey Mitchell se colgó el oro para canadá en la prueba de velocidad individual.Pero los reflectores del velódromo se centraron sobre Kenny. Salió del retiro para competir en Tokio pero aseguraba que no estaba en buen estado, en especial después de no subir al podio en la prueba de velocidad.Después de ganar su semifinal del domingo, Kenny se mantuvo detrás de la bicicleta motorizada de control durante las primeras tres vueltas y, cuando comenzó a acelerar, nadie reaccionó de inmediato a su ataque, lo que le permitió sacar una clara ventaja que mantuvo hasta cruzar la meta.Azizulhasni Awang de Malasia superó al holandés Harrie Lavreysen, campeón olímpico defensor, en la disputa por la medalla de plata.Kenny tuvo una mucho mejor jornada que su esposa, Laura, quien era la favorita para ganar el oro en omnium después de ganar la prueba en las primeras dos apariciones de la disciplina en el programa olímpico.Lo que pudo ser su último día en un velódromo olímpico, comenzó de la peor forma posible.La italiana Elisa Balsamo chocó con la irlandesa Emily Kay al inicio de la vuelta final de scratch, el primer evento del omniun, desatando un choque múltiple en el que hubo siete corredoras involucradas, incluyendo a Kenny.Valente aprovechó la oportunidad para superar a Yumi Kajihara y a Annette Edmondson para ganar la carrera.Kajihara se quedó con la plata y la holandesa Kirsten Wild se colgó el bronce.En otra prueba, la canadiense Mitchell se colgó la medalla dorada en la prueba de velocidad individual, al superar a la ucraniana Olena Starikova en el Velódromo de Izu.Mitchell sorprendió a la campeona mundial vigente, la alemana Emma Hinze, en las semifinales antes de su duelo ante Starikova, quien a su vez venció contra todo pronóstico a la campeona de 2019, Lee Wai Sze, de Hong Kong.Mitchell nunca estuvo en desventaja ante Starikova en la primera justa de una final a la mejor de tres. Posteriormente mantuvo a raya a Starikova para concretar el segundo oro para Canadá en la prueba sumándose a Lori-Ann Muenzer, quien subió a lo más alto del podio en Atenas 2004.Lee superó a Hinze para quedarse con el bronce.

Fuente: La Nación

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En esta generosa tierra donde más del 50% de los chicos son pobres y más de la mitad de quienes ingresan en el secundario abandonan y los que permanecen no se gradúan en tiempo y forma, un considerable porcentaje de políticos oficialistas y opositores disputan la campaña electoral en laberintos discursivos. Que, a juzgar por la chatura del juego, tienen menos chances de salir airosos que si entraran en el entrañable laberinto de espejos del Italpark (centennials, ver Google).Acá andan en un embrollo de ligustrinas, más parecido al histórico paseo cordobés de Los Cocos, pero de 15 centímetros de alto. Se enredan en los tobillos, pero gritan como si les taparan los ojos. Por eso es que quienes están en el poder y quienes quieren volver tienen una pintoresca coincidencia: manuales para la contienda electoral.El instructivo del kirchnerismo tiene entre sus sugerencias basales la de frenar con el “ay, pero Macri”, como respuesta a todo; parece que no les beneficia como creían. Las consecuencias del manejo de la pandemia no se las pueden achacar al “gato” que ocupó cuatro años la quinta de Olivos y ahora transita un involuntario exilio sanitario en Suiza. El manual de Juntos, que debería incluir un prólogo sobre por qué no se bautizaron Todos contra Todos, quedará tirado en un estante porque se niegan a aplicarlo.En el mientras tanto, ese lapso en que la ciudadanía vive, limpia todo con alcohol, está harta del barbijo y de la falta de la segunda dosis de Sputnik, trata de salir de la crisis económica y busca esparcimiento para morigerar tanta tragedia, enciende la TV para descubrir que la batalla electoral tiene otra curiosidad, casi científica: el clon. No, tranquilo, no repusieron la telenovela brasileña de 2001, que fue menos innovadora que el corralito financiero protagonizado por Cavallo y De la Rúa.Es difícil lo que le voy a proponer, querido lector, pero cierre los ojos un instante y recuerde las vehementes argumentaciones de Victoria Tolosa Paz. Admita que es el clon de la vicepresidenta, explicando que vamos muy bien, aunque muchos argentinos no logremos palpar el éxito del kirchnerismo. Y qué decir de Florencia Peña, que en su furioso descargo negando lo que nadie le había imputado por violar la cuarentena al visitar Olivos, con su “no me lo merezco” casi silabeado, nos hizo acordar a aquella frase para los anales políticos “la historia ya me juzgó” de la “one and only”, mientras hacía un alegato sin manual de instrucciones en una causa judicial por corrupción.

Fuente: La Nación

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